Los valores de la Navidad
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Los valores de la Navidad

Con la Navidad ya muy cerca, es importante tomar conciencia del aluvión de estímulos, sensaciones y experiencias que viven los niños y niñas durante estos días.

Sigue leyendo este blog de Alejandra Melús y refresca algunos de los valores que en estas fechas se hacen más presentes.

ALEJANDRA MELÚS

Experta en Atención Temprana y primera infancia

@melusalejandra

Con la Navidad ya muy presente, es importante tomar conciencia del aluvión de estímulos, sensaciones y experiencias que viven los niños y niñas en estas fechas.

Durante estas semanas, haremos planes en familia y con amigos, visitaremos mercadillos navideños, iremos a ver las luces de las calles o a comer a sitios especiales, y todo ello llenará nuestras fiestas navideñas proporcionándonos unos recuerdos maravillosos que atesoraremos para siempre. 

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Las tradiciones navideñas forman parte de cada familia. Todas ellas dependen de la cultura o creencias religiosas, del entorno en el que vivamos o de las propias costumbres que ya nos acompañaron en nuestra infancia y que seguimos manteniendo generación tras generación.

Todas estas experiencias y vivencias propias de estas fechas nos ofrecen momentos y oportunidades de aprendizaje únicos, ya que gracias a todos ellos podemos sembrar valores que nos acompañen durante toda nuestra vida.

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¿Cuáles son los valores que podemos transmitir a nuestros hijos e hijas durante la Navidad?

La solidaridad. Ser solidarios es un aprendizaje maravilloso. La mayor parte de la población afirma que se siente mejor regalando que recibiendo regalos, por lo que la solidaridad es una oportunidad para potenciar este sentimiento tan especial. Saber compartir con los demás aquello que tenemos, cuidando con detalle lo que vamos a ofrecer a otros, aprendiendo a ponernos en la piel del que recibe para preparar con mimo lo que vamos a donar, es un ritual muy especial que nos proporciona grandes sentimientos de colaboración, ayuda, empatía y generosidad. Con este sentimiento percibimos que somos útiles, se afianza nuestro sentido de pertenencia y además nos sentimos felices y satisfechos.

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Ser ejemplo. La Navidad es el momento ideal para ser el espejo en el que nuestros niños y niñas se reflejen. Durante todo el año debemos predicar con el ejemplo, pero durante estos días familiares, llenos de ocasiones de celebración, cuando nos reunimos en comidas o cenas con la familia y con quienes más queremos, tenemos una oportunidad maravillosa para resaltar todo lo que llevamos sembrando durante el año. Se trata de brindar la mejor versión de nosotros mismos, recordando la importancia de ofrecer un modelo en el que nos gustaría que se reflejaran nuestros hijos, tanto hoy como en el futuro. Sin necesidad de cargar con la presión o la culpa que eso puede conllevar, pero sí con la responsabilidad y la conciencia de tratar de sacar nuestra mejor versión.

La empatía. Este valor está cada vez más presente en nuestra sociedad. Los niños y las niñas reciben este aprendizaje en su educación con más fuerza y ​​valor cada día. Se trata de saber ponernos en la piel del otro, tratando de sentir y percibir como el otro lo hace, y no como nosotros lo haríamos en su situación. Esa es la verdadera empatía, aquella que se ofrece y se entrega de lleno al otro, sin pensar en uno mismo. De igual modo debemos hacer a la hora de regalar, ya que es importante conocer al otro y respetar sus gustos, aunque no sean afines a los nuestros. El hecho de regalar debe estar ligado al acto de proporcionar alegría y satisfacción al otro y no a uno mismo.

La generosidad. En estas fechas las oportunidades de ser generoso se multiplican. Podemos compartir aquello que no necesitamos y está en buen estado con otros, llevar mantas a albergues, colaborar con una campaña de alimentos, donar un juguete, llevar materiales a centros de acogida, y todo ello siempre haciendo muy consciente a los niños de la felicidad que nos aporta a todos ser generosos. Es muy importante que les hagamos partícipes desde pequeños y que colaboren en estas acciones con nosotros para que tomen conciencia y se empapen de estos sentimientos.

El cariño. Debemos potenciar el amor hacia la familia, hacia nuestros mayores, hacia quienes más nos necesitan. Podemos practicar la generosidad y la solidaridad ayudando a nuestros abuelos, llevándoles a ver un belén, llamándoles a través de una videollamada, comprándoles algo que sabemos que necesitan, merendando con ellos de manera tranquila, recordando anécdotas de nuestra infancia, o buscar el momento para visitar a ese ser querido que hace mucho que no vemos, favoreciendo los lazos familiares, el sentimiento de pertenencia y de tribu.

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La paciencia. Esperar a que lleguen las fechas más señaladas es un ejercicio de paciencia. El calendario de adviento, la llegada de los Reyes Magos, todo son oportunidades maravillosas para trabajar la espera, la conciencia temporal y la atención.

La amabilidad. Un día al levantarnos podemos proponernos el juego de la amabilidad, que consiste en ser más amables de lo que habitualmente somos, ya que siempre se puede mejorar. Por ejemplo, pediremos las cosas por favor y daremos las gracias, no solo en la calle, sino también en casa con nuestra familia; sabremos esperar más calmados si no es nuestro turno, o si la comida tarda más en hacerse, o si nuestro hijo no se duerme a la primera; practicaremos la sonrisa, los gestos de afecto y cariño, buscando recuperar el agradecimiento a lo más cotidiano. Así, trataremos de valorar lo que tenemos en nuestro día a día, sin darlo todo por hecho.

La escucha. A veces tendemos a querer contar y decir todo lo que hemos hecho en el día, o damos más valor a lo que nosotros tenemos que contar y practicamos la escucha menos de lo que deberíamos. Un ejercicio fabuloso puede ser el de tratar de preguntar al otro cómo se siente, qué es lo que más le ha gustado de su día, o lo que menos, y escucharle con atención plena y consciente, sin estar pensando en nada más, ni siquiera en lo que vamos a contestarle, solo escuchando con todos nuestros sentidos, mirando sus gestos y prestando atención a cómo se siente y lo que nos cuenta con su voz y su cuerpo.

Recuperar tradiciones y generar recuerdos de infancia. Visitar juntos los belenes del barrio, ir a llevar dulces navideños a quienes queramos, mandar postales para felicitar las fiestas a amigos y familiares aprovechando para escribirles algunas palabras bonitas, poner juntos la decoración navideña, comprar un adorno nuevo cada año para colgar en el árbol de Navidad… cualquier cosa que se nos ocurra y ayude a crear recuerdos y tradiciones familiares ayudará a sembrar nuevos valores en todos los miembros de la familia, que serán únicos y especiales de esta.

Libros que enseñan valores para integrar en el día a día

El tigre que vino a cenar. El cuarto libro de la saga de La ovejita que vino a cenar  habla sobre amistad, generosidad y diversidad.

La joya interior, de Anna Llenas. Un cuento que trata sobre la capacidad intrínseca de cada uno, sus propios valores y habilidades.

Gran Panda y Pequeño Dragón. Un relato maravilloso sobre la adversidad, la importancia de la compañía y del camino y no tanto la meta.

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La fuente escondida, de Míriam Tirado, habla de la energía y capacidad especial y exclusiva de cada uno. Lo que nos hace diferentes al resto y nos caracteriza, haciéndonos únicos.

Cuentos bonitos para quedarse fritos. Son relatos cortos que tratan sobre diversos valores, como la amistad, la paciencia, la generosidad…

El cerdito de Navidad. Un éxito para niños y niñas a partir de 7 años que quieran comenzar a leer libros, en el que descubrirán una aventura de amistad, resurgimiento ante la adversidad, empatía y generosidad.

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Seguramente cualquier cuento o libro nos ofrezca la oportunidad de crecer en valores. No dejemos nunca de leer. ¡Felices fiestas a todos!

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