Yes, we dance 3 - Estrellas de Nueva York

Esther Sanz

Fragmento

cap-1

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—¿Has hecho el trabajo de ciencias? Recuerda que hay que entregarlo mañana y que cuenta para nota.

Martina miró asombrada a su compañera de pupitre y se preguntó cómo podía haber cambiado tanto su vida en apenas unos meses.

Si a principios del curso anterior alguien le hubiera dicho que acabaría sentada con Yanara y haciendo sus trabajos de clase, se habría reído. Pero desde que habían ganado aquel concurso de baile en Ciudad Saturno, y luego en Londres, su mundo había dado un giro de ciento ochenta grados...

Y no precisamente para bien.

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—Todo controlado. —Martina suspiró resignada mientras copiaba en su cuaderno una pizarra repleta de ejercicios—. De todas formas no cuenta para este trimestre, así que tranquila.

—¿Cómo quieres que esté tranquila?

El profesor de mates se giró para acallar los murmullos de la clase.

—Solo faltan quince días para Navidad —continuó diciendo Yanara— y mi madre me ha advertido que si suspendo una sola asignatura este trimestre no me dejará viajar a Nueva York. Y si yo no voy...

—Nosotras tampoco —dijo Martina con voz cansada.

imagenLa Fashion tenía razón. Las normas de Lovely Records, la discográfica, eran muy claras. Habían seleccionado a las Saturno Stars para participar en el videoclip de los BB Brothers, junto a las otras ganadoras: las Hipsters. Pero para poder filmar el vídeo debían presentarse «todas las integrantes del grupo».

—O todas o ninguna —le susurró Yanara antes de devolverle una mirada de desprecio a Lucía, que se sentaba en la primera fila—. ¿Te has fijado en cómo nos mira esa?

Martina asintió. Aquella chica había sido una de las mejores amigas de Yanara el curso anterior, cuando todavía era una Fashion Girl. Curiosamente, desde que habían vuelto de Londres, todo el mundo se había puesto en contra de ellas... Unos maliciosos comentarios en internet sobre lo inmerecida que había sido su victoria tenían la culpa del odio que habían generado; no solo en su instituto, sino en el barrio entero.

—Son unas envidiosas —dijo Yanara lo suficientemente alto para que la oyeran.imagen

—Y vosotras sois unas chulitas —replicó Lucía—. Suerte que las Hipsters os van a machacar.

—Eso habrá que verlo.

—O puede que no... Dicen que hasta el director está en contra de vuestro viaje a Nueva York.

Martina miró a Yanara interrogante y esta le explicó casi al oído:

—Mi madre vino el otro día a hablar con el director y le llenó la cabeza de tonterías... Y le dijo que tiene pensado hablar con tu abuela esta semana.

—¿Por qué?

—Cree que no nos conviene ir a Nueva York a mitad de curso.

—¡No lo entiendo! Ni siquiera vamos a perder clases... Coincide con las vacaciones de Navidad.

—Dice que estamos distraídas, que solo pensamos en bailar y que por eso ha bajado nuestro rendimiento.

—Pero si tú siempre has sacado malas notas.

Yanara abrió la boca para protestar, pero Martina siguió hablando.

—¡Es injusto!

—A mi madre le ha dicho que no es bueno que unas chicas tan jóvenes conozcan los peligros de la fama, que no es la mejor forma de educarnos, y que si él fuera nuestro tutor legal nos lo prohibiría a todas... Especialmente, a tu hermana Violeta. ¡Dice que el éxito se le ha subido a la cabeza! ¿Sabías que el otro día respondió rapeando las preguntas de un examen oral?

Martina se tapó la boca horrorizada.

—Cuando mi abuela se entere se va a armar una muy gorda —dijo finalmente—. Nuestra única esperanza es sacar buenas notas. Yo creo que voy a aprobarlo todo. ¿Y tú? ¿Cómo te han ido los exámenes?

Yanara se encogió de hombros justo cuando el profesor volvió a entrar en clase.

En las manos llevaba un montoncito de folios doblados por la mitad.

Un silencio sepulcral se hizo en el aula cuando los alumnos se dieron cuenta de lo que aquello significaba.

Eran las notas.

imagenDespués de que el profesor las repartiera por riguroso orden alfabético, Martina desdobló el informe y respiró aliviada. No solo había aprobado todas las asignaturas, ¡había sacado incluso un nueve en mates! Su abuela no tendría excusa para no dejarla ir a Nueva York...

Pero un mal presentimiento cruzó su mente cuando se giró y vio a Yanara con la cara desencajada y los ojos llorosos.

—Todavía te quedan los exámenes de recuperación —dijo para animarla, intuyendo más de un suspenso—. Las Stars te ayudaremos a estudiar. ¿Cuántas has cateado?

Yanara respiró hondo antes de contestar:

—Todas menos gimnasia y música.

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cap-2

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Durante la hora del recreo, Martina se sentó en las gradas para ver jugar a Niko. ¡Hacía siglos que no ocupaba aquel rincón junto al campo de fútbol!

Desde que el curso había empezado aprovechaba ese ratito para ensayar con Yanara en la parte trasera del patio. Pero aquel día, la Star Fashion había ido a hablar con el director. Quería convencerlo para que transformara un par de insuficientes altos en «aprobados por los pelos».

Al principio, Yanara se lamentaba de tener que estar con ella y no rodeada de su corte habitual. ¿Cómo era posible que ya nadie en el instituto le besara los pies como antes? ¡Justo ahora que había triunfado en Londres y se había convertido en toda una celebrity! Aun así, se consolaba pensando en Brian y en la oportunidad que se le abría en Nueva York... En cuanto recuperara las asignaturas.

Martina confiaba en que en algún momento el capitán del equipo se acercaría un rato a charlar con ella. Hacía semanas que no se dirigían la palabra ni hablaban por Facebook o WhatsApp.

Definitivamente, aquel verano lo había cambiado todo.

Tampoco ella era la misma.

En Londres había empezado a sentir algo muy especial por Jimmy. Cada vez que se acordaba del beso que se habían dado en el London Eye, y de todo lo que habían vivido juntos en la capital británica, sentía el mismo vértigo de aquella noche en la noria. Con él no solo compartía la pasión por el baile, ¡se entendían de maravilla!

Se preguntó si Niko se habría enterado de todo eso y recordó su última cita con él. Había ocurrido nada más llegar de Londres, en la heladería del Saturno Center. Aunque su corazón se había quedado con Jimmy, sintió un respingo al ver de nuevo al chico por el que había suspirado desde primaria.

Estaba realmente guapo. El sol de la montaña le había aclarado el pelo y bronceado su piel con un tono dorado que resaltaba el azul de sus ojos.

Ni siquiera le dio un beso en la mejilla antes de sentarse a su lado.

A Martina le sorprendió su frialdad después de todo un mes sin verse. Imaginó que la culpable era aquella chica nórdica que había conocido en el stage de fútbol mixto. Había una foto de los dos en su perfil de Facebook, así que no se anduvo con rodeos y le preguntó abiertamente:

—¿Estás saliendo con ella?

Niko la miró unos segundos antes de contestar:

—Se llama Astrid.

—¿Te gusta?

—Sí... Es una crack. Es muy buena regateando y dispara unos cañonazos que lo flipas. Era la capitana del equipo femenino. En Suiza jugaba incluso en la liga nacional de alevines.

—Supongo que la echarás de menos siendo ella de tan lejos.

—No.

—¿No?

¿Tan pronto la había olvidado? Quizá aquella chica solo había sido un amor de verano después de todo, pensó Martina.

—Se ha trasladado con su padre a un pueblecito que está a solo veinte kilómetros de aquí —le explicó Niko—. En el stage la descubrió un cazatalentos. Como su padre es escritor y puede trabajar desde cualquier lugar del mundo, ha decidido apoyar a su hija en su carrera deportiva. Este año estará a prueba en los alevines de un equipo grande.

—A prueba... —repitió Martina.

¿No era aquello precisamente lo que le había dicho Niko de su amor antes del verano? Aquel mes separados había sido una prueba que ninguno de los dos había superado, pensó con tristeza.

—Sí... Nos estamos conociendo, pero me gusta mucho.

Martina asintió con la cabeza baja antes de soltarle:

—Eso no impide que tú y yo podamos ser amigos, ¿no?

—Has cambiado, Martina. No sé si la fama se te ha subido a la cabeza o qué te ha pasado este verano, pero no eres la misma.

—¿Cómo puedes decir eso? ¡Si no nos hemos visto en todo un mes!

—Te he seguido. He visto lo que se ha publicado de vosotras en blogs y en Facebook, y todo lo que tú has dicho...

Niko chasqueó la lengua, miró al suelo confundido y repitió:

—Has cambiado.

Martina no entendía a qué se refería, pero intuyó que aquella era su manera de decirle que ya no sentía lo mismo por ella y que se había enamorado de Astrid. No era ella quien había cambiado, sino los sentimientos de ambos. Entonces ¿por qué la atacaba diciéndole que la fama se le había subido a la cabeza?

—No sé qué has leído, o qué han dicho de mí... pero sigo siendo la misma chica que sueña con bailar y que todavía flipa con todo lo que ha pasado. ¡Hemos ganado en Londres! ¡Guay! ¿Por qué parece que nadie se alegra de eso?

Niko la miró fijamente antes de responder:

—Porque no os lo merecéis.

¡GOOOOOOL!

Aquel grito devolvió a Martina al presente. Niko acababa de marcar el tanto del desempate a solo unos segundos de que finalizara el recreo.

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Se entristeció al ver que él no desviaba la mirada hacia las gradas como hacía antes... Cuando el universo giraba de forma diferente.

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cap-3

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El sábado por la tarde, las Saturno Stars se reunieron en casa de Sofía. Siguiendo indicaciones de su amiga, Martina llegó unos minutos antes. Quería hablarle de Markus, el bailarín de Los Ángeles del Norte que Sofía había conocido en Londres, y con el que se escribía whatsapps a menudo.

—Dice que soy lovely y que ojalá viviera en Londres —le explicó Sofía mostrándole la pantalla de su móvil.

El mensaje en inglés estaba acompañado de muchos corazones.

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