
El viernes por la tarde, unos nubarrones negros cubrían por completo el cielo de Basketville y amenazaban con fuertes lluvias. Pepa Pistas, Maxi Casos y Bebito estaban en el interior de la agencia Los Buscapistas tomando una taza de chocolate caliente mientras escuchaban Tras las huellas, un programa de misterio de la radio local.

«Hoy hablaremos sobre el misterioso caso del fantasma del teatro de Basketville. Según la leyenda, el fantasma habita en el edificio desde tiempos inmemoriales y suele salir las noches de lluvia, cuando no hay función.»

Rayos acompañados de un trueno iluminaron por completo la pequeña agencia, y empezó a diluviar

¡El reflejo de los destellos de los luz daban un aspecto terrorífico a todo lo que tenían a su alrededor! Pepa y Maxi se miraron asustados. Bebito continuó jugando con su chupete repleto de chocolate y Mouse saltó al interior de la capucha de Maxi.

«En noches de tormenta como la de hoy ¡id con cuidado! Se dice que el fantasma acostumbra a deambular por las calles…»

Un segundo trueno mucho más ensordecedor hizo temblar las paredes. Pulgas, inquieto, comenzó a ladrar desde el interior de la casa de la familia Pistas.

«… y chapotea en los charcos en busca de nuevas víctimas a las que asustar…»

—¿Has… has oído eso? —tartamudeó Maxi, y se abrazó a Pepa.
—¡¿Los pasos del fantasma?! —exclamó su amiga, y un escalofrío le recorrió el cuerpo.
«El fantasma suele tomar forma humana para pasar desapercibido. Viste y calza como…»

De repente unas pisadas recorrieron el jardín, ¡hasta detenerse en la entrada de la agencia!
Los Buscapistas distinguieron unos mocasines oscuros. Ni Pepa ni Maxi se atrevieron a mover un centímetro de su cuerpo. En cambio, Bebito, con la cara sucia de chocolate, gateó hacia la puerta y salió.
—¡Vuelve! —susurraron los niños.
Del exterior oyeron unos cuchicheos que les llevaron a pensar que el fantasma no estaba solo…
—¿Buscapistas? ¿No pensáis salir a saludarme? —dijo una voz ronca.
Maxi propinó un codazo a Pepa:
—Me
