Elena Garro:Los recuerdos sin porvenir

Laura Ramos

Fragmento

Título

Introducción

Creo en la vida eterna en este mundo,
hay momentos en que el tiempo se detiene
de repente para dar lugar a la eternidad.

Fiódor Mijáilovich Dostoievski

¿Quién le perdonó la vida a Elena Garro? ¿Por qué a ella y a su hija no las desaparecieron o las mataron? ¿Era Elena amante de Fernando Gutiérrez Barrios? ¿Fueron Elena y su hija las que después del Mayo francés opinaron que sería una buena estrategia reclutar estudiantes y obreros para derrocar al gobierno y después se arrepintieron? ¿Por qué Octavio Paz no vino de la India para defender a su hija? ¿Y si Octavio Paz hubiera firmado Felipe Ángeles que, según Elena, era su intención? ¿Pensó Elena en casarse con Madrazo y ser la primera dama de México? ¿Por qué no le dieron a Madrazo un puesto diplomático en 1970, como eran sus planes antes de morir o antes de que lo mataran? ¿Por qué no lograron hacer el Partido Patria Nueva y derrocar al PRI? ¿Por qué no logró Elena, en su negociación con Echeverría, tener un puesto gubernamental en 1970? ¿Por qué Elena abortó y no tuvo un hijo con Adolfo Bioy Casares? ¿Por qué Helen no se casó con Roberto Fernández Retamar? ¿Le robaron a Helen la herencia de su abuela, como ellas lo aseguraban? ¿Por qué Elena no se fue a vivir con Bioy a Argentina? ¿Por qué Helen no hizo una carrera universitaria en Estados Unidos? ¿Por qué Helen abortó y no tuvo hijos? ¿Por qué la herencia de Octavio Paz pasó directo a Marie Jo? ¿Por qué las propiedades de Octavio Paz y Marie Jo pasaron al DIF? ¿Y si se hiciera válido el testamento que Elena dejó a Bioy Casares en 1972? ¿Quién tiene el libro inédito Los zares de Rusia y la novela de la revolución rusa escrita por Elena que le robaron a Helen? ¿Dónde están todos los libros inéditos de Elena y las obras de teatro de Helen? ¿Por qué no podemos tener una colección completa de sus obras? ¿Y al final, quién se quedará con la herencia de Octavio Paz? ¿Qué pasó con el testamento de Josefina Lozano? ¿Se inspiró Gabo en Los recuerdos del porvenir? ¿Le dieron el Nobel a García Márquez por ser hombre e ignoraron a Elena? Me gustaría que estas preguntas despertaran curiosidades en la mente de los lectores después de concluir esta obra.

Elena Garro es un misterio en cuanto a vida y obra, un personaje atormentado, terrible, amoroso, luminoso, colérico, anhelante, ensoñador, la paradoja hecha mujer, la pluma de lumbre y agua, de ceniza y duelo, de pasión y amor, de locura y rabia. Porque eso vi en Elena Garro: un temperamento consumido pero con un llama de ruinas y tormentas, un recuerdo sin porvenir encendido por sus pasiones, enconos y nostalgias.

Conocí a Elena en la versión final de su vida, atrapada en un cuerpo letal, pero de una mente grandiosa y lúcida. Ella recordaba hasta el detalle más insignificante de su vida. Nunca escuché hablar de Elena Garro, no sabía de su existencia, confieso que cuando la vi por primera vez no la entendí.

Hago un poco de historia. En 1991 José María Fernández, quien en esa época era presidente de la SOGEM, invitó a Elena Garro y la trajo a México para un homenaje, acompañada de su hija Helena Paz. Monterrey, mi ciudad natal, fue la primera ciudad en invitarla; Puebla la hizo hija predilecta y le dio las llaves de la ciudad. En varias ciudades de la República, como Guadalajara y Aguascalientes la homenajearon, y en Bellas Artes se hicieron mesas redondas, un panorama alentador para regresar. En esas fechas aún vivían sus dos hermanas, quienes murieron antes del regreso definitivo de Elena a México en 1993, o al menos eso le hicieron creer a la autora. Se le otorgó una casa amueblada en la que no había lugar para sus gatos, así que sus sobrinos les prestaron el “departamentito” de Estrellita, su hermana menor. Por medio del Conaculta, le fue otorgada la beca de creadores eméritos para ella y su hija.

Vino de París, su ciudad favorita, “al mentado México”, ¡a morir! El autorretrato escrito por su puño y letra que termina en “soledad, miedo y miseria” se cumplió tal y como lo predijo; concluyó su vida bajo la tierra del “Jardín de la Paz”, paz que nunca tuvo.

En 1996, en Cuernavaca, Morelos, Elena miraba por el cristal de la ventana del departamento que llamó “la penitenciaria”. Pensó que si las nubes se movían era señal de que ella aún vivía. Quería permanecer en el sillón lo más cerca posible del cielo, donde veía pasar el día y la oscuridad de la noche. Dijo que sus propias letras decretaron su futuro. Al final, frustrada, quería cambiar los desenlaces y regresar el tiempo; pensó que en el presente, reescribiendo “los finales”, cambiaría su situación. Ya no hubo tiempo de ser y escribir esas letras visionarias para decretar un mejor final, un buen final o un final feliz. Elena fue exactamente del tamaño de sus pensamientos.

La Garro, como la llamaban, vivió en desgarro medio siglo a la sombra de su esposo, subsistió a la violencia interpersonal a la que él la sometía, según lo que ella contó. A la violencia verbal, a la sexual, a la laboral, a la psicológica y la patológica; a la económica, a la física y a la de género; hasta llegar a la violencia autoinfligida y querer como mínimo la autodestrucción o el suicidio como desenlace. El resto de sus años, con la aposición de la “ex”, lo vivió en la penuria de su sombra, se sumó a esto la violencia colectiva, la institucional, la simbólica, la del terrorismo de Estado y la criminal. “Ningunear también es violencia”.

Elena Garro, novelista, cuentista, dramaturga, guionista, periodista, coreógrafa de gran importancia para la literatura hispanoamericana —y podría serlo universal si todas sus obras fueran traducidas y publicadas en otros países—, se esforzó por iluminar sus últimos días con sus memorias. Creo que Elena nunca fue fiel a la percepción de su mundo real, pero sí de su cosmovisión de la que soy testigo, al igual que de la manera en cómo se iba y regresaba de una plática. ¡Me gusta pensar que aún está ahí!

—¿Elena, cuándo naciste?, ¿1920, 1916 o 1914?

—Ponle a la biografía 1920. ¡Siempre me quité la edad por vanidad!

Elena describió y dictó su vida para una biografía publicada por la editorial en la que yo trabajaba. Dictó de su historia lo que quiso y como ella lo recordó, con muchas variantes a la verdad de otros, incluso de su hija. En esa biografía se expuso al juicio y se declaró víctima. Fueron historias que de tanto repetirse se volvieron hechos que vivió y revivió al hablar. Años después, al releer esa biografía publicada en enero de 2002, me di cuenta de que existen fechas desfasadas, cosas que no sucedieron de la manera en que se escribieron.

La justificación de sus actos al escribir era establecer una comunicación con el lector general, mostrando “esa” Elena empática con el lector común, no con el lector especializado, ni para conectar con el intelectual de su época. Dijo que no escribía para ellos, sus libros no iban dirigidos a esos lectores ni a la esfera académica del gremio que la juzgó, la discriminó, la ninguneó y la rechazó.

Elena no renunció a la subjetividad y afinidad con la que señaló la realidad y la magia. Escribió hasta de los momentos más dolorosos de su vida y de su imaginación en crisis permanente, dentro y fuera de los pensamientos de frustración y odio. En su fase última, los acentuó en una voz de venganza literaria, reclamando a lo que siempre creyó injusto, y al final, con la impotencia de estar atrapada en un cuerpo a punto de morir.

Hoy dibujo con letras a Elena, como ser humano, no a la mujer ni a la escritora, sino al “ser de luz y al ser oscuro”, pensando en que nada ni nadie en este mundo es tan bueno ni tan malo. Para Elena todo fue un juicio en este mundo, pero ahora “dependerá del cristal con el que lo mires”; por eso pido a los lectores vean a esta Elena del cristal para adentro, sin juicios, temperamental, impetuosa, incontenible, frustrada y con el deseo perverso de que se quemara la biblioteca de Octavio, lo que para ella representaba su venganza. La investigación bibliográfica te dará una ventaja al leerla, descubrirás que escribió con claves y usó sus otros nombres: Clara, Laura, Mariana, Lydia, Verónica…

¿Estás con Paz o con Garro?, esto no implica rebajar nada ni a nadie, pero desde hace doscientos años de literatura universal, es difícil separar la creación de la reflexión o de la crítica. Antes se decía que el perfil unitario del escritor era singular, “solo poeta”, “solo novelista”, “solo guionista”, “solo traductor”, “solo dramaturgo”, “solo crítico literario” y “solo hombre”; al igual que en la ideología y en la política, si eras de izquierda o de derecha. Elena era todo eso, pero además, “era mujer”; su educación imaginativa creció en el país equivocado, en donde se otorga el privilegio al escritor masculino.

Recuerdo las palabras de Elena durante una de nuestras conversaciones: “Mi padre me hizo saber que yo era inteligente, pero que a los hombres no les gusta que la mujer brille más que ellos; si quieres complacerlos, no lo demuestres y guarda silencio. Pensé que por ser mujer y rubia nunca me harían nada, y que por ser esposa de la diplomacia, siempre tendría inmunidad”.

Las mujeres creían que eso era normal, que la sumisión, la abnegación, el sometimiento y la violencia era lo correcto en todos los ámbitos; así como no tener derecho a la educación, que aún es un maltrato sistémico, donde la mayor parte de los analfabetas del país en el que ella nació y murió son mujeres.

Elena vivió expuesta a esto, en un medio donde se ignora a la mujer y a sus letras, algo propio de esta cultura donde ella se eliminó en automático por su género, porque no se apreciaba la obra de una autora o bien por asumir que la obra literaria de una mujer tenía más proyección que la de un hombre o un poeta.

Aún vivimos una cultura sin equidad de género, un ejemplo es el Colegio Nacional, que tiene una deuda con las mujeres, lleva setenta y cinco años de existencia con ciento dos participantes, entre ellos científicos, artistas y literatos destacados en las artes y humanidades; de los cuales, en este año, solo cinco son mujeres. “¿Libertad por el saber restringiendo el género?”.

Enuncio la palabra “hombre” solo por ser del género masculino con cuotas de privilegio, sin discutir lo brillantes que sean, así como lo fue Paz. Anhelo que se escuche la literatura femenina, no solo la mexicana, y rescatar a esa generación universal de mujeres de cristalización canónica que se les ninguneó; aquellas que sí podían adornar en la sobremesa de oyentes, pero permanecían mudas, a quienes se les limitó sus publicaciones y escribían con seudónimo masculino, o bien dejaban que sus esposos firmaran sus poemas, ensayos, guiones y novelas que algunas escribían por ellos.

¿Cuántas posibilidades pierdes en la vida si naciste mujer?, solo una de cada nueve mujeres ha recibido el Premio Nobel de Literatura. Elena leía en voz alta con sus amistades Los recuerdos del porvenir antes de ser publicada, esta obra la escribió entre 1951 y 1953, se publicó diez años después y ganó el premio Xavier Villaurrutia, pero después del 68 esta obra desapareció del mundo literario. En 1967, el colombiano “Gabo” García Márquez publicó en Buenos Aires Cien años de soledad, considerada una obra maestra de la literatura hispanoamericana y universal, así como una de las más traducidas y leídas en español. Catalogada como una de las obras más importantes de la lengua castellana durante el IV Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Cartagena de Indias en el año 2007. Fue incluida en la lista de las cien mejores novelas en español del siglo XX del diario francés Le Monde y en los cien mejores libros de todos los tiempos del Club de Libros de Noruega. Ambas coinciden en una historia de familias que viven en lugares míticos: Ixtepec y Macondo, en ambas el pueblo es el narrador, las dos tienen muchos personajes, ambas novelas tienen ausencias de un solo protagonista, todos son importantes, no hay un protagonista que resalte. El paralelismo en sus títulos es significativo, ya que en los dos títulos se hace referencia al tiempo circular. En ambas, una generación sucede a la otra y cada una repite los actos de la anterior. La estructura de las dos novelas, los errores de los ancestros que se repiten como patrones. Buendía y Moncada (este nombre es casi un anagrama de Macondo), ¿es una burla?, el casi incesto es manejado en las dos novelas, “Los Moncada” y los primeros “Buendía” tienen dos hijos y una hija, ambas familias viven en el centro de los pequeños pueblos; siempre pululan las mariposas amarillas de José Arcadio Buendía y el diluvio de casi cinco años, llueve como en Ixtepec. Gabo describe a los gitanos que traen la magia y lo sobrenatural al pueblo, y Elena describe un teatro que hace soñar al pueblo. Personajes similares como las prostitutas en ambas novelas son parte de la historia, o el loco, que es el patriarca José Arcadio Buendía, es como Juan Cariño, cazador de palabras, las tortura, las ahorca y no las deja salir de su sombrero. El arquetipo de la vieja Úrsula y Dorotea, casi son la misma historia. El general Francisco Rosas y el coronel Aureliano Buendía son un ejemplo inevitable; ninguno de los dos sabe amar; son víctimas de su propia infelicidad y ejercen la violencia contra los demás porque no saben manejar el odio.

En Cien años Gabo escribe: “La tierra es redonda como una naranja”, esto se lo dice Aureliano a sus hijos. Y Elena, escribió dieciséis años antes: “La fecha esperada por todos se abrió paso entre los días y llegó redonda y perfecta como una naranja”. La casualidad es que ambos amaban a las mariposas amarillas.

Regresando al Premio Nobel de Literatura, en 1945 lo obtuvo Gabriela Mistral, la única sudamericana, no se ha distinguido más a otra autora chilena, argentina, peruana o mexicana, por nombrar solo nacionalidades. Algunos hombres ejercen violencia para dominar, oprimir, reprimir y controlar a sus mujeres, incluso a las que aman: esposas, hijas, amantes, hermanas, tías, madres, ¡no todos, solo algunos! Por la manera en la que los hombres pensaban de las mujeres ”que eran menores en habilidad y capacidad, por lo que tenían un supuesto derecho natural de oprimirlas”, las abusaban, las maltrataban y las violaban. Eso era “normal” en una educación patriarcal donde los nacidos a principio del siglo XX, le heredaron a las siguientes generaciones las estúpidas creencias que ahora se conocen como feminicidio. La violencia abusiva de la masculinidad se impone usando el poder y la fuerza para exprimir, oprimir y anular la voz femenina.

El 4 de octubre de 1941, Elena publicó en la revista Así, un artículo llamado “Mujeres perdidas” y el 11 de octubre del mismo año publicó una segunda parte sobre un tema social en el que ella defendía su iniciativa y lo describió hace ochenta y un años. ¿Qué cambió con la manifestación de estudiantes y obreros de 1968?, año en el que Elena no solo fue juzgada por este perfil de escritores intelectuales, políticos y académicos de género masculino, sino que además fue juzgada por las mujeres consideradas del ámbito “intelectual” que omitieron su voz; eso también es violencia. Ese año fue el punto de quiebre de su vida y lo que destruyó su destino; después de 1968, Elena cambió.

Difiero totalmente en que una obra tan extraordinaria como su primera novela Los recuerdos del porvenir, echó sombra a lo que escribió después. Fue la vida misma la que la llevó a cambiar el sentido de lo que quería transmitir: inestabilidad psicológica, económica y abandono; pero no cambió su extraordinaria prosa, aunque la acentuó con un tono depresivo y melancólico sin modificar la creación brillante y mágica de su origen literario. La reflexión literaria de Elena, fuera del ámbito académico, se describe con asociaciones que no parecen en un principio muy claras, la violencia de género, el activismo social, la democracia y la libertad de expresión se vuelven lógicas cuando conoces sus vivencias personales conectadas con el texto. Su creación literaria es única, te lleva a la ficción, a la intuición, a la realidad, a diferentes dimensiones, tiempos y aún más, se define como su mayor ambición persuasiva al exponer en cada palabra su

Suscríbete para continuar leyendo y recibir nuestras novedades editoriales

¡Ya estás apuntado/a! Gracias.X

Añadido a tu lista de deseos