Dark Lord. + días de instituto

India

Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Mapa

La historia hasta aquí

Primera parte: Un nuevo mundo

Prólogo

Mientras tanto, en la Tierra…

En aquel día funesto

El DarkPhone

Mi amigo es un monstruo enorme de otro mundo, en serio, lo es…

Mocos, barrigas y piel verde

Una visita inesperada

Casa viva

La Reina de la Luna

Segunda parte: Nuevos amigos, nuevos enemigos

Ayuda doméstica

La niñera de la muerte

La fiesta de cumpleaños

El paladín Rufino

En la corte de la Reina de la Luna

La conversación

Tercera parte: Triunfo y desesperación

Asediados

¡A la batalla!

Envidia y celos

La venganza de la Bruja Blanca

Cuarta parte: ¡Rumbo a lo desconocido!

El viaje

Foletto, el Rey Skirrit

El hogar está donde están tu corazón o tus calzoncillos rosas

La Torre Blanca

Las Cámaras de Corrección

La guarida de la Bruja Blanca

El Relicario Oscuro

Quinta parte: Metamorfosis

Oscura pubertad

El regreso del Señor Oscuro

En la corte del Señor Oscuro

Las Tierras Oscuras: el juego

De perdidos al río

El Mal Juicio Final

Las Mazmorras del Destino

La caída. Otra vez

Vuelta al instituto

Agradecimientos

Sobre el autor

Créditos

Grupo Santillana

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La historia hasta aquí

Dark Lord. Días de instituto cuenta la historia de cómo un malvado Señor Oscuro fue expulsado de su reino y desterrado a la Tierra, donde se encontró atrapado en el cuerpo de un chico de trece años. A pesar de que intentó decirle a todo el mundo que debían referirse a él como Dark Lord, los humanos entendieron que había dicho «Dirk Lloyd», y con ese nombre se quedó. Dirk se vio obligado a asistir al instituto (¡nada menos que al instituto!, ¡nooooo!), donde hizo algunos amigos: Christopher, Sooz y Sal.

Al principio, Dirk planeó conquistar nuestro mundo, pero pronto se dio cuenta de que los orcos y los trasgos no eran contrincantes de la talla de tanques, reactores y bombas nucleares. Entonces, concentró su malvado ingenio en la tarea de volver a casa. Intentó realizar un hechizo mágico, pero las cosas salieron muy mal y el pabellón de criquet de su instituto se quemó de arriba abajo. El incendio estuvo a punto de acabar con el Señor Oscuro, pero con la ayuda de Foletto, el Rey Skirrit, logró reconstruir el pabellón.

Luego, su archienemigo, el Mago Hasdruban el Puro, envió a la Bestia Blanca del Escarmiento a matar a Dirk, pero él se las arregló para burlarla. Dirk necesitaba volver a las Tierras Oscuras, así que planeó otro gran hechizo, pero en vez de enviarlo a él de regreso, mandó a su amiga Sooz…

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Primera parte:
Un nuevo mundo

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Prólogo

Aaaaaaaaaaaarrrrrrrgggggg!». Parecía que su caída a través de un abismo en el tiempo iba a durar eternamente cuando de pronto…

¡¡¡Cataplum!!!

Sooz quedó tendida sobre su espalda, exhausta, sin aliento, contemplando el extraño cielo rojizo… Lo último que recordaba era que la voz de Dirk murmuraba extrañas palabras de manera hipnótica mientras la sombra de la luna reptaba sobre el disco solar. Y luego…, luego sintió un increíble escozor y tuvo la sensación de que caía y caía, como en un sueño.

Tosió y volvió la cabeza. Estaba acostada en una planicie del color del agua sucia que se extendía hasta donde alcanzaba su vista. Intrigada, frunció el ceño. La hierba era de un tono de verde equivocado. El lugar estaba demasiado oscuro y el cielo tenía un tinte rojizo. Y… y… ¡había dos lunas! ¡Dos! Una era blanca y pálida; la otra, de un enfermizo tono rojo. ¿Cómo era eso posible?

Sintió el ligero soplo de la brisa agitando su cabello teñido de negro. Arrugó la nariz. La brisa tenía un tufo extraño, un olor que nunca antes había percibido. Era una mezcla de olor a mar y a canela; de hecho, no era un aroma desagradable, pero sí era extraño, y por eso resultaba inquietante.

Todo esto era culpa de Dirk. Ese extraño y gracioso chico que se había presentado en el instituto asegurando ser un Señor Oscuro exiliado de su propio territorio, un lugar al que se refería como las Tierras Oscuras. En realidad, ella y su amigo Christopher no le habían creído, pero le habían seguido la corriente e incluso lo habían ayudado a tratar de volver a su hogar. La primera vez, lo único que consiguieron fue incendiar el pabellón de criquet del instituto (¡y toda la culpa había recaído sobre ella!). Después lo intentaron de nuevo, con una especie de hechizo, pero esta vez… ¿Qué había sucedido esta vez?

Sooz se incorporó. Fuera lo que fuese ese olor, no era el olor de su tierra. Era el olor de una tierra extraña, una tierra extranjera, una tierra desconocida. Era el olor de las Tierras Oscuras…

¿Cómo demonios iba a volver a casa?

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Mientras tanto, en la Tierra…

4 de octubre las-almas-del-purgatorio

¡Diez mil maldiciones caigan sobre la cabeza de los conejitos mullidos! ¡No puedo creer lo que ha sucedido! Se suponía que la Ceremonia del Eclipse de las Puertas del Mundo me enviaría de regreso a casa, pero falló ¡y Sooz ha sido exiliada a las Tierras Oscuras en mi lugar! Oh, cuánto temo por la seguridad de mi pequeña Hija de la Noche. No, un momento… Lo que quiero decir es que espero que Sooz, mi valiosa sierva, no haya sufrido daños. Eso sería muy inconveniente.

5 de octubre las-almas-del-purgatorio

Han reportado la desaparición de Sooz. Su madre está muy afligida, al igual que muchas de las personas del instituto, de hecho. No sabía que Sooz fuera tan popular.

La policía me ha interrogado al respecto. Me han hecho toda clase de preguntas acerca de ella, como cuándo fue la última vez que la vi, qué llevaba puesto (como si yo pudiera recordar esas prendas góticas. ¡Lo que hay que soportar!) y otras preguntas simples diseñadas para confundir las mentes de estos insignificantes humanos.
De cualquier manera, como soy un ciudadano honesto e intachable, les he dicho la verdad: que yo formulé un poderoso hechizo y que algo salió mal. Como resultado, Sooz fue transportada a otra dimensión porque llevaba puesto mi Gran Anillo del Poder, y ahora ella se encuentra en un sitio conocido como las Tierras Oscuras, un lugar muy peligroso, lleno de orcos y trasgos, crueles Jinetes de las Águilas, exaltados Paladines de la Rectitud y otros seres del estilo. No me han creído, por supuesto.
De cualquier modo, al parecer ahora tendré que volver a ver a esos infantiloides locos desquiciados de Wings y Randle. ¡Qué tedio!

He guardado todos los recortes del periódico que hacen referencia a Sooz. A ella le complacería ver su foto en los periódicos. ¿O a lo mejor debería decir «le molaría»? Sí, esa es la palabra que ella usaría. Molar. ¡Oh, cuánto la echo de menos!

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Dirk se quedó sentado en su habitación, contemplando tristemente el nublado cielo de otoño por la ventana con el ceño fruncido por los amargos pensamientos. A su lado se sentaba un chico de brillantes ojos azules y cabello rubio como el maíz, que también observaba cómo se iba oscureciendo el cielo. El chico parecía irradiar una especie de belleza inocente. Dirk no. Eran como un ángel y un demonio sentados amigablemente en silencio, uno al lado del otro.

Dirk soltó un suspiro de tristeza, lleno de desilusión y desesperanza.

—Entonces, ¿qué vamos a hacer? —preguntó el chico.

—No lo sé, Chris, no lo sé —respondió Dirk en un tono que revelaba su frustración. Suspiró de nuevo—. No puedo pensar en nada. No hay manera de llegar hasta allí sin el anillo, y eso es todo.

—Pero podría estar en peligro. Quiero decir, en peligro de verdad. No como un megacastigo por incendiar el pabellón del instituto o algo así, sino algo en serio, como estar a punto de ser machacada por los orcos o… o… ¡es tan horrible que ni siquiera me atrevo a pensarlo! —dijo Chris.

—Si al menos pudiera hablar con ella, entonces podría ayudarla, decirle qué debe hacer, cómo manejar las cosas en esa tierra terrorífica —dijo Dirk—. Hay grandes oportunidades allí si sabes cómo aprovecharlas.

Chris sostuvo su móvil y se quedó mirándolo.

—Si al menos pudiéramos llamarla… Lo he intentado, pero solo se escucha: «El número que ha marcado está apagado o fuera de cobertura».

—Ja, bien, es lógico, ¿no creéis? ¡No va a tener cobertura en las Tierras Oscuras! En todo caso, no esa clase de cobertura, por supuesto.

Dirk entrecerró los ojos y los clavó en el teléfono de Chris. Un brillo enloquecido iluminó su mirada. «Ese brillo enloquecido siempre es una mala señal», pensó Chris. Significaba que Dirk estaba concibiendo otro demente plan.

—No esa clase de cobertura… —murmuró Dirk hablando consigo mismo—. ¡Por supuesto! —gritó de pronto, saltando para ponerse de pie mientras le arrebataba el teléfono a Chris—. Lo único que debo hacer es modificar este aparato; estoy seguro de que puedo lograr que transmita la señal adecuada: o, para ser más exactos, abrir un portal mágico interdimensional a través del cual pueda moverse el sonido. Nosotros no podemos viajar a través de él, pero ¡el sonido sí! Eso es mucho más fácil.

—Es fantástico, pero ¿por qué tienes que usar mi teléfono?, ¿por qué no consigues uno propio? —dijo Chris, en parte animado con la idea de que quizá podrían ayudar a Sooz, en parte preocupado por los planes que Dirk tenía para su teléfono.

—Bah; no voy a procurarme un móvil. Tus padres, mis carceleros más bien, lo usarían para vigilarme constantemente, ¡lo mismo que el Alto Concilio de los Escudos Blancos, los estúpidos lacayos de mi archienemigo, ese viejo insensato de Hasdruban, el Mago Blanco!

—No creo que el Concejo de la ciudad trabaje para el Mago Blanco, en serio, Dirk. Que son fuerzas oscuras sí, según mi padre, pero nada que ver con el Mago Blanco. Creo que te estás emparanoiando. Y desde luego, mi madre no es… ¡Es vicaria de la Iglesia de Inglaterra, por todos los santos! —respondió Chris.

—Razón de más para que ella esté al servicio del Mago Blanco. En cualquier caso, incluso si lo que decís es cierto, ¿para qué arriesgarse? Yo soy Dark Lord; se supone que debo ser un poco paranoico. ¿Cómo creéis que he logrado sobrevivir tanto tiempo? —replicó Dirk.

—Vale, sí, lo que tú digas, Dirk —dijo Chris—. La pregunta es: ¿recuperaré mi teléfono?

—Bueno, depende. Si mi plan funciona, probablemente no… No —dijo Dirk.

—¿Por qué?, ¿qué vas a hacer? —preguntó Chris con tono preocupado.

—Voy a reconstruirlo. A mejorarlo por medio de la magia. Voy a convertirlo en un DarkPhone.

—¿En un DarkPhone?, ¿qué es eso? —dijo Chris, cada vez más preocupado.

—Bueno, ya sabéis, un teléfono del mal. Una especie de teléfono no-muerto. Pero antes que nada, necesito una pequeña astilla de hueso procedente del esqueleto de alguien que haya sido realmente malo, como un asesino o un ladrón; algo semejante. Si pudiera ser, alguien a quien hayan colgado por sus crímenes. Mejor aún: ahorcado a medianoche en un cruce de caminos la víspera de Todos los Santos, la noche de Walpurgis… o algo así —continuó explicando Dirk mientras quitaba la tarjeta SIM del móvil de Chris.

—Ya. Y ¿dónde supones que vamos a encontrarla? —dijo Chris, sacudiendo la cabeza.

—No estoy seguro, pero al menos debemos intentarlo —respondió Dirk, arrojando la tarjeta SIM a la basura.

—¡Eh!, ¡¿qué estás haciendo?! —protestó Chris.

—Ya no vais a necesitar eso, Christopher —dijo Dirk guardándose el teléfono en el bolsillo—. De ahora en adelante este teléfono funcionará con magia. Magia nigromántica. Bueno, tan pronto como logremos conseguir el trocito de hueso.

Christopher le lanzó a Dirk una mirada de irritación, a lo que este contestó con una sonrisa. Chris se estremeció involuntariamente. Hacía ya algún tiempo que conocía a Dirk, pero esa sonrisa todavía le daba escalofríos.

En realidad, Christopher no quería alentar ningún otro de los disparatados planes de Dirk, pero por otro lado estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario para traer de regreso a su amiga Sooz.

—Espera un momento… —dijo.

Dirk levantó una ceja.

—No creáis ni por un instante que os devolveré vuestro teléfono. Ha sido requisado en tiempos de guerra.

—No, no; se me acaba de ocurrir algo.

—¿En serio?, ¿qué? —preguntó Dirk.

—El Hombre del Pantano —respondió Chris.

—El Hombre del… ¿qué? —dijo Dirk, confundido—. ¿Acaso se os ha ocurrido lanzarme improperios? ¡Yo soy quien debería estar profiriendo insultos, no vos!

—No, no: momias de las ciénagas. Restos de sacrificios humanos. Hace miles de años se hicieron sacrificios rituales y luego arrojaron los restos a los pantanos. Los cuerpos se conservaron increíblemente gracias al lodo. La gente moría por estrangulación y luego les cortaban el cuello. ¡Algo espantoso! —dijo Chris, entusiasmado.

El rostro de Dirk se iluminó solo de pensarlo.

—¡Es perfecto! ¡Absolutamente perfecto! Sois un genio, Christopher, un genio. Es obvio que no comparado conmigo, pero bastante bueno de todas las maneras. Para ser un chico humano. En fin, ¿dónde podemos encontrar una de esas momias?

—Hay una en el museo de Fetbury. Lo llaman el Hombre de Fetbury —dijo Chris.

—¿Fetbury?, ¿dónde está eso? —preguntó Dirk—. Por cierto, qué nombre más estúpido. Vosotros los humanos les ponéis nombres ridículos a los lugares, realmente lo hacéis. ¿Por qué no podéis llamarlo Féretry o algo así? Ya sabéis, el sitio donde se entierra a los muertos, de donde se levantan de nuevo para servir a sus malvados amos nigromantes…, en este caso, a mí. ¡Juó, jo, jo!

—Féretry. Vale, de acuerdo. Bueno, pues Féretry no está lejos. Podemos llegar en autobús o en tren sin problema —dijo Chris.

—Fantástico; iremos hoy por la tarde —dijo Dirk.

—No podemos; la fiesta de la iglesia de mi madre es esta tarde y tenemos que ir —dijo Chris.

—¡Nooooooo! —aulló Dirk.

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En aquel día funesto

Por los Nueve Infiernos, pero si están cubiertos de cieno y barro, cual inmundicia de mil años! —exclamó Dirk.

—¿Te refieres a las momias de los pantanos? —dijo Christopher.

—¡No!, ¡a esos repugnantes chicos humanos! Miradlos —dijo Dirk, señalando imperativamente con una mano.

Frente a ellos, en una gran zona de arena, jugaban varios chicos. Efectivamente, estaban bastante sucios, con la cara embadurnada de chocolate, con jirones de algodón de azúcar enredados en el pelo y la ropa manchada de refresco y cosas peores.

Dirk y Christopher estaban de pie detrás de un improvisado puesto de venta de mermeladas caseras, gelatinas y zumos, todo hecho por la madre de Chris, la vicaria Purejoie. Había otros puestos repartidos alrededor del área de juegos y todos vendían productos similares. Era la fiesta de la iglesia.

—Bah. Lo he dicho antes y volveré a decirlo: ¡son como una tribu de trasgos rebeldes! —dijo Dirk—. De hecho, sería más fácil controlar a los trasgos: una ejecución o dos y pronto todos estarían quietos y en posición de firmes.

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—¡No se puede ejecutar a los chicos! —protestó Chris.

—¿Por qué no?

Chris solo le lanzó una mirada. Dirk miró hacia arriba y suspiró.

—Está bien, supongo que no. Pero es una lástima.

—De todos modos, si se pudiera, ¡probablemente tú serías el primero! —dijo Chris.

—¡Ja! Estáis en lo cierto. Ahora, como la Voz de Dirk y mi consejero más cercano, ¿cuál creéis que debería ser nuestro plan para asaltar el Museo de los Muertos y Enterrados?

—¿Asaltar? Vamos, Dirk, ¡no podemos atacar el lugar! Y en todo caso, ¿quién lo haría?, ¿tú y yo? ¿Armados con qué?, ¿con bolis y cuadernos de instituto?

Dirk entrecerró los ojos. ¿Sarcasmo? ¿Acaso se estaba burlando de él? Estaba a punto de reprender a Christopher cuando descubrió un objeto en el cielo. Un globo enorme con una gran cesta llena de humanos que colgaba debajo pasó flotando tranquilamente. Dirk se quedó mirando hacia arriba, fascinado, y se olvidó por completo de los irrespetuosos comentarios de Christopher.

—¿Qué hace que esos globos puedan flotar, Christopher? —preguntó.

—¿Qué? —preguntó Chris siguiendo la dirección de la mirada de Dirk—. Ah, te refieres a los globos aerostáticos. Creo que el helio.

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—Conque helio, ¿eh? —dijo Dirk—. Interesante. Imaginaos: unos cuantos centenares de esos globos con, digamos, una tripulación de trasgos (trasgos de verdad, no esos insignificantes chicos humanos). Podrían dejar caer cosas; dardos, bombas y piedras. ¡Acabarían con las huestes de Hasdruban!, ¿no creéis? Hay tantas cosas que yo podría hacer con la tecnología de la Tierra… ¡si tan solo pudiera volver a casa!

—No es fácil construirlos —advirtió Chris.

—Cierto, pero sería mucho más sencillo que pilotar uno de vuestros aviones a reacción o tanques movidos por petróleo o lo que sea que los mueva —dijo Dirk.

En ese momento, su vecina, una amable anciana llamada señora Morris, pasó por allí con una bandeja.

—¡Roscas!, ¡deliciosas roscas!, ¡tres roscas por una libra! —anunció.

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—¡Roscas! Me encantan las roscas, especialmente las suyas —dijo Chris olvidándose de los planes de construir globos aerostáticos tripulados por trasgos o de irrumpir en el Museo Arqueológico de Fetbury—. ¿Quieres una, Dirk?

Dirk frunció el ceño.

—¿Rocas? ¿Por qué querría yo comer piedras? Aguardad, ¡oh!, ¡ya entiendo! Podemos usar las rocas como proyectiles para destrozar una ventana del museo y colarnos de esa manera. O mejor aún, ¡utilizarlos como munición para nuestros globos de combate! A veces sois listo, Chris, de verdad.

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Chris soltó una carcajada.

—No, no, lerdo: no son rocas; has escuchado mal. Son roscas…

Dirk lo interrumpió de forma brusca:

—¿Acabáis de llamarme «lerdo»? ¿Qué es eso de «lerdo»? —dijo secamente, sin estar seguro de si debía enfadarse o no.

Chris parpadeó. Lo último que necesitaba era que Dirk se cogiese uno de sus berrinches.

—Humm…, eeeeh…, lerdo es como… co-como…

Dirk entrecerró los ojos una vez más. Chris se estaba volviendo muy irrespetuoso últimamente. Si por lo menos pudiera lanzarle uno de sus conjuros, ¡eso lo pondría en su sitio! Nada demasiado cruel, pero sí algo que le recordase quién era el jefe. Quizá la maldición de Obesidad Inmovilizante. Si es que funcionaba en este mundo…

Chris tuvo una idea y se apresuró a decir:

—Es un título antiguo, histórico. Como el Lord Lerdo. Un título para los embajadores extranjeros y gente parecida que visitaba Inglaterra en la antigüedad.

Dirk parpadeó, casi convencido.

—Sí, como un título cortesano —continuó Chris—. Enrique VIII se lo otorgó al embajador francés. No, en serio, lo hizo; lo leí en clase de Historia. Pensé que te gustaría el título: Lord Lerdo, como vienes de una tierra extranjera…

Dirk asintió, comprando la moto.

—… y merezco respeto —agregó completando la frase de Christopher. Este asintió, moviendo la cabeza con entusiasmo—. Vale. Lord Lerdo. Hummm, suena bien. Bueno, Christopher, adquirid, pues, vuestras roscas. Veamos a qué saben; ¡supongo que serán crujientes!, ¡ja, ja!

Chris se dio la vuelta con una expresión de alivio en el rostro. Momentos después ambos mordisqueaban una rosca.

—¡Deliciosa! —dijo Dirk—. Ahora volvamos al asunto del rescate de Sooz, es decir: cómo entrar en el museo.

—¿No puedes usar el conjuro de la Mano Siniestra? —sugirió Chris.

Dirk hizo una mueca.

—Podría, pero no es un hechizo que uno deba usar muy a menudo. Existen riesgos. Y yo ya lo he utilizado más de lo que debería.

Dirk recordó la última vez que había recurrido al conjuro para desprenderse de su mano izquierda y enviarla por su cuenta a robar unos informes en blanco para darle al tirano director Grousammer una desagradable sorpresa.

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—De todas maneras, es la solución más fácil. Entra reptando, sale reptando, y no genera problemas. Y no tenemos mucho tiempo. Tenemos que pensar en Sooz y su situación.

En la frente de Dirk se dibujaron unas arrugas mientras pensaba. Luego asintió.

—No, Christopher, tenéis razón. No puedo darme el lujo de pensar en mi seguridad. Hay que asumir algunos riesgos. Sooz tiene problemas y debemos hacer lo que debemos hacer. Lo haré, esta noche, mientras vos y vuestros padres duermen.

—De acuerdo, suena como un plan. Avísame si hay algo más que yo pueda hacer —dijo Chris.

—No lo creo, Christopher, pero gracias por el ofrecimiento —respondió Dirk.

—Quisiera un frasco de esa mermelada de ciruela casera —dijo una voz. Ambos alzaron la vista. Un hombre de mediana edad estaba de pie ante el puesto, señalando los frascos de mermelada. A su lado, agarrado a su mano, había un niño de unos siete años.

—¡Me encanta la mermelada de ciruela! —dijo el niñito.

Chris y Dirk se quedaron mirándolos por un momento con la mente todavía llena de hechizos, conjuros e ideas sobre cómo robar un fragmento de un cadáver de dos mil quinientos años de antigüedad.

Christopher le dio un ligero codazo a Dirk.

—Hummm…, ¿cómo dice? —preguntó Dirk—. ¡Ah, sí! Sí, claro, por supuesto, señor. Es una libra con cincuenta.

Dirk le entregó el frasco.

—Todas las ganancias se destinan a obras de caridad —explicó, pero luego no pudo contenerse y añadió—: ¡Inútilmente, por supuesto! ¿Por qué regalar dinero? Bah, invierta en mejores causas; por ejemplo, las mías: ¡levantar un ejército!, ¡conquistar el mundo! No habrá necesidad de caridad cuando yo esté al mando, ¡oh, no!

Christopher se dio la vuelta tratando de no reírse a carcajadas mientras el hombre se quedaba mirando a Dirk como si estuviese loco. Luego, Dirk le sonrió y él literalmente retrocedió espantado.

Dirk parpadeó mientras el hombre se alejaba apresurado. Se dio cuenta de que quizás había sonado un poco… raro…, así que trató de arreglar las cosas.

—¡Disfrutad la mermelada, lerdo! —le gritó al hombre lo más fuerte que pudo.

Varios adultos se volvieron a mirarlo, incluida la señora Purejoie. Al ver a Dirk, sus hombros se desplomaron y se llevó con desesperación una mano a la cabeza. Entre tanto, Chris se doblaba de la risa sin poder evitarlo.

—¿Qué? —preguntó Dirk—, ¿qué?

9 de octubre las-almas-del-purgatorio

Anoche me despertó un extraño sonido en mi ventana. Tap-tap, tap-tap, tap-tap. Por un momento me asaltó el temor y mi débil cuerpo reaccionó como lo haría el de cualquier insignificante chico humano. Pero entonces recordé quién era en realidad y la determinación se adueñó de mi corazón…

Fuera lo que fuese lo que producía aquel sonido, sería él quien se llenaría de pavor, porque yo soy el Gran Dirk, ¡el Señor de la Oscuridad! Así que abrí las cortinas de un tirón.

Y ahí, picoteando el marco de la ventana, había un pájaro.
No era cualquier clase de pájaro, era un cuervo negro. Negro como la noche más oscura. Sus plumas estaban cubiertas por una especie de lustre aceitoso y sus ojos, rojos como el fuego, brillaban torvamente. Qué hermoso era. Al verme, el ave graznó; ¡oh, cuán dulce era aquel canto desolado que hacía eco en la callada noche como el lamento de un alma perdida, condenada para siempre a vagar en las profundidades del mismísimo infierno!

Abrí la ventana. Con otro graznido atormentado, el cuervo saltó dentro… y luego a mi hombro. Creo que he encontrado un nuevo amigo.

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10 de octubre las-almas-del-purgatorio

He conseguido determinar qué clase de pájaro es. Se trata de un Cuervo de Tormenta Negra, que por lo general solo se encuentra en las Tierras Oscuras. Creo que sé qué ha oc

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