El Tano

Fragmento

Creditos

Diseño de portada e interior: Pablo Piola

El Tano

Ignacio Damiani / Julián Maradeo

1.ª edición: julio, 2016

© 2016 by Ignacio Damiani / Julián Maradeo

© Ediciones B Argentina S.A., 2016

para el sello Javier Vergara Editor

Av. Paseo Colón 221, piso 6

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

www.edicionesb.com.ar

ISBN DIGITAL: 978-987-627-662-7

Maquetación ebook: Caurina.com

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido

Contenido

Portadilla

Créditos

 

Agradecimientos

Introducción

Parte I

1. El binguero nosiglista

2. La tela de araña

Parte II

3. Nace el Boca fashion

4. El Tano

5. La cuestión Riquelme

6. Animate a contarlo

7. Bajo la sombra de la nueva Bombonera

8. La reelección

9. La ingeniería de la legalidad

10. El control

11. Angelici y Tevez, ¿S.A.?

Parte III

12. 18 días

13. La mano de El Tano

14. Boca, ¿unidad básica judicial?

15. PROA corta el cordón umbilical

16. Los servicios

17. "Yo solo acerco currículums"

Bibliografía

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AGRADECIMIENTOS

Este trabajo contó con el vital apoyo, en diferentes cuestiones, de Emilia Delfino, Vito Amalfitano, Claudio Giardino, Federico Ibáñez, Carlos Caro, Javier Laquidara, Gustavo Grabia, Leandro Alonso, Lucas Flores, Vilma Ibarra, Pablo Carroza, Sebastián Varela del Río, Nadia Maradeo, Marcos Quintans, Ezequiel Fernández Moores, Mónica Beltrán, Alberto Binder, Gustavo Pérez Ruiz, María Laura D’Amico y Pablo Sánchez. Y a varios, entre ellos colegas, jueces y fiscales, que prefirieron no ser nombrados. Por supuesto, agradecimiento absoluto a Silvia Itkin, por su inmediata e inesperada confianza.

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Introducción

“Si Scioli le da la placa de reconocimiento a Riquelme, se me terminan los códigos y empiezo a hablar. Esta noche no hay placa, ni reconocimiento, ni nada de eso… que Scioli se olvide. A mí no me van a tomar de boludo”. Las palabras de Luis Segura traducían el enojo de Daniel Angelici y resonaban nerviosas a través del celular. El secretario de Deportes de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Rodríguez, lo escuchaba atónito en el lobby del hotel Hermitage de Mar del Plata. Aunque actuase como tal, Segura no era un empleado de Angelici: en ese momento, era, ni más ni menos, el presidente de la Asociación del Fútbol Argentino.

Ante la frágil negativa del funcionario provincial, arremetió: “Mirá, Alejandro, Angelici no quiere saber nada con que esta noche la Provincia homenajee a Riquelme. Cuando se enteró, Daniel puso el grito en el cielo. Me pidió que le transmita este mensaje al Gobernador y también está llamando a la gente de Torneos (y Competencias S.A.) para advertirles. Te pido que hagas lo posible para evitar tensiones”. Rodríguez ya había ordenado estampar la placa: “A Juan Román Riquelme, por su destacada trayectoria y por su colaboración al deporte”. Firmado: Daniel Scioli (gobernador) y Alejandro Rodríguez (secretario de Deportes).

Los chispazos tenían historia. Rodríguez y Angelici se habían cruzado en el verano de 2013. El funcionario sciolista había acusado directamente al presidente de Boca de darle entradas apócrifas a la barra brava. La reacción no tardó en llegar: Angelici lo desafió a “que presente en la Justicia las pruebas que tiene”. A los pocos días, Alberto Pérez, jefe de gabinete de Daniel Scioli, tuvo que intervenir para bajarle el tono a la discusión. La pelea se había instalado en la agenda mediática y comenzaba a dañar a todos por igual. Por pedido de Scioli, Pérez reunió a Angelici y a Rodríguez en el hotel Sheraton de Mar del Plata, donde pactaron una tregua.

Dos años después de aquel incidente, Rodríguez le traería nuevamente un dolor de cabeza a Angelici. Juan Román Riquelme, uno de los ídolos más importantes de Boca Juniors, acababa de retirarse del club que lo vio ganar todo. Esa sería su primera aparición en público, y el gobierno bonaerense había decidido agasajarlo. Esa noche, Riquelme, quien ya había sido contactado por funcionarios provinciales, fue alertado de que el acto había sido boicoteado. De todos modos, decidió asistir al estadio José María Minella para ver a Boca. Pero evitó polemizar sobre el tema. Si bien sabía que al máximo dirigente xeneize le preocupaba (y mucho) la reacción de la gente al ver a su ídolo en el medio de la cancha recibiendo una plaqueta, no quería quedar pegado a una rencilla política de campaña entre Macri y Scioli, los candidatos más poderosos de cara a las elecciones presidenciales de 2015.

Por su parte, Angelici no iba a permitir que Scioli se sacara una foto con Riquelme en la previa de un partido de Boca Juniors en un verano preelectoral. La jugada era a dos bandas: no solo se preservaba de herir la susceptibilidad de Macri, también procuraba evitar que Riquelme condicionara al público boquense, ávido de títulos deportivos y harto de los malos tratos que, en recurrentes tramos de la relación, El Tano le propinó al astro xeneize.

El silencioso juego entre estrategas lo ganó, finalmente, Angelici. Solo bastó un compendio mínimo de sus recursos a la hora de imponer su voluntad. Un par de llamados a tiempo, las palabras y los nombres justos evitaron la foto de tapa de las principales portadas deportivas al día siguiente.

En aquella agradable noche de verano del miércoles 28 de enero de 2015, Riquelme se quedó mascullando bronca mientras miraba el partido desde la platea. Acompañado por su hijo Agustín, apenas gritó el único gol con el que Boca le ganó 1 a 0 a Vélez y le permitió clasificar a la Copa Libertadores.

***

Política, negocios y fútbol. Si fuese una ecuación matemática, el resultado de la suma sería poder. Pero no lo es, y todo se vuelve más difuso. Hasta su salto a la fama como presidente de Boca, Daniel Angelici era, para los más informados, un nombre destacado dentro del mundo del juego. No más. Quizá para los memoriosos al interior del partido creado por Leandro N. Alem, un militante del radicalismo cercano al líder de la Coordinadora porteña durante la década del 80, Enrique Coti Nosiglia. Alguien que acompañaba —“era fuerza de choque”, apuntaron unos— pero no decidía. “Un tipo con vocación de poder”, describieron otros.

Un cuarto de siglo después, todo parece haber cambiado bruscamente. Sobra con ver las nominaciones que le calzan los medios más importantes del país cuando dedican sus páginas a El Tano. “El Moyano de Macri”1; “El Operador”2; “El heredero oculto de Macri”3, “El poderoso hombre del juego”4 son apenas algunas de las formas de aludir a Angelici. Como salta a la vista, se impuso una mirada sobre él: es el brazo ejecutor de Mauricio Macri en diferentes campos: el fútbol, la política y la Justicia. No es para menos. Angelici cuenta con su apoyo explícito en Boca Juniors, donde fue reelecto en 2015 a pesar de los rotundos fracasos deportivos; El Tano, desde que se conocieron en 2003, fue el encargado de tender puentes entre el PRO y una fracción del radicalismo que, a la postre, terminaría constituyendo PROA; muchos de quienes integran el entorno del binguero brotaron como hongos en lugares clave de diferentes esferas gubernamentales, aunque Angelici goza de fama, principalmente, por su peso dentro de los poderes judiciales porteño y federal.

Más allá de que El Tano fue dejando impreso su estilo, se convirtió en un ariete del modelo político de Macri. La matriz de pensamiento, la planificación política, la continuidad de los negocios con los amigos del actual presidente argentino, la similar toma de decisiones en hechos trascendentes, supieron, definitivamente, encabalgarse sobre lo ya hecho por su jefe político. Si Macri se presentaba como lo nuevo, El Tano, sin fanfarria alguna, le aportó territorialidad y experiencia. A simple vista, la fórmula está respaldada por el éxito. Más allá de la asimetría en la relación, desde que forman parte de la misma escudería nunca perdieron una elección. Angelici proyectó su carrera política, hasta ese momento opacada por su performance en el sector del juego. En apenas diez años, pasó de ser un aliado con negocios propios a ser el tesorero de Boca Juniors. De manejarle algunos temas legales a Mauricio, a constituirse en uno de sus operadores judiciales; de ser un dirigente de bajo perfil dentro del esquema xeneize a se

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