Paso 1
Abre los ojos
¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio .
Albert Einstein
Los dolores o las enfermedades que has padecido o que padecerás, o la buena salud que disfrutas un día tras otro ¿crees que tiene mucho que ver con tu estilo de vida, y que está en tus manos dar la vuelta a la «tortita» de tu salud? Si la respuesta es «sí», enhorabuena . Perteneces al selecto grupo de personas que los expertos en salud pública denominan «health-conscious» (conscientes de la salud) . Seguro que no hace muchos días que has estado en el campo paseando con tus amigos o con tu familia mientras compartíais un puñado de almendras . Sin embargo, si consideras que la responsabilidad de tu salud recae en tu signo del zodíaco, en el gobierno, en un hado todopoderoso que ha dejado escrito tu destino en tus genes, o en la orientación de la cama en la que duermes, formas parte del grupo de personas con «locus de control externo» .1 Tu concepción de la salud te hace presa fácil de desalmados que se aprovecharán de tu ingenuidad y de tu inocencia . Te venderán artilugios caros e inútiles para mejorar o proteger tu salud, como las pulseras magnéticas . Conviene que abras una ventanita a la posibilidad de que puedes mejorar tu salud por ti mismo . El caso es que seguramente no perteneces a ninguno de los dos grupos . La mayoría de nosotros estamos entre dos aguas y nos hace falta un empujoncito para entender cómo funciona esta máquina llamada cuerpo en la que nos alojamos . Eso pretende este libro: empujarte . Conseguir que aprendas a coger las riendas de tu salud con las manos vacías de conceptos erróneos .
1. Los malos hábitos influyen en la salud
El primer paso para resolver un problema es reconocer que dicho problema existe . No reconocer que nuestros malos hábitos son un problema es construir un muro infranqueable en medio de la ruta que deberías tomar para prevenir enfermedades largas y dolorosas . Reconocer que el tabaco es un problema abre la puerta para encontrar la solución . De una u otra manera . Más tarde o más temprano . Silvia lleva trece años fumando y con el colesterol por las nubes . Si desde el primer día hubiese intentado encontrar la solución, seguro que habría tardado menos de dos años en hallarla . Y llevaría, como mínimo, once años sin fumar .
Que conste que no pongo el ejemplo del tabaco porque sí . El 63 por ciento de los 175 .000 españoles participantes en 2010 en una encuesta avalada por la Federación Mundial del Corazón consideró que el tabaco no supone un riesgo cardiovascular . Espantoso . Aunque hay más ejemplos igual de escalofriantes . Nueve de cada diez europeos piensan que una mala alimentación no perjudicará a su salud .
¿Cuánta gente conoces que crea que lanzarse al abismo desde diez mil metros sin protección no suponga un riesgo? ¿El 63 por ciento de tus amigos? ¿Nueve de cada diez? Seguro que no .
2. Morimos por enfermedades prevenibles
Un buen pianista con un buen piano es una combinación perfecta . Si el piano es de calidad y el pianista interpreta bien las piezas, el concierto será exitoso . Pero si el intérprete no se esmera, el concierto será un fracaso aunque el piano sea buenísimo . En el caso de la salud funciona más o menos igual . Tenemos en casa agua corriente, potable y segura . Un higiénico lavabo para nosotros solos . La nevera llena de comida (ejem, ¿comida?) . Calefacción en invierno . Vacunas para que nuestros hijos eviten padecer enfermedades que antaño eran mortales de necesidad . Modernos centros sanitarios a tiro de piedra, con una medicina que no cesa de progresar . Un sistema judicial que vela por nosotros . Coches con frenos ABS y airbags de última generación . Tenemos, en resumen, las herramientas ideales para que nuestra calidad de vida sea óptima . Tenemos, metafóricamente hablando, un precioso y afinado piano en casa . ¿Qué tal suena cuando lo tocamos? Quiero decir: ¿Cómo es nuestra calidad de vida? Pues no muy buena .
La mayoría de los españoles presenta como mínimo una enfermedad crónica . A una de cada dos personas que conoces le diagnosticarán un cáncer el día menos pensado, y es más que probable que cuando se llegue al diagnóstico ya sea tarde, porque la enfermedad se encuentra ya en fases avanzadas .
Antes de que hayas acabado este capítulo, a un ciudadano español le habrá dejado de llegar sangre al cerebro a causa de un ictus .
Cuando termine el día, ocho españoles habrán muerto en un accidente de tráfico y nueve se habrán suicidado .
Cada treinta segundos se amputa una pierna en algún lugar del mundo a causa de la diabetes . Nuestro piano desafina, no cabe duda .
Explico todo esto porque las principales causas de muerte de las últimas dos décadas han sido, según las autoridades sanitarias, prevenibles simplemente alejándonos del tabaco, de una mala alimentación, de la depresión o de la inactividad física . Para que te hagas una idea, según la Organización Mundial de la Salud tan sólo la baja ingesta de frutas y hortalizas se lleva al otro barrio a 1,7 millones de personas .
Como decía, las facilidades que nos ofrece la sociedad del bienestar (el «piano» del que hablaba antes) y que nos permitirían dar un buen concierto y gozar de una vida larga, plena y saludable no acaban de funcionar: deberíamos intentar mejorar nuestro estilo de vida . Sé perfectamente que no es una tarea fácil . Pero también sé que no es imposible .
3. ¿Creemos estar más sanos de lo que estamos?
Siete de cada diez españoles consideraron en una encuesta hecha pública en febrero de 2005 por el Instituto Nacional de Estadística que su estado de salud era «bueno» o «muy bueno» . Entonces, yo me pregunto ¿por qué seis de cada diez tomó un fármaco en las dos semanas previas a dicha encuesta? Puede que pienses que la mayoría cree que su salud es buena porque se trata de gente positiva, que ve el vaso medio lleno y no medio vacío . Ojalá que sea así . Pero tengo serias dudas de si su valoración refleja optimismo o más bien inconsciencia .
No quiero que pienses que pretendo asustarte . Nada más lejos de mi intención . Lo que busco es que seas consciente de la realidad, que no es lo mismo . Lo que persigo, lo que me gustaría, es que reacciones, porque creo firmemente que estar bien informado sobre la importancia capital que desempeñan nuestros hábitos de vida sobre la salud o sobre la enfermedad se traduce en un mejor estilo de vida, lo cual es fundamental para mejorar la salud . Así lo refleja una encuesta recién realizada por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU-Salud n .º 95) . Y también funciona al revés: estar mal informados nos hace más vulnerables a los malos hábitos . La OCU finaliza la mencionada encuesta con este clarificador párrafo:
En nuestra encuesta comprobamos que existen muchas creencias erróneas en relación con la salud que se extienden con facilidad y provocan cambios de hábitos inútiles y hasta perjudiciales . Por ese motivo, es muy importante que la información que manejemos sea seria y provenga de fuentes contrastadas .
A la misma conclusión llegó un estudio publicado en febrero de 2011 en la prestigiosa revista Journal of Human Nutrition and Dietetics, en que se investigó sobre conceptos relacionados con una dieta sana:
Nuestros hallazgos indican que la población general ostenta conceptos erróneos en relación a la alimentación saludable . Estas ideas falsas se asocian con un menor consumo de alimentos normalmente definidos como saludables .
Así pues, cuanto más te den el tostón sobre este tema, más posibilidades hay de que te cuides . De que te muevas más a menudo mientras sonríes a la vida . De que uses el coche lo menos posible, y con precaución . De que comas comida en vez de cosas brillantemente etiquetadas y fuertemente anunciadas en televisión . De que calmes tu sed con agua en vez de . . . en vez de con cualquier cosa que no sea agua . De que respires por unos pulmones libres de toxinas tabáquicas . De que des el pecho a tus hijos . Y de ese largo etcétera que tienes detallado en el paso 5 de este libro . Dos amplios y rigurosos estudios publicados en la revista British Medical Journal (febrero y abril de 2010) corroboran que a más educación, menos mortalidad .
¿USAS LA CABEZA O LOS PIES?
Practicar deporte, sea a solas o (mejor aún) en compañía, es un conjuro contra un sinfín de males. ¿Sabías que la Organización Mundial de la Salud opina que tienes cinco veces más posibilidades de morir por sedentarismo que a causa de un accidente de tráfico mientras corres o vas en bicicleta? De hecho, estima que el sedentarismo es responsable de unos dos millones de muertes anuales. Dicho esto, se queda uno boquiabierto y de piedra al descubrir, con horror, que España lidera el sofá de Europa. Uno de cada dos españoles reconoce que es sedentario, según refleja la Encuesta Nacional de Ingesta Dietética Española, publicada en 2011 por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Como dice Juan Revenga en su libro Con las manos en la mesa: «Sea inteligente, use los pies».
4. ¿Nos pesan los huesos o el desconocimiento?
La obesidad es una enfermedad prevenible y tratable, al igual que la diabetes o la hipertensión . Se suele culpabilizar injustamente a la persona obesa, cuando el origen del exceso de peso suele escapar, en gran medida, al control de quien lo padece . Dicho esto, y como quiero ayudarte a tomar conciencia de algunos hábitos que no te benefician y a rebelarte contra ellos, creo que es muy importante dejar bien claro que la obesidad supone un riesgo para la salud, sea a la edad que sea . Aunque es algo que seguramente ya sabías . El 95 por ciento de los europeos encuestados en 2006 reconoció que la obesidad puede perjudicar a la salud . ¿Tan malo es marcar barriguita? Pues sí . Es algo así como un tsunami, pero dentro de tu cuerpo, ni más ni menos . El concepto «tsunami» lo acuñaron en la revista Lancet, en febrero de 2011, Sonia Anand y Salim Yusuf, de la Universidad McMaster en Canadá . Lo hicieron tras evaluar un estudio llevado a cabo por la Organización Mundial de la Salud en el que se evidenció que la epidemia de obesidad no para de crecer y que sus consecuencias son devastadoras para la salud . La prueba de la malignidad de dichas consecuencias se publicó en diciembre de 2010 en la revista New England Journal of Medicine . Tras seguir durante diez años a 1,46 millones de adultos, el estudio concluyó que tanto el sobrepeso como la obesidad aumentan el riesgo de morir prematuramente . Pero volvamos a Sonia Anand y Salim Yusuf, porque su metáfora del «tsunami» encantó a los periodistas, y fueron entrevistados por varios medios . En las entrevistas dijeron que «debemos reducir la ingesta de grasas malas y sal, y aumentar nuestros niveles de ejercicio» . Cuando acabes este libro, espero que coincidas conmigo en que cumplir los consejos de estos dos expertos está chupado .
Vuelvo a la carga con las encuestas . Porque pese a que confesamos que la obesidad es peligrosa (aunque no sé si sabemos hasta qué punto lo es), resulta que no tenemos nada claro que nuestro exceso de peso es debido a la grasa que nos sobra . La mayoría de los españoles consideramos que la causa de nuestro exceso de peso es porque «me pesan los huesos» o «retengo líquidos» . Así quedó reflejado en el informe «Creencias y Actitudes frente al Exceso de Peso en España», publicado en 2006 . La obesidad es exceso de grasa, o sea, retención de lípidos (con «p») .
Aunque aún hay más . Una investigación llevada a cabo con 2 .418 adultos reveló en septiembre de 2010 que tres de cada diez personas con sobrepeso creen tener un peso normal y siete de cada diez obesos opinan que únicamente sufren de sobrepeso, pero no de obesidad .
Si enjuiciar correctamente nuestro exceso de peso ya nos resulta difícil, más complejo resulta cuando se trata del de nuestros hijos (que es precisamente el más peligroso) . En febrero de 2010, la revista científica Acta Paediatrica recogió una investigación en la que se preguntó a los padres de 1 .155 niños si consideraban que sus hijos (de cuatro a cinco años) tenían un peso normal, sobrepeso u obesidad . Tres de cada cuatro madres o padres de niños con sobrepeso (correctamente diagnosticado) consideraron que el peso de su hijo era normal . La mitad de las madres y cuatro de cada diez padres de niños con obesidad también respondieron «mi hijo está en su peso correcto» . Quizá sea esa distorsión de la realidad la que ha convertido a España en uno de los líderes mundiales en obesidad infantil . Este triste mérito se traduce en que nuestros hijos vivirán, muy probablemente, menos años que nosotros . Algo inaudito en una sociedad tan desarrollada como la nuestra . Fíjate lo que opinó al respecto, en junio de 2010, el doctor Sánchez Franco, jefe del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Carlos III de Madrid y coordinador de Nutrición de la Fundación Española del Corazón (FEC):
La obesidad en los niños hace que sumen treinta años a su salud vascular y sufran enfermedades hasta ahora típicas de adultos como enfermedades coronarias, diabetes, hipertensión arterial, infarto cerebral, apnea del sueño u osteoartritis [ . . .] . Muchos niños españoles son alimentados con dietas desequilibradas y descomunalmente calóricas .
Más importante aún: la inmensa mayoría de los jóvenes que hoy son obesos lo seguirán siendo «de por vida» . Con esta rotundidad se expresa al respecto el Centro de Investigación Biomédica en Red sobre la Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) . Permíteme que cierre este apartado con una última cita . En 2007, la Comisión de las Comunidades Europeas publicó el Libro Blanco Estrategia europea sobre problemas de salud relacionados con la alimentación, el sobrepeso y la obesidad, donde leemos:
¿CUÁNTOS AÑOS TIENES?
Los expertos distinguen la edad cronológica (los años que marca nuestro documento de identidad) de la «psicológica» (cómo de mayor te sientes) y, sobre todo, de la edad biológica. Pablo, por ejemplo, a sus setenta años tiene perfectamente bien la presión sanguínea y el pulso. No es extraño, porque camina a diario, nunca ha fumado y come un montón de fruta y verdura. Su vientre no está abultado por la grasa acumulada. Su fuerza muscular, agilidad, coordinación, flexibilidad, inteligencia y memoria son sorprendentes para alguien de su edad. De hecho, son mejores que los de Lucas, que tiene sesenta años. Lucas, que lleva cuarenta fumando y sentado frente al televisor, padece hipertensión, obesidad y diabetes, y su capacidad pulmonar se encuentra tan deteriorada como su memoria y su poder de concentración. ¿Quién dirías que es más joven? Sabes la respuesta. La edad biológica de Pablo es, lógicamente, menor que la de Lucas, pese a que su edad cronológica le supera en diez años.
La calidad de vida de Pablo será, de ahora en adelante, mejor que la de Lucas. Los daños que ha sufrido el cuerpo de Lucas le han restado años de vida biológica. Creo que ni Pablo ni Lucas quieren vivir más años por el mero hecho de mantenerse con vida a cualquier precio. Quieren vivirlos bien, en buen estado. ¿Sabías que el 75 por ciento de la población mayor de cincuenta años es obesa o tiene sobrepeso y que el 68 por ciento de los mayores de sesenta años tiene hipertensión?
A partir de los sesenta, la mayoría de los europeos nos vemos obligados a limitar nuestras actividades diarias a causa de enfermedades crónicas y debilitantes. El promedio de nuestra esperanza de vida es hoy de setenta y ocho años. Así, pasaremos dieciocho largos años de nuestra vida encerrados en un cuerpo achacoso. No es, en absoluto, el caso de Carlos Soria, el alpinista español de setenta y dos años que acaba de coronar su undécimo «ocho-mil». Gracias por tu ejemplo, Carlos.
En las tres últimas décadas se ha producido un acusado aumento del sobrepeso y la obesidad en la población de la Unión Europea, especialmente en los niños, cuya prevalencia estimada del sobrepeso alcanzó el 30 por ciento en 2006. Esta situación delata el deterioro paulatino de la calidad de la alimentación y la escasa actividad física de la población de la Unión Europea en su conjunto, de los que cabe esperar un futuro aumento de enfermedades crónicas, tales como dolencias cardiovasculares, hipertensión, diabetes de tipo 2, derrames cerebrales, determinados tipos de cáncer, trastornos musculoesqueléticos e incluso una serie de enfermedades mentales. A largo plazo, esta tendencia reducirá la esperanza de vida y, en muchos casos, la calidad de vida en la Unión Europea.
5. ¿Sabemos conducir?
Creemos estar más sanos de lo que realmente estamos. No juzgamos correctamente nuestro peso ni el de nuestros hijos. ¿Qué tal objetivamos nuestros conocimientos sobre seguridad vial? Lo digo porque si hablamos de gente sana es imprescindible revisar una de las principales causas de mortalidad: los accidentes de tráfico. Fíjate en el titular de una noticia publicada recientemente en un diario:
Los conductores españoles tienen un problema con las señales de tráfico, aunque no lo quieran ver.
La frase resume los resultados de un informe publicado en abril de 2010 por la Confederación Nacional de Autoescuelas (CNAE) en colaboración con la Universidad de Valencia tras someter a un examen a 2.034 conductores de toda España. Se presentó a los conductores una serie de señales de tráfico y se les preguntó sobre su significado. Lo gracioso es que antes del examen se les preguntó algo así como: «Si le presentáramos cien señales de tráfico, ¿cuántas cree que sabría identificar?». Buena pregunta, sí señor . ¿Qué responderías tú? La media de las respuestas refleja que los españoles nos creemos capaces de identificar ochenta de cada cien señales . El vaso medio lleno, de nuevo . Aunque tampoco se trata de una situación ideal, porque no saber qué significan dos de cada diez señales de tráfico es un riesgo nada despreciable . El caso es que el examen reveló que sólo somos capaces de reconocer la mitad de las señales . Es cierto que hay nuevas normas y señales de circulación y que debería existir un medio para que los conductores se mantuvieran informados al respecto de una manera mínimamente cómoda . Pero las señales nuevas no suman siquiera la mitad de las existentes y lo mismo ocurre con las normas de tráfico . La noticia del diario recoge también unas declaraciones del catedrático de Seguridad Vial de la Universidad de Valencia, Luis Montoro: «El 96, 5 por ciento de los conductores suspendería el examen teórico si lo hiciera ahora» . Los conductores cuyo carnet de conducir tenía menos de dos años de antigüedad en el momento de la encuesta no presentaron este estrepitoso fracaso . No es casualidad que la siniestralidad sea mayor en los conductores con más experiencia .
Lo mejor viene ahora, porque tras preguntar a los encuestados «¿Qué opina usted sobre la utilidad de la señalización?» cuatro de cada diez respondió que el motivo y razón de los límites de velocidad es «multar» . Vaya, y yo que creía que era para evitar accidentes . La falta de confianza en las señales es, según Montoro, «la antesala del incumplimiento de la norma» .
Estaba pensando en revisar cuánta gente creerá que conducir un coche sin llevar puesto el cinturón o circular en moto sin casco no supone un riesgo . Pero mejor no busco este dato . Sí que conozco, en cambio, otras consecuencias de circular en vehículos sin tener en cuenta las recomendaciones de seguridad vial . ¿Sabías que la principal causa de muerte de los menores de catorce años en Estados Unidos son los accidentes de tráfico? ¿Y sabías que el 56 por ciento de los fallecidos no iban convenientemente sujetos al asiento y que el 31 por ciento estaban sentados en el asiento delantero?
ALGUNOS LEMAS RECOGIDOS EN CAMPAÑAS DE PREVENCIÓN DE LA DGT
— «Cumple las normas. Tú sí puedes evitarlo.»
— «Vive y deja vivir.»
— «Abróchate a la vida.»
— «Únete a la vida.»
— «No podemos conducir por ti.»
— «¿Vas a coger el coche? ¿Y crees que vas a morir?»
— «Si pensamos en las motos, todo irá sobre ruedas.»
— «Para hacer daño a un niño basta con no ponerle el cinturón.»
— «Todos sabemos cómo hacerlo.»
— «No dejes que te esperen toda la vida.»
6. Tómate la vida en serio: sonríe
Los accidentes de tráfico s
