A cada persona que alguna vez ha llorado por no encontrar en el espejo el reflejo de lo que la sociedad considera una belleza estándar.
A los que están en su proceso de comprensión de lo importante y bonito que es ser diferente.
A los extrovertidos e introvertidos, los valientes y los que aún dan pasos pequeños ante el miedo.
A las que han dicho «no» y lastimosamente no han sido escuchadas.
A cada mujer que aún camina viendo detrás de su espalda y sale de casa esperando poder volver.
A cada estrella que ha sido apagada, pero también a las que brillan con fuerza y a esas que aún titilan de a poco esparciendo su luz.
A los soñadores, optimistas, los incrédulos y los realistas.
Y por sobre todas las cosas: a cada lector y lectora que es lo suficiente valiente para abrir su corazón a una nueva historia con el poder de cambiarle la vida y subirlo a una montaña de emociones.
¡Ah! Y por supuesto que a ti, por despertar cada día con la esperanza de vivir un día mejor, por levantarte ante cada caída, ser lo suficiente audaz y temerario para asumir el reto de la complejidad que compone nuestras vidas.
Y para tu buena suerte, repite conmigo: «Clover, Clover, Clover».
PLAYLIST
This Is Me de Demi Lovato y Joe Jonas
Everything About You de One Direction
A dónde vamos de Morat
Un poco de tu amor de RBD
Can I Have This Dance de High School musical
Power over Me de Dermot Kennedy
My Hair de Ariana Grande
Watermelon Sugar de Harry Styles
New Romantics de Taylor Swift
I Wanna Be Yours de Arctic Monkeys
Teach Me how to Love de Shawn Mendes
Dembow de Danny Ocean
Te quiero más de TINI feat. Nacho
Everyday de Ariana Grande feat. Future
Fire Meet Gasoline de Sia
Don’t Blame Me de Taylor Swift
Jungle de Emma Louise
Juntos de La Melodía Perfecta
Love on the Brain de Rihanna
Directo al grano de Viniloversus
Need to Know deDoja Cat
Tu eres perfecta de Oscarcito
Best Day of My Life de American Authors
Someday de OneRepublic
Stay the Night de Zedd feat. Hayley Williams
Valentine de 5 Seconds of Summer
Only Girl de Rihanna
Heathens de Twenty One Pilots
Black Swan de BTS
Train Wreck de James Arthur
Outrunning Karma de Alec Benjamin
Hymn for the Weekend de Coldplay
Magic Shop de BTS
Mikrokosmos de BTS

UNIVERSIDAD OCROX DE NOTTINGHAM:
TOMANDO EL PASADO,
APRENDIENDO DEL PRESENTE
Y EDUCANDO EL FUTURO
La Universidad Ocrox de Nottingham (OUON), una vez más, entra en el ranquin de las universidades con mayor desempeño académico y más graduados con un futuro prometedor, junto con sus aliadas de Viena (OUOV), Berlín (OUOB), Sídney (OUOS) y Washington (OUOW).
La distinguida institución, con un amplio currículo y numerosos estudios para formarse en varias profesiones, destaca otro año, convirtiéndose en uno de los centros universitarios más cotizados, así como el destino preferido para los jóvenes que desean tener un futuro laboral prometedor.
Con una arquitectura enriquecedora que reúne estructuras del pasado y el modernismo, esta universidad alberga a miles de estudiantes de todo el mundo becados y no becados. La matrícula es de las más elevadas y la búsqueda de una beca no es fácil, pero los estudiantes aseguran que vale la pena.
La llamada Fuente de la Sabiduría, ubicada entre la Facultad de Medicina y la de Ciencias Tecnológicas, alberga un sinfín de monedas de diferentes países que evocan los deseos de estudiantes que asumieron el reto de enfrentarse y aprender en una universidad tan exigente como esta.
Se han realizado diversos estudios sobre el nivel de estrés y el estado de salud mental de los jóvenes que se someten a las grandes exigencias académicas de la OUON, y la respuesta se encuentra en muchas de las entrevistas y los artículos dados por parte de la familia fundadora de esta universidad: se garantiza que los estudiantes cuentan con una larga lista de actividades extracurriculares que invitan a relajarse, desarrollar sus habilidades sociales y crear conexiones sentimentales y estratégicas para el futuro.
Es por ello por lo que estudiar no lo es todo, y en esta institución, que fácilmente podría concentrar una miniciudad, se celebran fiestas en las mansiones de las fraternidades y las hermandades legendarias, que tienen una vida nocturna muy animada y varias actividades recreativas. Se pueden encontrar grandes e inolvidables fiestas incluso los días de entre semana, y si eso no es suficiente, a las afueras del campus se sitúan pubes locales con diferentes ambientes y sintonías que seguro que te encantarán.
La Universidad Ocrox de Nottingham lidera una campaña en contra de la intolerancia, y resalta a través de sus clubes, eventos y seminarios la importancia de la inclusión entre su comunidad estudiantil. Cuenta con una rígida lista de normas que protegen los derechos y la integridad de cada estudiante, formando una red de seguridad para jóvenes de todo el mundo.
Esta prestigiosa institución dispone de personal y un sistema de seguridad de alta gama. Los hijos de políticos, celebridades y todo el estudiantado gozan de una seguridad muy fuerte y, aunque se rumorea que algunos sucumben al uso de drogas, parece algo típico de cualquier universidad.
Así pues, este año la OUON celebra que es la número dos del ranquin mundial y promete mantener el compromiso de educar el futuro profesional del mundo y ocupar el puesto número uno en los años venideros.
Recientemente se otorgarán las becas para jóvenes de entre dieciocho y veintidós años del tercer mundo, reafirmando su compromiso de dar oportunidades a estudiantes con bajos recursos.
¡Felicidades a la OUON! Sin duda alguna, es la cuna de un buen futuro y el comienzo de grandes oportunidades.

Hace tres años…
Iniciar la vida universitaria no me pone nerviosa ni ansiosa, cosa que papá no cree. Me parece que mi amoroso, protector e increíble padre piensa que arroja un corderito a los leones, pero lo que no sabe es que su angelito es una fuerte leona. «¡Papá, rujo incluso más fuerte!». Pero tiene sentido que piense eso cuando siempre me ha visto como su bebita pura e inocente. No es que yo me haya esforzado en darle esa idea de mí, sino que para él es lógico que yo sea la cuna de la inocencia.
Ingresar en la Universidad Ocrox de Nottingham se siente como uno de los logros más grandes de mi vida y uno de mis sueños, ya que este centro figuraba como mi primera opción y conseguir la plaza para Ciencias Forenses me hizo llorar cuando me llegó la carta de admisión. Es una universidad ubicada al norte de Nottingham con un arquitectura rica y preciosa. La última vez que consulté su página web, la población estudiantil era de quince mil trescientas personas, y la de profesores, de cinco mil trece.
Esta universidad es prestigiosa y reconocida mundialmente, y de ella han salido grandes profesionales, figuras públicas, líderes políticos, de la ciencia e incluso filósofos. Un título universitario de la Universidad Ocrox de Nottingham te abre un sinfín de puertas, y eso tal vez justifique que su matrícula anual para los estudiantes nacionales oscile entre las diez mil y las quince mil libras esterlinas, y para estudiantes internacionales, entre veintiocho mil y treinta mil libras esterlinas. Cuenta con una gran oferta de especialidades y abarca profesiones que ni siquiera conocía.
En cuanto a la vida social universitaria dentro del campus, llevo muy pocos días como para saberlo, pero he escuchado que las fiestas rivalizan las celebraciones de las películas estadounidenses y que hacer vida social es tan importante como estudiar. Dispone de cuatro fraternidades oficiales y conocidas, y dos algo más pequeñas que están olvidadas, y también posee cinco hermandades —no pertenezco a ninguna—. Tiene diez edificios residenciales para estudiantes —resido en uno de ellos— con un coste bastante elevado que no todos se pueden permitir, y luego se encuentra la zona residencial más reducida para los alumnos becados.
Estoy muy emocionada de estar aquí, de que finalmente esté sucediendo.
—Papá, en serio, me estoy adaptando muy bien, no estoy nerviosa —digo en nuestra llamada telefónica.
Generalmente papá no es muy charlatán; de hecho, poco habla en esta llamada, pero lo poco que dice deja en evidencia que siente la necesidad de protegerme.
Me está desesperando un poquito. Trato de entenderlo, pero tiene que respirar y entender que estoy en camino a convertirme en una adulta.
Me detengo cuando localizo finalmente el auditorio donde tendré mi segunda clase y una de las más esperadas. No puedo creer que realmente esté aquí para estudiar Ciencias Forenses, que esté en otra ciudad, viviendo con mi mejor amiga, Edna, y adentrándome en la vida universitaria.
—Oye, creo que eres tú quien está nervioso. Estaré bien, sé cuidarme y todos han sido agradables —comento en persa, subiendo los escalones y asintiendo al único muchacho que se encuentra en el lugar.
Apenas alcanzo a ver su cabello rojo mientras escucho la respuesta de papá, que parece algo más calmado. Me parece que tener nuestro espacio nos irá bastante bien. Además, sé que mi madrastra, Valentina, hará que su preocupación disminuya, ella es del equipo «Clover estará muy bien».
Como una tonta, porque no encuentro otra explicación, permanezco de pie mientras hablo con papá cambiando con facilidad del persa al inglés. Noto que los estudiantes se van uniendo a la clase y algunos me lanzan miradas amistosas que respondo con una sonrisa.
—Papá, debo colgar, cuídate y deja de preocuparte tanto. Te amo.
—También te amo, cariño —dice tras un suspiro, y finaliza la llamada.
Río por lo bajo y me saco el bolso de estilo mensajero para tomar asiento, y entonces cometo el error de ver al frente. Primero me fijo en un par de estudiantes que entran conversando, luego, en una chica riendo con un chico en la tercera fila, y finalmente mis ojos son atraídos por la cabellera rojiza de un muchacho con una media sonrisa que escribe a toda prisa en el móvil.
Solo alcanzo a ver su perfil, pero eso consigue cautivarme por alguna razón: desde su cabello pelirrojo despeinado, pasando por las pestañas rizadas que protegen el color de sus ojos, el puente recto de la nariz y los labios rosa con un grosor no demasiado carnoso, aunque tampoco son delgados. Veo muy poco de él, pero la cuestión es que no puedo dejar de hacerlo.
Emite una risa ronca por lo que sea que reciba en el móvil y sonrío porque es un sonido encantador.
Sin dejar de mirarlo, retrocedo para tomar asiento y parece que todo pasa demasiado rápido: en un momento estoy suspendida en el aire y al siguiente emito un grito cuando siento la fuerza de la gravedad tirar de mí en cuanto el asiento colapsa, lo que me hace caer de culo de una manera dolorosa, pero sobre todo vergonzosa.
El sonido de mi caída es fuerte y estrepitoso, tanto que por un momento solo hay silencio, antes de que algunas risas y susurros resuenen en el auditorio. Pensé que mi culo voluminoso me protegería del dolor, pero ¡carajo! En realidad, me duele.
Me doy cuenta de que tendría que levantarme y acortar este vergonzoso momento, pero un rápido meneo me hace saber que estoy atascada. ¿Tendré que pedir ayuda? Por favor, no, necesito sacar el culo de aquí y levantarme dignamente, ese es mi plan, pero la aparición de unas piernas cubiertas en tejano lo cancelan.
Una persona está frente a mí, y el lento alzar de mi mirada me hace encontrarme con una mano que se extiende hacia mí. Cuando mis ojos continúan el recorrido y llego al dueño de la mano que me ofrece ayuda, puede que una exhalación profunda me abandone.
De acuerdo, así que el chico pelirrojo era guapo de perfil, pero ¿de frente? Guau, simplemente guau. La manera en la que me sonríe de costado, con lo que parece picardía, y cómo sus vibrantes ojos verdes me miran me aturden durante unos segundos.
—¿Le das el permiso a mi mano para tocarte? —pregunta, arqueando una ceja sin dejar de sonreírme.
Hay un rastro irlandés en su acento y también me parece que un tono coqueto en su voz.
Tragando, estiro la mano y tomo la suya, sorprendentemente suave y firme.
—Te lo permito —murmuro.
—Gracias. —Me guiña un ojo antes de tirar de mí.
Veo cómo su bíceps sobresale con la fuerza que ejerce para levantar mi cuerpo, nada ligero, y quizá demoro demasiado mi atención en las venas que se le marcan en el brazo. ¿Una persona se puede sentir tan atraída por unas venas? Sí, tal vez los vampiros.
Hago una mueca de dolor cuando consigo estar de pie, y con la mano libre me tanteo el culo adolorido. Aparentemente, nada está roto.
—¿Todo bien allá atrás? —me pregunta el chico irlandés, haciendo que, de nuevo, clave la mirada en él.
Bueno, tengo que inclinar la cabeza hacia atrás porque es significativamente más alto que yo y por un momento siento que estoy mirando al sol, un sol de puntas rojizas. Es increíble cómo brilla, no literalmente, pero irradia un tipo de alegría y confianza difícil de ignorar.
—Todo bien. —Le sonrío—. Por fortuna no tengo el culo roto.
Me doy cuenta de cómo suena lo que acabo de decir, pero finjo que no me avergüenza mientras él me dedica una sonrisa ladeada.
—Eso es bueno, un culo roto no es algo muy cómodo de tener.
Me suelta la mano con lentitud y mantiene esos vivaces ojos verdes mirándome con fijeza.
—Gracias por levantarme.
—Siempre que quieras. —Hace una breve pausa—. Gracias por darle permiso a mi mano de tocarte. Supongo que ahora el permiso será retirado… ¿Correcto?
«No, puedes volver a tocarme».
Eso es lo que pienso, pero no lo que digo, porque intento no ser una muchacha hormonal y ser más sensata sobre mis rollos, aventuras o relaciones.
—Tengo que retirarlo, comprenderás que resulta más sensato pedirme permiso para el próximo contacto. No puedo darte uno definitivo teniendo en cuenta que apenas nos acabamos de conocer…, irlandés.
—«Irlandés» —repite sonriendo—, suena bien, pero, por si te interesa, me llamo Callum. Sin embargo, «irlandés» no me molesta, soy una buena representación de Irlanda, lo prometo.
—Clover —digo, y parpadea.
—Sí, me gustan los tréboles.
No puedo evitar reír. Me muerdo el labio inferior para controlarlo y consigo volver a hablar.
—Quise decir que me llamo Clover.
—Clover, Clover, Clover —canturrea, y la manera en la que suena me hace tragar—. Me gusta.
Parpadeo y él también, a la vez que su sonrisa se vuelve más pequeña, pero sin perder la picardía.
—Bueno, Clover, me alegra que estés bien y que no tengas el culo roto. —Ríe ante esto último—. Espero que no haya más caídas.
—Trataré de que no las haya.
Se lame el labio inferior, se gira y baja los escalones con tranquilidad y vuelve a su asiento. En cuanto está sentado, voltea y me hace un saludo con la mano que le devuelvo sonriendo.
Algo desconfiada por los asientos, cambio a una fila por debajo, justo al lado de un muchacho de cabello castaño y ojos verdes bastante claros. Me dedica una larga mirada antes de volver la vista al teléfono.
—Me gusta tu delineado —dice sin mirarme.
—Gracias —respondo, tomando asiento, y respiro aliviada cuando no caigo de nuevo.
—Soy Kevin —sigue hablando sin mirarme.
—Me llamo Clover.
Kevin alza la vista y me sonríe.
—Es un buen nombre… Ahora. —Mira hacia delante—. ¿No crees que el pelirrojo que te levantó del suelo está caliente?
Vuelvo a mirar al irlandés, que ahora habla con el muchacho que se ha sentado a su lado, y simplemente asiento a Kevin. Sin embargo, me obligo a desplazar la mirada al frente antes de que Callum me note mirándolo o, peor aún, antes de volverme rara y desarrollar algún tipo de flechazo.
PARA TI, IRLANDÉS
Hola, Callum:
Te escribo esta nota porque recientemente te vi y tú también me viste. Pero mientras que mi mirada te follaba, la tuya fue amistosa.
Te digo que la primera vez que te vi me pareciste un hermoso sol de puntas rojizas y sonrisa cautivadora y te confieso que, cuando te veo sonreír, me haces sonreír.
Esta noche creo que te gusta el chico con el que te he visto o, bueno, su polla. No sé si quieres su polla en tu boca, tu culo o la tuya en su culo…
Pero te vi con la lengua dentro de un chico y me pareció la cosa más sexy. Sin embargo, me entristeció pensar que nunca seré yo —lo de tu lengua en mi boca, aunque podemos negociar lo de la polla en la boca (mía) y en el culo (mío), estoy abierta a propuestas—. Quisiera probar tus labios. Bueno, lo otro también.
Para ti, Irlandés. 

Presente
Otra vez, San Valentín, y yo sin hacer nada más que deslizar una nota en el parabrisas de su auto.
Me gustaría quedarme a ver su reacción al encontrar la nota, pero la vergüenza me lo impide, porque una cosa es armarme de valor cada 14 de febrero y en otras fechas especiales para dejarle una nota anónima y otra es quedarme a ver su reacción. ¿Las lee? ¿Las tira? ¿Se ríe de ellas? ¿Le asustan?
La primera nevada, al inicio del verano, antes de partir por Navidad, San Valentín y su cumpleaños: esas son las ocasiones en las que una nota escrita por mí aparecerá en el auto de Callum Byrne.
Callum Byrne es un atractivo, sexy e inteligente pelirrojo de ojos verdes, poseedor de una sonrisa ladeada llena de picardía. Es el tipo de persona que parece encajar en cualquier lugar, agradarles a todos y sacar lo mejor de cada situación. También es popular entre las chicas… y los chicos, lo que hace difícil no saber cada conquista que ha tenido con un hombre o una mujer en las fiestas.
Entramos en la OUON el mismo año y coincidimos en una clase desde el inicio. Más allá de su impresionante atractivo y el cálido acento irlandés, lo que me sorprendió fue su sonrisa, la confianza con la que me habló y el hecho de que coqueteó conmigo… Claro, luego entendería que esa era su forma de ser, el coqueteo parecía ser algo tan natural para él como respirar.
No fui una chica invisible, no lo soy. Ocasionalmente me saludaba en clases o me comentaba algo, y si nos topábamos en una fiesta me saludaba o simplemente me sonreía. Se dirigía a mí por mi nombre y a veces en clase lo encontraba mirándome.
Durante estos últimos tres años universitarios hemos tenido al menos más de tres clases juntos debido a que estudiamos en la misma Facultad, pero mientras que yo estudio Ciencias Forenses, él estudia Criminalística.
La primera vez que le dejé una nota fue estando ebria, días antes de las vacaciones de Navidad, en una fiesta en un bar fuera del campus. Me pareció una idea superdivertida y mi amiga Edna pensó que yo era una genio. Así que escribí una nota de más de ocho líneas con una caligrafía borracha, pero buena ortografía, donde le hacía saber muchas cosas que trato de olvidar. En mi defensa, había bebido mucho, tanto que vomité dos cuadras después y lloré sentada en la acera.
La próxima vez que lo vi estaba avergonzada y esperaba que viniera hacia mí y se riera o me preguntara qué estaba mal conmigo, pero recordé la magia del anonimato y pensé que tal vez él ni siquiera lo había visto. No pasó nada.
Entonces llegó San Valentín. No estaba ebria, pero de nuevo vi su auto solo y la zona estaba despejada, así que saqué el lapicero y escribí una nota conscientemente, divagando sobre si San Valentín era un día especial o solo comercial, sobre que cada día debería ser especial y que en un mundo paralelo tal vez íbamos a cenar. Tampoco supe si la vio, también fue anónima.
Y así estuve los últimos tres años, escribiéndole sin dejar mi nombre, solo el dibujo de un trébol al final, donde le escribía: «Para ti, Irlandés».
No sé qué hace con mis notas, pero está bien, porque cuando las escribo libero algo de mí que se queda con él.
No es una obsesión. Tampoco espero que suceda algo ni me guardo para él ni ninguna locura así. He tenido dos novios durante estos tres años y he ido a citas, pero siempre he dejado mis notas en su auto.
Giro sobre mis talones, dejo ir un largo suspiro y camino hacia una de las cafeterías, donde sé que Edna me espera para almorzar antes de que cada una se dirija a su clase. No tardo en llegar y localizo a mi amiga antes de hacer un pedido. Ella se encuentra con un rubio atractivo de primer año que reconozco como James.
Normalmente Edna no miraría dos veces a un chico de primer año o menor que ella, pero James es uno de esos chicos nuevos que parece estar causando estragos, y mi amiga no es inmune a sus encantos. Ambas sabemos que James quiere acostarse con ella y que ella también lo desea, solo que Edna prefiere hacerle trabajar y lo hace esperar. Los dos también saben que hay otros en la ecuación, porque son iguales cuando se trata de diversión. No creo que nada serio vaya a nacer de ahí, pero intuyo que lo pasarán muy bien.
Hago mi pedido. Como solo deben recalentarla, pronto tengo una hamburguesa con papas fritas y una Coca-Cola en mi bandeja. Camino hacia la mesa donde ahora no solo se encuentra James; su amigo, el chico del que todos están hablando, está sentado al lado de la única silla vacía: Jagger Castleraigh, estudiante de primer año de la escuela de negocios. Parece estar causando todo un revuelo por ser «el hombre de las soluciones». Todavía no entiendo muy bien cómo alguien de primer año y nuevo tiene tanta popularidad y poder, pero de verdad parece que sabe muchas cosas.
Cuando me dejo caer en el asiento vacío, devuelvo el saludo colectivo con el que soy recibida. A James lo conozco por el tira y afloja con Edna, y a Jagger solo de pasada, de algunas fiestas y porque me saluda por mi nombre, aun cuando nunca se lo he dicho. No me siento incómoda porque estén en nuestra mesa; no soy una persona precisamente tímida, tiendo a ser muy social y extrovertida.
—Clover, ¿es cierto que Edna y tú tendrán una noche de chicas y por eso no irán a la fiesta del amor? —me pregunta James antes de que pueda darle un mordisco a mi hamburguesa.
Mientras mastico, paseo la mirada de mi amiga de toda la vida a James. Me resulta un poco perturbador que, aunque sus ojos son de un azul diferente, ambos se parecen mucho físicamente, como si fuesen hermanos perdidos, pero pensar eso es pensar en hermanos que quieren cometer incesto, por lo que rechazo el pensamiento de cuán parecidos son.
—La realidad es que planeo estudiar para mi clase de mañana —respondo.
—Abrirá a un muerto —comenta Edna, y se estremece— y no tiene miedo.
—Siento respeto por los cadáveres y es un cuerpo humano como el nuestro.
—Excepto que no respira —dice Jagger a mi lado, y al volverme veo que me sonríe—. Tienes una carrera bastante interesante y eres buena.
—¿Cómo lo sa…? —No termino la pregunta. Cierto, este chico lo sabe todo—. Olvídalo.
Se ríe por lo bajo, seguramente ante la expresión de mi rostro, y se pone de pie. Cuando se estira la camisa, se alza lo suficiente como para revelar una franja de piel y unos oblicuos marcados. Honestamente, Jagger se las trae.
—Me retiro, señoritas. Tengo una novia con la que encontrarme. ¿Vienes, James? Lind está esperándonos.
—Ven a la fiesta, sabes que quieres —le pide James a Edna con una sonrisa.
—¿Qué hay de Maddison y tú?
Hasta donde sé, Maddison es una amiga bastante cercana de ellos, y Edna cree que James tiene una relación más que amistosa con ella.
—Ya te dije que somos amigos-enemigos, no es mi novia. Yo no tengo novias. Quiero divertirme y tú también, hagámoslo juntos. Hagámoslo mucho.
—Iré si Clover va.
—¿Y a mí por qué me metes en tus asuntos? —me quejo después de masticar—. Debo estudiar.
—Vamos, Clover, estoy seguro de que has estudiado un montón. ¡Ven a la fiesta! ¡Vamos, vamos!
—No, no iré —digo sin caer en el juego de ojos conmovedores. James es bueno en ello.
—Jagger, ayúdame —le pide a su amigo, uniendo las manos en súplica y poniéndose de pie.
Edna disfruta demasiado de esto. Estoy segura de que conmigo o sin mí piensa ir a divertirse y finalmente tener sexo con James.
—Clover, eres buena estudiante —dice Jagger, y muerdo la hamburguesa sin mirarlo—. Sé lo de tu evaluación de mañana porque conozco a alguien que también la hará. —Hace una pausa—. ¿Tal vez conozcas a Callum Byrne? Lo suelen llamar «el Irlandés».
Me ahogo con un pedazo de hamburguesa y Edna me patea por debajo de la mesa mientras Jagger me da unas suaves palmadas en la espalda. Tomo un poco del agua de Edna y consigo sobrevivir, pero el corazón me late deprisa.
—Parece que sí lo conoces. Va a esa misma clase y sé que estará en la fiesta. Por lo que sé, ambos tienen un promedio similar, aunque él es el primero de la clase. ¿Qué tal si vienes a la fiesta y descansas un poco el cerebro?
Te prometo que siento que me está gritando: «¡Sé que le dejas notas a Callum Byrne! Ven a la fiesta, porque lo sé».
—Tal vez vaya —digo tras unos segundos de silencio.
—¡Genial! Allá las veo, chicas —dice James con una sonrisa.
—Oh, y, Clover… —me llama Jagger. Me volteo para mirarlo y veo que está sonriendo—. Sé de alguien que te está buscando.
Estoy tensa cuando nos quedamos solas en la mesa. Mi mejor amiga está parloteando sobre ropa interior sensual y dice que hoy James y ella se divertirán; por mi parte, me encuentro presa de la paranoia sobre que alguien más que ella sepa lo de mis notas, y esa despedida de Jagger me ha dejado más que un poco nerviosa.
Asiento y doy respuestas cortas a todo lo que ella me dice, pero mi mente está muy lejos mientras continúo comiendo. Hay algo que deberías saber de mí: no importa si estoy nerviosa, asustada, triste o angustiada, eso no me impedirá comer. Me gusta decir que tengo un apetito saludable y que la comida y yo tenemos una estrecha relación.
No tengo problemas con mi alimentación, pero soy una de esas personas que podrían hacer dieta y ejercicio, bajar unos pocos kilos, pero aun así mantener una complexión curvilínea-rellenita.
Soy una joven de escasa estatura —un metro y sesenta y un centímetros—, curvilínea, con más tetas de las necesarias para mi estatura y con un culo que me hace tener el molesto problema de tener los pantalones flojos en la cintura pero apretadísimos en la retaguardia. Tal vez sea porque camino por las mañanas y corro por las tardes y por eso me mantengo en una condición saludable; lo de la cintura más pequeña que mis caderas ya es cosa de genética. He sido una chica de curvas excesivas, muslos gruesos, cintura más pequeña, estómago algo sobresaliente y, como diría mi madrastra —Valentina— con su acento venezolano, «culo de avispa», pero no me quejo ni odio mi cuerpo. Es lo que es y entendí que no lo puedo cambiar y que tengo mi encanto. Aprendí a entender que caer en la etiqueta de ser gorda no es una ofensa, sino una realidad, como ser delgada.
Pero, volviendo al comienzo de lo que podría ser una crisis, miro a mi amiga para interrumpir su parloteo con mis próximas palabras:
—Le dejé una nota a Callum.
Ella enarca una de sus cejas rubias.
—Pensé que dijiste que este año no habría notas.
—¿Qué hay de malo en dejarle pequeñas notas en días especiales? No es como si estuviese estancada en la vida y no hiciera una vida normal debido a ello. —Me encojo de hombros.
—Deberías simplemente invitarlo a salir.
—No lo entiendes.
Para mí, Callum es como ver la luna: la admiras, imaginas lo que sería tenerla en tus manos, pero nunca lo sientes porque en el fondo sabes que no sería sencillo y porque también temes que la realidad no sea como en tus fantasías. ¡Y vaya si he tenido fantasía con mi irlandés!
—¿Qué te intimida? ¿Que le gustan las tetas tanto como las pollas? —Ahora enarca ambas cejas—. En cualquier relación siempre habrá chicas o chicos que sean más atractivos que tú, lo importante es tener confianza en tu chico y en que si está contigo es porque te elige.
—No es mi chico y no me intimida que le gusten las chicas y los chicos. —Bueno, solo un poco—. Pero no estoy interesada en invitarlo a salir.
—Bien, sigue soñando que te folla y usando el vibrador invocando su nombre.
—¡Yo no hago eso!
Sacude la mano para descartar mi negación e ignora mis protestas al respecto. La amo, pero a veces la odio.
—Todo lo que sé, Clover, es que en alrededor de un año terminaremos la licenciatura, nos iremos y siempre te reprocharás no haber hecho más que escribirle notas. No hay nada como el presente. Tal vez él quiere saber quién deja las notas.
—O tal vez se ríe y las tira.
—Y si piensas que hace eso, ¿por qué sigues dejándolas en su auto? —No hablo y ella sonríe—. Por esa cosa llamada «esperanza». Deshazte de ese miedo con olor rancio y haz algo por ti, nena. El tiempo corre y, aunque Callum juega un montón, llegará un momento en el que esté listo para conocer a alguien con quien tener una relación seria. Lo peor que puede pasar es que te rechace o que no sea lo que esperas.
—Casi nada —mascullo, masticando una papa.
—Lo único que digo es que te atrevas. —Hace una pausa mientras mira la pantalla de su teléfono—. Y que te des prisa porque podrías llegar tarde a tu próxima clase. Corre, nena.
—¡Maldición! —Tomo un puñado de papas sin importarme las normas sociales y me las meto a la boca—. Te veo más tarde —digo con las papas a medio tragar, luego doy un gran sorbo de mi gaseosa.
—Sí, yo me encargo de la ropa del amor para la fiesta de más tarde.
Como llevo unos zapatos deportivos, camino a paso muy rápido. Podría trotar, pero acabo de comer y eso podría terminar muy mal. Rompo algún récord, porque consigo llegar al auditorio de clases unos minutos antes y aún hay varios estudiantes que van apareciendo. Hay ruido y todos parecen esparcidos por el lugar. Saludo a la mayoría de mis compañeros y voy directa a mis favoritos, que están en la fila cinco.
En la fila tres, riendo con una chica y un chico, se encuentra Callum. Su cabello rojo, como siempre, está despeinado, y su risa ronca con un leve resoplido llena el lugar mientras sacude la cabeza hacia el chico, que no deja de mover las manos a la vez que se ríe y relata lo que tiene que ser una historia muy divertida.
Este año tengo dos clases con Callum, y una de ellas es Convivir con Cadáveres —por supuesto, ese no es el nombre de la clase, pero así la llamamos—. Hoy estamos viendo la teoría y mañana nos toca la evaluación práctica.
Quiero disminuir la velocidad en el tercer escalón para verlo mejor, pero sí, eso sería muy obvio, así que mantengo mi paso.
—Oye, Clover —me dice un acento irlandés.
Me detengo y me lamo los labios antes de girarme hacia él. Tiene esa sonrisa ladeada llena de picardía que me persigue.
—Bonita camisa, quisiera una.
Por un momento no recuerdo lo que llevo puesto, por lo que hago la cosa vergonzosa de bajar la vista, y entonces recuerdo mi grito sarcástico al mundo hoy en el día del amor: una camisa blanca con letras rojas proclamando «Al diablo el amor» con corazones rotos alrededor.
—Cuando recuerde dónde la encontré, te haré llegar una de regalo —consigo responder, y entrecierra los ojos hacia mí.
—Esperaré por ello.
Sonrío y él realza su sonrisa antes de que yo me vuelva y termine de subir las escaleras. Camino hacia mis dos amigos y me siento entre ambos para evitar un serio manoseo entre ellos durante la clase.
—«Oye, Clover» —imita Oscar.
—«Oh, mi querido Irlandés» —dice Kevin, y capto que se supone que esa soy yo.
Los pellizco, pero lo que hacen es reír mientras yo le dedico una mala mirada a cada uno. Oscar y Kevin han sido mis amigos desde el primero año, cuando nos conocimos en nuestra primera clase al ser asignados al mismo equipo para exponer. Desde entonces nos hicimos inseparables, pese a que Kevin comparte pocas clases con nosotros porque, como Callum, estudia Criminalística y trata de matricularse en unas pocas clases con nosotros.
Con Kevin siempre supimos que era gay. En el caso de Oscar, yo pensaba, al igual que los demás, que era heterosexual. No se me ocurrió que secretamente amaba a Kevin, quien secretamente le correspondía, y que un día todo explotaría y ¡sorpresa, sorpresa!, Kevin y Oscar confundidos, y pocos días después, Kevin y Oscar enamorados, hasta que finalmente fueron Kevin y Oscar, una pareja pública. Y eso pasó hace solo cuatro meses.
—Feliz San Valentín —les digo—, el primero para la feliz pareja.
—No creo en un día tan comercial, lo saben —nos recuerda Oscar.
—Yo, en cambio, lo hice enojar apareciendo en su habitación con un enorme gato de peluche junto con unas flores y unos bombones. —Kevin se ríe—. Tendrías que haber visto su cara, lo odió.
—Lo odié, pero debí sonreír porque me lo daba él.
—Incluso cuando yo sabía que lo odiaba. —Kevin sonríe, y ahí está esa mirada que trae consigo desde hace meses—. Él hizo eso por mí —dice, y se inclina hacia delante para mirarlo sin que yo lo estorbe— y me invitó a cenar pese a que odia este día comercial.
—Porque no importa el día. —Oscar también se inclina para mirarlo. Tiene la sonrisa devastadora que antes de Kevin lo hacía tener encuentros con un montón de chicas—. A mí me importas tú y siempre querré cenar contigo.
La tensión, el deseo, el cariño y el amor son palpables. Las miradas son tan intensas que me hacen sentir acalorada, podría sonrojarme. Hay algo sobre Kevin y Oscar que cuando los ves interactuar en pareja y ser así de candentes hace que te emociones y te sientas caliente. Es como ver una intensa película donde esperas que los protagonistas tengan el primer acercamiento. Es algo que no entiendo, pero es un efecto que provocan.
—¿Van a hacerlo? Porque siempre he creído que un día perderán la razón y lo harán frente a nosotras. —La voz de Maida nos hace alzar la vista a los tres.
Finalmente los cuatro estamos juntos. A Maida la conocimos en el segundo año cuando tuvo que repetir todo el semestre por haberse ausentado y haber suspendido todos los parciales. Está loca, es algo rara y dulce y ama demasiado la idea del amor, por lo que vive enamorándose de todo y de todos, incluido Oscar. Hubo unos cinco meses intensos en los que creía que amaba a Oscar.
—Pero ¿qué carajos usas? —le pregunta Oscar adelantándose a mis palabras.
Lleva una camisa blanca ajustada de mangas cortas con un montón de querubines rubios con arco y flechas que evidentemente representan a Cupido. Su falda roja es acampanada con pliegues y lleva unas medias blancas con bordados de corazón. Converse rojas, lentes con forma de corazón y, en su cabello encrespado oscuro, un broche de… ¡Sí! Adivinaron: corazón.
—Amo el amor y hoy es el día del amor.
—De acuerdo, me gusta San Valentín, pero creo que se te fue un poquito de las manos —comenta Kevin sonriendo mientras ella se sienta a su lado—. Sin embargo, opino que te ves genial.
—Lo sé, lo llevo con confianza —asegura.
—Y al parecer, con orgullo —comento—. Ni siquiera necesitas usar lentes.
—Pero le da un toque al atuendo.
—¿Por qué nos sorprende que ella haga rarezas? —pregunta Oscar metiendo la mano en su bolso en busca de la libreta—. ¿Qué es esto? ¿Quién se atreve a dejarme una nota de amor?
—Sí, ¿quién se atreve a dejarle una nota de amor? —pregunta Kevin frunciendo el ceño.
—¡Pues yo! —Maida sonríe.
—No me digas que de nuevo me amas.
—O que de nuevo piensas que lo amas —agrego.
—O que amas a mi novio —masculla Kevin.
—Porque eso sería… —dice Oscar.
—Incómodo —terminamos los tres al mismo tiempo, y Maida hace una mueca.
—Qué poca empatía hacia mis sentimientos —se queja—. Y para que lo sepan: amo a Oscar, pero también los amo a ustedes y les dejé una nota a cada uno por nuestra hermosa amistad. ¡Viva el amor de amigos!
—Odio San Valentín —murmura Oscar, desdoblando la nota.
—E, irónicamente, eres uno de los que follará en el día del amor —canturrea ella sonriendo.
—En eso tienes razón, mi querida Maida.
—Ustedes dos ¿qué esperan? —nos pregunta nuestra amiga a Kevin y a mí—. Busquen sus notas en las mochilas.
—¿Cuándo las dejaste?
—Ayer en la última clase.
—Superninja —dice Kevin al encontrar su nota.
Sumerjo la mano dentro del desastre que es mi mochila. Encuentro un chicle, un clip para el cabello y unos lapiceros antes que la dichosa nota. Al igual que las que le escribo a Callum, esta parece estar escrita en la hoja de una libreta.
—Qué poca sutileza, Maida —digo, desdoblando la hoja después de meterme en la boca el chicle que encontré, que, por supuesto, aún estaba en su envoltura.
—¿Qué? ¿Por qué?
—La hoja de una libreta, qué poca dedicación.
—Lo que importa es el sentimiento con el que la hice, amor.
A veces me he encontrado preguntándome por qué eres un pelirrojo sin pecas, pero luego pienso «¿y si debajo de su ropa sí que las hay?». Y me reprendo porque eso parece un pensamiento algo obsceno, ¿no crees? Pero he tenido pensamientos peores.
Después de tantas notas, creo que es el momento de admitirlo: tengo pensamientos lujuriosos sobre ti, perdóname. Bah, ¿de qué hablo? Lo debes de saber desde la primera nota, cuando sin ninguna sutileza te hablé de pollas en culos… Incluso en el mío.
Sin darme cuenta, me pregunto qué se sentirá al deslizar mis labios sobre tu piel, sentir tus dedos enredados en mi cabello y el tacto de tus dedos sobre mí. Pienso en tantas cosas sobre ti, Callum.
Pero no nos pongamos calientes, volvamos a un terreno más neutral: ¿quieres que te diga que en este San Valentín esta nota también es lo más memorable de todo el día? Sí, por aquí una soltera (de acuerdo, es la primera vez que admito que soy una chica, pero intuyo que eso lo sospechabas o debí de tener algún desliz anteriormente).
Es el momento de mencionar, como ya es tradición, que eres un sol de puntas rojizas iluminando todo y que cuando sonríes es inevitable no hacerlo. (Aún me arrepiento de haber puesto esto en mi primera nota, pero ya sabemos que estaba ebria y que se volvió una especie de chiste privado entre nosotros).
¿Qué planes tienes para hoy? ¿Alguna chica?, ¿algún chico?, ¿ambos? Solo espero que tengas un día genial.
Siento que cada vez el conteo de las notas disminuye porque vendrá la graduación. Y entonces ¿qué? Entonces serás libre de esto. Discúlpame por molestar tanto, pero es que hay tanto que quiero decir, pero aun así no todo sale.
Feliz San Valentín, Irlandés.
Jódeme, esto no puede estar pasando. Giro la nota rápidamente para que no se lea lo que dice, mientras el sudor comienza a salpicarme la frente. Si esta nota está aquí, ¿cuál fue la que dejé en el parabrisas de Callum?

—Clover, ¿estás bien? Tu piel canela pasión oriental está palideciendo —asegura Maida.
La mano de Oscar va a mi frente y sobre el pitido en mis oídos lo escucho decir: «El cuerpo no presenta signos de fiebre, su temperatura corporal es de alrededor de 36,2 °C». Le aparto la mano y escucho que ríe.
—Estoy bien.
Excepto que no lo estoy.
La profesora entra y hace que poco a poco el ruido disminuya. Mientras charla casualmente sobre el tráfico, tomo la mochila y reviso frenéticamente en busca de la nota que Maida me dejó, pero, tal como esperaba, no está porque esa tuvo que ser la nota que le dejé a Callum.
Porque solo saqué la nota doblada de mi mochila, porque no imaginé que mi amiga había dejado una, porque no intuí este desastre.
—¿Qué dice tu nota para mí? —Me inclino sobre Kevin para poder hablarle a Maida en voz baja—. ¿Qué decía?
—Ay, me estás lastimando el muslo con el codo —se queja él, pero lo ignoro.
—Cosas sobre lo especial que eres, tu valor e importancia.
—¿Nos sorprende su cursilería? —pregunta Oscar.
—No nos sorprende —responde Kevin—. ¡Ay, Clover! Saca el codo de encima de mí.
—¿Pusiste mi nombre? —continúo, ignorando al otro par.
—En serio, Clover, me lastimas —se lamenta Kevin, sacudiendo la pierna, pero lo ignoro y me afinco todavía más para no caerme.
—No, obviamente puse que era para mi «Canela Pasión Oriental» —responde Maida con una amplia sonrisa.
Eso es casi tan malo como haber puesto «Clover», porque todos los que nos conocen saben que mis amigos me llaman así debido a mi tono de piel. Soy el producto de la pasión y el amor de una brasileña y un hombre de padres iranís que migró con ellos siendo bebé. Los genes de papá fueron más fuertes y terminé siendo esta chica de piel acanelada, cabello extremadamente oscuro y ojos igual de oscuros. De mi mamá vino la exuberancia de mi cuerpo y mi estatura. Desde siempre, mis tres amigos me apodaron «Canela Pasión Oriental» y todos lo saben… Y esa nota, oh, señor celestial, esa nota se encuentra en el auto de Callum o en su poder.
Aunque… él no me dijo nada, actuó con normalidad y… ¡No sé nada! Bendita angustia, maldita torpeza y divinidad de los despistados. ¿Por qué me permitiste este error?
—Clover, ¿estás bien? —pregunta Oscar con seriedad.
—Yo… Estoy bien, solo creo que perdí la nota de Maida y me siento culpable.
—Oh, no te preocupes, amor, te escribiré otra.
—Gracias —susurro. Dejo de clavarle el codo a Kevin y me acomodo en mi asiento.
—Gracias, malvada mujer —masculla él—, tu codo casi me taladra la piel.
—Y a Kev solo le gusta que lo taladre yo —dice Oscar. Los tres nos giramos a mirarlo, y este sonríe de costado—. Es un hecho científicamente comprobado.
—Cuéntame más, por favor. —Maida suspira, y Oscar niega con el índice hacia ella—. Así no es divertido, amor.
Dejo caer la nota para Callum dentro de mi mochila y lucho contra la urgencia de mirarlo. ¿Ya leyó la nota? ¿Tengo alguna oportunidad de solucionar esto?
La clase comienza y soy incapaz de escuchar lo que dicen. Hago cálculos, teorías y suposiciones. Si dejé la nota antes de ir a almorzar con Edna y luego comí rápidamente, pasó poco tiempo. Luego vine al salón y Callum actuó con total normalidad, un poco coqueto como siempre, como es con todos. Si su auto estaba estacionado, ¿por qué iba a moverlo? Su clase anterior fue con Kevin —lo sé porque mi amigo me comentó que se habían matriculado en algunas clases en los mismos horarios—, lo que quiere decir que estaba en el edificio desde más temprano y eso concluye en que tal vez no ha ido a su auto.
Tengo una oportunidad.
Ahora solo necesito que la clase termine. La única razón por la que no salgo es que necesito que me entreguen mi planilla y el carnet para la práctica de mañana y firmar que los recibí. Estoy demasiado impaciente porque la clase termine y no puedo evitarlo: le lanzo una mirada a Callum, quien tiene los brazos muy bien definidos cruzados a la altura del pecho, las largas piernas estiradas y la vista clavada en el techo. Su perfil es increíble. Nunca pensé que me gustaría un pelirrojo, pero simplemente sucedió.
Vuelvo la vista al frente antes de que él note mi intensa mirada y trato de conectar con lo que la profesora dice:
—Debido a un inconveniente, dividiremos la clase en dos para esta práctica. El grupo A irá mañana, y el B, el viernes —anuncia—. Se formarán equipos de tres alumnos y trataremos de hacerlo de manera equilibrada. ¿Qué significa eso? Que procuraremos combinar estudiantes de Criminalística y Ciencias Forenses en un mismo equipo porque el informe final debe ser muy detallado y tener ambas perspectivas. Esta práctica es importante; por favor, prepárense para ello. Ahora procederé a nombrar el grupo A y el grupo B.
A Callum le toca mañana, al igual que a Kevin y Maida. Oscar y yo quedamos para el viernes, lo que hace que no sienta tanta culpa de ir a una fiesta esta noche.
—Cámbiame el puesto —me pide Maida—. Tengo algo muy urgente que hacer mañana, pensé que me tocaría el viernes. Por favor, «Canela Pasión Oriental», por favor.
—Eh… Claro. —Acepto sin dudar porque sé que no miente y no tengo problema con ello. Estoy pendiente de que me toque ir a buscar la planilla y el carnet para irme.
—Gracias, te amo.
Estoy al borde de mi asiento esperando que digan mi nombre, y cuando lo hacen es como si tuviese un resorte en el culo, porque me levanto de inmediato sobresaltando a Oscar.
—Los veo esta noche en la fiesta del amor, debo irme.
—No sabía que ibas, Clover —dice Kevin—. Genial, ahí te vemos.
—¡Cuídate, amor! —me dice Maida en voz demasiado alta—. Te escribiré otra nota.
Asiento, me alejo para que no grite algo aún más incriminatorio y camino hacia las escaleras. ¡Mierda! He tardado demasiado y ya han gritado el nombre de Callum, que ya ha tomado el carnet y ha salido del salón mucho antes.
Salgo del lugar y tropiezo con algún malhumorado, al que le grito una disculpa. Veo el cabello rojizo sobresaliendo por su altura, pero sus piernas son más largas que las mías, así que las posibilidades de avanzarlo no son muy altas. Por si fuese poco, cuando llego a la entrada, no sé cómo, tropiezo con alguien más y dejo ir mi planilla, que vuela libre burlándose de mí. Para cuando consigo atraparla y llegar al estacionamiento, él parece estar terminando una llamada telefónica, por lo que respiro hondo y me acerco.
—Callum —digo.
Él voltea con lentitud. Parece sorprendido de verme y la manera en la que su mirada intensa se desplaza sobre mí casi me desarma, pero no tanto como la sonrisa que me da cuando su mirada conecta con la mía.
—Clover. —Me sonríe—. ¿Necesitas un viaje en mi auto?
—Eh… No. Lo que pasa es que…
Me quedo en silencio sin saber qué decir mientras me inclino hacia un lado para ver si encuentro la nota. Para mi horror, descubro que no está ni hay rastro de ella, y los nervios comienzan a embargarme porque tengo la sensación de que es una posibilidad real que no consiga solucionar esto para que Callum no lo sepa.
—¿Clover? —me pregunta, inclinándose hacia mí para que mi atención recaiga en él—. ¿Qué decías?
Parpadeo un par de veces antes de volver a enderezarme y aclararme la garganta. Si él lo supiera me confrontaría, ¿verdad? No actuaría con normalidad. Hay altas probabilidades de que no haya encontrado la nota de Maida o de que, si la ha conseguido, solo crea que mi amiga la dejó ahí por descuido —esta teoría es mediocre, lo sé—. O quizá alguien la robó o se fue volando con el viento.
Miro las manos de Callum por si la nota se encuentra en su poder, pero estas solo sostienen su móvil, así que devuelvo mi atención a su rostro. Veo que me mira con curiosidad y desconcierto, porque nunca me acerco a él de esta forma ni mucho menos actúo de forma tan extraña.
—Yo quería preguntarte si… tienes un cigarrillo.
No soy una mala mentirosa, pero tendré que admitir que hoy mi creatividad parece haber tenido un colapso, porque esto no está yendo nada bien.
La mirada de Callum está acompañada por unos largos segundos de silencio en que pretendo que no estoy actuando rara. Afortunadamente, al final habla:
—Ah, eso. La verdad es que en este momento no tengo ninguno.
—Yo no fumo cigarrillos —digo automáticamente, y luego aprieto los labios cuando me doy cuenta de que no estoy ayudando a mi causa.
—Entonces… ¿por qué me lo preguntas?
—Es que en una de mis clases estudiamos cómo los cigarrillos destruyen internamente los órganos del fumador, pero también del consumidor pasivo que inhala de manera involuntaria.
—De acuerdo, continúa —me insta con un movimiento de mano, apoyándose en su auto.
No puedo creer que me esté dando la oportunidad de continuar con mi mentira y que parezca tan interesado en escucharme.
—Pues pensé que si fumabas podría darte una charla muy casual de esta investigación para ver si era convincente, porque debo dar una presentación sobre ello la próxima semana, pero ahora me parece que mejor preparo la información y otro día conversamos sobre ello. —Respiro hondo—. En fin, de igual manera, gracias.
De nuevo me mira con fijeza y luego ríe por lo bajo de esa manera ronca que lo alborota todo. Me toma por absoluta sorpresa cuando al terminar de reír, con una lentitud digna de ser filmada, camina hacia mí hasta que nos separan unos pocos centímetros y dobla las rodillas para que su rostro esté a mi altura. No hace falta recalcar a qué ritmo incrementan las palpitaciones de mi corazón.
—Casi te creo —susurra con los ojos clavados en los míos, excepto que perdemos la conexión cuando mi mirada rebelde viaja a sus labios—. Eres buena, Clover, pero un mentiroso reconoce a otro.
—¿Qué?
Sus labios se curvan en una sonrisa y se acerca todavía más, pero se desvía y su camino termina con sus labios muy cerca de mi oreja, donde murmura:
—No eres una buena mentirosa, pero fue entretenido. —Ríe por lo bajo y su aliento golpea el lóbulo de mi oreja—. Espero verte en la fiesta del amor.
Contengo la respiración durante un breve instante y la dejo ir cuando retrocede sin perder la sonrisa, abre la puerta del auto, se sube y después baja la ventanilla, todo bajo mi atenta mirada.
—¿Segura que no quieres que te dé un viaje, Clover? —me pregunta con picardía.
De alguna manera hace que suene como si me ofreciese otro tipo de viaje.
—No por ahora —consigo responder.
—Me encargaré de preguntártelo de nuevo.
Se muerde el labio inferior y sube la ventanilla antes de hacer retroceder el auto y salir del lugar. Me quedo de pie con una sensación de revoloteo en el estómago y tengo que admitir que también algo caliente por todo este intercambio, que desde mi punto de vista tenía una carga más que amistosa. Estoy tan ida en el momento, que por unos segundos incluso había olvidado que la nota no estaba.
¿Dónde carajos está la nota de Maida? ¿Y si llega a manos de Callum?

—¡Dios mío! Mi chica se ve caliente —dice Edna, emocionada—. Pareces una jodida diosa. Mira nada más cómo llenas ese vestido.
—Lo lleno bien —admito, porque no tengo problema en aceptar que me veo bien cuando realmente lo creo, y esto es gracias a cada clase de confianza que mi madrastra, Valentina, me inculcó.
Como cada año, la gran fiesta del amor que se lleva a cabo en el campus exige que vistas de blanco o rojo y que lleves algo que simbolice el amor. Llevo un vestido ajustado de manga corta que termina por debajo del muslo, con un cuello en V que deja un escote algo llamativo por mis voluminosos pechos. Me he puesto unas bragas de talle alto que hacen que mi abdomen se vea menos hinchado y unas sandalias de tacón corrido bastante cómodas que me elevan a 1,67 m. Mi abundante cabello negro está recogido en una cola alta con unos pocos mechones libres, y mi representación del amor son unos aretes con forma de corazón.
—Eres muy buena maquillando, Clover, tal vez cuando te gradúes deberías maquillar a los muertos en lugar de abrirlos.
—Creo que nunca terminarás de entender que puedo hacer mucho más que autopsias, Edna.
—Mis escalofríos son reales. —Finge estremecerse.
—Tonta, escalofríos me dan a mí al pensar en estudiar para ser abogada. —Me refiero a ella.
No me responde, en su lugar me hace a un lado para poderse ver en el espejo de cuerpo completo. Es rubia con el pelo corto y recto, por debajo de la barbilla, delgada, con pechos pequeños y el trasero estrictamente necesario para sentarse —es muy nula su existencia—, pero de piernas kilométricas matadoras, labios carnosos —gracias al ácido hialurónico, que le quedó increíble— y ojazos azules. Siempre le he dicho que se ve como una bruja mala intimidante, y puede serlo si no le agradas.
—Bueno, dejemos todo eso atrás y vayamos a nuestra fiesta, pero primero hay que aclimatarse —dice.
La veo servir tres dedos de vodka puro en vasos de vidrio. La única razón por la que Edna y yo compartimos una habitación nosotras solas desde el primer año, cuando en realidad debería ser para tres estudiantes, es que su papá paga por ello. Es superparanoico sobre que convivamos con personas extrañas y no pusimos quejas a ello. Además, mi papá estaba bastante de acuerdo. Muchos de los estudiantes para el tercer año ya se han mudado a apartamentos cercanos al campus y comparten gastos, pero a Edna y a mí nos gusta este ambiente estudiantil y estamos cómodas.
—Quita esa expresión de palo metido en el culo —se queja, dándome uno de los vasos—. ¿Qué hay de malo en que Callum se entere de que eres la persona de las notas?
—¿Que no quiero que lo sepa?
—Debía suceder. —Tiene que notar que estoy seria por esto, porque suspira—. Está bien, quizá aún no la ha leído o la ha tirado, no todo está perdido. Debe de haber alguna salida.
—Salida que pienso encontrar. —Alzo el vaso hacia ella—. ¡Salud por eso!
—¡Salud!
Arrugo la cara porque este vodka es muy fuerte y sabe barato, y ella ríe y se encoge de hombros.
—Me lo regaló Enrique hace unas semanas. —Me recuerda su última aventura de una noche—. No está tan mal.
—No, está más que mal, está horrible.
—¿Otro? —pregunta, y extiendo el vaso.
—Otro.
Y lo bebemos, porque a veces tenemos el poder de elegir qué venenos nos consumirán, solo que no sé que hoy consumiré más de uno, y no necesariamente en un mal sentido.
La música es buena, el ambiente también y, aunque resulta un tanto empalagoso ver tanto blanco y diferentes tonalidades de rojo debido a la temática de la fiesta, la verdad es que nadie parece disgustado. Ni siquiera me siento incómoda por estar con un grupo de amigos que no es el mío.
Debido a su descarado coqueteo y al hecho de que ciertamente hay fuertes señales de que James y Edna follarán hoy, apenas llegamos a la fiesta él nos vio y nos arrastró al pequeño círculo de sus amigos. Así que ahora, en la pista de baile, mi amiga se balancea con él mientras yo me quedo con Jagger, su novia Lindsay, un tal Chad, al que acabo de conocer, una tal Marie y otras tres personas cuyos nombres no recuerdo. No es incómodo, pero tampoco estoy extasiada de estar en este círculo de desconocidos.
—Así que vas a la Facultad de Ciencias. —La voz de Lindsay me hace voltearme para mirarla. Tiene una sonrisa cálida—. Lo siento, no quiero molestarte, solo tengo curiosidad.
—Todos siempre la tienen —respondo, acercándome un poco más para que no tengamos que gritar demasiado al hablar—. Estudio Ciencias Forenses.
—Eso me dijo Jagger.
Como si intuyera que lo ha mencionado, Jagger deja de hablar con uno de los chicos, baja la mirada y le sonríe, y luego le da un beso en la mejilla y otro en la boca. Ella rueda los ojos como si él la fastidiara, pero el sonrojo en sus mejillas y la sonrisa me hacen saber que está encantada con sus mimos.
—La cosa es que suena escalofriante, no creo que yo fuese capaz. Por eso no me especializaré en derecho penal, se ven cosas atroces en esa rama. —Se estremece—. No sé cómo lo haces.
—Es cierto que mi carrera no es bonita o glamurosa, hay cosas bastante horribles. Hay muertes a causa de enfermedades que a veces hacen mucho daño al cuerpo o muertes accidentales, pero son los crímenes violentos los que me hacen reafirmar que el problema no son los cuerpos de los fallecidos que estudio, sino los seres humanos muy vivos que generan precisamente esos resultados.
—Es una buena manera de pensarlo —me dice—. Siempre he creído que el ser humano es perverso, solo que algunos decidimos vivir bajo el arco moral establecido sin actuar sobre nuestros instintos más oscuros y a otros tantos no les importa causar daño. —De nuevo se estremece—. A veces siento miedo del mundo, parece que siempre somos propensos a que nos lastimen, y eso aterra.
La miro detenidamente. Más allá de lo bonita que es físicamente, es su postura, su manera de hablar y su presencia lo que me hacen mirarla con fijeza. Hay una dulzura, una amabilidad y una incertidumbre en ella, y me doy cuenta de que, al parecer, siempre está al lado de Jagger, como si ese fuese su lugar. No creo que sea por ser una novia celosa, me da más la impresión de que solo piensa que adonde va él, ella irá. Se ve como una muchacha inteligente y centrada. Sería una pena que pusiera de primero a su novio y, tal como lo veo, diría que es una decisión propia en lugar de una exigencia de Jagger, pero es solo una intuición que tengo, no un hecho.
—Somos propensos a que nos lastimen —repito, bajando la vista a mi lata de cerveza vacía—. Eso es algo triste, pero tienes razón.
Creo que suspira, pero luego me doy cuenta de que está luchando contra un bostezo, y no soy la única en notarlo.
—Tienes sueño, vamos, te llevo a tu habitación —dice Jagger entrelazando sus dedos.
—No, no, solo fue un bostezo simple. Me quedaré aquí contigo, estoy bien.
—Lindsay… Vamos, está bien querer descansar.
—Quiero quedarme contigo, hemos tenido una semana de casi no pasar tiempo juntos por mis tareas. No quiero irme.
—Ven, iré contigo. Vámonos, no te quedarás sola. —Le sonríe.
—Pero en esta fiesta ibas a confirmar lo de… —Me da una mirada para recordarle mi presencia—. Ya sabes, lo de esa cosa que B encargó.
—Tranquila, otros serán nuestros ojos.
—Pero querías hacerlo tú mismo, de verdad…
—Lindsay, está bien, confía en mí. Vamos a que descanses.
—Bueno —concede ella sonriendo—, si eso quieres.
—¿Quieres descansar? —pregunta él desconcertado—. Haz lo que tú quieras, cariño.
—Quiero estar contigo.
—Pero ¿quieres descansar? —pregunta de nuevo, y ella asiente—. Bien, entonces, vamos.
Jagger le sonríe y luego se vuelve a mirarme. Su sonrisa se transforma en un gesto divertido.
—Creo que para ti la fiesta se pondrá interesante, que lo pases bien, Clover.
Le doy un leve asentimiento. Mientras se alejan, sabiendo que no notarán mi ausencia, salgo de este círculo y voy a la zona de bebidas a por otra lata de cerveza. Antes de abrirla, no puedo evitar llevármela a la frente para sentir la frialdad contra mi piel en este denso ambiente tan cálido debido a la cantidad de gente. Saludo a varias personas con las que comparto clases y a algunas que he conocido en ot
