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Ciberdisidencias

Jenaro Villamil

Fragmento

Hacia un humanismo digital

¿Por qué en países tan disímbolos como Egipto, España, Chile, Estados Unidos, Brasil o México se generaron en menos de tres años movilizaciones juveniles en las calles y en el ciberespacio? ¿Se están gestando otros movimientos que, al igual que éstos, se caractericen por su convocatoria a través de redes sociales, la ausencia de liderazgos visibles, y organizaciones partidistas, y con críticas muy fuertes al autoritarismo político, económico y mediático en estos tiempos de globalización?

Ante la amenaza creciente y documentada por Julian Assange y Wikileaks, Bradley Manning, y recientemente por Edward Snowden y el periodista Glenn Greenwald de un nuevo riesgo global para las libertades civiles a través del espionaje masivo de comunicaciones privadas de ciudadanos, líderes políticos, dirigentes sociales y todo aquel que posea un dispositivo móvil con internet, se ha generado una movilización mundial creciente de igual intensidad, utilizando las mismas redes sociales y las calles, que se convierte en un nuevo antídoto de pronóstico reservado.

¿Estamos ante un nuevo escenario donde el ciberespacio se transforma ya no sólo en una plataforma de tecnología y comunicación sino en el ágora mundial donde se convoca a ciberrebeliones, a movilizaciones de audiencias deliberativas que influyen y crean agendas nuevas, alternativas a las de los grandes mass media, pero también se engendran distintas y poderosas amenazas a las libertades, alentadas por el negocio del control y de la información que significa la Big Data?

Estas son preguntas sin respuestas únicas ni cerradas; son expresiones de wikirrevoluciones —como las teorizó Manuel Castells1—, y también de una ola de indignación que domina entre la mayoría de las audiencias jóvenes de los nuevos medios deliberativos, y que puede dar lugar a lo que el filósofo alemán Ulrich Beck denomina “la formulación de un nuevo humanismo digital”2.

Desde el Magreb árabe, la marea de las movilizaciones cruzó el estrecho de Gibraltar para protagonizar en decenas de ciudades españolas las acampadas de protesta del 15- M. La prensa extranjera los denominó los indignados o la Spanish Revolution, con claros vasos comunicantes entre lo sucedido los últimos dos años en Francia contra el gobierno de Sarkozy, en Italia y en Grecia contra los planes económicos draconianos ordenados desde el poder eurofinanciero. El mito de la eurocomunidad solidaria, ciudadana y de Estado de bienestar se quebrantó en esas jornadas. El panfleto Indignaos, escrito por el diplomático y experto en derechos humanos Stéphane Hessel, se convirtió para miles de jóvenes en un sugerente llamado a la acción en España, Francia, Grecia, Italia y otras naciones de la eurozona en plena crisis.

“Les corresponde a ustedes, amigos de España —país en el que la diversidad de las culturas es mundialmente reconocida—, ciudadanos del mundo, a cada uno de ustedes individualmente, y a todos colectivamente, encontrar las pistas a través de las cuales la ‘internacional ciudadana’ podrá dotar de vida este siglo. No para lograr el mejor de los mundos, sino un mundo viable”, escribió Hessel en la parte central de su alegato.

En su segundo libro, ¡Comprometeos!, Hessel afinó un poco más la reflexión en conversaciones con Gilles Vanderpooten, joven escritor francés y activista social. Hessel, un referente intelectual para las nuevas generaciones europeas movilizadas, advirtió en ese texto3:

Resistir no supone simplemente reflexionar o escribir. Es necesario emprender una acción. Ahora bien, a este respecto soy relativamente pesimista: las jóvenes generaciones manifiestan escasa resistencia en relación con lo que las escandaliza y contra lo cual deberían reaccionar. Los jóvenes son tan capaces como yo de reconocer lo que hay de escandaloso en la injusticia económica y social, en la degradación del planeta, en la violencia no reprimida en Darfur, en Palestina, en algunas regiones de África y de Medio Oriente. Es normal que se reflexione sobre ello y que se hable al respecto. Pero, ¿cómo conseguir que esta actitud desemboque en un compromiso práctico?

La pregunta de Hessel sigue rondando en varias sociedades donde el nivel de desencanto juvenil es creciente. Sin embargo, en España, decenas de organizaciones se entrelazaron en la plataforma Democracia Real Ya!, por medio de la cual protagonizaron las protestas y movilizaciones más impresionantes de la última década.

El mismo impulso español inspiró a activistas norteamericanos. Surgió el movimiento Ocupa Wall Street en 2011, tres años después de la quiebra de Lehman Brothers y de decenas de organizaciones financieras que provocaron la reciente crisis económica. La impunidad y la falta de rendición de cuentas del poder financiero se convirtieron en ejes de las protestas en Estados Unidos.

De la rebelión contra los regímenes dictatoria

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