
Drake se protegió los ojos del sol. Estaba en el valle de las Nubes que había detrás del castillo del rey Roland. A pesar de que la presencia de Drake en el castillo era muy reciente, ahora vivía aquí y tenía un trabajo importante: era maestro de dragones, una persona elegida por la Piedra de Dragón para trabajar con dragones.
Sobre él, tres dragones surcaban el azul y brillante cielo. Griffith, el hechicero que impartía clases a los jóvenes maestros de dragones, observaba las prácticas de vuelo de los animales.

Volcán, un gran dragón de fuego rojo, cruzaba el valle volando. En esas lanzó una ráfaga de fuego al aire.
—¡Bien hecho! —gritó su maestra, Rori, que tenía el pelo tan rojo como las llamas de Volcán.
Shu, una dragona de agua azul, no tenía alas. Planeaba como si cabalgara el viento. Bo, su maestro, la miraba con una sonrisa complacida.
El mejor volador era Kepri, una dragona de sol blanca y amarilla, que daba vueltas en el aire. Un arcoíris salió de su boca y se extendió a lo largo del cielo. La maestra de Kepri, Ana, bailaba en la hierba debajo de su dragona. Su larga y negra melena se mecía detrás de ella.

El dragón de Drake, Lombriz, no era como los demás. Se trataba de un dragón de tierra con un largo cuerpo marrón. No podía volar, pero Drake acababa de descubrir que Lombriz podía mover cosas con el poder de la mente. «¿Qué otras cosas podrá hacer Lombriz?», se preguntaba Drake. Sabía que aún le quedaba mucho por aprender de su dragón.
—Se está bien fuera, ¿eh, Lombriz? —preguntó Drake.
La Piedra de Dragón verde le cosquilleó alrededor del cuello y el niño sonrió.
Todos los maestros de dragones llevaban un trozo de aquella piedra, que les ayudaba a conectar con su dragón y a entrenarlo.

Cuando la piedra brillaba, Drake sabía que tenía un vínculo muy fuerte con Lombriz. A veces, oía la voz del dragón dentro de su cabeza cuando estaban conectados. Sin embargo, las piedras de los demás maestros de dragones no habían brillado aún.
Drake volvió a levantar la vista hacia el cielo soleado. A Kepri se le iluminaba todo el cuerpo.

Entonces Drake se dio cuenta.
—Ah, ya lo pillo. Kepri tiene el poder de la luz porque es una dragona de sol, ¿verdad? —preguntó Drake a los demás maestros de dragones.
Rori resopló.
—Pues claro. Igual que los dragones de fuego tienen poderes de fuego y los dragones de agua tienen poderes de agua.
«Algunas veces Rori es amable —pensó Drake—. ¡Pero otras veces no lo es tanto!».
Se puso rojo como un tomate.
—Todavía estoy aprendiendo —dijo—. No soy maestro de dragones desde hace tanto tiempo como tú.
