Misterios a domicilio 1 - Pistas apestosas

Begoña Oro

Fragmento

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MISTERIOMISTERIOMISTERIODgMICILIODgMICILIODgMICILIOAAAPISTA aPeSTOABeggña ORORBA
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Cualquier parecido con los hasta ahora amigos, vecinos, familiares o conocidos de la autora es de agradecerpura inspiracióncasualidad.© del texto: Begoña Oro, 2016© de las ilustraciones: Roger Zanni, 2016© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2016Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelonarbalibros.comDiseño: CompañíaPrimera edición: octubre de 2016RBAMOLINORef.:ODBO011ISBN:978-84-272-1122-3Quedarigurosamenteprohibidasinautorizaciónporescritodeleditorcualquierformadereproducción,distribución,comunicaciónpúblicaotransformacióndeestaobra,queserásometidaalassancionesestablecidasporlaley.PuedendirigirseaCedro(CentroEspañoldeDerechosReprográficos,www.cedro.org)sinecesitanfotocopiaroescanearalgúnfragmentodeestaobra(www.conlicencia.com;917021970/932720447).Todoslosderechosreservados.Composicióndigital:NewcomlabS.L.L.
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Para Ignacio.Y para Jorge, Anabel, Francisco, Juan Foraster, Cheiro… y todos los niños, niñas, monitores y animales de las colonias de la Ique vieron llegar todos aquellos sobres verdes.14Lio escaleraOK.indd 515/9/16 13:08
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17 —¿Y las cacas? Seguro que no recogeríais las cacas.—Que sííííí.—Y seguro que tendría que acabar paseándolo yo —dijo mi padre.—Que noooo —dijimos por milésima cuadragési-ma segunda vez.—Y ¿le daréis de comer? —preguntó mi madre. ¡¡Tachááááán!! «Le daréis». Mi padre no habría cometido ese error en la vida.—Sííííí —dijimos Olivia y yo con cara de angelitos.Olivia no se había dado ni cuenta. Pero yo sí. Cómo empzó td
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8 Era el momento perfecto. Mi madre no había dicho: «¿Le daríais de comer?», no. Mi madre había dicho: «¿Le DARÉIS de comer?». Eso quería decir que, des-pués de dos años pidiendo un perro a diario, varias veces al día, ya casi estaba a punto a punto a punto de caer. Era el momento ideal para lanzar mi arma secre-ta, la que me había guardado para este momento:—Y no pondremos la tele ni jugaremos a la Play. Solo los nes de semana. »Un ratito. »Pequeño. »Diminuto.Mamá y papá se miraron el uno al otro.Cuando nací, me llamaron Hugo, pero en cuanto me conocieron un poco me llamaron Negociator (se lee: «Negocietor»). Cuenta mi madre que cuando era solo un bebé, antes de saberhablar, conseguía que cam-biara la manzana por me-locotón cuando me ha-cía los batidos de fruta. Y que una vez se en-contró durmiendoen mi cuna de viaje
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9 mientras yo ocupaba la cama doble. Creo que le dije que mi peluche Blacky y yo necesitábamos espacio. TOMA NOTA: «Necesitar espacio» es algo que sirve para mu-chas ocasiones y que pocas veces te negarán. En el improbable caso de que te lo negaran, prueba a parpadear y di: «¿Es que vas a negarme unpoco de espacio?». Como comprenderéis, en diez años, he mejorado mu-cho mi técnica.Me diréis que, si tan bueno soy, cómo es que en dos años de negociaciones no había conseguido un perro. Pero eso es porque no conocéis a mi madre. En serio, soy bueno. Si queréis conseguir lo quesea, seguid mis trucos.ATENCIÓN, TRUCO:A esto que acabáis de ver lo llamo: «ESMACHA-DA NEGOCIATORIA MORTAL». La aprendí vien-do partidos de Nadal. Tú vas peloteando, pelo-teando… Tus padres, que no; tú, que sí; que no, que sí, que no, que sí, que no… La clave está en
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10 no perder la paciencia. Sí, es un rolloyalguienva a perderla tarde o temprano, pero no puedes sertú. Tú sigues, y sigues, y sigues. Y de repente, cuan-do ves que se caen de aburrimiento, sueltas algoque no se esperaban. Algo gordo. Y rápido. Así,¡zas!, sin darles mucho tiempo a pensar. Y cuela.Sí, lo normal es que tus pa-dres, o quien sea, se queden fuera de juego y la cosacuele. A Nadal le suele pa-sar. Claro que Nadal no tie-ne una hermana melliza sin la más remota idea de téc-nicas de negociación.Yo sí.Se llama Olivia. Y cuando mis padres estaban a punto de decir: «Está bien, pero…», que es loque dicen para disimular en vez de:«Sí, has ganado, eres el mejornegociadordeluniverso»,enton-ces, en ese momento en que rozá-bamos la victoria, fue Olivia y dijo:
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11 —Ni cogeremos la tablet. Jamás. ¡Venderemos la tablet para comprar comida al perrito! ¡Mejor! ¡El di-nero que saquemos lo donaremos todo al refugio de perritos!Hala, ya la habíamos liado.ATENCIÓN, TRUCO: Cuando negocies, ¡no lo sueltes todo de golpe! Siempre siempre guárdate cosas que puedasofrecer. A esas cosas se les llama «bazas».Lo malo es que, en este caso, la «baza» no era una baza. La tablet no era algo que pensaba añadir a la negociación. En realidad era lo que pensaba guardar-me. Con un poco de suerte, ni papá ni mamá se acor-darían de su existencia. Y, como no estaría en el trato, siempre podría jugar con ella.Pero, claro, de nada sirve tener una mente calcula-dora cuando, además, tienes una hermana con unamente arcoíris.EL TRUCO DEFINITIVO:Si quieres ser un negociador único, asegúrate de ser hijo único.
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12 Pero entonces sucedió algo alucinante. Mi madre lo hizo: estiró la boca hacia la derecha, un pelín hacia arriba, como si solo la mitad de su cuerpo quisiera sonreír y la otra mitad no le dejara. Y mi padre tam-bién lo hizo: miró la media sonrisa de mi madre y le respondió con un guiño de ojo, que también es una cosa rara, como que medio cuerpo quiere cerrar los ojos y el otro medio no. Creo que mis padres también se pasan la vida nego-ciando. Ellos negocian con su cuerpo. A veces, medio cuerpo quiere sonreír y el otro medio no les deja. Me-dio cuerpo quiere cerrar los ojos y el otro medio no. Otras veces, a su cuerpo lo apiporran a comida y lue-go, ¡hala!, lo ponen a correr una maratón. Un día su cuerpo les va a decir que a ver si se aclaran.Pero a lo que voy: la combinación de media sonrisa y un guiño solo podía dar un resultado.Media sonrisa materna + guiño paterno=«Está bien, pero…».¡¡¡¡NOS DABAN PERMISO PARA ADOPTAR UN PERRO!!!!
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13 Y así es como salió de nuestra casa la tablet y entró en nuestras vidas TRYA.
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15 2troyaTroya es el nombre de una ciudad, como Zaragoza, Málaga o Madrid.Pero Troya es una ciudad que ya no existe, como Pompeya, Machu Picchu o Angkor, aunque yo he esta-do en el Angkor de Port Aventura y te puedo asegurar que existe, y que sales chipiado.Todo esto, lo de las ciudades que no existen, nos lo contó papá. También nos contó que en Troya había una mujer guapísima que hacía que todos se enamora-ran de ella, y mi madre dijo:—Algo más tendría la Helena esa, además de ser guapa. Parece mentira que seas profesor. ¡Menudaeducación! Luego que…
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16 Pero mi padre la interrumpió y dijo:—No les líes, que la historia era así. Es que Helena de Troya era hermosísima.—Pero además de «hermosííííísima», sería buena, o cariñosa, o lista, o…—Que no —dijo papá—. Que la historia solo dice lo guapa que era.
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17 Y mamá se enfadó un poco, y se fue refunfuñando, y diciendo algo de un tal Varoufakis, que se ve que es otro griego muy guapo «y algo más tendrá».Yo no sé cómo era la Helena de Troya esa, pero es imposible que sea más guapa que mi Troya, tan pelu-da, tan negra, con esos bigotes que pinchan y esos ojos que hablan y esas orejas que le botan cada vez que corre.Papá también nos contó que los griegos se enfada-ron mucho con los de Troya, por lo de que se llevaran a la Helena esa. Se enfadaron tanto que entraron en guerra, pero los griegos no lograban vencer a los tro-yanos ni a la de tres, porque, además, Troya, la ciudad, tenía unas murallas más altas que las de mi cole, que no las puede trepar ni Mario, que es el chico más alto de sexto. Pero entonces a un griego se le ocurrió una idea, y no era el yogur griego, era aún mejor: hacer un caballo gigante de madera y dejarlo en las puertas de Troya. Los griegos llamaron, toc-toc, y se fueron corriendo en plan: «Va, que nos rendimos. Pero, para que os acordéis de nosotros y para que veáis que nos vamos de buen rollo, os traemos un regalito», y luego cogieron los barcos y ngieron que se daban la vuelta. Y los troyanos pensaron: «Qué majos estos griegos.
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18 Se van y nos dejan este caballo tan bonico», y zas, lo metieron dentro de la ciudad. Lo que no sabían es quedentro del caballo de madera ha-bía un montón de soldados dis-puestos a salir y acabar con los troyanos. Y eso pasó. Por lanoche salieron los soldados de dentro del caballo y ade-más quemaron la ciudad. Y por eso, ahora, cuandova a liarse parda, la gente, o al menos la gente listilla como mi padre, dice que«va a arder Troya». Yo creo que a papá le gusta que se note que es profesor, y por eso usa palabras raras que luego se nos pegan. Y por eso quiso que Troya se llamara Troya y no Ronaldo, como quería yo, Bolita, como quería Olivia, o Quitabicho, como quería mamá. (Al nal ganó él porqueyo me negaba a que se lla-
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