El futuro es lo que haces hoy

Gaby Hostnik
Gaby Hostnik

Fragmento

Introducción

INTRODUCCIÓN

A lo largo de mi vida he sido muy curiosa y me he hecho preguntas que quizá no eran habituales para la edad o para los intereses del momento, por la profundidad que implicaban. Siempre busqué cultivar mi interioridad: a través de la lectura, de las conver­saciones y de la escritura; en retiros de silencio, en travesías por la montaña, en la escucha de experiencias de personas sabias, en la educación formal, en mis aficiones, en los espacios expresivos y deportivos, y en entrevistas que me invitaron a pensar distinto.

Desde muy temprana edad sentí la pulsión de cultivar la sensibilidad para reflexionar sobre la existencia humana. Hoy lo resumiría en una gran pregunta: ¿cuál es el sentido de nuestra trascendencia?

Hace muchos años, una maestra me dijo: «Tu mejor inteligencia es tu intuición». Y es que había veces que llegaba antes o sabía cosas que no podía explicar. Corazonadas que todos llevamos dentro, pero que a menudo la razón no consigue ni entender ni traducir.

Vivimos un momento histórico de aceleración en el que es normal que nos surja esta pregunta: ¿detrás de qué corremos? La velocidad no siempre va de la mano de la profundidad. Necesitamos mirar hacia dentro: los años me han enseñado que en la pausa y en el silencio es donde uno mejor puede reconectar consigo mismo y observarse.

Hace más de diez años, inicié un camino personal de exploración interior, motivada por la necesidad de comprenderme mejor y, ante todo, de vivir con mayor coherencia entre lo que sentía, lo que pensaba y lo que hacía. Al comienzo, la mayor incomodidad, y también la fuerza que me impulsó al cambio, surgió en el ámbito laboral: tenía una profunda necesidad de rediseño. Sentía que transitaba un camino lleno de automatismos y de creencias que ya no me representaban, con poco disfrute y sin verdadera autorrealización.

Pasamos la mayor parte de nuestras horas trabajando. Esta evidencia, junto con mi búsqueda profunda, se convirtió en una señal imposible de ignorar.

Recuerdo una mañana, viajando en el tren hacia el trabajo, inspirada por nuevas lecturas, conversaciones y proyectos, que me hice las preguntas: ¿qué historia quiero escribir con mi vida? ¿Qué decisiones me ayudan a alinear mis sentimientos, mis pensamientos y mis actuaciones?

Estos interrogantes dieron paso a una búsqueda que me llevó años: me impulsó a tomar decisiones y a realizar grandes transformaciones. Me convertí en una artesana de los recomienzos: diseñé un nuevo espacio laboral, me convertí en una especialista en el arte de cambiar, creé métodos propios de acompañamiento para personas y organizaciones y emprendí un viaje para buscar nuevas experiencias y especializarme en saberes que ampliaran mi mirada. Todo ello me acercó a la educación emocional, a las neurociencias y a una perspectiva existencial que me permitió entender el valor del propósito y de las decisiones que trazan nuestra trayectoria vital. Desde siempre, mi búsqueda tuvo un eje claro: lo propiamente humano; esa dimensión profunda que nos habita y nos trasciende, que se expresa en lo que sentimos siendo quienes somos, en cómo nos vinculamos y en la manera en la que encontramos sentido a lo que hacemos.

Con el tiempo, descubrí que la educación emocional ofrece un lenguaje que ayuda a nombrar lo que los adultos tantas veces callamos, no entendemos o no sabemos expresar; que la neurociencia aplicada nos brinda mapas para comprender cómo funcionamos (cuerpo y mente), y el propósito, una brújula para decidir cómo queremos vivir. Los vínculos y los entornos que habitamos, en tanto, se vuelven el escenario donde todo eso cobra vida, se refleja y se transforma.

Desde ahí fui tejiendo preguntas, saberes, pistas y prácticas que integran el sentir, el pensar y el vivir con sentido.

En julio de 2019, en una clase de educación emocional en la Universidad de Barcelona, me llamó mucho la atención algo que dijo uno de mis profesores, Rafael Bisquerra: «A nuestro cerebro no le interesa que seamos felices y que tengamos bienestar, lo único que le interesa es la supervivencia pura y dura». Estuve días pensando en esta frase, y despertó en mí interrogantes que fui planteándome con el tiempo, así como la inquietud de investigar este tema con mayor profundidad. No entendía cómo podíamos relegar algo tan sagrado, como es el sentir y el bienestar, a una especie de automatismo.

Comparto a continuación algunas mis preguntas:

1. ¿Cómo impacta esta visión de «supervivencia pura y dura» en la forma en la que nos educamos emocionalmente?

2. Si solo somos supervivencia, ¿cómo influye esta creencia en la forma en la que construimos nuestras decisiones, acciones, relaciones y propósitos?

3. ¿Por qué actuamos como actuamos?

4. ¿Es posible entrenar el cerebro para dejar de reaccionar desde la amenaza y empezar a elegir desde la conciencia?

5. ¿Qué estrategias adaptativas hay que trazar en la búsqueda del bienestar humano?

6. ¿Qué valores guían nuestras decisiones?

7. ¿A qué aspiramos como seres humanos y en qué aspectos depositamos esa búsqueda?

Nuestro cerebro no busca nuestro bienestar porque no tiene ningún tipo de interés en que seamos felices. Es cortoplacista y simplemente procura que sigamos vivos.

Entonces, si la supervivencia la tenemos garantizada por diseño y añadidura, ¿qué significa el buen vivir?

Mi pensamiento de ese momento fue que, si queremos vivir una vida más consciente y rica en plenitud, tenemos que hacer cosas para que eso mismo suceda, creando un espacio interno y un entorno externo para ello. No podemos controlar lo que pasa fuera, pero podemos gestionar lo que sucede dentro de cada uno de nosotros. Cuando tomamos acción por esto, nos permitimos salir de la queja constante, del agobio, de la apatía, de la pasividad y de culpar a los demás por lo que sucede en nuestras vidas.

Vivimos con un ritmo de vida cada vez más acelerado, muy desconectados de nosotros mismos y del entorno, en el que pareciera que no hay tiempo para entender qué necesitamos, qué nos gustaría que nos pase y hacia dónde vamos. En el terreno emocional, donde trabajo y facilito cada día, el futuro no será ta

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