Prólogo
Por Anabel Hernández
Cuando una perversa infatuación
nacida del poder del orgullo ciego
se apodera de los hombres,
todo remedio es en vano:
el mal emerge de sus barrancos
y brilla como un sol maligno.
El culpable es castigado,
es como moneda de metal corriente
que los robos y la usura ennegrecen.
El que trae la ruina irreversible a su pueblo
no tiene más posibilidades de salvarse
que las que tiene un niño de alcanzar
al pájaro que se va volando con un batir de alas.
Esquilo, 458 a. C., Grecia
Conocí a Elena Chávez en el año 2004. Ella trabajaba con Joel Ortega cuando era titular de la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México, y Andrés Manuel López Obrador era jefe de gobierno. Desde ahí y durante años fui testigo de la cercanía circunstancial que tuvo con el hoy presidente de la República.
Ella era compañera de vida de César Yáñez, quien durante lustros fue vocero oficial de López Obrador y cuya fama desde entonces era la de ser uno de los dos hombres más cercanos y de mayor confianza del actual presidente: su incondicional, sombra, ojos, oídos y voz. AMLO considera a Yáñez un “hermano” —así lo ha hecho público—, y como tal, ha tenido un lugar privilegiado para testificar el ascenso al poder de López Obrador.
Durante 18 años, con sus días y sus noches, Elena Chávez estuvo al lado de Yáñez en la línea de fuego, en los momentos cruciales de la carrera política de AMLO. Conoció en persona a López Obrador, a quien describe como un ser “voluble, en ocasiones altanero y muy, pero muy desconfiado”; a su primera esposa, Rocío Beltrán, “una mujer discreta y hogareña” y a sus tres hijos: José Ramón, Andrés y Gonzalo López Beltrán. También trató a Beatriz Gutiérrez Müller y fue testigo de los tiempos en los que la ahora primera dama era empleada de AMLO, trabajaba en el segundo piso del edificio de gobierno de la Ciudad de México y desde ahí “calculaba sus alcances laborales y personales”. Furtivamente y en secreto mantenía una relación sentimental con López Obrador simultánea al matrimonio de éste con Rocío. Esto provocaría durante años serios conflictos entre Beatriz y los hijos mayores del presidente. Chávez también supo de primera mano de las andanzas de los principales aspirantes a ser candidatos a la presidencia por Morena en 2023: Marcelo Ebrard, actual secretario de Relaciones Exteriores, y Claudia Sheinbaum, la opaca, en varios sentidos de la palabra, jefa de gobierno de la Ciudad de México, la “corcholata” preferida de la pareja presidencial López Obrador-Gutiérrez Müller. De igual forma se enteró de secretos de la mayoría de quienes hoy forman parte del equipo más cercano del presidente o dirigen los destinos de Morena.
El rey del cash es el valiente testimonio, inédito y en primera persona de lo que Elena conoció directa e indirectamente en el largo camino de ascenso al poder del hombre que conduce hoy los destinos de México en el irónicamente autodenominado gobierno de la Cuarta Transformación.
La omertá —obligatoria o autoimpuesta en el primer círculo del hoy mandatario mexicano y de aquellos que se fueron afiliando, pagando literalmente su cuota— había impedido hasta ahora conocer las entrañas de lo que sucedió alrededor de AMLO en los últimos años. Y es gracias a Elena —la primera insider del círculo más cercano en romper públicamente el silencio—, que tenemos esta primera radiografía.
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AMLO es un político de Tabasco perteneciente y educado bajo las reglas del viejo régimen del PRI, su militancia documentada data de al menos 1976. Ahí toleró cada una de las tropelías y saqueos de su partido durante lustros.
Jesús Zambrano Grijalva, exguerrillero de la Liga Comunista 23 de Septiembre, ahora dirigente nacional del PRD, afirmó en una conversación sostenida previa a escribir este prólogo que en 1988, cuando Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo, unidos a la izquierda, luchaban contra el fraude electoral perpetrado por el gobierno de Miguel de la Madrid Hurtado, López Obrador se mantuvo en las filas del PRI. Fue hasta 1989, cuando dicho partido no le concedió a AMLO la candidatura a la gubernatura de su estado, y que el grupo político de oposición decidió formar el PRD, que AMLO saltó del PRI a una plataforma segura, de la cual con los años se apoderó y prácticamente demolió para fundar Morena, asociación civil que se convirtió en partido político y cuya esencia principal es rendirle culto a su persona.
Andrés Manuel López Obrador pasará a la historia como uno de los símbolos más complejos del gatopardismo mexicano. Es uno de los políticos que, de manera calculadora y astuta, ha puesto en práctica el paradigma de quienes como él impulsan el cambio para que todo siga igual: la simulación. Durante su estancia en Palacio Nacional ha sido saboteador constante de la verdadera democracia, propagador del caos, la división del pueblo y la propaganda engañosa para abrir camino al autoritarismo y el militarismo.
El rey del cash es una crónica nítida y sin concesiones a través de la cual se reconstruye la historia secreta política, personal y financiera de AMLO y su círculo más cercano, indispensable para entender el ADN del mandatario, de la llamada 4T y Morena.
Para entender el relato no hay que cometer el mismo error de sus colaboradores serviles, ni el de los fanáticos o enemigos. No existe una explicación simplista de quién es o qué representa AMLO, cómo ha llegado al poder o cómo lo ejerce. Sus incondicionales sin objetividad ni realismo lo describen como una especie de “mesías” y “salvador de la patria”; para ellos su nombre es un mantra que deben repetir como coro sacro en el templo. Algunos de sus rivales políticos, con la misma falta de objetividad lo llaman “loco”, “narcisista” y lo pintan como la caricatura de un mal aprendiz de dictador.
Como periodista de investigación estoy obligada a dar un paso atrás y a un costado para tomar distancia y poder evaluar los hechos, que más allá de las consideraciones individuales, al final son los únicos que cuentan. Y desde ahí es que comparto mi visión de esta importante obra. Desde hace décadas he aprendido que hay hechos que solo alguien desde dentro es capaz de ver y contar, por eso el testimonio de Elena Chávez es de interés público y tiene valor histórico y periodístico.
La autora lleva al lector a las salas de reunión y lo sienta en las cenas para presenciar las discusiones privadas y públicas del mandatario y de quienes hoy cogobiernan a su lado. Explica la ingeniería financiera, basada en el cash —muchas veces de origen ilícito— y los moches, gracias a la cual López Obrador, su familia y su círculo de colaboradores pudieron mantenerse económicamente mientras sin escrúpulos construían el camino para llegar a toda costa al poder.
A través de estas páginas desfilan junto a AMLO los nombres de los personajes más oscuros de su gobierno y de la dirigencia de Morena. Gracias al relato de la autora queda claro que los valores que permiten la entrada al paraíso prometido de López Obrador no son la meritocracia ni la honestidad, sino el servilismo, que en algunos casos llega a la ignominia, y el cash, mucho cash. En esa dinámica de antivalores que contradice las virtudes que ficticiamente se adjudica el presidente —quien es el principal artífice de la simulación de la Cuarta Transformación—, actúan sus cómplices del montaje.
En primera línea está Alejandro Esquer Verdugo, actual secretario particular del mandatario. De acuerdo con el testimonio de Elena, ha sido su sombra y durante años uno de los principales recaudadores del cash por órdenes de López Obrador. Hoy su hija, Carmelina Esquer, sin ninguna experiencia profesional, es la titular de Pemex Procurement International, responsable de las compras en el extranjero. Dicha compañía estatal que opera en Houston, de acuerdo con los reportes del periodista Raúl Olmos, está indirectamente vinculada con la trama detrás de la casa gris de José Ramón López Beltrán.
También aparece Gabriel García Hernández, quien fue ayudante de AMLO y ocupó durante los tres primeros años del sexenio el cargo estratégico de coordinador general de programas para el desarrollo de la Presidencia de la República, en el cual era jefe de los 32 superdelegados responsables de llevar los programas sociales a los estados. Junto con Esquer era recaudador y distribuidor de cash.
Como otro artífice del montaje aparece Mario Delgado, actual dirigente nacional de Morena, quien, de acuerdo con el testimonio de Elena, desvió dinero público hacia López Obrador y su movimiento político cuando era secretario de Finanzas del gobierno del Distrito Federal, durante la gestión de Marcelo Ebrard, hoy secretario de Relaciones Exteriores.
Una más es Ariadna Montiel, titular de la Secretaría del Bienestar, la oficina estratégica a través de la cual el gobierno de AMLO distribuye el dinero de los programas sociales más sensibles y emblemáticos del combate a la pobreza, como la pensión para adultos mayores, Prospera, Sembrando Vida, entre otros. Montiel es ahijada de Elena y participó como “cuidadora de vayas” en el plantón de López Obrador realizado en 2006 en protesta por los resultados electorales.
Otro coprotagonista con negro historial es Octavio Romero Oropeza, actual titular de Pemex, y quien fuera oficial mayor de la Ciudad de México en el gobierno de AMLO. En ese cargo fue otro de los que exigieron a los empleados del gobierno de la capital cuotas para sostener el movimiento político de López Obrador, en un esquema prácticamente de extorsión, ya que quien no aportaba pagaba el precio de no ser bien visto por sus jefes. “Y así pasaron los cinco años de la administración de López Obrador, quien ante el pueblo presumía su honestidad, pero al interior abusaba de los asalariados de confianza”, escribe Elena Chávez sobre la gestión de Romero Oropeza.
En el cuadro de la 4T pintado con fidelidad y realismo a través de las palabras de la autora también está Delfina Gómez, la hoy candidata oficial de Morena a la gubernatura del Estado de México. Ella también es descrita en este libro como una de las precursoras de los moches que voluntariamente a fuerza debían dar los empleados de gobiernos emanados del PRD y Morena. No solo es retratada como un personaje político sin criterio ni autonomía, “títere” de otro morenista, Higinio Martínez, sino que además si ganara la gubernatura en las elecciones de 2023, al ser el Estado de México una de las entidades con más municipios y servidores públicos, y de las más importantes financieramente, obtendrían una fuente de recursos inagotable para mantener al grupo de López Obrador y su movimiento durante al menos otros seis años. Elena Chávez describe las trapacerías y sumisión de Delfi, como la llaman, pero también su doble imagen: en público aparece como una sencilla seguidora de las reglas de la 4T con morral al hombro, pero en lo privado colecciona costosas bolsas de marca. Una moneda de dos caras como la mayoría de los integrantes del actual régimen, comenzando por su jefe máximo.
Junto a estos personajes, página a página van desfilando otros ilustres miembros del régimen: secretarios de Estado, legisladores, gobernantes electos y candidatos —invitados VIP al banquete de poder luego de haber pagado económicamente la costosa cuota—. Chávez también exhibe la actitud parasitaria de los hijos mayores del presidente, procreados con su primera esposa, Rocío Beltrán. Como José Ramón López Beltrán, Joserra, como le llaman sus más cercanos, cuya costumbre de vivir gracias a favores de contratistas del gobierno o del erario no es nuevo sino más bien un modus operandi. Elena Chávez describe cómo Joserra a sus 32 años era un empleado ornamental en la Procuraduría General de Justicia capitalina en el año 2013, “se la pasaba frente a la computadora jugando ‘solitario’ cuando se dignaba aparecer en la oficina”. Y explica que el puesto de aviador lo obtuvo como una de las concesiones que el entonces jefe de gobierno Miguel Ángel Mancera tuvo que dar a AMLO, además de dinero de las arcas de la capital; recursos a los que el político tabasqueño y su familia estaban ya muy habituados.
Los episodios que se narran poco a poco van dejando un amargo sabor de boca que se convierte en sorpresa y luego en indignación para quienes pensamos que la patria es el lugar donde habita el corazón de nuestro pueblo, la tierra donde el alma echa raíces, el vientre sacro de donde emergen todos los milagros posibles. Amarla es tomar partido a favor de las víctimas y no de los victimarios; es enriquecerla, no saquearla; es no dar rienda suelta ni impunidad a sus carniceros ni a sus protectores, ni a los infames que la exprimen para su beneficio propio, ni a los proxenetas que la entregan a cambio de poder o dinero.
Un concepto fundamental de la filosofía griega es el equilibrio como elemento indispensable para crear y mantener el orden natural necesario del cosmos y de la sociedad. En ese balance el ser humano debe guiarse con mesura, entendiendo sus límites, que no es inmortal ni omnipresente, sino finito y perecedero. El equilibrio individual genera el equilibrio colectivo.
La antítesis de ese equilibro es la hybris: la desmesura, la arrogancia, el rencor, los excesos, los caprichos y la prepotencia que provocan el caos en el cosmos y el desorden social. La tragedia griega nace con la finalidad de explicar al pueblo las terribles consecuencias de la hybris. A través de relatos escritos por los grandes filósofos y pensadores de la época, interpretados en foros públicos desde hace cientos de años antes de Cristo, se ejemplificaba que principalmente quienes caen en la antítesis del equilibrio son los responsables de gobernar.
Si alguna vez José Vasconcelos —escritor, filósofo y político de la Revolución mexicana— se definió en su autobiografía como un “Ulises criollo”, AMLO bien podría ser su antítesis, el “Agamenón criollo”. Agamenón era el rey de Micenas, hermano de Menelao, en la tragedia griega escrita por el dramaturgo Esquilo. Ciego de la hybris, con tal de obtener el triunfo y la gloria en la guerra de Troya, traspasó todos los límites posibles creyendo que podría romper el equilibrio sin consecuencias, y acabó exterminado por sus propios excesos.
“Uno solo es el refugio de las desgracias: tener un sentido del límite dentro de uno mismo”, escribió Esquilo en la tragedia Agamenón.
El rey del cash es el relato de una tragedia a la mexicana, la del “Agamenón criollo”. El de la mitología griega desnudó y descuartizó a la hija adolescente y virgen en ofrenda a los dioses para conquistar todo a su paso; el de esta versión mexicana es uno que está descuartizando la patria.
Pienso que el testimonio de Elena Chávez marcará un antes y un después en la historia de Andrés Manuel López Obrador, y en la de sus más cercanos colaboradores. Porque contrario a toda la propaganda que hay y que habrá para mantener la simulación, el relato refiere información auténtica. Lo sé porque antes de escribir estas líneas conversé directamente con testigos que como la autora presenciaron o conocieron los hechos que aquí se narran.
Estoy convencida de que después de que por fin alguien se atreve a romper la omertá habrá otros que seguirán los pasos de Elena y ampliarán la exposición de la infame simulación del actual gobierno, que, pese a que desde Palacio Nacional se afirma como distinto, la realidad es que su esencia es similar a la de sus antecesores: otros saqueadores que gracias a él siguen impunes.
Introducción
Este es un testimonio sobre los 18 años que viví cerca del presidente Andrés Manuel López Obrador, al ser pareja de su entonces jefe de prensa César Yáñez Centeno. Ellos dos son los personajes centrales de esta historia dramática, trágica, llena de traiciones políticas, ambiciones personales, infidelidades, abusos laborales, corrupción y autoritarismo.
Mi decisión al publicar este libro ha sido no guardarme secretos de situaciones y decisiones de las que no fui responsable ni cómplice. Simplemente me tocó ser espectadora de un momento clave de la historia política del gobierno de la Ciudad de México y de quien la gobernaba; así como de las campañas presidenciales de López Obrador. Y confieso que vi y escuché muchas cosas que lastimaron mi alma.
Con este libro mi propósito es poner en evidencia cómo el poder ha sido el gran amor y la obsesión de López Obrador, y cómo su alimento para sostenerse todos estos años han sido el odio y el resentimiento, con los cuales está gobernando México. No busco denostar a ninguno de los personajes que aquí aparecen, sino tan solo romper el pacto de impunidad que me ha perseguido sin haberlo pedido o haber participado en acciones ilegales.
Como podr
