Uno de los hándicaps que normalmente perjudicaban al cómic y la novela gráfica a ojos de padres y madres (y también de docentes) era la escasez de texto en comparación con una novela infantil. Sin embargo, lo que parece una desventaja podría ser justo todo lo contrario: y es que el poco texto hace que su lectura sea mucho más ágil y que los niños y niñas los acaben con mayor rapidez, demandando nuevos títulos que cada vez pueden ser más complejos e, incluso, incluir más texto.

En ese sentido, los cómics y las novelas gráficas son un puente fantástico entre el álbum ilustrado y la novela infantil. Sin ese puente, el tránsito entre los álbumes, en los que la imagen tiene el peso de la historia, y las novelas, en las que ese peso recae en el texto, es difícil de asimilar para muchos niños y niñas, que se podrían quedar por el camino. Con los cómics y novelas gráficas, sin embargo, se les facilita ese tránsito, se les ofrece una herramienta que se encuentra a medio camino entre unos y otras (más cerca de álbumes o novelas según la complejidad y el nivel de texto del cómic en cuestión). Es decir, que los cómics, a su manera, son un empujón para que luego los pequeños, sin necesidad de abandonar este género, busquen y acepten con el tiempo libros cada vez más complejos en los que el texto adquiere gran parte del protagonismo.
No deja de ser un proceso lógico. ¿Podría un niño aprender a multiplicar sin saber sumar y restar? Seguramente sí, pero todo es mucho más fácil si antes ha ido construyendo una base sólida y creando puentes entre otras operaciones matemáticas más sencillas. Lo mismo ocurre con la literatura. ¿Puede un niño o niña amar las novelas y leerlas con fruición sin haber leído antes álbumes ilustrados y cómics? Sí, por supuesto que sí, pero estoy seguro que le será mucho más fácil llegar a amar la lectura, en general, independientemente del género, si desde pequeño ha ido sentando unas bases, disfrutando de unos géneros que, de forma lógica y secuencial, le han ido acercando a otros más complejos. Y ahí, en esa lógica, el cómic y la novela gráfica adquieren un protagonismo y una importancia fundamentales.
