
Queridas Cristina, Julia y Noa:
No sé si os acordaréis de que hace unos meses me preguntasteis qué es lo que hacía y, que os dije que yo también iba al cole, a un cole de niños y niñas grandes, porque los niños y niñas grandes también tienen profes como los tienen los pequeños. «¿Y qué es lo que enseñas?», añadisteis. «La Constitución», os contesté. «¿Y eso qué es?»
De ese diálogo nació este libro. Espero que os guste.
Hace ya bastantes años, cuando empezaba mis estudios en la Facultad de Derecho, leí en un libro del autor británico Walter Bagehot, titulado La Constitución Inglesa, una frase que me ha acompañado desde entonces y que hoy quiero compartir con vosotras. Decía Bagehot que quien entiende bien una constitución no es la generación que la hace, sino la generación, las generaciones, que se educan bajo ella. No es el hecho de hacerla lo decisivo para su interpretación, sino el haberse educado bajo ella.
Yo pertenezco a la generación que hizo la Constitución. Tenía entonces la edad que ahora tienen vuestros padres, o algunos años menos. Ahora tengo la edad que tienen vuestros abuelos. Tal vez algunos años más. He dedicado toda mi vida al estudio de la constitución en general y de la Constitución española de 1978 en particular. De eso va este libro.
A vosotras seguro que os parece lo más natural estudiar bajo una Constitución democrática. Pero eso solamente lo han vivido en España las generaciones que empezaron a estudiar tras la entrada en vigor de la Constitución de 1978. En España nunca antes había habido educación en democracia, ya que la experiencia educativa de la Segunda República fue muy breve.
Estáis aprendiendo a ser ciudadanas de una democracia desde el momento inicial del proceso de aprendizaje. Sois, en consecuencia, quienes mejor vais a conocer la Constitución, tanto en sus virtudes como en sus defectos. Porque la Constitución es una obra humana y, como toda obra humana, no es perfecta.
La Constitución española del 78 tiene muchas más virtudes que defectos. Ha sido la primera Constitución democrática con una duración prolongada. Va a cumplir 40 años, que en otros países no son muchos, pero que en España son muchísimos.
La Constitución es un ser vivo, que va cambiando con el paso del tiempo. Le pasa en cierta medida lo que os pasa a vosotras. Hace un año y no digamos hace dos o tres cada una de vosotras era una persona distinta, incluso muy distinta, a la que es hoy. El año que viene y los siguientes también seréis distintas a quienes sois hoy. Y así a lo largo de toda la vida. Nunca se deja de cambiar, para bien, que es para lo que debe servir el estudio, o a veces para mal, que es lo que hay que intentar evitar. Hay que aprender a ser crítico con uno mismo,
