Duelo romántico

Susan Lee
Susan Lee

Fragmento

Glosario del romance

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Age gap romance: Romance donde los personajes se llevan un número significativo de años.

Celebrity romance: Romance donde uno de ellos es famoso.

Cersei y Jamie: Personajes gemelos de la saga Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin, que mantienen una relación incestuosa.

DLR: Definir la relación; tener una conversación para determinar qué significa la relación para cada persona involucrada.

Enemies to lovers: Los protagonistas evolucionan gradualmente de odiarse a quererse.

Fated mates: La pareja está destinada a estar junta.

FDM: Felices de momento; un final feliz en el que los personajes principales terminan juntos sin la promesa de un «para siempre».

Fake dating: Los personajes se ven obligados a fingir una relación.

Flores en el ático: Novela gótica de 1979 de V. C. Andrews sobre cuatro hermanos que están recluidos en un ático. Los hermanos mayores mantienen una relación incestuosa.

Fondo para creadores: Recurso de comunidades online como TikTok e Instagram para pagar a los creadores por su participación.

Forced proximity: Los personajes se ven obligados a pasar tiempo juntos.

Friends to lovers: Amigos que se convierten en amantes.

HEA (Happily Ever After): Felices para siempre.

Instalove: Enamorarse de inmediato; a veces, amor a primera vista o en el primer encuentro.

Just one bed: Los protagonistas se ven obligados a compartir cama.

La Hermandad de la Daga Negra: Saga romántica de vampiros de la autora J. R. Ward.

FMC (Female Main Character): Personaje femenino principal.

Marriage of convenience: Los personajes se ven obligados a casarse sin tener una relación previa.

Miscommunication trope: Los protagonistas tienen problemas de comunicación que afectan a su relación y a la historia.

MMC (Male Main Character): Personaje masculino principal.

Mutual pining: Tensión romántica compartida.

One true pairing: La pareja perfecta según el fandom o la comunidad.

Opposites attract: Dos personas con personalidades opuestas que se atraen.

Resaca literaria: Terminar un libro que te ha gustado tanto que no puedes leer otro.

Rivals to lovers: Dos competidores en un ámbito concreto que acaban enamorándose.

Romancelandia: Comunidad virtual de lectores y escritores de novelas románticas.

Second chance romance: Pareja que se ha separado por un motivo indeterminado acaba reencontrándose y teniendo una segunda oportunidad.

Secret baby: Uno de los personajes descubre que tiene un hijo.

Segundo protagonista romántico: Personaje secundario que puede estar enamorado de uno de los personajes principales, pero que no termina en la relación principal.

Slowburn: Amor que se va fraguando con el tiempo, normalmente acompañado de un intenso anhelo.

Small-town romance: Romance en un pueblo pequeño.

Star-crossed lovers: Los protagonistas no pueden estar juntos por algún motivo. Están destinados a no acabar juntos.

TBR (To Be Read): Lista de libros que quieres leer.

The chosen one: El personaje no tiene elección, es su destino.

Time travel: Se lleva a cabo un viaje en el tiempo.

Twilight Fic: Fan fiction escrita por fans del texto original; concretamente, los de la saga Crepúsculo de Stephenie Meyer.

Unrequited love: Un personaje tiene un amor no correspondido hacia otro.

Virgin romance: Romance donde uno de los protagonistas, normalmente ella, no tiene experiencia sexual en la edad adulta.

Workplace romance: Romance que se desarrolla en el espacio de trabajo.

Zsadist: Un personaje de la saga La Hermandad de la Daga Negra, de J. R. Ward.

Me gustó que la autora dejara claro que a la heroína no le hace falta el amor para sentirse completa, algo que suele suceder en algunas novelas románticas donde la protagonista nunca ha tenido relaciones. Fue el trabajo personal lo que la llevó a encontrar el amor y a enamorarse. ¡Eso hace que el final feliz sea aún más satisfactorio!

@irene.loves.love.books

PRÓLOGO

VIRGIN ROMANCE

(ROMANCE VIRGINAL)

Como la eterna people pleaser que soy, tener encima una mirada molesta, quizá enfadada y definitivamente humillada fulminándome es la peor de mis pesadillas.

Es el baile de fin de curso del último año de instituto. Y, sinceramente, el último lugar en el que pensé que acabaría es en una limusina con un grupo de gente cuya mayoría desconozco. A mi izquierda está mi prima Jamie, que a efectos prácticos es la razón por la que estoy en este lío, y se encuentra sentada a horcajadas sobre un tío que no estoy muy segura de haber visto por el campus —aunque, a decir verdad, es un instituto muy grande— y al que le está metiendo la lengua hasta la campanilla. A su lado, el delegado de la clase tiene la mano bajo el vestido de la candidata a ser la mejor estudiante, que a su vez no deja de gemir «ay, dios mío»… un pelín demasiado alto para un espacio tan pequeño y atestado, en mi opinión. Hay otra pareja a mi derecha, pero, después de captar sin querer una cantidad indecente de piel desnuda, pongo mucho empeño en no mirar hacia allí.

Y luego, sentado justo delante de mí, en un espacio tan estrecho que nuestras rodillas casi se tocan y en el que estoy segura de notar el aliento caliente que sale de su respiración furiosa, tengo a Liam Davis.

Liam y yo fuimos compañeros de laboratorio en primero y, en los años que han seguido, ha mejorado su aspecto lo suficiente como para formar parte del grupito de tíos populares del instituto, aunque nunca como protagonista principal. Es el clásico segundo protagonista —o en el caso de esta noche, el cuarto, supongo—, el típico chaval majete y adorable que, a pesar de todo, nunca consigue a la chica.

Sobre todo si la única chica que queda en este caso soy yo.

Jamie y yo ni siquiera nos llevamos. En clase apenas me saluda, así que cuando me invitó a su grupo para el baile, no solo me quedé boquiabierta, sino también bastante convencida de que había sido por lástima.

—Seremos nuestras respectivas parejas —dijo—. Noche de chicas: solo las solteras —prometió.

No sonaba demasiado horrible.

—Además, todo el mundo estará allí… —añadió, y me dejó llegar a mi propia conclusión sobre lo que significaría si decidía no acompañarla—. Y quién sabe, a lo mejor te lías por fin con alguien.

Pues menos mal que íbamos en plan solteras…, aunque es un detalle que se preocupara por mi estatus social y romántico, supongo.

Y tendría que habérmelo olido. En cuanto llegamos al baile, nuestro grupito de solteras encontró rápidamente a un grupito de solteros. La gente comenzó a emparejarse a los pocos minutos de llegar. Y ahí estaba yo: atrapada con el único chico que quedaba sin reclamar.

Liam Davis.

Liam no tiene nada de malo, pero yo sí… y bastante. Se me da fatal leer entre líneas en contextos sociales, no me gusta que nadie acapare mi espacio personal y me tortura tomar decisiones sin meditarlas bien y sin tener un plan sólido.

Así pues, cuando Liam meneó las cejas y después me siguió por todo el baile, manoseándome cada vez más según se vaciaba la petaca de tequila de contrabando, no tuve tiempo para pensar cuál sería la mejor estrategia con alguien con quien debía pasar las siguientes horas. Opté por decirle educadamente que no me interesaba.

Vale, puede que las palabras fueran más bien un «ni de puta coña». Y como resulta que no le sentó muy bien a su frágil ego, lleva haciendo pucheros desde entonces.

Delante de mí, soltó un profundo y frustrado suspiro, seguido de un «Será mojigata. Ni siquiera es tan guapa» murmurado con un aliento cargadito de alcohol lo bastante alto como para que lo oyese. Se lleva la petaca a la boca para intentar atrapar las últimas gotitas del interior y ahogar su mala fortuna.

Tengo la expresión «Lo siento» en la punta de la lengua. La digo todo el tiempo. Es mi frase de confianza, mi refugio cuando creo que va a haber algún tipo de conflicto. Pero no la digo, ya que no quiero llamar más la atención.

Menuda nochecita.

Me debería estar encantando esto, ¿no? Bailar. Beber. Ligar. La libertad de una última gran celebración en el instituto, un último «¡Viva!».

Ni siquiera creo que haya tenido ningún «¡Viva!» en el instituto, ni nada por el estilo. No soy una persona dada a los «¡Viva!», por lo visto.

En lugar de eso, estoy atrapada en esta limusina que debía de ser de lo mejorcito hace veinte años, esforzándome por no sucumbir a la curiosidad de saber qué pasó aquí para que ciertas partes de la piel sintética estén pegadas con cinta americana que parece estar pidiendo clemencia. No, no quiero saber los detalles. El olor a gel Axe mezclado con el que desprende el calor humano y la ligera ranciedad de los alientos me obligan a respirar por la nariz. Pajaritas torcidas. Rímel seco en las mejillas.

Me da la sensación de que estoy intentando encajar mi vida en un zapato que es medio número más pequeño.

No encaja.

No encajo.

Ya sabía yo que debería haberme quedado en casa. Estaría en chándal —el más cómodo— ahora mismo, leyendo la última novela romántica de alienígenas que tengo en mi libro electrónico.

Ahora que lo pienso…

Saco el móvil del bolso y compruebo la velocidad de conexión; esbozo una gran sonrisa. Abro la aplicación de lectura y me desplazo por las imágenes hasta que lo encuentro: un maromo musculosísimo de color azul con una pelirroja de melena ondulada embelesada entre sus brazos.

Descargar.

Página 1.

Bienvenidos a mi lugar feliz.

Me confieso una entusiasta del género romántico…, algunos me llamarían «experta», incluso. Leo alrededor de veinte libros de media al mes. Y aunque puede que no sepa mucho sobre el amor en la vida real, puedo contaros todo lo que hay que saber de él en estas páginas.

Si la heroína de este libro puede soportar las adversidades de un planeta desconocido con agallas y determinación, y encontrar al final el amor con un enorme alienígena azul, entonces yo puedo, al menos, sobrevivir al desastroso baile de fin de curso.

Ya llegará el momento de ser la protagonista.

Por ahora, estoy construyendo mi personaje, descubriendo mi herida. Estoy en el punto justo para ser incomprendida y, al final, elegida por el hombre de mis sueños. Y después de experimentar una desgarradora ruptura en el tercer acto, encontraremos el camino de vuelta a los brazos del otro. Este solo es otro paso hacia mi propio «felices para siempre». Estoy segura.

Paso la página y continúo leyendo. Solo otro capítulo. Quizá dos.

Puedo esconderme de esta situación extraña como siempre hago…, detrás de un libro.

—¡Ay, Dios mío, Irene! ¿Estás leyendo? ¿En una limusina? ¿La noche del baile de fin de curso?

Levanto la mirada y veo a Jamie con el vestido subido hasta la cintura, aún sentada a horcajadas sobre su cita, pero ahora con una mirada de incredulidad total. Tiene el pintalabios emborronado y el pelo despeinado. Abro la boca para responderle, pero es bastante obvio que sí; estoy leyendo, en una limusina, la noche del baile de fin de curso. Y aunque a ella le puede parecer una ridiculez, bajo mi punto de vista está bien.

Pero ese siempre ha sido el problema. La mayor parte de las personas de mi vida no entienden mi pasión por la lectura y, desde luego, no respetan mi derecho a hacerlo donde y cuando quiera.

—Irene es una rata de biblioteca —le cuenta Jamie a su pareja, cuya mirada vidriosa y erección más que evidente dejan claro que no tiene ni idea de lo que está hablando y que preferiría volver al lío.

—Me lo imaginaba. Una friki total —dice Liam con un tono cargado de prejuicio.

—Bueno, para que quede claro, hago reseñas literarias —les cuento—. Esto… en redes, ¿sabéis?

—Buah, El guardián entre el centeno me cambió la vida —dice la estudiante con el mejor expediente. Sí, parece algo que diría una estudiante con el mejor expediente.

—Bueno, leo y reseño sobre todo novelas románticas. Tropos y «felices para siempre». Es el género que más se vende —explico.

Silencio.

—Tengo más de un millón de seguidores —añado.

No quiero parecer demasiado arrogante, pero siento que necesito explicarlo más. Cuando llegué al millón de seguidores, me reconocí a mí misma, por fin, que esto era algo grande y que debería estar orgullosa. Además, estoy muy muy cerca de conseguir uno de los mayores acuerdos de patrocinio de marca que un influencer literario haya conseguido… jamás.

Liam empieza a reírse a carcajadas como si fuese lo más gracioso que ha oído en la vida.

—Así que te refieres a libros guarros —dice casi sin poder contenerse y con un tono de burla muy evidente.

Ya está el neandertal.

—Porno para tías —añade el chaval que tengo al lado.

Anda, y también hay un misógino por aquí.

—Ostras, pensaba que eras una lectora de verdad —agrega la mejor estudiante.

Parece que la pedante literaria no quería sentirse apartada.

¿No estaba esta gente a lo suyo hace un segundo? ¿Por qué están tan interesados ahora en juzgarme?

—Es en lo único que piensa —tercia mi prima.

No es todo en lo que pienso. También dejo espacio en mi cabeza para pensar sobre la caída del sistema político estadounidense, los efectos catastróficos del cambio climático y la vida amorosa de Taylor Swift y la correlación que tiene con su música.

—Tendría que haber ido con el grupo de Allie Jensen. Las tías estaban más buenas —dice Liam.

—Pues parecías interesado hasta que te he rechazado —digo en voz baja.

—No estaba interesado —protesta Liam—. Es un rito de paso echar un polvo en el baile de fin de curso y solo necesitaba un cuerpo caliente y dispuesto. —Su sonrisa de satisfacción es la gota que colma el vaso.

Y entonces recuerdo lo mucho que me han servido las novelas románticas. Sé cómo es un héroe. Sé el tipo de amor y respeto que todos merecemos. ¿Por qué estoy perdiendo el tiempo aquí?

Con la mayor elegancia posible que se puede tener embutida en un vestido ajustado en la parte de atrás de una limusina en movimiento, me arrastro hacia la mampara que nos separa del conductor y le doy un golpecito. La ventana se baja.

—¿Podría dejarme delante de ese In-N-Out? —pregunto mientras señalo el gran letrero rojo y amarillo en la esquina del siguiente semáforo, donde una larga fila de coches rodea el aparcamiento.

—Espera, Irene, ¿qué estás haciendo? —pregunta Jamie.

—Me piro, amigos. Pasadlo bien en el hotel y en la posfiesta. Me voy con mis libros guarros —digo mirando directamente a Liam. Puede intentar utilizar esas palabras como un término peyorativo, pero no se lo permitiré.

—¿Por qué eres siempre tan dramática? No es para tanto. Nadie lo ha dicho en plan insulto. Vente de fiesta con nosotros —dice Jamie.

Mi etapa en el instituto siempre ha estado marcada por el desinterés, la incomprensión y la falta de consideración. No necesito sentirme especial. Solo quiero que se me tenga en cuenta. No veo el momento de salir de aquí y empezar de cero en la universidad.

—No, gracias. Voy a pillar un Uber aquí. Pero pasadlo bien.

La limusina se detiene, abro la puerta, salgo y me voy a casa.

—Has vuelto pronto —dice mi madre desde la cocina mientras intento sin éxito entrar en casa sin que nadie se dé cuenta.

—Ha ido al baile sin pareja, mamá. ¿Qué esperabas? No puedo creer que tú y Emo obligaseis a Jamie a llevar a Irene con ella y sus amigos. —Quien habla es mi hermana mayor, Cybil. Es modelo de productos de skincare, lo que significa que su cara aparece en los envases de una gran marca de cuidado facial coreana. Es una delicia tenerla cerca.

Aun así, por muy directa que sea, no miente.

—¿Obligasteis a Jamie a que me invitase? —pregunto. Bueno, eso explica que la invitación surgiera de la nada. No me extrañaría que le hubieran pagado también.

Mi madre inclina la cabeza y contrae la cara en una sonrisa de dolor y disculpa.

—Da igual; ahora ya está hecho. Y tienes razón. Ha sido una buena experiencia para mí —digo para apaciguar su culpabilidad. No tiene sentido que las dos nos sintamos mal esta noche. Me sacrificaré por el equipo.

—Lameculos —dice Cybil por lo bajini.

—¿Has puesto caras divertidas en las fotos? —pregunta mi hermano pequeño, Eugene. Y ya que estamos divulgando los currículums de mi familia, es el número uno del país en golf juvenil. Un niño prodigio.

—Ven a tomar helado con nosotros, Irene —grita mi padre con la cabeza entera metida en el congelador. Cierra la puerta con la cadera, ya que los brazos los tiene ocupados con una variedad de botes de sabores.

Suelto un largo suspiro de sufrimiento, me quito las increíblemente incómodas sandalias brillantes y me dirijo a pasar el rato con mi familia.

No son horribles; bueno, Cybil sí que lo es, no hay duda. Pero quiero a mis padres y Eugene es el chaval de trece años más adorable del mundo.

Sin embargo, cuando estamos todos juntos es imposible no recordar que, en el gran plan de mi familia, yo soy la hija mediana normalita y mediocre. Mi hermana es maravillosa y su cara está por todo Ulta, Sephora y Olive Young en Corea. Mi hermano tiene un don como golfista y los locutores deportivos de ESPN y KBS no dejan de decir lo fascinados que están al ver lo que es capaz de hacer a una edad tan temprana. Se los considera a ambos como los mejores en sus respectivos campos.

Y después estoy yo.

Soy reseñadora literaria en internet. Y aunque he conseguido convertir mi afición en un trabajo bastante exitoso, mi familia sigue sin entender del todo la importancia de lo que hago y el esfuerzo que me ha costado llegar hasta aquí.

Pero todo eso podría cambiar con el acuerdo de marca que tengo pendiente.

SKCupid, la mayor aplicación de citas de Corea del Sur, quiere contratarme para un enorme acuerdo de contenido pagado. Seis cifras para empezar, con oportunidad de más. Hablaría sobre novelas románticas y promocionaría su producto como una forma para que la gente encuentre el amor en la vida real. Sería un poco la imagen de la marca, la imagen del amor en la madre patria. Puede que incluso fuera más conocida que mis hermanos. Es una colaboración de ensueño y haría que los años de trabajo duro desarrollando mi plataforma mereciesen la pena.

En este caso, mis padres tendrán a la mejor modelo de cuidado facial, al mejor golfista juvenil y a la mejor experta en literatura romántica. Ya no solo seré la extraña hija mediana que creen que «pasa demasiado tiempo en internet».

Mi madre, una lectora de tomo y lomo, cree que es divertido que podamos leer libros juntas y hablar sobre nuestros novios ficticios favoritos. Y mi padre…, pues a él le gusta presumir ante todos sus conocidos de la única cosa que yo, la mediana, aporto: que voy a ir a la universidad a su alma mater en otoño. Aun así, el tema es que no soy tan interesante como mis hermanos y eso es quizá más obvio cuando estamos todos sentados a la mesa. Hacen lo que pueden para incluirme en todas sus conversaciones, pero la lucha por mantener su interés es real.

—¿No había príncipes azules en el baile? ¿Cinnamon rolls de pelo alborotado? ¿Machos alfa gruñones de mirada intensa? —me pregunta mi madre utilizando la jerga romántica.

—Ni de lejos —respondo, sacudiendo la cabeza, tratando de borrar de mi mente el recuerdo del horrible trayecto en limusina.

—Siento que no te lo hayas pasado bien —dice mi padre—. Aun así, estás preciosa. Esos chicos de instituto no reconocen algo bueno ni cuando lo tienen delante de las narices. No te preocupes, cuando llegues a Brighton habrá muchos jovencitos universitarios deseando captar tu atención.

Mi padre hablando otra vez de Brighton como si fuese el mejor lugar del planeta.

—Y pareces una princesa —dice Eugene.

—No me puedo creer que fueses al baile sin pareja —añade Cybil—. En fin, lo que estaba diciendo antes de que llegase Irene es que necesito el coche mañana para mi casti

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