Entrevistas

Joe Sacco: la viñeta como campo de batalla

El reputado periodista gráfico Joe Sacco (Kirkop, Malta, 1960) atiende a LENGUA vía Zoom desde su domicilio y refugio creativo en Portland (Oregon) con motivo de la publicación de su último trabajo, «Un tributo a la tierra».
10 minutos

Por ANTONIO LOZANO

Una marcada conciencia social surgida en buena medida de la propia historia familiar, una admiración por el periodismo de investigación como intérprete del mundo y un talento natural para el dibujo se conjugaron en la figura de Joe Sacco hasta convertirlo en el gran referente actual del cómic entendido como herramienta de exploración y denuncia de conflictos que asolan el planeta. Desde su novela gráfica Palestina ha convertido la viñeta en una ventana abierta a puntos calientes que demandan reflexión y emoción a partes iguales. La Antigua Yugoslavia (Gorazde: zona protegida, El mediador), Oriente Próximo (Notas al pie de Gaza), Irak y la India (Reportajes) e incluso la batalla del Somme (La Gran Guerra) han sido algunos de los escenarios a los que nos han llevado sus libros, nacidos por sistema de la necesidad de cuestionar los relatos oficiales y fruto de una intensa labor sobre el terreno. Impelido a investigar el cambio climático en un marco presuntamente «asequible», visitó algunas de las comunidades más remotas y heladas de los nativos americanos y se encontró con una realidad mucho más compleja y anudada de lo previsto. El resultado: Un tributo a la tierra.

Lengua: Antes de nada, ¿cómo se encuentra en estos peliagudos momentos de pandemia global?

Joe Sacco: Al trabajar ya en casa, la pandemia me ha afectado sobre todo reduciendo mis desplazamientos —ahora solo cojo aviones para visitar a mi madre, que vive en la costa Este, nada de viajes promocionales— y encogiendo mi vida social, lo que ha redundado en una dedicación aún más encarnizada a mi trabajo. 

Lengua: ¿Cómo arranca su historia de amor con los cómics? ¿Cuáles fueron los autores que le revelaron las maravillas del género?

Joe Sacco: Creo que todo niño siente una inclinación natural hacia los dibujos y los cómics. A los seis o siete años ya empecé con mis propias creaciones; tanto mi madre como mi hermana sabían dibujar y yo imitaba sus trabajos, luego pasamos a competir y nos robábamos mutuamente los personajes. Recuerdo que me encantaba The Phantom y los cómics bélicos procedentes de Inglaterra y Estados Unidos, aunque devoraba cuanto caía en mis manos. Más adelante, cuando el humor empezó a atraerme de forma especial y ya me había trasladado con mi familia de Australia a Estados Unidos, la revista Mad supuso toda una iluminación en términos de lo que se podía llegar a hacer con el medio. Lo cierto es que nunca dejé de dibujar, aunque no sospechara que algún día conseguiría dedicarme profesionalmente.

Lengua: Cuenta la leyenda que un desencanto con el periodismo escrito fue lo que le impulsó a arriesgarse a intentar vivir de su afición.

Joe Sacco: En cierto modo, sí. Estudié periodismo en la universidad con la aspiración de convertirme en redactor de noticias de calado, de las que te llevan a interpretar el mundo y conocer a sus gentes, pero, tras graduarme, no encontré ningún empleo que me hiciera sentir que esta pasión mereciera la pena, todos estaban más cerca de la maniobra publicitaria que otra cosa. Al final arrojé la toalla y me propuse volcarme en el dibujo como medio de subsistencia. Mis primeros pasos —por entonces residía en Berlín— fueron ilustrando pósters de rock y portadas de discos, solo luego descubrí que existía una escena independiente en el ámbito de los cómics a la que poco a poco me sumé… La gran fortuna es que, con el transcurso del tiempo, acabé siendo capaz de integrar mis dos mayores pasiones: el periodismo y los cómics.

Lengua: La sátira jugó un papel muy destacado al principio de su carrera y después llevó a cabo un giro radical al centrarse en viajar a zonas de conflicto para plasmar sus experiencias en obras gráficas. ¿Hubo algo en particular que lo empujara en esa nueva dirección?

Joe Sacco: Debo empezar diciendo que creo que todo mi trabajo satírico ya encerraba una dimensión política y social. En mi interés por lo que estaba ocurriendo en Oriente Próximo yace el origen de la reorientación de mi trabajo, todo cambia al empezar a cuestionar los relatos adquiridos sobre las relaciones entre Israel y Palestina, principalmente a través de los medios de comunicación estadounidenses. 

Tomar conciencia de la visión sesgada y parcial del conflicto a medida que iba investigando por mi cuenta me puso furioso, sobre todo por la veneración que siempre había profesado por el periodismo. Esto me impulsó a salir a conocer la situación en persona, a rodearme de contexto, a ver con mis propios ojos y a hablar directamente con los testimonios para volcar el resultado en una serie de cómics. No sabía cómo se traducirían estas crónicas en el papel, carecía de un plan maestro o de grandes teorías que respaldaran mi proyecto, de modo que fondo y forma fueron surgiendo sobre la marcha. 

Lengua: ¿Dónde cree que están las raíces de su conciencia social?

Joe Sacco: En parte proceden de escuchar las historias que me explicaban mis padres sobre cómo vivieron la Segunda Guerra Mundial en mi Malta natal, que fue bombardeada con saña por las fuerzas del Eje. También me influyeron los relatos de otros europeos que emigraron a Australia —nuestro barrio estaba a rebosar de ellos—. El peso de la historia y los males del mundo me envolvieron desde niño. Los problemas derivados de la intervención estadounidense en América Central a finales de los setenta y principios de los ochenta —políticas directamente imperialistas— ya me llenaron de indignación antes de posar la vista en Oriente Próximo. Fue un paso decisivo a la hora de desmontar algunos de los mitos patrióticos de Estados Unidos —mi segunda tierra de adopción después de Australia—. Entonces se me presentaron dos opciones: mirar para otro lado o implicarme de alguna manera, y aposté por lo segundo.

Lengua: Su trabajo combina elementos del artista, del reportero, del corresponsal de guerra, del historiador, del antropólogo… Pero me pregunto cómo le gusta definirse a sí mismo.

Joe Sacco: En el fondo no soy más —¡ni menos!— que un dibujante de cómics. Todas estas disciplinas que me citas me interesan, pero la flexibilidad de los cómics es maravillosa. 

Interiores de Un tributo a la tierra.

Lengua: ¿Cómo piensa que ha de trabajar en sus libros el equilibrio entre información y entretenimiento?

Joe Sacco: Limitarte a la información, a reflejar los hechos, es una garantía de aridez. Lo más agradecido e interesante de mi trabajo es hablar con la gente, familiarizarme con sus vidas, extraerles la humanidad antes que limitarme a encasillarlos como víctimas. Te abren sus casas, disfrutas de su hospitalidad, asistes a cómo juegan con sus hijos… Todo esto es fundamental para conseguir que el lector conecte emocionalmente con ellos. Por descontado que me importa mucho hacer atractiva la lectura, conseguir que pases las páginas con avidez, y aquí ya entra el proceso artístico. Al final la clave radica en confiar en que lo que te resulta fascinante de la gente que muestras también lo sea para el lector.

Lengua: ¿Qué creadores de otros campos artísticos que no sean los cómics han influenciado poderosamente su obra?

Joe Sacco: Mis influencias han sido marcadamente literarias. Hunter S. Thompson ocupa un lugar destacado en mi panteón personal por el modo en que consigue hacerte interesante cualquier tema y lo divertido que llega a ser, en algún momento puede antojarse disparatado, pero nunca deja de resultar evidente que sabe muy bien de lo que habla. Despachos de guerra, el libro de Michael Herr sobre la guerra de Vietnam, me voló la cabeza por su capacidad de inmersión, siempre he aspirado a acercarme al modo en que se capta ahí la atmósfera de un conflicto, seguramente mucho mejor que en cualquier ensayo o libro de historia. La tenacidad de George Orwell para llegar a la esencia de algo, así como su integridad, me han guiado en todo momento. También reconozco en mi trabajo la huella del pintor flamenco Pieter Brueghel el Viejo, por el modo en que refleja la vida cotidiana dentro de un contexto que parece de otro mundo, su habilidad para transportarnos a un lugar y que reconozcamos la individualidad de cada uno de los retratados. Entre los cineastas, adoro a Werner Herzog, por su forma tan brillante, libre y profunda de relacionarse con los sujetos de sus documentales. Pero antes que su ascendencia, estuvo la de… Sergio Leone, sobre todo por medio de esos grotescos primeros planos de sus spaghetti-western.

Rutinas de trabajo

«Soy un trabajador compulsivo, cada mañana ansío sentarme a la mesa de dibujo. Y soy extremadamente organizado, lo tengo todo muy estructurado antes de ponerme con un proyecto sobre el que ya me he documentado. Regreso de un viaje con montones de libretas, anotaciones de diario, entrevistas, informes y reportajes ajenos… un material ingente. Transcribo yo mismo las cintas con mis entrevistas —decenas de horas, he llegado a acumular setenta— porque creo que me ayuda a reconectar con el momento y a acordarme de detalles significativos —una emoción determinada del testimonio, por ejemplo—. Paso semanas indexando todas mis notas por sujeto, asunto, materia, y haciendo una breve sinopsis de lo dicho por cada individuo. Después me pongo a escribir hasta que tengo todo el texto del libro. Cuando comienzo a dibujar llevo varios meses de trabajo a mis espaldas. Disfruto de todos los pasos del proceso, pero el del dibujo es donde debo mostrarme más aplicado a nivel de dedicación y horarios, para mí es como cavar una zanja. Y no hago storyboards, como algunos compañeros, porque el resto del proceso ya es tan rígido que prefiero soltarme cada día, enfrentarme a la página con libertad y espontaneidad. Si esto cuenta como superstición, es la única que tengo».

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