Agatha Christie. Los cuadernos secretos

John Curran

Fragmento

Notas aclaratorias

Notas aclaratorias

He «arreglado» las notas originales de Agatha Christie en la mínima medida de lo posible. Cada una de las páginas de cada uno de los cuadernos está salpicada de guiones, corchetes y signos de interrogación; una frase completa es más la excepción que la regla. He suprimido algunas mayúsculas, así como paréntesis y guiones de inciso, pero sólo en aras de una mayor legibilidad. En algunos casos he hecho enmiendas en un párrafo en el que las palabras, separadas por medio de guiones, más bien formaban distintas frases. Todos los signos de interrogación que se conservan, así como los subrayados, las tachaduras, los signos de exclamación y los guiones, amén de algunos errores gramaticales, están igual que se encuentran en los cuadernos. Si he omitido algún pasaje dentro de los textos citados lo indico por medio de puntos suspensivos.

No he corregido ninguna peculiaridad ortográfica, sino que he optado por señalarlas con [sic].

Los corchetes se emplean para indicar aclaraciones o comentarios de tipo editorial.

Las fechas de publicación hacen referencia a la edición británica. Se han tomado en su mayor parte de los catálogos de la época que se conservan en los archivos de Collins. Tradicionalmente, los títulos de la serie «El Club del Crimen» se publicaban el primer lunes de cada mes; en los contados casos en los que no se dispone de la fecha real de manera fehaciente, me he basado en esta directriz.

A lo largo de todo este libro he vuelto a hacer uso del título Diez negritos, en vez del que hoy se tiene por más políticamente correcto: Y no quedó ninguno. En este aspecto sigo con escrupulosa fidelidad tanto los cuadernos como el libro tal como se publicó con el visto bueno de Christie en noviembre de 1939.

Al comienzo de cada capítulo he incluido una lista de títulos cuyas soluciones se revelan en el capítulo correspondiente. Desde el comienzo supe que era imposible comentar un título de manera inteligente, o bien compararlo con la versión contenida en los cuadernos, sin desvelar algunos de los finales, y, de todos modos, en muchos de los casos en las notas aparece el nombre esencial o el mecanismo crucial de la trama. La implacable creatividad de que hace gala Christie cuando decide quién es el asesino forma parte consustancial de su genio, y tratar de evitarla por medio de rodeos diversos o de ambiguos ejercicios de gimnasia verbal es un empeño con el que no se le puede hacer justicia.

Al decidir qué títulos incluir y qué otros omitir, he renunciado con toda intención a un listado alfabético o cronológico. El primero carece de sentido en el contexto de este libro; el segundo dio por resultado que todos los títulos clásicos apareciesen juntos en los años de madurez, en los años centrales de la trayectoria de Christie. Opté en cambio por una disposición temática, dotándola por consiguiente de variedad al mismo tiempo que me sirve de ilustración del modo en que Christie explotaba un determinado motivo. El agrupamiento de títulos por categorías es un tanto arbitrario. Algunos títulos podrían corresponderse con varios encabezamientos: por ejemplo, Misterio en el Caribe podría aparecer en el epígrafe titulado «Vacaciones de misterio» o en el que reza «Asesinato en el extranjero»; Cinco cerditos podría encajar perfectamente en «Canciones de cuna y muerte» y también en el apartado que titulo «Asesinato en retrospectiva». Los he seleccionado y los he clasificado procurando tener en cuenta la variedad y el equilibrio.

Son relativamente pocas las novelas cortas de las que se conservan notas detalladas. He escogido aquellas de las que tenemos notas suficientes para que la inclusión de las mismas realmente valga la pena.

En un libro de estas dimensiones no es posible dar cabida a todos los títulos, por lo que en caso de que esté ausente el preferido del lector es mi deber pedirle disculpas; tengo la esperanza de poder remediar esta circunstancia en una posterior edición ampliada.

Es importante que los lectores reparen en que los cuadernos no están disponibles para su consulta. Es de esperar, sin embargo, que en unos cuantos años se conceda acceso restringido a los mismos, cosa que en la actualidad no es posible.

Prólogo Mathew Prichard
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