Primera edición: octubre de 2020.
© del texto: Myriam M. Lejardi, 2020.
© de las ilustraciones: Yolanda Paños Romero, 2020.
© del diseño de la cubierta: Lookatcia.com, 2020.
© 2020 Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.
Travessera de Gràcia, 47-49. 08021, Barcelona
Diseño del interior: Lookatcia.com.
ISBN: 978-84-9187-752-3
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A MIS PADRES,
POR ENSEÑARME A PENSAR EN MAYÚSCULAS.
SOFÍA
Sofía sabe que, por mala que sea la situación, poner a todo volumen los grandes éxitos de Britney Spears siempre consigue mejorar su humor.
Y la situación es mala. Peor que mala: catastrófica.
No solo porque la pandemia mundial por la que están pasando haya provocado que el Estado decrete el confinamiento de gran parte de la población. Ni siquiera por lo que le atosiga su padre con el tema, mandándole constantemente información poco fiable. Ni porque no tenga ni idea de qué va a pasar con el máster que tiene a medias.
El colmo es que su novia acaba de dejarla. Un año de relación tirado por la borda tras una llamada de poco más de cinco minutos. Que son demasiado distintas, le ha dicho. Que Sofía debería arriesgar más.
Es consciente de que no es la persona más extrovertida del universo, que suele tomarse todo con calma o sopesar bien los pros y los contras antes de decidir cualquier cosa. Sin embargo, eso no la convierte en alguien aburrido, como ha sugerido Eva.
Ahora mismo, por ejemplo, ha salido al balcón a regar las plantas con una copa de vino blanco en la mano. Cierto es que solo se ha servido un par de dedos, pero no son ni las doce del mediodía y una cosa es desmelenarse y otra volverse loca del todo.
La ve por el rabillo del ojo, en la calle, cargada con dos bolsas de la compra que parecen más grandes que ella. No sabe cómo se llama, solo que vive en el bloque de enfrente desde hace poco. Sofía no es muy de cotillear, pero lleva días observándola. Es justo lo contrario a su ex: morena y vivaracha, el tipo de persona que se para a saludar a todos los perros con los que se cruza.
A veces, cuando los mensajes que le mandaba Eva se volvían insoportables, apagaba el móvil y echaba un vistazo por la ventana. Si tenía suerte y la veía, se sorprendía sintiéndose mejor. Con el estómago menos lleno de piedras y más lleno de helio.
Es consciente de que esto no tiene sentido. Por muchas cosas y la peor ni siquiera es que no se conozcan. Está segura de que no pegarían ni con cola y ¿no la acaban de dejar justo por eso? Por ejemplo: la vecina parece obsesionada con el deporte, quizá hasta se dedique a ello, por la bolsa del gimnasio de la zona que se ha fijado que cargaba alguna vez. Ella, sin embargo, el único deporte que hace son las carreras que se pega cuando e
