Prólogo
Cuando en 1975 terminó el franquismo y se inició la Transición, la Historia del País Vasco, sobre todo de los últimos siglos, estaba en gran medida por escribir. En el lustro siguiente la historiografía vasca dio un salto cualitativo con la publicación de varias obras fundamentales (monografías de historiadores consideradas clásicas hoy en día), que pusieron los cimientos para construir una nueva visión sobre el pasado de los vascos, en especial referida a los siglos XVIII y XIX, en el tránsito de la Edad Moderna a la Contemporánea y en el período de la Restauración (1875-1923), cuando se sentaron las bases de la sociedad vasca actual. Sin embargo, fueron otros autores los que publicaron las síntesis históricas del País Vasco aparecidas en los años de la Transición: eran obras ideologizadas escritas por historiadores no profesionales (políticos en algunos casos), continuando así la tradición de una historia vasca ad probandum, como señaló en su día Julio Caro Baroja, el padre de la moderna historiografía vasca.
Desde entonces y a lo largo de los tres últimos decenios, que coinciden con la autonomía de Euskadi y con la fundación y el crecimiento de la Universidad del País Vasco, se ha producido una auténtica eclosión de estudios históricos, hasta el punto de que la historiografía vasca ha recuperado el considerable retraso del que partía y se ha homologado con otras de su entorno. Pero la abundancia de excelentes monografías de investigación (muchas de ellas tesis doctorales) no fue acompañada de buenas síntesis históricas, que apenas existían o continuaban siendo más literatura histórica militante que historiografía propiamente dicha.
Esta carencia ha empezado a paliarse en la primera década del siglo XXI con la publicación de varias historias generales y obras de síntesis, unas desde la Antigüedad hasta nuestros días y otras centradas en la contemporaneidad, que es la época sobre la que se publica más con diferencia y la que más interesa conocer, en parte debido a la candente cuestión vasca. Aun así, consideramos que siguen haciendo falta buenas obras de alta divulgación, que den a conocer de forma sintética y amena al gran público las investigaciones históricas realizadas en los últimos treinta y cinco años, arrumbando viejos tópicos y mitos de larga duración y cumpliendo la función de racionalización del pasado propia de los historiadores, necesaria para comprender mejor el presente.
Fruto del interés que compartimos por hacer síntesis interpretativas, que ofrezcan el estado de la cuestión con rigor y objetividad, es esta Breve Historia de Euskadi que presentamos. Como no pretendemos abarcarlo todo en ella, comenzamos por especificar su ámbito espacial y temporal. Entendemos por Euskadi (término que utilizamos como sinónimo de País Vasco) el territorio de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, que fue denominado Provincias Vascongadas en el siglo XIX y que, desde el Estatuto de Guernica de 1979, forman la actual Comunidad Autónoma del País Vasco. Por consiguiente, en este libro no incluimos la Historia de Navarra, sin perjuicio de que nos refiramos a ella cuando sea necesario al tratar de los Fueros y las guerras carlistas en el siglo XIX o del nacionalismo vasco en el siglo XX, ni tampoco la del País Vasco francés.
Cronológicamente, esta obra se centra en la Edad Contemporánea, si bien el primer capítulo se dedica a explicar la situación del país de los Fueros en el siglo XVIII, cuando, al desaparecer los Fueros de la Corona de Aragón tras la Guerra de Sucesión, las llamadas Provincias exentas quedaron como algo excepcional en la Monarquía española del Antiguo Régimen. Partiendo de la crisis de ésta, en los capítulos siguientes estudiamos tres ciclos o períodos históricos desde la Guerra de la Independencia hasta el Estatuto de Guernica.
El primero es el ciclo bélico, entre los años 1808 y 1876, en el cual se trató de compatibilizar y adaptar los antiguos Fueros vascos a las nuevas Constituciones liberales españolas, tarea que no fue sencilla y que dio lugar a la cuestión vascongada, agravada por las guerras carlistas, cuyo principal escenario fue el territorio vasco-navarro. Dichas guerras no fueron guerras forales, pero su desenlace resultó decisivo, primero, para la modificación de los Fueros y, después, para su abolición por Cánovas del Castillo en 1876-1877.
El segundo es el ciclo que abarca la Monarquía de la Restauración y la Segunda República, desde 1876 hasta 1936-1937, años en los que surgió y se consolidó el pluralismo vasco durante seis decenios de paz entre dos guerras civiles, entre el final de las carlistadas decimonónicas y el estallido de la Guerra Civil por antonomasia. En 1878 el régimen foral fue sustituido por los Conciertos económicos, una amplia autonomía fiscal y administrativa, pero no política, que favoreció la industrialización de las provincias costeras, la cual trajo aparejada el pluralismo político, social y cultural, partiendo del Bilbao de finales del siglo XIX, cuna del socialismo y del nacionalismo, y expandiéndose por el resto de Euskadi en el primer tercio del siglo XX. Dicho pluralismo culminó en la Segunda República con la ap
