Monster High - Una monstruoamiga muy misteriosa

Gitty Daneshvary

Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Capítulo Doce

Capítulo Trece

La autora

Creditos

Grupo Santillana

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Gotas de cera salpicaban suavemente en el frío suelo de piedra mientras seis pies, calzados a la última moda, caminaban de puntillas a lo largo del pasillo iluminado por velas. Derecha, izquierda, derecha, izquierda… Los tacones de hierro forjado, las botas de cobre y las deportivas con cuña avanzaban al unísono con precisión militar. Reinaba un silencio tan solo interrumpido por el sonido distante de la tormenta que rugía en el exterior, y una tensión sobrecogedora impregnaba el ambiente. Las llamas parpadeaban, una capa de condensación cubría las ventanas y el inconfundible aroma a rancio florecía en todo su esplendor. Una suave mano de color verde surgió de la oscuridad, agarró un deslucido pomo de metal dorado y dio un tirón. Las bisagras oxidadas emitieron agudos chirridos a medida que se abría la puerta del desván, dejando al descubierto un oscuro hueco de escalera.

—Ya sea por el destino o por decisión propia, desde nuestra llegada a Monster High no hemos dejado de proteger al instituto. Pero esta noche, creo que estaremos de acuerdo, el reto es mucho mayor —dijo con tono sombrío Venus McFlytrap, hija del monstruo de las plantas, cuya piel de color jade y brillante melena a mechas fucsias y verdes relucían bajo la luz de las velas—. Así que, antes de subir, solo me interesa saber una cosa: ¿estáis preparadas?

—En aras de una mayor claridad, cuando nos preguntas si estamos preparadas, ¿te refieres a encontrar a la directora Sangriéntez, a detener las fuerzas anónimas que persiguen controlar Monster High, o a enfrentarnos a la araña humanoide que habita en el desván? —preguntó con su habitual formalidad Rochelle Goyle, una delicada gárgola procedente de Scaris.

—Estoy segura de que todo está relacionado… de alguna manera. Pero ya que nos quedan unos segundos para dirigirnos al desván, diría que la araña es lo más importante —respondió Venus mientras las vides que rodeaban sus brazos se erizaban a causa de la expectación nerviosa.

—Las chicas araña me han fascinado siempre. Al contar con seis brazos, la multitarea es algo innato en ellas. Son capaces de cepillarse el pelo, limpiarse los dientes con hilo dental, aplicarse maquillaje, escribir un e-mail, sostener un bolso y acariciar un perro simultáneamente. En mi opinión, es très impresionante —comentó Rochelle mientras alzaba en el aire una de sus manos de granito—. Claro está que, una vez dicho esto, y dependiendo del carácter de la araña, seis brazos también la convierten en un adversario de lo más activo. Podría lanzarnos al mismo tiempo una grapadora, un balón de monstruo-baloncesto, un libro, una lámpara, un iAtaúd y un zapato, y no exagero.

—Para abreviar, Rochelle, ¿sí o no? —Venus intentó que su locuaz amiga se centrara.

—Sí —afirmó Rochelle mientras recogía en un moño su larga cabellera rosa con mechas azul turquesa, exhibiendo así sus pequeñas alas de piedra—. Por cierto, el párrafo 13.3 del Código Ético de las Gárgolas estipula con toda claridad que, cuando hay velas en los alrededores, las monstruas de melena larga deben recogerse el pelo para evitar los incendios capilares.

—Tranquila, no se me olvidará —repuso Venus con lentitud al tiempo que se giraba hacia Robecca Steam, una hermosa monstruita de cabello azul y negro fabricada a partir de una máquina de vapor por su padre, un científico loco—. ¿Y tú, Becs? ¿Estás lista?

—No hay por qué preocuparse si no habéis traído suficientes accesorios. Siempre llevo conmigo gomas para el pelo y pañuelos para la cabeza —interrumpió Rochelle—. Tal vez no hagan juego con vuestros conjuntos pero, como decimos en Scaris, la securité avant la mode, ¡la seguridad antes que la moda!

—Gracias, Rochelle —se limitó a decir Venus, que acto seguido miró a Robecca y puso los ojos en blanco—. ¿Y bien?

—Ni que decir tiene, lo ideal sería estar a salvo y también ir a la moda… —interpuso de nuevo la gárgola.

—¡Rochelle! ¡Basta ya de velas, de pelo y de moda! Por si no te has dado cuenta, ¡estoy intentando hablar con Robecca! —explotó Venus, exasperada.

—Buu là là, no hace falta que se te suba el polen a la cabeza. Solo trataba de ayudar —amonestó la chica de granito a Venus, quien de inmediato elevó los ojos al cielo en respuesta.

—Bueno, Becs, ¿estás preparada? —preguntó Venus a su amiga por segunda vez.

—¡Tuercas y retuercas! Lo de «preparada» suena superfuerte. Creo que «más o menos preparada» o «preparada así, así» resulta más apropiado —parloteó Robecca mientras soltaba pequeñas nubes de vapor por sus orejas chapadas en cobre.

—Robecca, no te preocupes si no puedes acompañarnos al desván. Venus y yo nos podemos encargar —explicó Rochelle con voz calmada—. O, para ser más precisa, estoy segura entre un sesenta y ocho y un setenta y cinco por ciento de que nos podemos encargar.

—A veces pienso que te inventas todas esas estadísticas —masculló Venus entre dientes.

—Ce n’est pas vrai! Nada más lejos de la verdad que una gárgola no sea honesta en lo que respecta a sus estadísticas —espetó Rochelle, ofendida. Acto seguido, agarró el cálido brazo metálico de Robecca—. Bueno, no tardaremos mucho.

—¡Ay, no! Me habéis entendido mal —dijo Robecca—. Chicas, podré no estar preparada; pero os acompaño sí o sí. No puede ser de otra manera. ¡Somos la única oportunidad de la directora Sangriéntez!

Numerosos acontecimientos habían ocurrido en el escaso tiempo que Robecca, Rochelle y Venus llevaban en Monster High. Tan solo el trimestre anterior, las tres amigas se habían enfrentado al «susurro», un poderoso hechizo que despojaba a alumnos y profesores de la capacidad de pensar por sí mismos. Y aunque la culpable del susurro, la señorita Alada, alegaba haber sufrido asimismo los efectos de un maleficio, el trío seguía sin convencerse de su inocencia. Sin embargo, nadie más pensaba así.

A comienzos del siguiente trimestre, dio la impresión de que todos en Monster High se hubieran olvidado de que la señorita Alada se había servido del susurro para controlar el instituto. Ni siquiera la aparición de los muñecos malditos o los peludos y suaves gatos blancos —tradicionalmente considerados como signo de mala suerte— suscitaron apenas respuesta por parte del alumnado. De hecho, las alarmas no sonaron hasta la aparición de las notas y pintadas que advertían sobre funestas «criaturas». Aun así, la señorita Alada continuó esquivando la sombra de la sospecha. Al menos hasta la noche presente…

Fuertes vientos, lluvias torrenciales y rayos demoledores habían asolado la ciudad de Salem, provocando un apagón e impidiendo que los alumnos y el personal de Monster High abandonaran el recinto del centro escolar. Ansiosa por mantener entretenidos a los campistas cautivos, la directora Sangriéntez había dado su consentimiento para celebrar el concurso de talentos Factor M tal como estaba previsto. No obstante, a las 21:00 en punto, la función dio un giro inesperado al presentarse un zombi de la Quimera Mensajera. El parsimonioso empleado entregó una carta que poco después fue leída a los alumnos y profesores: la directora Sangriéntez había sido secuestrada por los normis y no sería liberada hasta que se levantara un muro alrededor de Salem, ¡sitiando la ciudad a todos los efectos!

A medida que el miedo y la preocupación recorrían el instituto, la bloguera Spectra Vondergeist efectuó una alarmante confesión a Robecca, Rochelle y Venus. Tras haber descubierto que la señorita Alada acudía a escondidas al desván en numerosas ocasiones, la chica fantasma de pelo violeta decidió inspeccionar por sí misma aquella zona, tan a menudo olvidada. Y aunque Spectra no tenía pista alguna sobre lo que iba a encontrar, se quedó atónita al descubrir allá arriba una araña humanoide echando una cabezada.

El ruido de pies que se arrastraban por el suelo captó la atención de las monstruoamigas, quienes al instante despertaron de sus recuerdos acerca de los acontecimientos ocurridos poco antes aquella misma noche.

—Hola —saludó una apacible voz masculina.

Cy Clops, un chico alto y delgado, se adentró en el charco de luz que arrojaban las velas de Robecca, Rochelle y Venus. Con los hombros algo encorvados, el cíclope de naturaleza tímida lanzó una fugaz sonrisa a sus amigas y compañeras de residencia. Al haber resistido el susurro y las consecuencias del mismo junto al trío, Cy demostró con creces ser un amigo digno de confianza.

—¡Ah, Cy! ¡Estás aquí! —chilló Robecca alegremente mientras lanzaba un brazo a los hombros del chico de un solo ojo y le daba un apretón.

Las mejillas de Cy, por lo general como de alabastro, se sonrojaron al tacto de Robecca, por la que profesaba una fiel devoción.

—No creo que este reencuentro merezca semejante entusiasmo. Solo hace diez minutos que has visto a Cy —señaló Venus a Robecca con tono irónico.

—Cy, ¿conseguiste localizar a madame Alada? —inquirió Rochelle mientras daba golpecitos con sus garras de granito en la base de su vela.

Fragmentos de cera salpicaron al azar, provocando que Cy se agachase y se tapase la cara con las manos.

—Lo siento, pero cuando se tiene un ojo tan grande como el mío, te preocupa que se te puedan meter cosas.

—¡Ah! Je suis desolée! Es uno de mis rasgos de gárgola más fastidioso. Doy golpecitos con las garras sin darme cuenta de lo que hago —se disculpó Rochelle.

—No pasa nada —respondió Cy mientras se enderezaba—. Y con respecto a la señorita Alada, está en la cafeterroría con Jinafire y Skelita.

Jinafire Long, dragona de Vhampgái, y Skelita Calaveras, calaca (o esqueleto) de Miédxico, habían quedado cautivadas por los encantos de la señorita Alada en el instante mismo que llegaron a Monster High. Robecca, Rochelle y Venus no sabían a ciencia cierta si, sencillamente, las dos amigas idolatraban a la profesora experta en moda o si se hallaban atrapadas en algo más siniestro, como podía ser un hechizo.

—Jinafire y Skelita están horrorizadas por la supuesta invasión de los normis, así que dudo que la señorita Alada vaya a irse a ningún lado durante un buen rato —concluyó Cy.

—Es casi medianoche —indicó Venus tras consultar su reloj—. Para mí que ha llegado la hora de subir esta escalera —añadió antes de iniciar la marcha por el pasillo de paredes de piedra.

Por los laterales de los peldaños, esparcida de cualquier modo, se veía una extraña colección de cachivaches relacionados con el instituto, desde trofeos hasta microscopios antiguos y balones de monstruo-baloncesto desinflados. Sin embargo, al contrario que la mayoría de los objetos arrinconados en pasillos poco transitados, estos no estaban cubiertos de polvo, sino de hebras suaves y centelleantes.

—Por lo menos ya sabemos de dónde vienen todas esas telas de araña —comentó Venus al tiempo que inspeccionaba a su alrededor.

—Siempre me pareció très extraño que a pesar de todas las telarañas que se ven en Monster High, apenas se vean arácnidos, salvo por el pequeño grupo de la residencia para estudiantes, claro —añadió Rochelle.

—Y no olvidéis que algunos de los muñecos malditos y algunas notas llevaban hilos de araña —advirtió Robecca con un chillido mientras, nerviosa, sacudía la cabeza—. ¡Tornillos! ¿Es que el insti siempre va a resultar tan estresante?

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