Perrock Holmes 15 - Perrinfluencer por sorpresa

Isaac Palmiola

Fragmento

cap-2

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—¡¡¡RING!!! ¡¡¡RING!!! ¡¡¡RING!!!

Julia, que estaba apoyada en el escritorio, pegó un bote y se apresuró a descolgar el teléfono del Mystery Club.

—Julia al habla —contestó—. ¿Alguna novedad, señora Fletcher?

Gatson dormía a los pies de la cama, más quieto que la momia de Tutankamón, pero Diego y Perrock se pusieron en pie de un salto. Desde que Lord Monty se había escapado de la prisión, temían que el magnate del crimen hiciera alguna de las suyas en cualquier momento.

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—Tranquila, no es nada urgente —dijo la anciana—. Esta tarde el Mystery Club organiza un curso para investigadores perrunos. UN ADIESTRADOR DE PERROS LOS AYUDARÁ A SEGUIR RASTROS Y DETECTAR OLORES SOSPECHOSOS. ¿PERROCK ESTARÍA INTERESADO?

A Julia le pareció una gran idea. Su mascota tenía un poder único y extremadamente valioso, pero su olfato no era nada del otro mundo.

—PERROCK, TE INVITAN A UN CURSO PARA APRENDER A SEGUIR RASTROS...

Perrock hizo una mueca, pero Julia lo ignoró.

—¡RESÉRVELE UNA PLAZA!

Cuando Julia le dijo a Perrock que seguro que ligaría un montón en el curso, este se dirigió a la puerta de casa y empezó a arañarla con las patas delanteras, ansioso por marcharse.

—¿Nos vamos ya? ¡No quiero llegar tarde!

—Espera —protestó Gatson con la boca llena—. ¡No puedo salir de casa con el estómago vacío!

Se había zampado una ración de pienso, varias latas de caballa y un huevo duro que había robado a Diego, pero seguía esperando la merienda.

—¿A QUÉ VIENE TANTA PRISA? —intervino Julia—. El curso empieza dentro de dos horas...

—No pretenderás que me presente allí con estos pelos —ladró Perrock—. Además, necesito comprarme algún complemento para resaltar mi elegancia...

Diego y Julia trataron de convencerlo de que estaba muy guapo, pero Perrock respondió arañando la puerta con más ansiedad para llamar la atención de Ana, la madre de Diego.

—¡Sacad a Perrock de una vez! —gritó la mujer—. ¿No veis que se va a hacer sus necesidades encima?

Diego sabía que cuando su madre ponía aquella voz de general estaba a punto de castigarlos, de modo que se apresuraron a hacerle caso.

—¡NOS VAMOS ENSEGUIDA! —exclamó, y salieron de casa en tropel.

Perrock se puso tan pesado que no les quedó otra que llevarlo a la peluquería y comprarle complementos excéntricos de moda canina. Al salir del establecimiento, el investigador perruno andaba más estirado que un palo de escoba, orgulloso de sus extensiones rubias, sus gafas de sol vacilonas y su abrigo glamuroso.

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El curso se celebraba bastante cerca, a unos veinte minutos de casa, así que fueron dando un paseo. Cuando estaban a punto de llegar, Perrock empezó a olisquear el aire con el hocico arrugado.

—¡Por la calva de Lord Monty, qué peste!

Los otros tardaron un poco más en darse cuenta, pero a medida que bajaban por la calle el olor se volvía más insoportable. Al final comprendieron el origen de aquella peste tan horrenda. Delante de una tienda, justo en la puerta de entrada, alguien había colocado una montaña de caca impresionante, tan alta que llegaba hasta la cintura de Diego.

—¡OTRA VEZ NO! —se quejó un hombre amargamente. De vez en cuando se tapaba la cara con un pañuelo porque el hedor era terrible.

Julia y Diego intercambiaron una mirada.

—¿QUÉ LE HA PASADO, SEÑOR? —Diego se tapó la nariz para hablar.

—Pues lo que ves, chico —contestó—. Llevo una semana igual. Hay alguien que está obsesionado con arruinarme el negocio

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