Donde viven las musas

Marianela dos Santos
Marianela dos Santos

Fragmento

cap-5

EL CAOS Y LA INSPIRACIÓN

 

rompo el silencio con mis manos

escucho a mi corazón latir ferviente

una gota de sudor cae por mi frente

al ritmo de las voces que he escuchado

 

las palabras en mi boca tienen nombre

las ideas ya no duermen en mi mente

se han dejado llevar por lo que sienten

y el dolor en el papel se ha d

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AL PRINCIPIO NO HABÍA NADA...

 

en el papel en blanco. Fue entonces cuando las musas vinieron a buscarme.

 

Las musas, según la mitología griega, eran hijas de Zeus y Mnemósine, la diosa de la memoria. El poeta griego Hesíodo transmitió en sus textos que eran nueve quienes bajaban a la tierra a susurrar ideas e inspirar a aquellos mortales que las invocaran. Contó que mientras pastoreaba su rebaño, se le figuraron las musas y le enseñaron el canto que reconforta a las almas perdidas y calma las inquietudes del corazón.

 

Cuando me senté a escribir los primeros poemas de este libro, no sé si fueron las mismas musas quienes se manifestaron a través de sus susurros. Sí puedo decir que algo despertó en mí una intensa curiosidad sobre las historias de los dioses, los sentimientos aún vigentes relatados en los mitos griegos, así como su relación con mis propias experiencias.

 

Una de aquellas noches de inspiración llegué a la conclusión de que debía de existir un motivo para que compartieran conmigo su refugio. No podía ser un simple capricho del destino que me confiaran el secreto de sus apariciones, ni de las formas que les gusta adoptar para iluminar a la humanidad, ni mucho menos que me permitieran desterrar tantas ideas al olvido. Durante años me habían enseñado a extraer mis pensamientos del desorden de mi cabeza y a traerlos a un plano físico para entenderlos de forma consciente, y de este modo, ayudarme a sanar a través de la poesía.

 

Pero el motivo oculto resultó una tarea desafiante y al mismo tiempo gratificante: hoy que al fin tengo el placer de conocerte, debo asegurarme de que entiendas que las musas habitan en cualquier lugar y en cualquier momento, al mismo tiempo y de maneras distintas, hoy es un algo, pero mañana puede ser un alguien… una vez que aprendes a reconocer sus murmullos.

 

Encuentras belleza en el caos.

 

Y te atreves a transformar tu dolor en arte.

 

 

 

ESTA ES LA PARTE

EN LA QUE RECUERDAS

QUE TODO SE ACABA

 

 

 

«¿Por qué no puedo ver tu rostro a la luz del día?», preguntó la princesa Psique al misterioso ser que la visitaba todas las noches. «Puedo sentir tu cuerpo, escuchar tu voz, pero quisiera ver a los ojos al amor que me has regalado. No te imaginas cómo me invade la tristeza en este palacio tan grande y tan vacío cuando no estás». Para evitar la ira de su madre, Afrodita, que estaba celosa de la belleza de Psique, el dios del amor le prohibía a la princesa intentar descubrir su identidad.

cuando el tiempo juntos
no es suficiente

 

durábamos lo que la luna consentía

y yo consentía ese trago de felicidad

que dejaba un mal sabor en mi garganta

con las exigencias que para ti tenía

haciendo su camino hasta tu oído

confundido ante la voz que ya no canta

 

apenas presiento tus pasos lejos

se abre un hueco que me espanta

en el espacio que llenabas con tu risa

en mi pecho, ya no ríe porque faltas;

es la eternidad que yo comprendo

la de pensarte, cuidarte como recuerdo

y de las horas que vuelan sin tu brisa

arropándome con una tristeza santa

 

los minutos que paso en tu compañía

son los que anhelo eternos en mi vida

pero tu ausencia me devuelve la mirada

y lo poco es insuficiente en esta cama

que guarda tu olor en mi vacío

 

¿por qué te parece inconcebible

querer que mi mundo te conozca

compartir uno o dos tragos de alegría

en la luz que tus alas persiguen

cuando me dejas abandonada?

 

¿por qué debo quedarme acurrucada

añorando lo imposible en lo posible

culpando a mi tragedia del deseo

porque tu atención hoy no me basta?

 

es mi castigo de felicidad inalcanzable

porque aún cuando te tengo a mí pegado

pienso en cuando me hagas falta

 

—Psique a Eros

 

 

 

 

TODO LO QUE QUERÍA

ERA QUE EL TIEMPO

DEJARA DE VOLAR

 

 

 

 

¿HAY ALGO

MÁS DIFÍCIL

QUE ESPERAR?

cuando te abruma
la vida adulta

 

¿quién le dirá a la niña la verdad?

¿quién soplará la vela del castigo?

si el castigo silencioso destruirá

la ilusión de princesas y castillos

 

¿quién soplará la burbuja hasta llegar

a un mundo sin lágrimas ni hijos

que sufran por no saber llorar

por no querer vivir si no es contigo?

 

alguna vez fue niño el deseo de soñar

de saltar las horas, de perder el hilo

de afrontar la única realidad:

 

solo naces

solo te vas

 

lo del medio

es miedo perdido

cuando tu relación
duró muy poco

 

no escatimo en mis deseos:

por ti destruiría todos los relojes

con el fin de adelantar el tiempo

 

pestañear, abrir los ojos y tenerte

tenerte, abrir los ojos, verte de nuevo

 

¿por qué el apuro de este encuentro?

yo te extraño, te quiero y no escatimo;

por ti cedería mi último aliento

a aquella realidad en la que fuimos

 

estoy ansiosa de tus manos

de tu sonrisa, de tu cabello,

en la expectativa de pertenecernos

y de permanecer en mí

en aquel instante fino e intocable

que nos unió por un momento

 

no escatimo en mis deseos:

por ti destruiría todos los relojes

con el fin de detener el tiempo

 

pestañear, abrir los ojos y tenerte

pestañear, y nunca soltarte de nuevo

 

—Afrodita a Adonis

 

 

«Volvería a rebelarme ante todos los dioses», juró Afrodita, quien ya había ignorado las reglas de Zeus para estar con Adonis. «Volvería a buscarte, volvería a entregarme a ti, convertiría tu sangre mortal en eterna». La diosa de la belleza se despidió de su amado acariciando por última vez su piel fría. Hay quien asegura que Afrodita absorbió la

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