Cuentos de aquí y de allá

Carme Dolz

Fragmento

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Textos: Carme Dolz Peidro. Ilustraciones: Tamara Anegon Pla. © de esta edición: RBA Libros, S.A., 2020. Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona. www.rbalibros.comRBA MOLINOREF.: ODBO678ISBN: 978-84-272-2180-2Primera edición: marzo de 2020. Realización editorial: Composición digital: Newcomlab S.L.L.Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra(www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).Todos los derechos reservados.
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Textos de Carme Dolz Peidro Ilustraciones de Tamara AnegonRBA
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7
C
uenta la leyenda que, hace muchos años, en un pequeño valle de Canadá, habitaba una tribu de indios entre prados llenos de flores en primavera y una nieve blanca y esponjosa en invierno. Aquellos indios convivían con lobos, osos, pájaros y castores, rodeados de altísimos abetos y plateados abedules. Kun era el muchacho más curioso y alegre de toda la tribu… ¡y el que tenía los ojos más grandes! En cuanto regresaban los hombres de cazar o pescar, corría a mirar dentro de sus sacos. Kun tenía unos ojos tan grandes que incluso una vez una rana saltó desde el fondo del saco y le metió una de sus ancas en el ojo para poder escapar. Kun se llevó un susto de campeonato y el ojo quedó rojo por unos días, pero él estuvo contento de que la rana fuera libre gracias a su ojo. A partir de aquel día, todos en el poblado pasaron a llamarle Kun Ojos de Rana.
Kun
y
Estrella
* Canadá *
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8Cada noche, Kun Ojos de Rana trepaba a los árboles para contemplar el cielo estrellado, mientras los mayores se sentaban junto al fuego a fumar sus pipas sagradas de la paz. Kun tenía un montón de amigos que trepaban con él para que les contara todas las historias que él mismo inventaba sobre cada una de las estrellas del cielo. ¡Era un gran astrónomo sin saberlo!Una noche, mientras explicaba uno de sus cuentos favoritos, Kun se quedó callado de repente, se puso en pie y, al frotarse los ojos, ¡por poco no se cae del árbol!—¿Qué pasa, Kun Ojos de Rana? —le preguntaron extrañados sus amigos. —Cre, cre… ¡creo que ha nacido una nueva estrella en el firmamento!Todos bajaron de los árboles para avisar al resto de la tribu. Los mayores coincidieron con Kun Ojos de Rana en que aquella era la estrella más grande y brillante que habían visto jamás. Incluso Ama, la anciana más sabia del consejo, que no veía demasiado bien, ¡estaba sorprendida de lo mucho que resplandecía la nueva estrella!Mientras toda la tribu miraba hacia el cielo, la estrella bajó, moviéndose tintineante, hasta llegar a la cima de la montaña más cercana al poblado.—¡¿Habéis visto?! —gritó Kun—. ¡Estrella de la Montaña quiere venir con nosotros!
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9Los días siguientes, toda la tribu esperaba la noche para ver si la estrella se había movido de su lugar y la saludaban con la danza de la amistad. Pero una madrugada Kun y sus amigos, hartos de esperar y bailar, decidieron ir a buscar a Estrella de la Montaña.—Sobre todo, ¡no hagáis ruido! —dijo Kun al resto—. Si los mayores saben que nos hemos marchado, se enfadarán con nosotros. —Tendremos que vigilar con los coyotes… —contestó Inés Piel de Nieve, la mejor amiga de Kun.—Si no nos separamos, no nos pasará nada —aseguró Kun—. Tenemos que llegar hasta la montaña y volver antes de que amanezca.Y así lo hicieron. Caminaron en fila durante más de una hora para alejarse del poblado en silencio, lo suficiente para que no los oyeran, y luego se agruparon para pasar menos frío… ¡y menos miedo! Pero la montaña resultó estar más lejos de lo que les parecía a los niños, y para cuando llegaron la estrella ya había desaparecido. Decepcionados, volvieron. Pasaron el día siguiente muertos de sueño.
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10Días más tarde, a media noche, Kun soñó que se le acercaba una chica de piel blanca y radiante, con un vestido brillante y luminoso. La muchacha se sentó a su lado y le dijo, con una suave voz:—Vosotros los indios vivís en un mundo maravilloso, lleno de lobos, osos y pájaros, flores, abetos y abedules. Pero lo que más me gusta —siguió susurrando la joven— es ver cómo tú y tu tribu tratáis a todos los seres que os rodean. Si pudiera escoger un lugar donde vivir, no lo dudaría ni un instante: querría estar siempre con vosotros y ser amada por tu pueblo.Kun no pudo ni contestar, se despertó sobresaltado y salió rápidamente de su tipi. Aunque vio a Estrella de la Montaña brillando sobre la cumbre, supo que había sido ella quien le había visitado en sueños.A la mañana siguiente, Kun corrió hasta los ancianos del consejo para contarles todo lo que había pasado la noche anterior. Ama y los sabios le escucharon atentamente:—Creemos que Estrella de la Montaña quiere vivir con nosotros. Hoy fumaremos nuestras pipas sagradas para hacerle llegar nuestro humo de bienvenida, y dejaremos que sea ella quien decida cómo y cuándo quiere venir hasta nuestro poblado.Aquella misma noche, Estrella de la Montaña bajó de la montaña y estuvo sobrevolando los tipis mientras todos dormían, iluminándolos con su cálida luz. En cuanto la estrella descubrió una hermosa rosa roja en la falda de la montaña, no dudó ni un instante en que sería un buen lugar para descansar, ¡o quizás donde vivir para siempre!Durante las siguientes noches, ni Kun Ojos de Rana ni el resto de la tribu pudieron verla.—¿Dónde se habrá metido? —le preguntó un día Inés Piel de Nieve a Kun Ojos de Rana.
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12—No lo sé, pero estoy seguro de que tarde o temprano volverá —aseguró Kun, sin dudarlo ni un instante.Mientras, Estrella de la Montaña se había dado cuenta de que la rosa roja en la falda de la montaña quedaba demasiado lejos para que Kun y el resto fueran a verla. Además, no había pensado en los búfalos y en sus enormes pezuñas; si se quedaba allí, los animales podían aplastarla, ¡o incluso comérsela! Por eso, a media noche, volvió a volar para encontrar un lugar mejor. Una suave brisa la acercó entonces hasta el pequeño lago junto al poblado. Cuando se vio reflejada en el agua, se dio cuenta de que también podía ver a sus compañeras del cielo. —¡Bajad, estrellas, bajad! —gritó—. Estas aguas son tranquilas, podremos estar junto a los indios cuando naveguen en sus canoas, y cerca de los niños que se acercan cada día a sus orillas.A la mañana siguiente, cuando Kun fue a buscar agua al lago, sus enormes ojos descubrieron algo maravilloso: ¡habían nacido estrellas blancas sobre el agua! ¡Nenúfares!—¡Encontré a Estrella de la Montaña! —gritó, corriendo de vuelta a los tipis—. ¡Y ha bajado acompañada!
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