Hemisferios

Pablo Pérez Rueda (Blon)

Fragmento

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Cuando era un niño me gustaba tumbarme en la hierba e imaginar que las nubes eran lobos, balones y barcos. Desde el punto de vista infantil, aquel fenómeno formado por pequeñas gotas de agua no era más que un pedazo de algodón gigante.

También recuerdo que mi padre tenía un pájaro y que yo podía pasarme horas observando sus movimientos. Estaba completamente convencido de que dentro de esa diminuta jaula el gorrión era feliz.

Me acuerdo de cuando murió mi perro Pancho y de cómo mi madre intentaba persuadirme diciéndome que estaba en un lugar mejor.

Cada vez que me iba a dormir, encendía una bombilla que proyectaba una cara sonriente, convencido de que esa era la única forma de ahuyentar a los monstruos que vivían en mi despensa.

Pero pasaron los años y un día me empapó la lluvia, vi a un pájaro planear en cielo abierto, escapé de las garras de la muerte y descubrí que los peores monstruos se manifiestan a plena luz del día.

Y de esto trata este libro, de las múltiples visiones que cada ser humano puede tener sobre un mismo concepto y que viajan desde un extremo al otro, haciendo que una misma cosa pueda contener en sí misma significados inversos.

Aquí vas a encontrar la belleza que esconde el horror y la parte más cruel de la felicidad.

A través de un recorrido por el amor, la memoria, los sueños, la infancia, la amistad, la inmigración, la guerra o el poder vas a descubrir que cada punto de vista es único y que cada sentimiento e imagen puede transportarnos a dos lugares muy lejanos entre ellos pero que al mismo tiempo no saben respirar por separado.

Porque, ¿qué serían las derrotas si no existiese la esperanza?, ¿podríamos hablar de odio sin conocer el amor?

Ahora agarra una moneda, escoge uno de sus lados y tírala al aire.

Salga lo que salga, ganes o pierdas, recuerda que ambas caras forman parte del mismo todo. De dos mitades tan distintas y a la vez tan parecidas que ya no saben vivir la una sin la otra.

PABLO PÉREZ RUEDA, BLON

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Este amigo al que tanto admiro ha venido a remodelar el concepto de dualismo, a colocar un haz de luz en el movimiento de aquellos que se cuelgan única y desesperadamente de una de las caras de la moneda.

Este libro busca hacer del contraste un arte, un pacto en forma de lienzo que conjura en homogéneas nebulosas la salvación del querer inquebrantable y la angustia de la condena perpetua en la cárcel del ser.

Ser que perpetúa la tra(d)ición ancestral que castiga a un animal bajo pretextos históricos, lejanos en el tiempo como el origen de la pasión de dos pieles que no ha­cen más que precipitarse en tormentas eléctricas.

Tormentas que descargan corrientes de agua que nos asaltan en el eterno ciclo de la huida del presente, tan presente en el ciclo de la vida.

Pablo fue aquel mago del sentir que convirtió cada lección en primera clase y terminó viajando en el vagón de las dudas. ¿Hacia dónde? Estoy seguro de que ni él mismo te podría responder, porque no hay dos travesías iguales, aunque hay agonías que duran miles de kilómetros y dan lugar a una historia para siempre; y otras que no salen del barrio y siempre serán historia.

Solo un artista le habla al dolor de «Tú». Solo quien la ha tenido cerca trata a la muerte de «Ella».

La única capaz de privarnos de nosotros mismos.

La única capaz de liberarnos de nosotros mismos.

La única capaz de darnos una segunda oportunidad para desafiar al azar y volver a combatir la vida con nuestra arma gemela.

A estas alturas de la contienda, todavía sigo interrogando a Pablo para aprender de él y, como un niño curioso, le pregunto «¿qué es poesía?». Después de leerte, he comprendido que poesía es quien se marchó sin memoria para permanecer en la de todos. Gracias por hacerme consciente de sus infinitas caras y sabedor de su único nombre.

Ahora, en este preciso instante, mientras termino la copa de vino, les agradezco a estas páginas que hayan arrojado un poco de blanca oscuridad sobre mi negra luz.

¿Quién no ha sido Dios?

¿Quién no ha sido diablo?

¿Quién no fue pintor?

¿Quién no vivió en el cuadro?

¿Quién no dijo adiós lanzando un beso?

con la sonrisa más triste del universo.

¿Quién no ha regalado decepciones en forma de fe?

¿Quién no quiso quedarse a vivir en lo que pudo ser?

Bienvenidas a Hemisferios.

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Bajo el fulgor de la luna

en la época del deshielo

catamos carne y deseo

saciando así tanta hambruna.

Pintamos bueyes y dunas

sin témperas ni pinceles

y unimos nuestras dos pieles

en nombre de la fortuna.

Nos palpamos y, pletóricos,

vibramos en nuestro apego

en un acto tan hipnótico...

Te entregas y yo me entrego,

somos como dos prehistóricos

que están descubriendo el fuego.

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