El estudiante de Salamanca y otros poemas

José de Espronceda

Fragmento

cap

INTRODUCCIÓN

1. PERFILES DE LA ÉPOCA

El Romanticismo

Romanticismo y Clasicismo son eternos estilos del espíritu humano. Eugenio D’Ors los juzga como los extremos del movimiento de un péndulo, a un movimiento romántico le sigue, y contrapone, otro clásico. Son, pues, tendencias opuestas y universales.

Mientras el Clasicismo es razonador y suele superponer el arte a la sensibilidad y a la inspiración, el Romanticismo exalta la libertad del sentimiento, de la imaginación y de la creación.

El Romanticismo es, para Victor Hugo, el liberalismo en Literatura. Goethe contrapone: Clasicismo, enérgico y sano; Romanticismo, endeble y enfermizo; para otros es una extravagancia, pero para los españoles es la continuación de su historia literaria, brevemente interrumpida por un movimiento importado, el Neoclasicismo del siglo XVIII. Es, pues, el Romanticismo en España, tradicional y debería llamarse Superromanticismo, frente al Romanticismo que significa el movimiento llamado Barroco.

Tiene sus raíces en el ideario de la Enciclopedia y la Revolución francesa, pero no surge potente hasta que el ansia de libertad de los pueblos europeos, dominados por Napoleón, no se plasma en guerra feroz. Su estandarte es la libertad. “Libertad en literatura, como en las artes, como en la industria, como en el comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de la época” (Larra). Hasta los poetas más neoclásicos, en España J. N. Gallego —Al dos de mayo—; Quintana —A España—, se sienten atraídos por estos sucesos y lo expresan en sus poemas de una forma muy diferente a su costumbre. Y no digamos de la libertad personal —airear las propias pasiones— en que resaltan Larra y Espronceda.

El renacimiento romántico del siglo XIX exalta, en primer lugar, el Patriotismo y su triple derivación hispana, el Cristianismo que se opone —por tanto— a paganismo-clásico, frecuente por influencia francesa en el siglo XVIII; además el cristianismo —o mejor, catolicismo— es aspecto primario del alma hispana. El mismo patriotismo lleva a los románticos a buscar en el Medievalismo temas, tipos, artes —en especial, el gótico—, caracteres que sustituyan con ventaja a los clásicos y que —aún en el neoclasicismo— han estado perennes en España. Correlativo con este sentimiento está la inquietud, el amor extraordinario por lo exótico, por la tierra lejana, que será el Oriente, pero España tiene su propio Orientalismo y no necesita ir a buscarlo al Oriente Próximo nada más que esporádicamente.

El filósofo alemán Fichte ensalzó el Yo a extremos insospechados que adoptó la lírica romántica, si bien en España estuvo fuertemente matizado excepto en dos de los grandes románticos: Larra y Espronceda. Este aspecto subjetivo nos lleva de la mano a otros temas: sentimentalismo humanitario, exaltador de los tipos más bajos de la sociedad: el verdugo, el pirata, el apóstata; o los más débiles: el anciano, la huérfana, el peregrino; todo ello suele llevarles a una melancolía o saudade que, a veces, es ligero pesimismo y está mezclada con feroz ironía, sarcasmo, depresión anímica, desilusión o rebelión, que expresan generalmente a la hora en que la luna con tenue velo cubre de vaguedad y misterio las formas que se llenan de fantasmas, almas en pena e imágenes de horror.

Otro aspecto que no debemos olvidar es el fragmentarismo, frecuente entre los románticos.

La mujer es un ángel en quien se encuentran todas las perfecciones y a ella se someten vasalláticamente: podríamos decir que la devoción mariana medieval se ha laicizado encarnándola en el eterno femenino.

El hombre natural de indudable origen rusoniano, con toda su bondad, candor y sencillez, al llegar a España lo que realiza es un reencuentro de “un tema creado por ella misma, después de su viaje de ida y vuelta por Europa”.

En 1765 un viajero inglés, Borwell, describe “the romantic aspect” de Córcega. Al aparecer en Europa la nueva moda literaria, la palabra va adquiriendo un sentido propio aunque con vacilaciones: romanesque, romantique. En España en 1805 se utiliza romancista y hasta 1818 se usan los vocablos romantesco, romántico, romanesco y aun románico, pero a partir de este momento ya se utiliza siempre romántico.

2. CRONOLOGÍA

AÑO

AUTOR-OBRA

HECHOS HISTÓRICOS

HECHOS CULTURALES

1808

Nace en Almendralejo (25 de marzo).

Batalla de Bailén.

Nace A. Ros de Olano. Goethe: Fausto.

1809

Ocupación francesa de Madrid. El Duque de Rivas herido en la batalla de Ocaña.

Nace M. José de Larra. Beethoven: Quinta Sinfonía. Chateaubriand: Los Mártires.

1813

Nacen R. Wagner, G. Verdi y Antonio García Gutiérrez.

1814

Regresa Fernando VII como Rey Absoluto. Destierro de los afrancesados.

1815

Batalla de Waterloo. Derrota de Napoléon.

Nace Pascal. Marino: Adone.

1816

Argentina se declara independiente.

1817

Sublevación de Riego.

Nacen José Zorrilla y Ramón de Campoamor. Muere Meléndez Valdés.

1821

Espronceda, cadete en Segovia. Estudia en el Colegio de San Mateo, de Madrid. Se forma la sociedad secreta Los Numantinos. A ella pertenecen Espronceda, P. de la Escosura, Ventura de la Vega.

1820
1823

Trienio Liberal. Entran en España los cien mil hijos de San Luis, como consecuencia de la Santa Alianza. Venta de Florida a los Estados Unidos de América.

1823

Muerte de Riego en la plaza de la Cebada, presenciada por Los Numantinos desde la Catedral de San Isidro.

1824

Recluido en un convento en Guadalajara.

Independencia de Perú y Méjico.

Beethoven: Novena Sinfonía.

1825

Estudia en Madrid con Alberto Lista.

1826

Intenta sin éxito su ingreso como guardiamarina.

1827

Se exilia, primero a Gibraltar, luego a Lisboa y luego a Londres. Conoce a Teresa Mancha.

Manzoni: Los novios.

1828

Mueren Goya y L. Fernández de Moratín. Bretón de los Herreros: A

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