Leo Luna 1 - Un marciano en el colegio

Maestra de pueblo

Fragmento

Capítulo 1

Capítulo 1

Dime la verdad… Si te dicen que vas de excursión sorpresa, seguro que te emocionas, ¿verdad? Podría ser algo increíble. La montaña rusa más alta del mundo. Un parque de bolas gigante. ¡Una fábrica de chuches con bufet libre!

Pero luego llegas y descubres que… ¡te han llevado al Museo del Huevo Duro! Te decepcionarías un montón, ¿no? Bueno, pues mi excursión sorpresa fue aún peor. Me tocó ir a LA TIERRA. Sí. Tu planeta.

Hola, me llamo Leo Luna y vengo de Cosmara, un planeta que está lejísimos del tuyo y que es…, bueno, un poco distinto.

Ilustración de un chico con orejas puntiagudas y antenas en la cabeza. Saluda con una mano y sonríe. Viste un traje de astronauta.

Si todo hubiera salido bien, ahora debería estar en mi cuarto, jugando con mi cubo gravitacional. Igual ya habría superado mi récord de vueltas sin chocar contra el techo. Pero no.

Acabé metido con mi abuela en una nave rumbo a la Tierra, en lo que ella llamó: «Una pequeña excursión intergaláctica».

(Yo lo llamé: «La peor idea del siglo»).

—Verás cosas increíbles, Leo. Será una aventura inolvidable —me dijo.

Ilustración de un chico y una mujer mayor, ambos con orejas puntiagudas y antenas en la cabeza, en una estancia circular con pantallas y mandos de control. El chico apoya una mano en la mejilla y le sale humo negro de la cabeza.

Bueno, tenía razón. Inolvidable fue. Aunque no exactamente como nos lo imaginábamos.

Una aventura que duró exactamente tres minutos y medio. Porque de repente…

¡CRAC!

La nave dio un tirón tan fuerte que casi salgo disparado del asiento.

Las luces del panel de control empezaron a parpadear mientras una alarma chillaba:

¡¡¡BIIIP, BIIIP!!!

Ilustración de un chico y una mujer mayor en una estancia circular con pantallas y mandos de control. Ambos tienen las orejas puntiagudas y antenas en la cabeza y se abrazan con la boca abierta. Algunos objetos salen volando.

—Tranquilo, Leo, solo es una pequeña avería —dijo mi abuela mientras caíamos en picado a toda velocidad.

Intenté gritar, pero lo único que salió de mi boca fue mi desayuno.

Y entonces…

¡PUM!

Aterrizamos. O, mejor dicho, nos estampamos.

Ilustración de una nave espacial estrellándose en unos árboles.

Cuando por fin abrí los ojos, todo parecía a punto de explotar. Había cables sueltos, chispas por todas partes y un muelle volador que casi me arranca una oreja. Y, en medio del caos…, mi abuela. Tan tranquila, como si estuviera arreglando la batidora.

Fue directa al panel, sacó su llave inglesa y abrió una compuerta de la que salía vapor a presión. Un humo morado cubrió la nave… y noté un olor raro, como cuando se te olvida la pizza en el horno.

Ilustración de una mujer mayor con orejas puntiagudas y antenas en la cabeza sujetando una llave inglesa. Ante ella hay un artefacto con una ventana de la que sale uno. Un chico con el pelo negro, orejas puntiagudas y antenas en la cabeza mira la escena con los ojos muy abiertos.

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