Sin dieta para siempre

Gabriela Uriarte

Fragmento

cap-2

Antes de tirar la báscula por la ventana, deja que explique cuál es el problema. En la actualidad, en España, uno de cada dos adultos no tiene un peso saludable. La obesidad se considera la epidemia del siglo XXI y, por desgracia, los índices de obesidad en la población no paran de aumentar. Lo preocupante del sobrepeso y la obesidad es que son dos factores de riesgo que contribuyen al desarrollo de múltiples dolencias, como las enfermedades metabólicas, las cardiovasculares o renales, el cáncer, etc. Estas son algunas de las causas de muerte más comunes en la actualidad y, en un alto porcentaje, podrían prevenirse con una buena alimentación.

La obesidad es una enfermedad multifactorial, es decir, influyen en ella muchos aspectos de nuestra vida, por ejemplo: la actividad física, la calidad del sueño, los medicamentos, la genética... Sin embargo, la alimentación constituye un factor determinante en su prevención o desarrollo. Todo depende de qué elecciones tomemos a la hora de comer y cómo decidamos vivir.

¿QUIÉN TIENE SOBREPESO HOY EN DÍA?

Existe la creencia de que el obeso lo es porque quiere, por lo general por falta de voluntad o de disciplina… Es verdad que una persona con obesidad debe tener voluntad para conseguir bajar de peso, pero el problema va mucho más allá, es mucho más complejo. Los consejos del tipo «come menos y muévete más» son crueles e ineficaces y resumen el estigma social asociado a esta enfermedad.

Cada año hay más personas con obesidad y no se debe a que la gente tenga menos fuerza de voluntad, sino a un gran conjunto de factores, entre ellos el ambiente obesogénico, los intereses socioeconómicos de la industria de los ultraprocesados y la ausencia de dietistas-nutricionistas en el sistema de sanidad pública.

EL AMBIENTE OBESOGÉNICO

Algo que a priori debería ser sencillo y natural para nosotros, como es comer, se complica muchísimo en el entorno en el que vivimos: un entorno obesogénico.

El ambiente o entorno obesogénico incluye todos los factores externos que nos rodean y que incentivan comportamientos que en último término nos hacen ganar grasa. Los factores principales que conforman este entorno son:

1. Las malas elecciones alimentarias:

un aumento brutal de la oferta de ultraprocesados y la falta de información sobre su nocividad, sumados a la publicidad y el bajo precio de la comida basura.

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2. La vida social:

que normaliza las comilonas y el consumo de alcohol.

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3. El estrés crónico de bajo grado:

es la guinda del pastel y la mayoría lo experimentamos de forma habitual.

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4. El sedentarismo:

las nuevas tecnologías, el uso de medios de transporte en lugar de desplazarnos a pie, las interminables horas de oficina sentados en una silla.

Para generar un minientorno más saludable y seguro dentro del ambiente obesogénico, en el que podamos alimentarnos adecuadamente, es de vital importancia gestionar bien estas variables.

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EL PROBLEMA SOCIAL

La epidemia de la obesidad tiene un componente social muy importante en España, que se mezcla con intereses económicos: asociaciones de salud que avalan productos ultraprocesados a cambio de dinero; universidades que forman a sanitarios y ceden o venden sus espacios para cátedras de la industria alimentaria; deportistas y referentes de los más jóvenes, que publicitan alimentos insanos; comida basura a precios demasiado asequibles.

Por último, cada año se forman dietistas-nutricionistas por todo el país en universidades públicas, y todo ese conocimiento, financiado con dinero público, no revierte directamente en nuestra sanidad porque no están incluidos en el sistema público de salud. En la actualidad, quien quiera recurrir a un dietista-nutricionista, tiene que ir a una consulta privada. Esto agrava el problema en los estratos socioeconómicos más bajos, en los que existe más sobrepeso y obesidad. La educación alimentaria, saber cómo comer para no enfermar, debería ser un derecho, no un privilegio.

Nuestro entorno está enfermándonos y haciéndonos engordar, pero por suerte podemos tomar las riendas y cambiar el rumbo de nuestra salud: no fumar, no beber alcohol, hacer ejercicio, consumir buenos alimentos, tener buenas relaciones con los demás y con nosotros mismos, cuidar la salud mental e intentar mantener el estrés a raya constituyen la fórmula para vivir el mayor número de años disfrutando de la mejor calidad de vida posible.

El objetivo número uno que deberían perseguir las políticas de sanidad es que nadie llegue a ser obeso. Se piensa erróneamente que un obeso que ha conseguido bajar de grasa lo suficiente hasta alcanzar un peso sano debe tener las mismas precauciones y consideraciones que una persona que nunca ha padecido obesidad, pero nada más lejos de la realidad: hay que trabajar con una perspectiva de tratamiento parecida a la de las enfermedades crónicas, con control periódico y parámetros de alerta. Estadísticamente, el porcentaje de personas que consiguen mantener el peso es muy pequeño, esto se debe a que no han cambiado de hábitos, simplemente han perdido peso. Por lo tanto, las dietas fallan, y la inmensa mayoría de las personas a dieta recupera el peso perdido.

Si nunca hemos tenido sobrepeso, si lo tenemos actualmente o si lo tuvimos, es importante que aprendamos a comer bien para vivir el mayor número de años con salud.

Aunque nuestro entorno no evolucione, podemos introducir pequeños cambios en nuestros hogares para tener una vida más sana. El propósito de este libro es dar las claves para llevar a cabo estos cambios.

EL PESO

Todos nos hemos preocupado alguna vez por el número que nos proporciona la báscula. Esto es normal, ya que el parámetro más extendido para diagnosticar el sobrepeso es el IMC o índice de masa corporal (kg/m2): en adultos, tener un IMC mayor de 25 se clasifica como sobrepeso, y mayor de 30 como obesidad. Este parámetro de criba es útil porque se necesitan muy pocos datos para conseguir una aproximación al estado corporal de la persona. Sin embargo, no es suficiente para diagnosticar el sobrepeso, ya que dos personas con el mismo IMC pueden tener porcentajes de grasa muy diferentes.

Hay que tener en cuenta que el peso corporal es la suma de todas las masas del cuerpo: masa magra, masa grasa, masa ósea; además de los órganos, el contenido del estómago y los intestinos… Así que el peso puede fluctuar muchísimo dependiendo de cuándo y cómo se haga la medición. Por ejemplo, el peso de una persona puede aumentar 2 o 3 kilos entre la medición de la mañana y la de la noche. Tener como único marcador de éxito el peso es bastante impreciso.

Si el propósito es mejorar la alimentación y, en consecuencia, el estado de salud y la composición corporal, lo mejor es tomar el peso como uno de los marcadores

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