Conocer y respetar los ritmos en la infancia: cada niño es único y diferente
Muerdelibros 3 min.

Conocer y respetar los ritmos en la infancia: cada niño es único y diferente

¿Todos maduramos al mismo ritmo? ¿Se puede forzar el proceso de maduración de cada uno? Dentro de un patrón que va a darse con seguridad, pero antes o después, ¿es necesario adelantarlo, precipitarlo o forzarlo?

Sigue leyendo para conocer los consejos de Alejandra Melús que te permitirán respetar los tiempos de tus hijos a la hora de crecer y desarrollarse socialmente. 

ALEJANDRA MELÚS

Experta en atención temprana y primera infancia
@melusalejandra

Hay hitos del desarrollo evolutivo de la niña y del niño que son madurativos, es decir, que no dependen del aprendizaje, la práctica o el estímulo que reciben, sino de la capacidad innata de cada uno y de su madurez cerebral, neuronal, motora, emocional o de autonomía personal.

Eso sucede con acontecimientos tan significativos como el gateo, la marcha (caminar), el control de esfínteres o la lectoescritura.

Todos ellos son hitos madurativos que el ser humano no puede forzar o adelantar a su momento de aparición, sino que son varios los factores que tienen que suceder para que acontezcan. 

Hay aspectos del desarrollo de los niños que nos empeñamos en que se den en una edad u otra, centrándonos únicamente en eso, en una cifra exacta en lugar de la individualidad que supone la edad para cada ser humano. Es decir, ¿por qué tratamos de generalizar en algo tan importante como es el desarrollo de las capacidades del ser humano? ¿Quién es capaz de medir la madurez del niño si cada uno es único y distinto?

Es común y lógico que tratemos de dar unas edades orientativas para realizar según qué cosas y adquirir algunos hitos del desarrollo, ya que hay aspectos que si se dan antes o después de las edades estipuladas pueden determinar un desarrollo precoz o tardío del desarrollo normoevolutivo del niño.

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La madurez del niño es clave en su desarrollo

La realidad es que la maduración de cada aprendizaje se da en un momento concreto y, aunque podemos poner medios y herramientas al alcance del niño para impulsar o estimular algunos patrones, es necesario que surjan otros aspectos que no tienen nada que ver con el aprendizaje en sí, sino con su maduración cerebral, neuronal, muscular o emocional.

En el caso del gateo, por ejemplo, el bebé habrá tenido que fortalecer la musculatura del tronco, del cuello y de los miembros superiores e inferiores para poder iniciar el movimiento de gateo. 

Para gatear, su sistema nervioso central debe estar preparado, su cerebro debe haber desarrollado el patrón cruzado para ejercer dicho movimiento y debe haber motivación intrínseca para querer desplazarse por el entorno que le rodea.

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Son varios los mecanismos que deben ponerse en marcha para desencadenar dichos hitos y no solo es necesaria la práctica, sino que la capacidad innata y la madurez de cada niño o niña es fundamental a la hora de llevar a cabo estos aspectos del desarrollo.

Lo mismo sucede con la marcha. Cuando el cerebro no está preparado, o no lo están los músculos implicados en una actividad como caminar, no podemos forzarles a que maduren de un día para otro.

Es beneficioso poner a su alcance un espacio preparado, libre de obstáculos, pensado para niños y niñas, que tenga, por ejemplo, juguetes sobre las mesas u otros objetos en altura que le motiven a ponerse de pie o a iniciar la marcha. Pero si su sistema nervioso no está maduro, si no existen las conexiones neuronales necesarias, si no hay una motivación propia del niño o sus músculos no están preparados, no podemos obligarle a llevarlo a cabo ni poner todo el foco sobre su culpa o sus ganas a la hora de realizar algo.

Tendemos a creer que el niño que no lo hace cuando normalmente «toca» es porque es vago o caprichoso, en lugar de creer y comprender que no está maduro para ello y necesita más tiempo, práctica y motivación.

El control de esfínteres como ejemplo

El control de esfínteres supone un gran esfuerzo al ser humano, ya que conlleva la participación de muchas áreas del desarrollo. 

Con la llegada del calor se suele proponer a muchas familias que inicien el control de esfínteres. Es curioso que simplemente se ponga el foco en la estación del año y el calor y no en el desarrollo evolutivo de cada niño y niña.

Con toda la información de calidad que tenemos a nuestro alcance sobre este tema, seguimos enfrentándonos a la recomendación general de acudir al primer año de educación infantil sin pañal, sin respetar el ritmo individual de cada niño o niña, sin ir más allá de la generalidad y el pensamiento adultista.

No nos paramos a pensar en todo lo que el control de esfínteres supone para un niño y su desarrollo, ya que no es él quien elige el momento para comenzar este proceso ni el que se niega a dar el paso.

Se trata de un proceso de madurez en el que interviene la maduración del sistema nervioso central, la maduración hormonal (hormona antidiurética), el desarrollo del cerebro, las conexiones neuronales, la madurez muscular (en este caso, de los músculos del suelo pélvico), su madurez emocional o su autonomía, entre otros muchos aspectos.

Podemos hacerle practicar o incluso podemos tratar de adelantar el proceso, haciendo que la niña o el niño se siente cada poco tiempo en el orinal y quitándole el pañal sin haber mostrado signos de madurez, pero si realmente esperamos a su momento adecuado, al que marque su cuerpo, su cerebro, sus emociones, no al que marque el tiempo, el resto de niños o la escuela, llevará a cabo por sí mismo este hito de una manera sencilla, rápida y feliz.

En cambio, si forzamos y adelantamos estos aprendizajes, podemos retrasarlos en el tiempo, alargarlos y provocar una negación o rechazo del niño hacia ellos.

Solo debemos esperar al momento del niño, a ese momento idóneo en el que todo se conecte y armonice entre sí para llevar a cabo un nuevo hito.

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También es importante que destaquemos la importancia de un ambiente preparado para niños, que sí influirá en la predisposición del niño y en la estimulación que reciba para llevar a cabo nuevos aprendizajes.

Es decir, un niño que se rodea de un ambiente propicio para su edad y su desarrollo evolutivo encontrará más sencillo alcanzar los aprendizajes propios de su edad que un niño que no está rodeado de un entorno favorecedor.

La estimulación es necesaria en muchos aspectos de la infancia, y no seré yo quien diga lo contrario, pero hay elementos madurativos que no podemos adelantar ni debemos forzar, ya que un aprendizaje que puede adquirir el niño de manera espontánea y autónoma puede que se acabe alargando en el tiempo, se retrase o incluso que el niño lo acabe rechazando.

Debemos saber acompañar todos estos procesos de manera paciente y respetando siempre el ritmo de cada niño y niña con calma y transmitiendo seguridad.

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