
El silencio podía cortarse con un cuchillo. Unas treinta personas rodeaban la mesa de juego donde Diego disputaba la semifinal del CAMPEONATO EUROPEO DE PIENSA O REVIENTA, el juego de mesa que estaba de moda en todo el mundo. Consistía en un enfrentamiento entre dos espías con licencia para matar y ganaba el que conseguía aniquilar al otro.
—Paso turno —dijo Diego. En lugar de mover a su personaje, había optado por quedarse quieto, oculto gracias a su traje de camuflaje.
Solo le quedaba una de las tres vidas con las que empezaba el juego, al igual que a su rival, el islandés Hans Pitjohnsen. El que lograra herir al otro por tercera vez ganaría la partida, aunque había una segunda estrategia: CONSEGUIR VIDAS EXTRAS GRACIAS A LAS MAGDALENAS DE CHOCOLATE que se escondían en el centro del tablero. Desde hacía varios turnos, su rival había ido acercándose hacia una de esas magdalenas. Estaba a punto de mover a su personaje cuando…
—¡Mía! —maulló Gatson.
Con una agilidad sorprendente para ser un gato tan gordo, Gatson saltó encima de la mesa y con un movimiento de su garra tiró una carta al suelo y se escabulló con su botín.
—¡Te he dicho mil veces que son falsas, pesado! —ladró Perrock, harto de pasar vergüenza por culpa del minino.
Y es que Gatson llevaba todo el torneo molestando a los jugadores. Robaba las cartas en las que aparecía una magdalena y que proporcionaban una VIDA FXTRA para más tarde lamerlas sin parar pensando que iba a notar el sabor del chocolate fundido. Al parecer no le importaba que fueran de papel.

—Lo siento, está obsesionado con las magdalenas —se disculpó Diego, y colocó otra de repuesto en el mismo lugar del tablero, el Castillo.
Algunos espectadores se reían al ver a Gatson baboseando la carta sin parar, pero la mayoría estaban muy atentos al juego. Justo detrás de su rival, su hermana Julia parecía la más nerviosa de todos. No paraba de morderse las uñas y de controlar todos los movimientos con suma atención.
Finalmente, Hans Pitjohnsen movió su personaje hasta la magdalena y se apoderó de ella. El próximo turno ya podría zampársela y conseguir una vida extra, pero Diego esbozó una sonrisa triunfal.

—Me toca —dijo.
Se quitó el traje de camuflaje y reveló la posición de su personaje. Todos los espectadores lanzaron un «OOOHHH» de admiración cuando vieron que se encontraba dentro del Castillo, justo detrás de su rival.
—Saco la pistola y disparo —anunció. Estaba tan cerca que ni tan siquiera tenía que tirar los dados para acertar.
Fin de la partida y victoria para Diego. Ya estaba en la final. Y, si la ganaba, CONSEGUIRÍA UN PASE PREMIUM GOLD PARA EL PARQUE DE ATRACCIONES DE PORT AVENTURA, con todo lo que pudiese imaginar incluido en la entrada. Ya se visualizaba en la montaña rusa a toda velocidad mientras se comía un perrito caliente hasta arriba de kétchup. Era su sueño y tenía que conseguirlo cost
