El santuario (Crónicas Vampíricas 9)

Anne Rice

Fragmento

 

 

 

 

 

 

Dedicado a mi hijo,

Christopher Rice

 

 

 

 

 

 

Pasaron mis días entre quejas,

se quebraron los deseos de mi corazón:

los que convierten la noche en día

y cambian la luz en tinieblas.

¿Qué puedo esperar? El sˇeol es mi morada,

en las tinieblas extiendo mi lecho.

Dije al sepulcro: «¡Tú eres mi padre!»,

y a los gusanos: «¡Sois mi madre y mis hermanos!»

¿Dónde estará mi esperanza?

Y mi dicha, ¿quién la verá?

¿Bajarán conmigo al sˇeol?

¿Nos hundiremos juntos en el polvo?

 

Job 17:11-16

 

Contenido

Créditos

Portadilla

Dedicatoria

Cita

 

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Lestat:

Si encuentras esta carta en tu casa de la Rue Royale (y espero sinceramente que la encuentres) comprenderás de inmediato que he quebrantado tus reglas.

Sé que Nueva Orleans está vedada a los buscadores de sangre, y que estás dispuesto a destruir a los que se aventuren allí. A diferencia de muchos invasores díscolos a los que ya has despachado, comprendo tus motivos. No quieres que nos vean los miembros de Talamasca. No quieres entablar una guerra con la venerable orden de los detectives clarividentes, por el bien de ellos y el nuestro.

Pero por favor, te ruego que antes de que vengas por mí, leas estas líneas.

Me llamo Quinn. Tengo veintidós años y soy un buscador de sangre, según dice mi creador, desde hace poco menos de un año. Soy huérfano, al menos así me siento, y acudo a ti en busca de ayuda.

Pero antes de exponerte mi caso, te ruego que comprendas que conozco a los de Talamasca, que los conocí antes de que se me concediera la sangre oscura, conozco su inherente bondad y su legendaria neutralidad con respecto a todo lo sobrenatural, y me he esforzado en esquivarlos para dejar esta carta en tu apartamento.

Sé que vigilas Nueva Orleans por vía telepática. Y no tengo ninguna duda de que hallarás esta carta.

Si decides liquidarme rápidamente por mi desobediencia, prométeme que harás cuanto puedas por destruir al espíritu que me acompaña desde que yo era niño. Esta criatura, una réplica de mí que ha crecido conmigo desde que tengo uso de razón, actualmente representa un peligro para los humanos y para mí mismo.

Permíteme que te lo explique.

De niño llamé a este espíritu Goblin, que significa «duende», mucho antes de que nadie me relatara cuentos infantiles y de hadas en los que aparecía esa palabra. Ignoro si ese nombre proviene del propio espíritu. El caso es que cuando deseaba llamarlo, no tenía más que pronunciar esa palabra. Muchas veces Goblin acudía espontáneamente y no lograba deshacerme de él. Otras, ha sido el único amigo que he tenido. A lo largo de los años se ha convertido en una presencia constante a mi lado, madurando al tiempo que yo maduraba y perfeccionando su habilidad de transmitirme sus deseos. Puede decirse que yo he fortalecido y moldeado a Goblin, creando involuntariamente al monstruo en el que se ha convertido.

Lo cierto es que no imagino la existencia sin Goblin. Pero debo hacerlo. Debo aniquilar a Goblin antes de que se transforme en algo que yo no pueda controlar.

¿Por qué califico de monstruo este ser que hasta hace poco fue mi único compañero de juegos? La respuesta es bien sencilla. Durante los meses que han transcurrido desde que me convertí en un buscador de sangre (sin que yo pudiera hacer nada para impedirlo, te lo aseguro), Goblin ha adquirido también el deseo de beber sangre. Cada vez que me alimento, me abraza y succiona la sangre que he ingerido a través de un millar de minúsculas heridas, lo cual refuerza su imagen y confiere a su presencia una suave fragancia que antes no poseía. Con el paso de los meses se hace más fuerte y sus ataques contra mi persona son más prolongados.

No consigo quitármelo de encima.

No te sorprenderá si te digo que esos ataques me resultan vagamente gratos, aunque no tanto como alimentarme de una víctima humana, pero me producen un leve e innegable estremecimiento orgásmico.&

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