
Resulta que la magia EXISTE.
—¡Daniela! ¡Llegaremos tarde!
Lo descubrí hace poco, cuando llegué a mi nuevo instituto. Allí conocí a mis mejores amigas del mundo, Andrea y Lola, y, además, descubrimos un DIARIO SECRETO, escrito por un grupo de brujas hace mucho mucho tiempo.
Desde que lo encontramos, el diario secreto nos ha traído un montón de problemas, pero, al mismo tiempo, mis amigas y yo estamos aprendiendo MAGIA.
Magia de verdad.
Nos está enseñando Tania, que es profesora del instituto (nosotras creemos que tiene que ser también una bruja, aunque ella dice que no. ¡Pero tiene que serlo!).
—¡Daniela! ¡¿Estás o no estás?!
¡Ay! Doy un respingo cuando escucho la voz de mi madre muy cerca. Está de pie en la puerta de mi cuarto, mirándome con el ceño fruncido.

Es que, con tanto pensar en la magia y en lo guay que se ha vuelto mi vida desde que descubrí que existe, estaba distraída…
—¡Estoy, estoy, mamá! —le contesto apresuradamente mientras me pongo una chaqueta por encima del jersey amarillo que llevo.
—¡La excursión ha sido idea tuya y de tus amigas! —me sigue regañando—. ¿Y ahora nos van a tener que esperar?
En realidad, la idea de la excursión no fue mía, sino de mi amiga Andrea. Hace unos días, llegó superemocionada al instituto. Resulta que había escuchado en la radio que cerca de nuestra ciudad hay un pueblo que se llama Villachizo, donde justo este fin de semana celebran una
FERIA SOBRE LAS BRUJAS.
Y, claro, ¿cómo íbamos a dejar pasar esa oportunidad? Así que entre las tres convencimos a nuestros padres de que nos llevaran a la feria, porque pensamos que, como estamos aprendiendo a hacer magia, quizá…
—¡Daniela! ¡Que te has quedado en la luna otra vez!
—¡Perdón, perdón! —digo—. ¡Es que estoy muy emocionada! —Después de dudarlo un segundo, meto el diario secreto en mi mochila—. ¡Ya estoy!

Vale. Al final sí llegaremos tarde. Pero no demasiado. Cinco minutos como mucho. O diez. No importa. Enseguida notamos el ambiente de feria. Hay muchísima gente, aunque Villachizo no parece un pueblo muy grande. Además, a lo lejos se escucha una música animada y las calles están decoradas con banderines de colores.
En el mismo aparcamiento donde hemos dejado el coche están Andrea, Lola y sus padres. Mis amigas y yo nos damos un abrazo en grupo (aunque ayer nos vimos en el instituto, pero es que no es lo mismo verse cada día en clase que salir a hacer algo divertido, como una excursión), y presentamos a nuestros padres, porque hasta este momento no se conocían.
Y, mientras ellos se saludan, mis amigas y yo nos miramos: es momento de poner en marcha EL PLAN.
Porque CLARO que tenemos un plan.
—¡Mamááá! —le digo a mi madre con la expresión más inocente que puedo—. Andrea, Lola y yo hemos pensado una cosa…
—Sí, hemos pensado —dice Lola de inmediato, mirando a sus padres con una expresión idéntica a la mía— que para vosotros sería ABURRIDÍSIMO seguirnos por toda la feria mientras hacemos todas las cosas que queremos hacer.


—Así que… —continúa Andrea— ¿qué os parece si nos
