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CARTA AL LECTOR
Por qué escribí este libro
Escribí este libro porque quien tiene un desorden de la alimen-tación vive queriendo controlar su dieta y esta termina domi-nando su vida y acabando con sus sueños. Porque la gente puede confundir lo sano de lo enfermo y porque se cree que el problema está en las dietas cuando en realidad estas son solo la punta del iceberg.
Confío en que pueda ayudarlos a reconocer cuándo hay un desorden de la alimentación en el entorno, a entenderlo, a afron-tarlo, pero sobre todo, a prevenirlo.
Soy testigo del mal uso de la información sobre las dietas y siento la necesidad de explicar abiertamente el paso a paso de perder peso con salud. En este libro encontrarán una guía de cómo se logra mejorar el peso de un niño que come de más o que no quiere comer. De igual forma podrán leer sobre las razones de por qué algunas personas viven de dietas y cómo pueden superar el problema. Finalmente, explico cómo los adolescentes y adultos deben llevar una dieta adecuada para perder peso. Hacer dieta no es sufrir, es aprender a comer
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según tus necesidades. Mantener una alimentación saludable es el camino para sostener la vida.
Finalmente dedico estas líneas a todos los hombres, mujeres y niños que de alguna manera han sido tocados negativamente por el mundo de las falsas dietas que sin orientación profesional calificada pusieron en peligro su vida.
Agradezco a Dios por iluminar mi pensamiento, ser mí guía y llenar mis días de experiencias que hicieron de mí una mejor persona.
Agradezco a mi familia, a mis pacientes, a mis amigos, conoci-dos y seguidores.
UNO
Tomada por la anorexia
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Los cepillos de dientes de Salma desaparecían. “¿Los habré bo-tado sin darme cuenta?”, pensaba ella. Un día, el misterio se develó. Era su hija Valentina quien se los llevaba, como un ratón que roba el queso de la despensa. “¿Le habrá caído mal algo? ¿Pero tantas veces?”, se cuestionó Salma sin articular palabra, mientras espiaba por primera vez a su hija expulsar la comida de esa manera. Valentina introducía el cepillo en su garganta hasta vomitar. Era capturada por una enfermedad que destruye el cuerpo, la mente y el alma.
Cuando no queremos ver una realidad, conspiramos para disfrazar la verdad.
Ver con qué destreza lograba inducirse el vómito la había dejado bloqueada, perpleja, avergonzada e incapaz de preguntarle a su hija qué diablos estaba haciendo.
Durante dos días Salma observó con detenimiento, como Sherlock Holmes, a su hija. Parecía ser el comportamiento de una típica adolescente de 14 años: siempre estaba en su cuarto, prendida del celular o su laptop, hablaba en tono de mando, hacía sus cosas
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a solas, comía con la familia rápidamente y se iba, se veía bien de salud. Por otro lado, parecía que empezaba a ser pretenciosa por-que pasaba demasiado tiempo frente al espejo y le encantaba tomarse selfies. Le interesaba la moda y hablaba de dietas y ejer-cicios con sus amigas. Así, ese gran misterio pasó como un asunto propio de su edad. No había nada de qué preocuparse. ¿O sí?
“Ahora nos enseñan que hay que darle espacio a los hijos”, me-ditó. Además, Valentina no se había quejado, no tenía ningún malestar y sus notas en el colegio eran de las mejores.
Si experimentaras lo mismo que Salma, ¿actuarías igual? Para muchas personas reconocer que hay algo malo en los hijos duele.
Toma en cuenta este dato: estas son características del compor-tamiento del adolescente:
Se torna oposicionista por la necesidad de autoafirmarse(diferenciarse).
Por momentos, es emotivo y, en otros, se muestra insensible.
Se siente capaz de cambiar el mundo y sueña en grande.
Concede gran importancia al espejo y se observa con frecuencia.
Busca mostrarse distinto para formar su identidad.
Se muestra rebelde a los valores.
Puede sentir inseguridad por los cambios físicos.
Se frustra.
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Una buena libreta es motivo de orgullo, es el pasaporte al éxito, es ganarse el aplauso de la familia, porque has criado bien a tus hijos. Si en el colegio está bien, entonces lo merece todo. ¿No es acaso eso lo que los padres anhelan para sus hi-jos, el éxito académico? ¿Qué puede ser más importante que su educación?
Hay algo más importante que la educación: la salud.
Pasaban las semanas y la adolescencia en Valentina parecía más intensa. Su carácter se tornaba cada vez más irritable, deman-dante y menos tolerante. Parecía que el simple hecho de ser una buena alumna le confería ciertos poderes sobre sus padres, quienes la complacían en todo. Decirle que no a cualquier peti-ción, a la primera del salón, era impensable.
Las horas quedaban cada vez más cortas. Salma estaba abo-cada a complacer las demandas y deseos de su hija: llevarla al cine, comprarle ropa, prepararle su comida favorita, etc. Todo eso la dejaba agotada pero feliz, porque sentía que sa-tisfacía las necesidades de su hija, estaba haciendo un buen trabajo, cumplía su rol, se estaba ganando el diploma de ma-dre buena.
¿Es bueno ser una madre o un padre bueno?
La madre buena da todo a los hijos, se desvive por ellos, se es-fuerza para que no sufran, para que no pasen hambre, para que no les duela nada. Suena heroico y, sin duda, la madre buena tiene la mejor intención. Sin embargo, no se da cuenta de que está cometiendo un grave error, anulando a sus hijos, creando una relación de dependencia.
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Cuando llega la pubertad los problemas de alimentación se tornan más complejos. Muchas veces se llevan en silencio, sin conciencia, y por ello la enfermedad puede mantenerse por años antes de ser descubierta. En estos casos el comportamiento alimentario insano se nutre de la idea obsesiva de lograr un cuerpo perfecto, según el estereotipo que el grupo social apruebe o valore. Empieza en-tonces la búsqueda de diferentes dietas, estilos o tendencias de alimentación, suplementos, pastillas o tratamientos milagrosos de lo más extraños, que prometen lo que la persona está buscando: la aprobación, representada en el cuerpo perfecto.
Para un adolescente, la presión social, el pertenecer, el ser acep-tado y reconocido por el grupo es prioritario. Si durante la infan-cia el entorno familiar supo cubrir las necesidades afectivas del menor, probablemente este tenga una valoración de sí mismo sólida e inmune a la influencia de grupo que muchas veces es perversa. Pero si a lo largo del desarrollo mamá o papá solu-cionaron cualquier dificultad, por más mínima que esta fuera, la presión de grupo puede ser devastadora.
La sobreprotección y la dependencia (se tor-nan recíprocas porque la madre siente la necesidad de saberse indispensable) no per-miten a los hijos crecer, los dejan inválidos, no aprenden a levantarse de las caídas y no asu-men las situaciones que resultan estresantes. Estas son características frecuentes en quie-nes padecen problemas con la alimentación.
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Hoy el tema de las dietas y el estereotipo de cuerpo ideal está tan valorado, promocionado y deseado que se viene naturalizando. Es tema de conversación de hombres y mujeres jóve-nes y mayores, y uno de los motivos que expli-ca por qué muchas veces los trastornos de la conducta alimentaria pasan desapercibidos.
Valentina era bella, grandes ojos negros, pestañas largas y riza-das, mirada misteriosa. Sin embargo, ella siempre se sentía desa-percibida, invisible frente al grupo. A pesar de todo el esfuerzo de sus padres por satisfacer sus pedidos, nada era suficiente, convivía con la necesidad viciosa de renovación. Las exigencias de Valentina partían de un barril que buscaba llenarse como fue-ra. Lo que no sabía Valentina es que ese barril que nace de agra-dar a los demás no tiene fondo.
Vale llegó del colegio con un brillo particular en los ojos y dijo:
—Mamá, desde hoy soy vegana. Yo me encargaré de mis alimen-tos. Solo necesito esta lista del mercado y esta otra de la nueva tienda naturista. Ojo: solo en estas marcas. También balanza y tazas de medir. Y por favor no demores, lo quiero hoy.
—Pero...
—Sin peros, mamá. Me esfuerzo tanto en el colegio, no traigo problemas. Además, debemos estar en sintonía con la naturale-za. Las actrices y modelos más famosas siguen esta dieta. ¿No quieres tener una hija linda e inteligente?
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—Sí, claro, tienes razón. Además, las verduras son saludables —respondió Salma. Luego pensó: “No creo que aguante. Esto le va a durar poco”.
Ese día había ingresado una nueva alumna a su clase. Venía de Francia y era la sensación en la promoción. Vale la encontraba linda, con un cuerpo bello, tenía estilo, era envidiablemente per-fecta. “Yo tengo que ser como ella”, se ordenó a sí misma, así que rápidamente se le pegó para descubrir esa fórmula mágica qué le permitía ser así.
—Soy vegana —respondió Amélie a la curiosidad de Vale.
—¡Vegana!
Vale no tenía idea de qué era eso, así que se pasó investigando en internet durante el segundo recreo.
En esa búsqueda agitada, descubrió que era una de las dietas predilectas de los famosos y de las modelos. Varios de sus can-tantes favoritos extranjeros habían decidido ser veganos o ve-getarianos, porque había que proteger la naturaleza. En algunas biografías de famosos había encontrado discursos como que el ser vegano coincidía con ciertos estilos de vida, algo extremos a su juicio, como no aceptar la medicina, que toda enfermedad tenía una cura natural, que la marihuana es menos dañina que el cigarrillo, que sana enfermedades y no tenía por qué ser ile-gal. A Valentina le quedó claro que comer animales intoxicaba el cuerpo, iba en contra de su propia naturaleza y la manera de matarlos era salvaje.
Para Vale, todos los casos y argumentos que encontró en in-ternet le resultaban fantásticos, adorables, pero sobre todo muy convincentes. Qué mejor prueba que ver las imágenes
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de esa gente bella tan estilizada y exitosa para saber que ese era su camino.
Cuando alguien desarrolla el trastorno alimentario, no lo piensa, no lo ve venir. Valentina ya era una vomitadora descubierta por Salma de casualidad meses atrás. Pero no hizo nada por enfrentar el problema. Hay padres que no tienen la menor idea de lo que es esta enfermedad. Creen que sus hijos vomitan porque les cayó mal la comida. Los padres debemos estar atentos a todas las si-tuaciones. Por ejemplo, si nuestro hijo vomita antes de dar un exa-men, ¿debemos pensar que es normal o que quizá no sabe cómo lidiar con el estrés? Las situaciones estresantes que cuestan trabajo afrontar pueden ser un factor desencadenante para un desorden de la alimentación. Una de las cosas que debe llamar nuestra aten-ción es observar cómo enfrenta o qué hace una persona (un hijo, un hermano o una amiga) cuando tiene un problema. Debemos acompañarlos en ese proceso, estar atentos para dar orientación y mostrarles el camino que deben transitar. Es así como les permiti-mos crecer y hacerlos inmunes a este tipo de enfermedades.
Valentina temía a muchas cosas desde que era una niña, a los payasos, a los juegos mecánicos de intenso movimiento, a películas con peleas o muertes, a la oscuridad, a varias cosas que los niños suelen temer. Pero la diferencia con Valentina es que frente a estos temores sentía náuseas y en ocasiones vomitaba espontáneamente.
Esta manifestación involuntaria es característica de la persona a la que le cuesta adaptarse a situaciones nuevas. En otros casos, la dificultad se manifiesta en el carácter. Se tornan irritables, im-pulsivas o se aíslan. Cuando la pediatra evaluó los vómitos de Valentina, determinó que se trataba de un reflujo que desapare-cería con el tiempo y así fue.
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Pero cuando llegó a la adolescencia, surgieron otros temores y ansiedades: sacar una buena nota, no saber cómo ganar amigas y esforzarse sobremanera por agradar a los demás y destacar. Incluso aceptaba ser el punto de burla de la clase o hacer las tareas de sus compañeros. En este punto, Valentina se inducía el vómito como un acto que le daba un efecto placentero de com-pensación. El trastorno alimentario empezaba.
El veganismo y el vegetarianismo son estilos de alimentación, que bien supervisados por profesionales de la salud pueden adoptar-se sanamente. Sin embargo, es fundamental entender que quienes llevan auténticamente este sistema de alimentación asumen un es-tilo de vida que nace de una ideología válida y respetable, y que no tiene nada que ver con las pretensiones físicas, estatus, moda, ten-dencias ni enfermedad.
Hoy encontramos a muchos jóvenes
