Esos locos bajitos

Amanda Céspedes

Fragmento

Creditos

1.ª edición: noviembre, 2015

© Amanda Céspedes Calderón, 2015

© Ediciones B Chile, S. A., 2015

Avda. Las Torres 1375-A Huechuraba - Santiago, Chile

www.edicionesb.cl

Registro Propiedad Intelectual Inscripción N° 258403

ISBN DIGITAL: 978-956-304-203-0

Diseño: Francisca Toral

 

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Dedicado a María y Eva Carbó Coll y a Ana Giannina Albornoz.

A Arnau, a Alma y a sus papás, Andrés y Ronny.

A Stefano.

Y a la gran tribu de locos bajitos que han sido mis maestros de vida.

 

 

 

 

 

A menudo los hijos se nos parecen,

así nos dan la primera satisfacción;

esos que se menean con nuestros gestos,

echando mano a cuanto hay a su alrededor.

Esos locos bajitos que se incorporan

con los ojos abiertos de par en par,

sin respeto al horario ni a las costumbres

y a los que, por su bien, hay que domesticar.

Niño, deja ya de joder con la pelota.

Niño, que eso no se dice,

que eso no se hace,

que eso no se toca.

Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,

nuestros rencores y nuestro porvenir.

Por eso nos parece que son de goma

y que les bastan nuestros cuentos para dormir.

Nos empeñamos en dirigir sus vidas

sin saber el oficio y sin vocación.

Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones

con la leche templada y en cada canción.

Niño, deja ya de joder con la pelota...

Nada ni nadie puede impedir que sufran,

que las agujas avancen en el reloj,

que decidan por ellos, que se equivoquen,

que crezcan y que un día nos digan adiós.

JOAN MANUEL SERRAT

Esos locos bajitos

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Cita

 

Prólogo

PRIMERA PARTE. Mi ángel, mi cómplice

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

SEGUNDA PARTE

Capítulo XII: ¿Infancia o infancias?

Capítulo XIII: Educar a la primera infancia sí, pero… "primero rescaldar el corazón"

Epílogo

Lecturas recomendadas

Agradecimientos

Prólogo

En las primeras décadas del siglo XX el niño pequeño estuvo tras bambalinas en un mundo occidental, que parecía presentir los grandes problemas mundiales que se acercaban ocupándose afanosamente de lo externo. Las familias, por entonces extendidas en su gran mayoría, se sostenían desde lo interno sin mucha conciencia de sus crisis y falencias. En su seno nacían y crecían los niños, expuestos a las mismas fuerzas sociales que el resto, sin identidad histórica aún. Pero desde la segunda mitad de dicho siglo, las políticas públicas comenzaron a preocuparse por los primeros años del ciclo vital, quizá presintiendo qué graves eran los efectos de la negligencia del mundo adulto, como las guerras y sus secuelas, frente a la infancia. Se dio inicio así en muchos países a una institucionalidad que buscó ante todo proteger a los niños y niñas, pero sin verlos todavía como agentes activos en la construcción de su vida social, titulares de derechos, de modo que se privilegió un enfoque tutelar. Chile no fue ajeno a este cambio de mirada, instalándose muy pronto como pionero en la región. Ejemplos de ello son iniciativas como Conin y su lucha contra la desnutrición infantil, los programas de estimulación temprana impulsados por el doctor Hernán Montenegro y el creciente esfuerzo por aumentar la cobertura en educación escolar y preescolar.

Chile ha logrado reducir la pobreza y la indigencia, se han mejorado los índices de salud y se ha conseguido una real expansión en el acceso a la educación. Sin embargo, cuando ya nos aproximamos a cerrar la segunda década de un nuevo siglo, son casi 4.5 millones de menores de 18 años en Chile quienes nos interpelan. De ellos, el 70.9 por ciento tiene menos de doce años: 4.5 millones de niños, niñas y adolescentes que crecen y alimentan sueños en uno de los 10 países con peor distribución de riqueza en el planeta. Casi 1/5 de la población menor de 18 años carece de las condiciones mínimas para desarrollarse adecuadamente. La pobreza y la exclusión siguen siendo un flagelo en Chile, dañando gravemente la dignidad personal y afectando el desarrollo integral de niños y niñas. Esto es particularmente grave en la primera infancia. Es así como si uno de cada dos niños del quintil más rico de la población chilena accede a la educación preescolar, solo uno de cada seis niños pobres lo logra. Además, todavía existe un 17 por ciento de niños viviendo en condiciones de extremo hacinamiento y un 6.6 por ciento de menores en Chile que sufre diariamente la explotación laboral.

El país está consciente de estas deudas urgentes con la infancia, y la institucionalidad ha optado por un necesario cambio de mirada desde lo meramente tutelar a políticas que garanticen y defiendan los derechos fundamentales de los niños. No solo preocupa ampliar la cobertura en educación: también se pone el énfasis en la calidad educativa, y a las políticas de protección de la familia hoy se incluyen esfuerzos intersectoriales por eliminar la violencia doméstica y evitar a toda costa la internación de niñas y niños vulnerados en sus derechos en hogares residenciales. Surgen con fuerza cambios de enfoque hacia lo sistémico, el interés superior del niño, las políticas de prevención y el enfoque de inclusión, pertinencia cultural y territorial. Las miradas se dirigen hacia los niños y niñas con necesidades educativas especiales, hijos de migrantes, hijos de refugiados, niños y niñas de pueblos originarios. Aparecen y se implementan programas que contemplan al niño y niña como sujeto de derechos desde antes de nacer, es así como aumentan las visitas domiciliarias integradas a gestantes en situación de vulnerabilidad, se desarrollan y aplican programas de fortalecimiento del desarrollo prenatal, los que favorecen el nacimiento con contacto piel a piel, etcétera. Entre ellos, el programa Chile Crece Contigo, una iniciativa gubernamental que tiene como objetivo el acompañamiento, protección y apoyo integral de todos los niños, niñas y sus familiares desde la gestación a los 4 años de vida, articulando intersectorialmente las iniciativas, prestaciones y programas dirigidos a este grupo, con una especial focalización en grupos vulnerables.

Una mirada objetiva nos permite estar optimistas, porque se ha dado un gran paso: transitar desde políticas meramente tutelares a un enfoque de derechos. Sin embargo, todavía falta mucho por lograr y el camino no es fácil. Particularmente ardua será la tarea de articular intersectorialmente las

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