Pangea

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Fragmento

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Prólogo

La aventura empieza aquí

Por Pablo González Ruiz de la Torre

 

 

 

 

Pablo González Ruiz de la Torre es, a sus 21 años, un exponente claro de una generación que no quiere ser considerada como perdida sino todo lo contrario. Hace un año y medio fundó Pangea, la primera red global que busca despertar, potenciar y conectar el enorme y diverso talento de la generación joven de hoy. A través de Pangea, Pablo y su equipo quieren impulsar un movimiento social a nivel global que haga posible un profundo cambio de mentalidad entre la juventud, haciéndoles ver el enorme papel que tienen en un mundo que evoluciona exponencialmente y reuniendo a todas aquellas ideas, personas, organizaciones e iniciativas necesarias para desatar, unidos, todo su potencial. Pangea organizó en 2015 The 2015 Starting Point, la mayor concentración de talento joven jamás celebrada según medios de primer nivel como The New York Times, Paris Match, The Huffington Post o El Mundo. Esta reunió en Madrid a los 200 jóvenes más influyentes del mundo de más de 65 países con el empeño común de dar un paso adelante y demostrar de lo que son capaces como generación.

Siendo actual alumno del grado de Gestión y Administración de Empresas de IE University, compatibiliza su carrera y labor al frente de Pangea con su trabajo en el centro de Emprendimiento e Innovación de IE Business School. Entre otras actividades, destaca su colaboración con instituciones nacionales e internacionales como la Fundación Create, Spain Startup, la Fundación Transforma España o Singularity University. Tambien ha liderado con el apoyo del Grupo Aguas de Valencia e Impact Hub Madrid el proyecto H20 Challenge, la primera iniciativa mundial nacida con el objetivo de identificar las mejores ideas innovadoras que planten cara al enorme reto del agua. Pablo ha sido además invitado como ponente a numerosos foros y encuentros como TEDx, el Congreso AECOC, el XIII Congreso MasHumano, el Día de las Nuevas Tecnologías de la Información DIATIC o el Youth & Jobs 2015 de la Universidad Europea de Madrid.

A sus 21 años, Pablo defiende que estamos ante la mejor etapa de la historia de la humanidad. Un momento lleno de cambios y desafíos que sembrarán la semilla de un futuro lleno de nuevas oportunidades para aquellos dispuestos a ser parte de una era que no dejará a nadie indiferente. De ahora en adelante, lo imposible lo decides tú.

 

 

 

 

«No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederles a las personas y países, porque la crisis trae progresos, la creatividad nace de la angustia como el día de la noche oscura. Es de la crisis que nacen la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado. Quien atribuye la crisis a sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones, la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin la crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.

»Hablar de crisis es promoverla y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos nuestro talento y nuestras habilidades para encontrar soluciones, acabemos de una sola vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla».

 

La crisis, según Albert Einstein (1879-1955)

 

 

Estamos en crisis. Seguramente la más dura, impactante y arrasadora de todas las que conocemos hasta hoy. El mundo está cambiando, cada vez más rápido. Lo que durante cientos de años funcionaba, de la noche a la mañana deja de hacerlo. La etapa que nos ha tocado vivir nos ha marcado para siempre estampando en nosotros una forma muy diferente de ver y entender el mundo. Sin embargo, Denis Waitley dijo una vez que hay dos opciones en la vida: aceptar las condiciones existentes o aceptar la responsabilidad de cambiarlas. Espero que estés tan de acuerdo como yo.

Que la crisis existe es una realidad que no podemos negar. Sin embargo, tampoco podríamos negar entonces que esta situación ha abierto las puertas de una nueva etapa. Una que nada tiene que ver con todas las anteriores. Una era con más oportunidades que nunca para aquellos que estén dispuestos a asumir su papel en una sociedad que evoluciona a la velocidad de la luz.

Así lo creo yo. Vivimos en la mejor etapa de la historia de la humanidad. Un nuevo periodo de rápidos y profundos cambios que se suceden de manera exponencial donde ya no solo basta con adaptarnos a ellos, sino que debemos ser un agente activo de este espectacular proceso de transformación. Una época donde los únicos límites que existen son los que uno se impone a sí mismo y en la que, por primera vez, cambiar el mundo que nos rodea está al alcance de todos aquellos con la actitud y la determinación necesarias. Estamos en una etapa increíblemente apasionante que no dejará indiferente a absolutamente nadie.

Por primera vez en la historia del ser humano, no existen barreras indestructibles, fronteras geográficas ni metas inalcanzables. Vivimos en un mundo en constante movimiento, cada vez más dinámico. Los grandes problemas se convierten en enormes oportunidades y cualquier impacto local, por insignificante que pueda resultar, es conectado rápidamente con cualquier otro punto del planeta. Estamos en una era de nuevos desafíos y tendencias, de miedo a lo desconocido, de pánico a lo mucho que aún está por llegar.

Seguramente habrás tenido muchos momentos de esos que todos conocemos como bajón. Momentos de dudas existenciales, de sensaciones de soledad ante el mundo o de incomprensión ante lo que sentimos. Te habrás llegado incluso a preguntar por qué eres como eres, por qué tienes lo que tienes o por qué vives donde vives. Quizá hasta hayas querido saber por qué tus ojos son marrones y no azules, por qué no eres tan alto como querrías o por qué no has tenido suerte heredando el color de pelo que tanto te disgusta de tu madre o tu padre.

Hace varios meses, el doctor Ali Binazir intentó dar respuesta a quizá una de las preguntas que más veces se ha repetido en las cabezas de los más de siete billones de personas que a día de hoy habitan la Tierra: ¿Por qué existo yo? En un interesantísimo artículo publicado en la internacionalmente reconocida Universidad de Harvard, Binazir calcula que cualquier hombre acaba siendo padre con una de las 10.000 mujeres que durante su vida, de media, se calcula que puede llegar a conocer. Interesante, ¿no?

Como bien sabrás, cada persona nace de la unión de un espermatozoide y un óvulo durante el acto sexual. Una mujer tiene, de media, unos 100.000 óvulos fértiles durante toda su vida. Un hombre, sin embargo, puede llegar a producir más de 400.000 trillones de espermatozoides completamente diferentes unos de otros. Nunca se me dieron bien las matemáticas, pero si miramos estas cifras podemos ver que la probabilidad de existencia del niño o niña que se engendra es de 1 entre más de 400.000 trillones de posibilidades. Alucinante, ¿no?

Si analizamos la historia y la evolución natural desde que sabemos que el ser humano existe, los datos son aún más increíbles. Si tenemos en cuenta que nuestra especie apareció hace casi unos 3 millones de años y que cada 20 años aproximadamente surge una nueva generación, nos quedamos con un total de 150.000 generaciones que tuvieron que pasar la imposible aventura de llegar a ser uno de esos nacimientos. Todo esto, supone una probabilidad de 1 entre 10 elevado a 45.000. Pero es que podemos ir muchísimo más allá. La posibilidad matemática de que en todas y cada una de esas 150.000 generaciones se juntaran el espermatozoide y el óvulo que provocaron la existencia de tus ancestros es de 1 entre 10 elevado a más de 2.640.000. En definitiva, y antes de que te acabes perdiendo tanto como me ocurrió a mí al leer esta noticia, el estudio declara que la probabilidad puramente estadística de que un individuo exista a día de hoy es de 1 entre 10 elevado a 2.685.000. Hablando en claro, la posibilidad de que una persona acabe siendo el ser humano que es y no otro cualquiera es la equivalente a que, de repente, dos millones de personas se junten para jugar cada una con un dado de más de 1.000 billones de caras y que todos sacaran exactamente el mismo número. Lo que viene siendo popularmente conocido como cero patatero.

Asume que es un auténtico milagro que existas. Aún lo es más que te encuentres ahora mismo leyendo este libro. Podría decirte que has venido a este mundo por una sencilla razón, pero te estaría mintiendo. No la hay. Puede que el cálculo matemático de la probabilidad de nuestra existencia sea tan complejo como acabamos de ver. Sin embargo, esto son solo números, pues la razón de tu existir va mucho más allá. En realidad, va tan lejos como tú estés dispuesto a ir.

 

 

UNA ETAPA APASIONANTE

 

Hay algo que está pasando ahí fuera. Se respira algo diferente, algo que parece que viene para quedarse. La evolución de la Tierra deja de ser lineal para pasar a ser exponencial. Los cambios se suceden cada vez más rápidamente, con mayor profundidad y generando más y más impacto en todos los rincones del mundo.

Hablamos de billones de usuarios conectados entre sí cada día, a cada momento, desde cualquier rincón del planeta. Vivimos en una sociedad donde ya no somos lo que tenemos, sino lo que compartimos con nuestros amigos, contactos y seguidores, con todo lo que eso conlleva. Todos habremos ido al cine sin caer en la cuenta de que lo importante ya no es la película en sí, sino asegurarme de que todo el mundo sabe lo grande que son el refresco y las palomitas que me voy a tomar con una foto en Facebook o las personas con las que estoy mediante un selfie en Instagram. Tampoco puede faltar lo que me ha parecido la película en con un breve tuit. Y, por si fuera poco, con geolocalización incluida.

Cada vez estamos más y más interconectados a nivel global. No hay barrera de ningún tipo para la información que generamos. A día de hoy, en torno al 35 por ciento de la población mundial usa diariamente internet mediante los casi más de 9 billones de dispositivos conectados desde cualquier punto del planeta. Se calcula que cada 60 segundos se publican más de 80 horas de contenido audiovisual en YouTube y se envían más de 204 millones de correos electrónicos. Según datos de la empresa americana IBM, se crean más de 50 millones de tuits cada día al mismo tiempo, que, de media, los usuarios de Facebook pasamos en total más de 700 billones de minutos cada mes. Amazon recibe cada segundo 73 pedidos de todo el mundo, consiguiendo más de 83.000 dólares en ventas. El récord de WhatsApp fue 64.000 millones de mensajes en tan solo 24 horas, mientras que Skype acoge todos los días más de 2.000 millones de minutos en videollamadas. Nada entiende de barreras ya. Ni tan siquiera el amor, pues más del 20 por ciento de las parejas que existen hoy se conocieron por internet.

Uno de los mayores exponentes del poder de la interconectividad a día de hoy tiene nombres y apellidos: Wael Ghonim. Aunque para la inmensa mayoría nos será totalmente desconocido, él es uno de los que impulsaron lo que todos conocemos como la revolución árabe. Wael, nacido en la ciudad de El Cairo, fue durante el año 2010 la persona encargada de crear y gestionar el perfil oficial de Facebook de Mohamed el-Baradei, premio Nobel de la Paz en 2005 y principal opositor de Hosni Mubarak en la campaña política.

Fue el día 6 de junio de 2010 cuando Khaled Saïd, un joven informático de tan solo veintiocho años, fue sacado a rastras y golpeado hasta morir a manos de distintos agentes de policía. Parece ser que estaba subiendo vídeos a internet en los que claramente se demostraba una sucia implicación de las fuerzas de seguridad en el tráfico de narcóticos.

Este hecho removió fuertemente a Wael y provocó que se decidiera a lanzar una página en Facebook bajo el lema «Yo soy Khaled Saïd». Esta fue eliminada poco tiempo después. Sin embargo, Wael no se rindió y decidió volver a hacerlo cambiando ligeramente el comienzo de la misma: «Todos somos Khaled Saïd». Esta iniciativa, apoyándose en la viralidad de la red social y en la enorme agitación que el país estaba viviendo en aquel momento, hizo que en pocas semanas consiguiera cientos de miles de seguidores. Esta página llegó a ser una de las plataformas que más influencia ejerció sobre parte de la estructura que diseñó, organizó y gestionó la revolución egipcia en el año 2011. Una de las frases de Wael que, a mi parecer, mejor definen el poder del individuo actuando en grupo como motor de cambio fue la que pronunció durante una de las entrevistas que concedió en el programa de televisión 60 Minutes: «Nuestra revolución es como Wikipedia: todo el mundo contribuye con contenido, pero no sabemos los nombres de las personas que lo están haciendo. Esto es exactamente lo que está pasando. La revolución 2.0 en Egipto ha sido igual. Todo el mundo contribuye con pequeñas partes y pedazos. Todos unidos dibujamos la imagen de la revolución y no hay ningún héroe en esa fotografía».

Una de las mayores contribuciones que España ha hecho a la historia de los grandes inventos de la humanidad ha sido la fregona. Seguramente ni sabías que Manuel Jalón Corominas, natural de La Rioja, fue el que diseñó, por primera vez, un prototipo de lo que él denominó como friegasuelos. Un utensilio que, por muy común y básico que pueda parecer hoy, permitió que millones de mujeres dejaran de fregar de rodillas. Tuvo que pedir a su hermano unas 15.000 pesetas y otras 30.000 a dos amigos aragoneses. Con esta primera inversión empezó a fabricar las primeras fregonas artesanales de la historia. No fue hasta que Pepita, su vecina, decidió ayudarle con la financiación de las primeras 2.000 unidades. ¿Cómo lo hizo?, te preguntarás. Sencillo. Recorriendo puerta a puerta cada una de las casas del barrio. Gracias a esto, en el año 1958 consiguieron producir un millón de unidades que se vendieron por todo el país en un abrir y cerrar de ojos. Esta historia, por graciosa que pueda sonar, es uno de los primeros casos de un método de financiación que hoy en día está en boca de todos: crowdfunding. El papel que la interconectividad juega en sistemas de colaboración sin límites ha permitido nuevos modelos de colaboración global que hacen que el dinero deje de ser un problema si las ideas que lo requieren realmente valen la pena. Lo que Manuel tuvo que hacer manualmente de puerta en puerta en su barrio, ahora ya no se limita a tan solo esa zona. Actualmente, con una comunidad de billones de usuarios conectados a internet cada día, las posibilidades de conseguir recursos son ilimitadas.

En julio de 2014, el conocido como Zack Danger Brown decidió lanzar en Kickstarter —una de las mayores plataformas de crowdfunding del mundo— una campaña para recaudar la increíble cantidad de 10 dólares para cocinar una ensalada de patatas. Lo que comenzó siendo una simple broma se convirtió en un auténtico fenómeno online que recaudó de 6.911 usuarios de internet más de 55.000 dólares.

No es la única. Pedro J. Ramírez decidió recaudar fondos para su nuevo proyecto empresarial tras salir del conocido periódico El Mundo. Su caso, que llegó a recaudar 3.606.000 euros, ha sido récord en la historia del crowdfunding en España y uno de los mayores hitos dentro del sector de la comunicación y la prensa.

Este nuevo sistema no solo es motor de financiación de locas ideas o ambiciosos negocios, sino que también ha supuesto una transformación en la forma en la que las personas podemos contribuir a proyectos de desarrollo social y solidario en las zonas más desfavorecidas. Las ONG de hoy se han dado cuenta de que la situación ha cambiado radicalmente. Ya no vale un simple «Hazte socio». Hay una enorme competencia en un entorno lleno de iniciativas con grandes ideas y aún mejores intenciones detrás. La Fundación Hazloposible es un claro ejemplo de cómo en la era digital actual, usando las herramientas que esta ofrece, han sido capaces de aumentar la transparencia, el impacto y la eficacia de sus proyectos a través de nuevos modelos de financiación crowdfunding. Estas nuevas herramientas nacidas de la interconectividad no hacen más que democratizar, abrir puertas, facilitar y dinamizar. Cualquier persona puede contribuir con diversas aportaciones a todo tipo de proyectos; desde fondos para grabar discos de jóvenes artistas a cubrir los gastos que supone participar en competiciones deportivas, pasando por sufragar los costes de lanzar campañas electorales de partidos políticos emergentes. No te engañes, el dinero ayuda, pero ha dejado de serlo todo si el fin y las personas que lo impulsan tienen la fuerza necesaria.

Hablamos de una revolución en la forma en la que nos movemos. También nos desplazamos ya sin ningún tipo de fronteras. Durante años y años todo se ha reducido a ver cómo se hacían más rápidos, seguros y bonitos los millones de coches, trenes y aviones que recorren el mundo cada día. Ahora todo va mucho más allá. Seguramente todos habremos visto en cualquier parque a personas que, con mucho cuidado, hacían volar su recién inaugurado dron (vehículo aéreo no tripulado). Lo que puede parecer una evolución, más ágil y estética en diseño, del conocido helicóptero teledirigido no se queda ahí. Hace poco anunciaban algo que va a transformar radicalmente la vida de millones y millones de personas en África. En apenas un año comenzará la construcción del primer aeropuerto del mundo dedicado únicamente a desplazamientos operados por drones. Esto, que podría quedarse en una simple anécdota futurista, supone una auténtica revolución, pues va a permitir que todo tipo de medicamentos de primer nivel y alimentos básicos puedan llegar a los rincones más alejados y de difícil acceso del continente, evitando miles y miles de muertes cada año.

Elon Musk un día se propuso revolucionar la forma en la que las personas gestionan pagos inmediatos por internet. PayPal fue el resultado de su ambición. No satisfecho, decidió transformar el mundo del automovilismo mediante la creación de Tesla y, bajo la premisa de que el primer trillonario de la historia se forjaría mediante aventuras en el espacio, Elon lanza SpaceX con este mismo propósito. ¿Te creerías si además te digo que en menos de tres años se podrá ir de Madrid a Barcelona en tan solo media hora? En breve, gracias a la tecnología ofrecida por Hyperloop, el ser humano podrá viajar a más de 1.200 kilómetros por hora. Este disruptivo proyecto de transporte consiste en una cápsula que levita y se mueve dentro de un tubo a velocidades inimaginables. Con el apoyo de más de 400 personas de diversas empresas, como Google, Yahoo o la NASA, y diferentes universidades, como Harvard o Stanford, esta iniciativa pretende asentar las bases del transporte del mañana. Por si fuera poco, este tipo de mecanismos utiliza energías renovables, convirtiéndose además en un modo de desplazamiento completamente respetuoso con el medio ambiente. Aunque para muchos puede parecer una locura conseguir la tecnología que haga esto posible y los recursos que financien el desarrollo e implementación del proyecto, la realidad refleja que el desafío está en conseguir la aprobación pública. De hecho, este tipo de proyectos tan disruptivos está teniendo una aceptación muchísimo mayor en países africanos, asiáticos y de Oriente Medio debido al menor peso de los procesos burocráticos y regulatorios. A comienzos de 2016 empieza la construcción de la primera línea en California (Estados Unidos), que unirá las ciudades de San Francisco y Los Ángeles en menos de 30 minutos con un coste no superior a los 16.000 millones de dólares. Ese mismo trayecto costaría casi 68.000 millones si se realizara mediante un sistema de tren de alta velocidad. En muy poco, será una realidad en todo el planeta.

Adicionalmente, uno de los mayores retos que plantea este nuevo mundo es la sostenibilidad del mismo. Somos la generación más concienciada de la historia con el entorno que nos rodea cada día. Sin embargo, poco saben que, según estudios científicos, el sol irradia en tan solo unas horas tanta energía como la que la humanidad en su totalidad demanda durante un año completo. Gracias a la energía solar, un país como Marruecos, que a día de hoy necesita comprar y exportar más del 90 por ciento de los recursos energéticos que necesita, pasará a producir internamente más del 50 por 100 de aquí al 2020. Imagínate la repercusión tan positiva que esto podría tener en el coste y la calidad de vida de la población local. Nos retransmiten constantemente cómo la Tierra se apaga lentamente, cómo desaparecen cientos y cientos de especies, cómo la contaminación arrasa destruyendo ecosistemas naturales por completo. Sin embargo, lo que pocos saben es que cada vez es más barato reciclar, cada vez hay más y mejor tecnología para paliar los efectos negativos del ser humano y, sobre todo, cada vez hay más y más herramientas para conservar, proteger y apostar por el futuro medioambiental del planeta.

Si pensamos cómo tratamos nuestra salud hoy en día, todos estaremos de acuerdo en que cualquier síntoma molesto que padezcamos nos hace acudir al médico, quien, entendiendo nuestras patologías, nos recetará una solución para curar aquello que podamos padecer. Este sencillo y metódico proceso se ha venido repitiendo desde el principio de la historia de la medicina y la salud humana. Sin embargo, esto ya ha dejado de ser así. Estamos pasando de la medicina que cura a la medicina que previene, provocando una auténtica revolución.

En el año 2003, se consiguió por primera vez, tras muchos años de intensas investigaciones y estudios, decodificar el ADN de un ser vivo. Lo que para muchos puede parecer algo que poco aportará a la sociedad en realidad va a suponer una verdadera transformación en la salud de las personas. Gracias a esto, vamos a saber las enfermedades que una persona está genéticamente predestinada a desarrollar a lo largo de su vida y, en base a ello, se podrá actuar a tiempo modificando nuestros hábitos de vida, de alimentación o de actividad física, entre otros. Universal Diagnostics es un claro ejemplo de ello. Una empresa española que nace con la visión de prevenir —gracias a este tipo de nuevas tecnologías aplicadas al mundo de la sanidad— una enorme cantidad de muertes que a día de hoy se producen por culpa del cáncer. Todo gracias a un test que detecta, en etapas iniciales, más del 90 por ciento de los tipos de cáncer que a día de hoy conocemos.

Si nos remontamos cientos y cientos de años, llegamos a un punto donde aprender era el mayor de los lujos. La educación era solo accesible para aquellos con recursos suficientes para contar con un mentor que le acompañaba, en su propia casa cada día, en el proceso de aprendizaje. Era un uno a uno, plenamente centrado en el alumno y con un alcance realmente limitado, dado el escaso número de jóvenes que eran capaces de formarse. Sin embargo, las revoluciones económicas, sociales y culturales que se produjeron durante las siguientes décadas tuvieron como pilar fundamental el acercar la educación a todas las clases de la sociedad. Todo con el objetivo de preparar a mejores profesionales para un mundo puramente industrial. Esto provocó que pasáramos a un modelo de un solo profesor con decenas y decenas de alumnos sentados enfrente. Piensa que en aquel entonces cualquier niño o niña que comenzaba en la escuela sabía perfectamente cómo iba a ser el mundo al que se enfrentaría al acabar su formación académica. Por eso, el sistema se centraba únicamente en enseñar aquellas habilidades y conocimientos necesarios para sobrevivir en esa etapa.

Hoy en día, sin embargo, vivimos en una era donde aún pervive esta educación tradicional con nuevos modelos nacidos gracias al poder de la conectividad y el acceso a nuevas herramientas. Gracias, por ejemplo, a Daphne Koller —fundadora de Coursera— o Salman Khan —creador de Khan Academy—, hoy en día cualquier persona puede aprender lo que quiera, cuando quiera y desde donde quiera. Por si fuera poco, encima es completamente gratuito. Una vez más hablamos de algo tan potente como democratizar algo tan vital como el propio aprendizaje. Nunca antes la educación había estado tan al alcance de las personas independientemente de su situación económica o posición geográfica. Nunca antes aprender había sido tan apasionante y estimulante como lo es a día de hoy. Durante los últimos años, nos hemos centrado en transformar qué y cómo estudiamos. Hemos gastado millones y millones de euros en modernizar las aulas introduciendo sistemas de conexión a internet, tabletas digitales e incluso pantallas táctiles. Sin embargo, el problema va mucho más allá. Es más, empieza justo aquí. Tenemos que redefinir el porqué de la educación, su esencia. Qué es lo que realmente nos motiva a aprender y por qué lo hacemos. No podemos seguir destruyendo la iniciativa de millones y millones de niños y niñas horrorizados por la idea de estudiar, pero que, sin embargo, no pueden estar más ansiosos por aprender. La educación no es un proceso que empieza en la guardería y acaba en la universidad. Aprender dura tanto como la vida misma. No te engañes si te han llegado a convencer de que vas a la escuela para obtener respuestas que aclaren todo aquello que desconoces. El aprendizaje de verdad es aquel que te hace cuestionarte todo lo que te rodea, el que te plantea nuevas incógnitas, el que te genera dudas y preguntas constantemente. Vivimos en una etapa donde el aprender vuelve a recuperar su más pura esencia: nacer de la inquietud.

Seguramente, tras muchos años de titulares, portadas y anuncios, si te preguntara qué países liderarán el futuro de la humanidad, la inmensa mayoría responderíais que China o India, por ejemplo. Según datos de las Naciones Unidas, la población mundial casi se duplicó entre los años 1960 y 2000. Sabemos que la tasa de crecimiento demográfico se ha reducido levemente, pero aun así se espera que de aquí a 2050 haya casi 10 billones de personas en el mundo. Lo que para muchos puede considerarse una buena o mala noticia no deja de ser un hecho al que vamos a enfrentarnos. Esto provoca un nuevo entorno social y económico que acabará con lo que hasta ahora conocemos como Primer, Segundo y Tercer Mundo. En este nuevo escenario, uno de los factores de éxito que determinará el futuro de la humanidad recae precisamente en entender la diversidad como algo realmente enriquecedor. Somos la primera generación de la historia que tenemos más aspectos en común entre nosotros que con nuestros propios progenitores. Algo que nunca había pasado y que, más que nunca, potencia la importancia de desarrollar una mentalidad abierta, respetuosa y tolerante con nuestro entorno, con todo lo que nos rodea.

Muchos y muchas, leyendo estas líneas, pensarán que todo esto es algo surrealista, pero sobre todo algo poco probable y que no nos va a tocar vivir a ninguno de nosotros. Carl Sagan, uno de los mayores astrónomos, astrofísicos y cosmólogos del siglo XX, publicaba un curioso y sorprendente estudio llamado El calendario cósmico. Este trataba de comprimir toda la historia de la humanidad en tan solo un año. Algo que a simple vista puede sonar sencillo al mismo tiempo que difícil, pero sobre todo complejo de imaginar puesto en perspectiva a lo largo de tantísimo tiempo. Lo que Carl consiguió fue resumir los más de 15.000 millones de años que ya han pasado desde lo que todos conocemos como el Big Bang, el comienzo del universo. De esta manera, cada 1.000 millones de años serían unos 24 días del calendario tal y como lo conocemos hoy día. Esto, para que te hagas una idea, supone que cada segundo de ese hipotético año serían unas 475 vueltas de la Tierra alrededor del Sol. Era tal la complejidad de la división a la que Carl se tuvo que enfrentar que decidió dividir el calendario en tres etapas para cubrir toda la historia del universo: la precámbrica, el mes de diciembre y el día 31 de dicho mes, el último del año. Para que te hagas una idea, lo que Carl planteaba sería más o menos de la siguiente manera:

La gran explosión donde todo comenzó tendría lugar el día 1 de enero, el primero del año. Sin embargo, hasta el día 10 de mayo no se produciría la formación de la Vía Láctea, la galaxia en la que todos nosotr

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