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He buscado la paz en todas partes, y no la he encontrado en ninguna, excepto en una esquina, con un libro. TOMÁS DE KEMPISCuando tengo ganas de relajarme leo un ensayo de Engels, si en cambio quiero mantenerme ocupado, leo a Corto Maltés. UMBERTO ECO
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A pico sobre un recodo del DANUBIO, en las cercanías de Melk, a´Un se yergue el bellísimo Stijt, monasterio varias veces restaurado a lo largo de los siglos.Fui hasta allí a finales de agosto de 1968, para buscar ALG´UN RASTRO de un antiguo manuscrito, NATURALMENTE. Se hablaba de él en un libro de puño y letra del abate Vallet...5
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El libro se titulaba “Le manuscript de Dom Adson de Melk, traduit en FRANÇAIS d’aprÈs l’édition de Dom J. Mabillon”, y fue a parar a mis manos en Praga, el 16 de agosto de 1968. Mientras esperaba a un amigo, casi lo traduje de un tirón en varios cuadernos de la Papeterie Joseph Gibert, en los que tan agradable es escribir con una pluma blanda.Seis días después las tropas soviéticas invadían la infortunada ciudad. Azarosamente logré cruzar la frontera austriaca en Linz...... De allí me dirigí a Viena, donde me reuní con la persona esperada, y juntos remontamos el curso del Danubio. Antes de llegar a Salzburgo, durante una trágica noche en un pequeño hostal a orillas del Mondsee...... La persona que me acompañaba desapareció, llevándose el libro del abate Vallet. Así quedé, con una serie de cuadernos manuscritos de mi puño y un gran vacío en el corazón. Probablemente seguiría a´Un preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk si no fuera porque, en 1970, en Buenos Aires, en las estanterías de una pequeña librería de viejo de Corrientes, tropecé con un librito de Milo Temesvar...Algunos meses después, en París, en la biblioteca Sainte Geneviève, encontré los “VETERAANALECTA” a los que se refería el abate Vallet. Es in´Util decir que no contenían ning´Un manuscrito de Adso o Adson de Melk.6
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... Se trataba de la traducción del original en lengua georgiana, hoy desaparecido, “Del uso de los espejos en el juego del ajedrez”, y en él encontré, para mi gran sorpresa, abundantes citas del manuscrito de Adso; sin embargo, la fuente no era Vallet, sino el padre Athanasius Kircher, aunque los episodios a los que se refería eran absolutamente análogos a los del manuscrito traducido por Vallet. Así pues, me siento libre de contar, por el mero placer de fabular, la historia de Adso de Melk, tan gloriosamente ajena a nuestro tiempo, porque es una historia sobre libro
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