
Pepa Pistas salió temprano al jardín con Bebito y Pulgas. Los sábados solía madrugar porque era la responsable de arreglar el jardín, regar las plantas, apartar hojas secas y arrancar las malas hierbas. Aquella mañana, mientras se ponía los guantes de jardinería, Pepa pensó que hacía un calor insoportable.

Al pasar junto a la agencia de detectives, descubrió unos pies asomando por la pequeña puerta.

—¿Maxi? —Las deportivas lo delataban.
Maxi Casos asomó la cabeza. Estaba tumbado y leía un cómic.
—No recuerdo que hubiésemos quedado tan temprano. —Pepa lo interrogó con la mirada.

—¡Ya! —Maxi se encogió de hombros—. Pero mamá tenía turno de trabajo en el súper y en casa hacía un calor insoportable. En la agencia se está más fresquito.
Pepa estuvo a punto de pedir que la ayudara, pero desistió al ver que Maxi daba por zanjada la conversación y retomaba la lectura.
La señora Pistas no tardó en asomar por la puerta. Iba cargada con dos botes de pintura y una caja de brochas.
—Aprovechando que tu padre está terminando una de sus novelas y yo no trabajo, ¡haremos algo divertido juntas!
Pepa sonrió y dejó caer el rastrillo.

—¡Me apunto! —Maxi salió de un brinco del interior de la agencia y se plantó frente a la señora Pistas.
—¿Qué haces aquí a estas horas? —lo interrogó la madre de Pepa.
—Ejem... He venido a echar una mano a Pepa... —Y dejó escapar una sonrisita nerviosa.
—Buen chico. —El móvil de la señora Pistas comenzó a vibrar—. ¿Sí?... ¿Cuándo?... ¡Voy enseguida!
Entonces dejó los botes de pintura y las brochas frente a la verja, hizo unas señas hacia la ventana del despacho del señor Pistas indicándole que se iba y se montó en su bicicleta.

—¿Y la cosa divertida que teníamos que hacer juntos? —preguntó Maxi.
¿«Juntos»? Pepa levantó una ceja y miró fijamente a su amigo.

La señora Pistas se volvió hacia Maxi:
—¡Pintar la verja! Lo pasaréis en grande. ¡Ah, por la parte exterior y la interior...!
La señora Pistas les lanzó un beso con la mano y añadió:
—Me encantaría quedarme, pero el sapo de la señora Adele ha sido engullido por una planta.

Pepa y Maxi abrieron los ojos como platos.
¿Habían escuchado bien o la señora Pistas había alterado el sentido de la frase?
—Empezad antes de que el sol apriete demasiado. ¡A ver si podéis terminarla para cuando esté de vuelta! —dicho esto, desapareció pedaleando calle arriba.

Rápidamente, Maxi tomó uno de los botes y una de las brochas y se dispuso a dar una mano de pintura a la parte exterior de la verja con mucho entusiasmo. Pepa lo imitó ante la atenta mirada de Bebito y Pulgas.

Pasados cinco minutos, Maxi se sentó en el bordillo de la acera. ¡Aquella verja parecía no tener fin y estaba agotado!
