Índice
Cubierta
Capítulo 1. La recaída
El adiós
El cuento se acabó
El contrato
Cuestión de confianza
¿Te quedó claro?
El llamado
Mi abuelita me lo compró
Operación limpieza
«Misión cumplida»
Capítulo 2. El «FIFA Gate»
Ronaldo abre el baúl
La redada y el actor
La venganza del Tío Sam
El autogol
El topo
El buchón
Capítulo 3. La era Jadue
Ascenso meteórico
Zoom sobre Jadue
«Todo pasa»
A la caza de Harold
Slim fit
El adiós del «Bichi»
Campeón maldito
New rich
La «primera dama»
Bitácoras de Asunción
El enemigo comunicacional
El negocio del siglo
Mi amigo Sampaoli
Los souvenirs
El veto a Fox
La reelección
El protagonista
El consejo soberano
La «comisión sobornos»
«Mi» Copa América
Just do it
El «informe Mendoza»
Capítulo 4. Los señores de la «Coimabol»
Los intocables
El «Confidente X»
El «Padrino»
El yerno
El «Doctor»
El «Gordo»
El equilibrista
El tesorero
El anfitrión
El políglota
Capítulo 5. El derrumbe
Aterrizaje forzoso
La mesa servida
El amigo de Napout
El rehén
La auditoría forense
En la mira
El «Gordo»
Los «Ja-Ja»
Los sospechosos de siempre
Welcome to Miami
Créditos
Capítulo 1
LA RECAÍDA
El adiós
Soy, por lejos, el mejor presidente de la historia del fútbol chileno. Por resultados financieros (los contratos que se firmaron), resultados económicos (la plata que se le repartió a los clubes) y resultados deportivos (el título de Copa América), no hay otro período más exitoso en la historia de la ANFP.
SERGIO ELÍAS JADUE JADUE
Avenida Presidente Kennedy, Costanera Norte y Autopista Vespucio Sur; ese fue el recorrido de la camioneta Land Rover que transportó a Sergio Jadue al Aeropuerto Internacional de Santiago para viajar a Miami. Eran las ocho y media de la noche del martes 17 de noviembre de 2015.
Jadue iba solo, sentado en el asiento trasero del vehículo. Casi no cruzó palabras con el chofer que había contratado para que lo llevara al aeropuerto ni con el funcionario de la empresa de seguridad de la ANFP instalado en la butaca del copiloto. En otra camioneta de similares características, un par de minutos antes, había salido el resto de la familia Jadue Facuse camino al terminal aéreo desde el departamento que habitaban en la comuna de Vitacura. Su esposa María Inés y sus hijos Nicolás y Sabja sabían que no se trataba de un viaje cualquiera: la familia en pleno volaba a Estados Unidos para que Sergio enfrentara a la justicia estadounidense, como imputado en la trama de sobornos en el fútbol internacional investigada por la fiscalía norteamericana.
En silencio, con la mirada fija en su celular, el recién renunciado presidente de la Asociación de Fútbol Profesional (ANFP) enviaba algunos mensajes de WhatsApp a miembros de su círculo más íntimo y a sus colaboradores más cercanos del directorio de la ANFP quienes, en su mayoría, se encontraban en Montevideo presenciando la derrota de Chile ante Uruguay a esa misma hora. Los mensajes eran cortos y vagos: «Me voy, estoy viajando a Estados Unidos por temas personales. Recen por mí», leyeron en la pantalla de sus teléfonos algunos receptores de los mensajes.
Hasta el último día en Chile, Jadue intentó manejar sus movimientos sigilosamente. En una medida astuta, programó su viaje a la misma hora del partido por las clasificatorias mundialistas. La atención de los medios estaría puesta en el Estadio Centenario, pensó. Pero su salida del país ya se había filtrado y varias horas antes, en el aeropuerto, una docena de cámaras ya estaban instaladas a la espera del dirigente (situación que, según Jadue, se debió a una operación política del Gobierno que habría filtrado a los medios su partida a Estados Unidos).
En Montevideo, Uruguay demolía a Chile: Diego Godín a los 22 minutos, Álvaro Pereira a los 60 y Martín Cáceres a los 64 sentenciaban el 3-0 de los charrúas sobre el campeón de América. La estantería de la Roja se caía a pedazos en el mítico estadio Centenario, tal como en Santiago se derrumbaba la historia del dirigente al mando del fútbol chileno.
En Uruguay la Celeste apabullaba al equipo de Jorge Sampaoli con el mismo libreto de siempre, con los argumentos que todos sabíamos iba a utilizar en contra de Chile: orden defensivo, intensidad en la marca, pelotazo largo, juego aéreo y a cobrar. Con su llegada al aeropuerto, Jadue comenzaba a poner fin a una crónica que también tuvo elementos que podrían haber presagiado el epílogo del calerano: el arribo a la testera de la ANFP en insólitas condiciones propiciadas por la crisis que derribó a Harold Mayne-Nicholls, acusaciones de malos manejos desde diversos frentes y la personalidad de un dirigente inexperto, que llegó a ser timonel del fútbol chileno por astucia y atrevimiento más que por currículum y capacidad.
El 5 de enero de 2011, el día que ganó las elecciones de la ANFP, Jadue accedió al poder gracias a su capacidad para estar en el momento oportuno en el lugar adecuado. Poco les preocupó a los dirigentes que lo apoyaron (encabezados por Universidad de Chile, Colo-Colo y Universidad Católica) la nula experiencia del directivo del Club La Calera (treinta y un años tenía cuando derrotó al candidato oficialista Ernesto Corona). En ese minuto lo fundamental era triunfar en los comicios, barrer con cualquier vestigio de la era Mayne-Nicholls e instalar en la cabeza del fútbol a uno de los suyos, sin importar si era o no el más idóneo.
Visiblemente más delgado, con el semblante abatido y a paso lento, Sergio Jadue bajó del Land Rover y avanzó entre el enjambre de periodistas. Balbuceando algunas palabras alcanzó a pedir que lo «dejaran pasar», que «viajaba para descansar e irse de vacaciones junto a su familia» y que «se iba con sus hijos un par de meses», eso era todo. Nadie creyó su versión. A esa altura en realidad, nadie le creía nada.
Rodeado por cuatro carabineros, el ex vicepresidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) logró trasladarse al sector de embarques del aeropuerto por el ingreso preferencial del terminal aéreo. Sus movimientos y el rostro desencajado imprimían un aspecto débil en su figura y estado de ánimo. Meses después, ya instalado en Miami, aseguraría que la noche de su partida desde Santiago había ingerido varios tranquilizantes: «No sé si tomé Ravotril o algo por el estilo, pero estaba totalmente ido (sic)», afirmó.
El vuelo de LAN número 500 que trasladaría a la familia a Miami despegaba a las 22.35 horas. Jadue, su esposa y sus hijos llegaron a la puerta de embarque una hora antes, a las 21.30, por lo que no tuvieron que esperar e iniciaron el ingreso al avión. A diferencia de los viajes en clase ejecutiva que por años realizó mientras estuvo al mando de la ANFP, los asientos 12J, 12H, 12K y 12L de la cabina económica constituían la nueva realidad para el dirigente del fútbol; su nuevo estatus como persona común y corriente, sin los lujosos privilegios de que gozó cuando recorría el mundo con la credencial de destacado directivo de la Conmebol.
Meses después, en Miami, en medio del proceso de colaboración con el FBI y la fiscalía norteamericana, Sergio Jadue se paseaba como un ciudadano libre. A pesar de los rumores que afirmaban que estaba detenido, su condición de colaborador como testigo le permitía hacer una vida relativamente normal, salvo por el arraigo que le impedía salir de Estados Unidos.
En ese contexto, aburrido por la imposibilidad de trabajar o matar el tiempo en alguna actividad a la espera de la sentencia de la justicia, el ex dirigente chileno tenía prohibición de conceder entrevistas. Docenas de ofrecimientos le llegaron desde Chile y el extranjero. Todos los medios querían conseguir la exclusiva, sin embargo, el silencio mediático de Jadue no se rompería. Sin embargo, en esa prohibición de conceder entrevistas no estaba implícita la posibilidad de sentase a conversar con quien estimase conveniente. Y Jadue lo hizo, sin micrófonos encendidos, pero con todos los deseos de dar su versión de los hechos que, a la luz de lo que ha ido apareciendo, parecen condenarlo aun antes de que la justicia emita la verdadera sentencia. Una versión que después de horas de charla está incluida en esta historia, un relato que narra la caída de Sergio Jadue y los escándalos en la ANFP, la Conmebol y la FIFA.
El cuento se acabó
Los últimos doce días de Sergio Jadue en la presidencia de la ANFP estuvieron marcados por sus silenciosos movimientos en el programa de entrega pactado en secreto con el FBI. Pero su comportamiento y actitudes levantaron sospechas en los miembros de su directorio y en varios dirigentes de clubes. El jueves 5 de noviembre de 2015 se realizó una reunión de directorio en la sede de Quilín para preparar el consejo de presidentes del día siguiente pero, para extrañeza de sus pares, Jadue no asistió a la importante cita.
El secretario ejecutivo de la ANFP, Óscar Fuentes, fue el encargado de comunicar que el presidente se había excusado de asistir debido a que se sentía mal. La versión tuvo asidero cuando al día siguiente, en el consejo, el timonel se mostró disminuido, sin ganas de intervenir ni participar en el debate. No era el mismo de siempre. Estaban acostumbrados a verlo frontal y combativo. Varios dirigentes de clubes presentes ese día confirman que lo vieron mal. De hecho, fue una reunión de corta duración, en atención al estado de salud del presidente. En voz baja muchos comentaron que, en apariencia, Jadue estaba enfrentando un cuadro depresivo. «Nos vemos en una próxima oportunidad, si Dios quiere», fue la frase con la que cerró el encuentro.
Cristián Varela recuerda que el día antes, tras la cita del directorio, discutió fuertemente con el secretario general Nibaldo Jaque, luego de enterarse de la existencia de préstamos irregulares a varios clubes. Jaque, a su vez, le replicó sacándole en cara su conflicto de interés (Varela fue director de la ANFP y socio propietario de Chilefilms). La discusión fue de alto tono y marcó la división definitiva del directorio.
«No se volvieron a hablar y Varela decidió que no se iba a sentar nunca más en la misma mesa con Jaque», señala Mauricio Etcheverry, asesor del directorio y uno de los personeros más cercanos a Jadue en la ANFP. Él piensa que esta confrontación impidió que se diera una transición menos traumática tras la salida de Jadue: «Chile fue el único país de Sudamérica donde el caso FIFA barrió con todo lo que había. En el resto de las federaciones del continente hubo una sucesión natural con los vicepresidentes en ejercicio, debido a que las acusaciones de sobornos apuntaban exclusivamente a los presidentes. Acá eso no fue posible, en gran medida a causa de la división en el directorio, llevando incluso a que todo desembocara en la salida del entrenador de la selección», opina Etcheverry. El altercado y quiebre definitivo entre Varela y Jaque fue el comidillo en los pasillos de Quilín en días posteriores.
Según consta en el acta de la sesión extraordinaria de directorio del jueves 5 de noviembre, los directores Alex Kiblisky, Antonio Martínez, Jorge Fistonic y el propio Varela protestaron airadamente por la existencia de créditos a los clubes que excedían el monto máximo de cincuenta millones anuales aprobados meses antes por el Consejo de Presidentes para cada institución del fútbol chileno. Los cuatro miembros de la mesa de la ANFP le exigieron a Óscar Fuentes, el secretario ejecutivo, que dejara constancia en el acta de que no conocían aquellos manejos decididos por el timonel Sergio Jadue y ejecutados por el secretario general Nibaldo Jaque y el gerente general Rodrigo Grumberg.
Según Varela, días después de aquella reunión en la que discutió con Jaque, Jadue intentó intervenir. Le reconoció que efectivamente habían existido créditos indebidos, pero cuando quiso proponer una solución al problema, rompió en llanto. Varela asegura que prefirió no seguir presionándolo con la situación.
Otra señal de que las cosas no estaban bien con el presidente quedó en evidencia el viernes 6 de noviembre, ya que Jadue no asistió a la cena de clausura del Mundial Sub-17 en la Enoteca del Cerro San Cristóbal. Esa misma semana, Mauricio Etcheverry lo había visitado en su departamento en Vitacura y le dijo que estaba cansado. Al asesor le llamó la atención la cantidad de cajas repartidas en el hogar del dirigente.
El sábado 7, asistió junto a su hijo Nicolás al clásico entre Unión La Calera y San Luis en el estadio Nicolás Chahuán. La derrota por 2-0 de su equipo debió abrumar aún más al directivo, que a esa altura tenía plena conciencia de que sus siguientes pasos podrían implicar que durante un largo tiempo no volvería a ver en vivo y en directo al cuadro de sus amores. Quienes compartieron con él ese día en el palco de honor también lo notaron apagado.
La última actividad oficial en la que Jadue participó como presidente de la ANFP fue la final del torneo juvenil, disputada el domingo 8 de noviembre en el estadio Sausalito de Viña del Mar. Según Varela: «Se veía peor que antes, muy demacrado». Ese día, quienes estuvieron con Jadue observaron a una persona que lucía enferma. Testigos relatan que parecía estar dopado. De hecho, algunos advirtieron que tenía la boca seca, con saliva en la comisura de los labios. El dirigente no quiso participar en la inauguración de una placa recordatoria en el estadio, evento al que había sido invitado por las autoridades de la FIFA en el Mundial y en el que su nombre quedaría inmortalizado.
Apenas habló en la tribuna. No mostró mucho interés por las alternativas del partido final que protagonizaban en la cancha las selecciones de Mali y Nigeria. Jadue tenía la mente en otro lado; de seguro estaba pensando en los intensos días que tendría por delante. Ya a esas alturas, sabía perfectamente que no había vuelta atrás. El primer tiempo lo vio en la tribuna oficial, pero después del descanso optó por quedarse en uno de los palcos, lejos de las miradas de los espectadores.
Como presidente del Comité Organizador del Mundial Sub-17, Cristián Varela debía participar en la entrega del trofeo. Nigeria había obtenido el título superando a Mali por 2-0. Justo antes del pitazo final, le preguntó a Jadue si estaba en condiciones de participar en la ceremonia de clausura y bajar a la cancha para la entrega de la copa. Jadue se negó. Le reconoció a Varela que no se sentía bien y le comunicó que se iba a tomar un par de días libres por motivos personales. Sus asesores le dijeron que era impresentable que no estuviera en la ceremonia, pero su rostro muy demacrado dio a entender que no estaba en condiciones de participar. Le recomendaron entonces ir a Santiago para chequear su salud. «Me quiero ir a la mierda», respondió.
Jadue ni siquiera observó desde la tribuna la clausura de un mundial que él mismo había asegurado para Chile en el inicio de su mandato, en su primer viaje a la sede de la FIFA en Zúrich en marzo de 2011, y abandonó el estadio, sin esperar que el capitán de Nigeria alzara el trofeo. Algunos de sus cercanos aseguran que ese episodio hizo que varios de ellos comenzaran a preocuparse por su estado anímico, especulando incluso con la posibilidad de un suicidio.
Al día siguiente, el lunes 9 de noviembre, fue hasta Juan Pinto Durán. Era el inicio de una nueva semana de clasificatorias y debía encabezar las negociaciones con los seleccionados por los premios correspondientes al proceso del mundial de Rusia 2018. Pensaba no asistir, pero los jugadores presionaron por su presencia.
Lo acompañaron los vicepresidentes de la ANFP, Jaime Baeza y Antonio Martínez.
Jadue parecía estar bajo los efectos de alguna droga, sostienen testigos. Lucía barba y hablaba incoherencias. La reunión no duró más de diez minutos, ya que las posiciones estaban muy alejadas. Aun así, entregó una propuesta y les dijo a los jugadores que la estudiaran bien y que la respuesta se la dieran a los dirigentes que lo acompañaban. Martínez recuerda esa reunión: «Lo había visto muy mal el domingo. Él decía que tenía una depresión salvaje, que tenía problemas personales, y la verdad es que lo vi como totalmente desconectado».
Esa mañana recibió otro golpe. Mientras conversaba con el técnico Jorge Sampaoli, con quien se encontró saliendo de la reunión, recibió un mensaje en su celular. La información comprometía seriamente sus planes de entrega negociada con el FBI, fríamente calculados desde fines de junio. Un contacto le confirmó que el presidente de la federación colombiana, Luis Bedoya, había abandonado su país el jueves 5 de noviembre, es decir, cuatro días antes, para entregarse a las autoridades del departamento de justicia de los Estados Unidos. Varios en Pinto Durán vieron cómo Jadue sufrió una crisis de pánico en ese momento. El dirigente «cafetero» se le había adelantado. Su entorno desmiente este hecho, ya que Jadue había hablado con el FBI y la fiscalía norteamericana cuatro meses antes, «por lo que nadie lo pudo haber delatado». Sin embargo, el sistema de justicia norteamericano premia con beneficios a los que se entregan primero y obliga a los siguientes a aportar información nueva para acceder a concesiones en las condenas, por lo que la noticia bien pudo ser un balde de agua fría. Lo cierto es que en ese momento distintas personas presenciaron una escena dramática: cuando se despedía del técnico Jorge Sampaoli, el presidente de la ANFP colapsó y rompió en llanto. Además del entrenador presenciaron la escena, entre otros, el gerente de selecciones Felipe Correa, la jefa de prensa de la Roja, María José Vasconcelos, y el jefe de operaciones de la selección, Manuel Ojeda. A la distancia, algunos futbolistas también fueron testigos del hecho.
Jadue solo pudo abordar su vehículo con la ayuda de su chofer, Julio Torres González, contratado por la ANFP para su servicio exclusivo. Su cuerpo estaba tembloroso e incluso su brazo derecho estaba paralizado, y se mantenía rígido pegado a su cuerpo. En el búnker de la selección quedaron en verdad preocupados por el estado de salud del directivo.
El presidente de la ANFP salió ese día de la concentración en un estado deplorable. Y esa misma tarde abordó un vuelo con dirección a Nueva York. Antes de partir, desde su computador, redactó una carta dirigida a todos los miembros de su directorio informándoles que se ausentaría de las actividades de la ANFP «por unos días». Solo conocieron del viaje su mujer, María Inés Facuse, y su hijo mayor, Nicolás. A ambos les informó sus siguientes pasos, y les pidió reserva absoluta de sus movimientos. Ante todos los demás, él iba a estar en su casa, guardando reposo; si se llegaba a saber de su viaje, debían decir que iba a estar en Sao Paulo para una reunión con el presidente de la federación brasileña, Marco Polo del Nero. Pero Jadue, en realidad, viajó ese día a Estados Unidos para firmar su acuerdo de colaboración con la fiscalía de Nueva York. En su cabeza tuvo en mente una última jugada: ofrecerle al FBI ser un nuevo «topo» o agente encubierto dentro de la FIFA, tal como lo había hecho el ex secretario general de la Confederación de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe de Fútbol (Concacaf), el estadounidense Chuck Blazer, quien al verse acorralado por las investigaciones resolvió convertirse en un «soplón» de las autoridades de justicia de su país a partir del año 2011, entregando información clave para el caso que estalló cuatro años después (ver capítulo 2: El «FIFA Gate»). El plan de escape parecía perfecto. Alejaría por un buen tiempo todo tipo de sospechas, su nombre se mantendría limpio, trabajaría en secreto para la fiscalía norteamericana, permitiéndole con eso exculpar en gran parte sus responsabilidades, y podría escalar de manera inimaginable en la Confederación Sudamericana y en la propia FIFA.
Para cumplir su astuto propósito, primero Jadue necesitaba convencer a sus pares de la Conmebol que el cupo que iba a dejar el presidente de la CBF, Polo del Nero, en el comité ejecutivo de la FIFA, debía ser para Chile, es decir, para él. Por eso planificó su regreso vía Sao Paulo, para reunirse con la cabeza máxima del fútbol brasileño. Según Jadue aquella reunión se produjo, aunque sus intenciones se frustraron debido a que sus movimientos quedaron en evidencia. Alguien desde Chile se interpuso en su camino.
El martes 10 de noviembre, la noticia de la renuncia del presidente de la federación colombiana, Luis Bedoya, se hizo pública. En Chile, los miembros del directorio de la ANFP intentaron comunicarse telefónicamente con Jadue, pero no hubo respuesta. Las sospechas de que su estado depresivo estaba vinculado con su relación con el escándalo de la FIFA crecieron. Su asesor de comunicaciones, José Antonio Acosta, también recibió ese día múltiples llamados de periodistas que querían tomar contacto con el timonel del fútbol chileno para conocer su reacción ante la renuncia del directivo colombiano. Acosta logró comunicarse con Jadue vía WhatsApp y su jefe le aseguró que se encontraba en su casa, enfermo. Esa fue la respuesta que recibieron los medios.
Aquel martes Cristián Varela siguió llamando insistentemente a Jadue, y al no poder ubicarlo decidió telefonear a la mujer del presidente, María Inés Facuse. Cuando logró hacerlo, ella le confesó que su marido no estaba en el departamento, menos enfermo, sino que en realidad se encontraba fuera del país. «Allí me di cuenta de que algo estaba mal, que Sergio nos había mentido. Porque para todos nosotros él estaba con problemas de salud, guardando reposo», relata Varela. El directivo también recibió la versión de que el supuesto motivo del viaje era una reunión con el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol, Marco Polo del Nero. El entonces vicepresidente de la ANFP, Antonio Martínez, cuenta que se enteraron de la verdad de la peor forma: «Empezamos a tratar de ubicarlo y no lo encontramos por ningún lado. No estaba en su departamento, tampoco en La Calera o en su otra casa en La Cruz».
El miércoles 11 de noviembre un rumor comenzó a circular en las salas de redacción de todos los medios de comunicación. La información señalaba que Sergio Jadue había viajado a Estados Unidos para entregarse al FBI. Su asesor de comunicaciones, José Antonio Acosta, volvió a recibir un centenar de llamados a su celular y a todos les desmintió la supuesta noticia, la que también, a esa altura, comenzó a difundirse profusamente a través de las redes sociales. Pero ante la insistencia, Acosta volvió a comunicarse con el presidente vía mensajes y él le reiteró que nada de eso era efectivo, que se encontraba en su casa.
A media tarde, en diversos medios, se confirmaba que la versión oficial no era verídica. Fuentes de la oficina de extranjería de la Policía de Investigaciones (PDI) ratificaron que Sergio Jadue tenía pasaje de regreso a Chile para el 12 de noviembre desde Sao Paulo. Es decir, efectivamente no estaba en el país. Ante esa constatación, el asesor de comunicaciones de Jadue le exigió a su jefe que le dijera la verdad. Por WhatsApp, recién en ese instante, el timonel de la ANFP le reconoció que estaba en el extranjero y autorizó a su colaborador a entregar la versión de que en realidad se encontraba en Brasil para conversar con Del Nero. Acosta se mostró incómodo en los diálogos con los periodistas que lo habían llamado durante esas veinticuatro horas. Finalmente Jadue lo había hecho mentir ante todos sus colegas, a quienes les había asegurado que su superior estaba enfermo. Ese mismo día decidió que no podía seguir en el cargo de asesor comunicacional del presidente de la ANFP.
El jueves 12 de noviembre, pasado el mediodía, el timonel del fútbol chileno debió enfrentar a decenas de periodistas que lo aguardaban en el aeropuerto de Pudahuel. El dirigente estaba molesto, enfurecido. Sus planes habían quedado expuestos y cualquier paso en falso ponía en riesgo su proceso de entrega. A los oídos de Jadue había llegado el nombre del vicepresidente de Azul Azul S.A., Mario Conca, como el autor intelectual del trascendido que echó por tierra su propósito de mantener la confidencialidad sobre su paradero y la posibilidad de seguir en su cargo como colaborador del FBI.
El gerente de comunicaciones, Héctor Olave, acompañado del periodista Fabio Figueiredo, también del equipo comunicacional de la ANFP, intentaron conversar con Jadue antes de que entregara declaraciones a la prensa, de tal manera de darle algunas instrucciones para enfrentar mejor a los periodistas, pero no quiso escuchar consejos. «Sé perfectamente lo que tengo que decir», les señaló de manera cortante. Se cambió de ropa y se dirigió a paso firme hacia los reporteros que lo esperaban ansiosos. Su rostro ya no era el de un enfermo. Desafiante, se plantó ante las cámaras. «Es primera vez en cinco años que vengo a aclarar rumores. Todo esto ha sido súper burdo, un cahuín típico chileno, lamentable, inventado por un dirigente de un equipo de mayor convocatoria, bajito, que da boletas ideológicamente falsas a Aguas Andinas… Descarto la renuncia, no tengo motivo ni razón para hacerlo. Y quisiera pedirle disculpas a mi familia, porque ni siquiera les avisé. Solo mi mujer y mi hijo mayor sabían que estaba en Sao Paulo», dijo Jadue responsabilizando, aunque sin nombrarlo, a Mario Conca como el autor de los rumores de su entrega al FBI.
En junio de 2015, Conca había reconocido la emisión de una factura por veintidós millones de pesos a Aguas Andinas a petición de Bancard cuando era ejecutivo de Chilevisión. Jadue levantó ese día una teoría de conspiración en su contra: «Aquí hay algo detrás. Investiguen qué compra viene ahora, qué es lo que quieren hacer con el fútbol chileno, qué es lo que se quiere hacer con el Canal del Fútbol (CDF)… Aquí hay muchas cosas detrás, son miles de millones de dólares y parece que yo soy el que pone la cordura y eso a algunos no les gusta». La referencia era también para el directivo azul, quien había acercado la propuesta de Fox para la compra del CDF.
Mario Conca reconoce que, en efecto, supo que Sergio Jadue había viajado a Estados Unidos y que pudo haber participado en el origen de ese rumor: «El miércoles 11, un día antes de que llegase a Santiago, yo tuve la información de que Jadue estaba prestando declaración en la fiscalía de Nueva York. El dato me lo dio un amigo que vive allá y que fue advertido por un periodista de Fox News de Estados Unidos que lo vio entrando al edificio. “¿Qué hace Sergio Jadue entrando a la fiscalía de Nueva York?”, me preguntó mi amigo. Esa información yo la comenté con algunas personas y el miércoles en la tarde ya estaba viralizada, lo que me hace pensar que probablemente, así como yo, también otra gente se enteró simultáneamente. Ahí nos dimos cuenta de que lo que él decía no era verdad. Seguramente alguien le comentó a Jadue que la información estaba circulando en medios chilenos y pienso que él de inmediato lo asoció a mí. Además, junto al presidente de Cruzados, Luis Larraín, yo había impulsado la comisión fiscalizadora cuando se conocieron las acusaciones de la justicia americana, tras lo cual Jadue me quitó el saludo. Lo que dijo en el aeropuerto no fue más que una cortina de humo para desviar la atención, porque si no, iba a tener que responder las preguntas que los periodistas le querían hacer: “¿De dónde viene, señor Jadue?, ¿viene de Sao Paulo o en realidad de Nueva York de una entrevista con el FBI?”. Esas fueron las preguntas que quiso evitar».
Y así fue, Jadue no aceptó preguntas en el aeropuerto. Aun así cayó en contradicciones al intentar explicar el porqué del secretismo en su viaje: «Yo no avisé a la ANFP… No tomé pasajes por la ANFP. Yo, aparte, tengo otras cosas que hacer… Recuerden que en la ANFP no me pagan… Viajé, estuve dos noches, no tenía por qué dar información al respecto porque es un tema particular… No es un tema de la ANFP, lógicamente vinculado con el fútbol, pero no de la ANFP. A fin de mes va a haber un comité ejecutivo en Brasil… Va a haber situaciones importantes allí. Disponibilidad de algunos cargos a nivel internacional y creemos que el fútbol chileno debe estar preparado para asumir uno de esos compromisos».
Tras aquellas declaraciones Jadue se apartó de los periodistas, algunos lo siguieron infructuosamente, intentando realizarle algunas preguntas, pero decidido y a paso rápido, se dirigió hacia el vehículo que lo aguardaba para llevarlo a su departamento en Vitacura. Al volante estaba su chofer Julio Torres, acompañado del asesor de prensa, José Antonio Acosta, quien había resuelto ir al aeropuerto para renunciar a su cargo en ese mismo momento. Con el vehículo en marcha Jadue y su asesor comunicacional sostuvieron un áspero diálogo.
—Sergio, yo no sigo más contigo. Me obligaste a mentir y he quedado muy mal ante todos los periodistas. Mi posición es insostenible.
—Toño, te pido que pienses tu decisión. Si quieres te tomas unos días libres y después lo vemos.
—¿Cómo quieres que me tome vacaciones ahora? No, imposible. ¡Yo voy a renunciar ya!
Sergio Jadue intentó un chantaje emocional a su colaborador, y entre lágrimas le pidió echar pie atrás en su decisión.
—Te pido, por la seguridad de mis hijos, que no renuncies ahora. Mi hijo se intentó suicidar, además estoy mal con mi matrimonio, me estoy por separar.
Sin duda las palabras de Jadue debieron complicar a Acosta, quien desde septiembre de 2013 se había convertido en uno de sus hombres más cercanos. El directivo llevaba dos semanas sin ir a la ANFP, efectivamente había retirado a sus hijos Nicolás y Sabja del Colegio Árabe y se comentaba que era por «problemas de salud». Pero el funcionario estaba decidido a dejar su cargo. Jadue no podía permitir la salida de su asesor, menos en ese momento, ya que lo iba a dejar en evidencia, con lo que sus planes de entrega al FBI podrían develarse antes de lo aconsejable. El directivo le señaló al periodista que él no podía cursar su renuncia y le insistió que mientras ello se gestionaba, se tomara vacaciones.
Las declaraciones en el aeropuerto fueron observadas en la televisión por el resto del directorio en la sede de la ANFP. Por primera vez se escuchó la palabra delincuente entre sus colaboradores, quienes resolvieron citarlo de urgencia.
Mientras el vehículo se dirigía rumbo a Vitacura, el celular del asesor de prensa de Jadue sonó. Del otro lado llamaba Mauricio Etcheverry, quien había intentado comunicarse infructuosamente con el presidente de la ANFP. El directorio le había encomendado a Etcheverry citar a Jadue a una reunión de emergencia en Quilín. El calerano no tuvo margen de acción y ordenó a su chofer cambiar el rumbo. El destino ahora era la sede de la ANFP.
Además de Cristián Varela, lo esperaban allí los vicepresidentes Jaime Baeza y Antonio Martínez, el tesorero Jorge Fistonic y el director Alexander Kiblisky. Ante la certeza de que había mentido, en un ambiente de máxima tensión, los dirigentes encararon a Jadue y le exigieron que les dijera la verdad de su viaje. La pregunta que había evitado en el aeropuerto ante los periodistas debió contestarla: «¿Es efectivo que estabas en Nueva York declarando ante el FBI?», le consultaron. El presidente de la ANFP volvió a quebrarse. «En ese momento estalló en llanto y nosotros le hicimos ver que no podíamos seguir así», relata Antonio Martínez.
Jadue tuvo, por primera vez, que reconocer el secreto que guardaba desde hacía cinco meses. Sus colegas de directorio aseguran haber quedado sorprendidos. Ante la gravedad de los hechos, le comunicaron que la situación era insostenible y que debería presentar su renuncia de manera inmediata. Jadue rogó por una salida limpia: «Les pido por mis hijos que no hagan nada todavía», les dijo con lágrimas en los ojos. Él quería asistir esa noche al partido con Colombia en el Estadio Nacional por las clasificatorias mundialistas para no seguir despertando sospechas. «Le dijimos que no, que era imposible… que no podía ir al estadio y que nosotros íbamos a tomar medidas si iba; si decidía asistir, todo el directorio iba a salir del palco», afirma Martínez. Según narra el ex vicepresidente, «nadie quería estar con él, queríamos que renunciara, que se fuera, y él dijo que no podía en ese momento, que necesitaba tiempo».
El máximo directivo de la ANFP hubiese preferido abandonar el país tal como lo hizo su colega colombiano, Luis Bedoya, quien viajó a Estados Unidos sin que nadie lo advirtiera y solo dejando una carta de renuncia. Pero eso ya no era posible debido a que sus movimientos en Nueva York se habían conocido. El directorio le pidió la renuncia y Jadue decidió emitir una licencia médica por treinta días —con eso tendría espacio para informar a su familia, desviar por un rato la atención de la prensa con una supuesta enfermedad y preparar su viaje final—, pero en la ANFP ya habían decidido que el miércoles 18, al día siguiente del partido con Uruguay en Montevideo, su salida se haría oficial.
Jadue se fue a su oficina. Allí se disculpó con su asesor y amigo Mauricio Etcheverry. Sacó algunas de sus pertenencias, como el Cóndor de Oro al mejor dirigente deportivo que le otorgó en 2013 el Círculo de Periodistas Deportivos. Se despidió de su secretaria y de su chofer personal, quienes no lo volvieron a ver. Su mujer había llegado hasta Quilín a buscarlo, y con ella regresó a su departamento en Vitacura. Ahí vio por televisión el partido de Chile ante Colombia, pese a que horas antes había asegurado a los periodistas que estaría presente en el Estadio Nacional.
Aquel convulsionado día jueves 12 de noviembre, el Gobierno había hecho llegar una solicitud tajante: la presidenta Michelle Bachelet no estaba dispuesta a compartir el palco oficial con Sergio Jadue en el partido de esa noche —la regla de la política: estar cerca del fuego cuando da calor y alejarse cuando quema—. Pero al final no hubo necesidad de preocuparse por tal situación, ya que el dirigente no asistió a Ñuñoa, sucumbiendo ante la amenaza de ser sometido a un bochorno público.
En las tribunas, la mandataria y sus asesores fueron informados por los directivos de la ANFP de que Jadue no regresaría a su cargo y que todo se daría a conocer públicamente después del partido del martes siguiente contra la selección charrúa.
El final de la historia de Sergio Jadue en el fútbol chileno había llegado. De un día para otro, en menos de cuatro meses, pasó de la gloria de la Copa América a la vergüenza del juicio público y su entrega al FBI. La caída libre del calerano ya se había consumado.
El contrato
El sábado 6 de septiembre de 2008, la actividad era frenética en la casa del entonces presidente de la ANFP, Harold Mayne-Nicholls, ubicada en la comuna de Peñalolén. Esa noche, el dirigente ofreció una cena de camaradería a la delegación brasileña, en la antesala del partido por las clasificatorias que al día siguiente disputaron Chile y Brasil en el Estadio Nacional. Todo transcurrió casi con normalidad de no mediar el atraso a la cita del presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Ricardo Teixeira, el invitado más importante de la noche. El hombre fuerte del fútbol brasileño había viajado en su avión particular desde su país a Santiago, pero aun así no llegó a la hora. Los asistentes a la cena recuerdan que cuando Teixeira ingresaba al hogar del presidente del fútbol chileno se encontró en la entrada con el gerente general de la ANFP, Carlos Morales, quien distraído le preguntó si ya se iba. Era tarde, aunque no lo suficiente para una conversación que para Mayne-Nicholls resultó clave a la hora de rechazar un contrato. Un contrato que está en el origen del escándalo de los sobornos en la Conmebol denunciados por el FBI.
Aquella noche, el entonces presidente de la ANFP le solicitó a Teixeira la posibilidad de que la Copa América de 2015 se realizara en Chile, aun cuando por turno le correspondía a Brasil. Ese país sería sede del Mundial 2014 y de los Juegos Olímpicos 2016, y en medio debería organizar la cita continental. La propuesta fue intercambiar las fechas, para que Chile se quedara con la Copa de 2015 y Brasil asumiendo la de 2019. «Está bien, pero todos los derechos son de Traffic. No se los puedes vender a nadie. Ni lo comercial ni la televisión», fue la respuesta de Teixeira. Según Harold Mayne-Nicholls la frase del presidente de la CBF le quedó grabada. La empresa de marketing deportivo Traffic, fundada por el periodista José Hawilla en 1980, había sido dueña de los derechos de televisación y comercialización de la Copa América desde 1987. En ese primer contrato pagó 1,7 millones de dólares por tres ediciones —Argentina 87, Brasil 89 y Chile 91—. En enero de 1991, junto con la renovación del vínculo por los siguientes tres torneos continentales, el entonces presidente de la Conmebol, Nicolás Leoz, le planteó a Hawilla, que ya que estaba haciendo mucho dinero con el negocio, era justo que él también recibiera una parte. Según establece en su informe el FBI, Leoz amenazó con no firmar el nuevo vínculo. «Desde entonces, el dirigente paraguayo exigió coimas cada vez que había que renovar un contrato», relata la acusación de la fiscalía de los Estados Unidos.
El poder alcanzado por esta compañía había crecido especialmente bajo el alero de la alianza estratégica con la CBF y de una sociedad que hoy sabemos era muy poco ética entre Ricardo Teixeira y José Hawilla, con sobornos de por medio para hacerse de múltiples contratos. En el año 2006, Traffic renovó su acuerdo con la Conmebol por las siguientes tres Copas América: Venezuela 2007, Argentina 2011 y la de 2015, que por calendario le correspondía a Brasil, pero que terminó organizando Chile.
Más allá de la derrota por 3-0 que sufrió la selección chilena en Santiago el día después de la mencionada cena, el proceso encabezado por el rosarino Marcelo Bielsa terminó siendo exitoso. Chile logró su pasaje al Mundial de Sudáfrica, donde también cumplió un digno papel y logró reconocimiento internacional. Precisamente después de la Copa del Mundo disputada en África, Harold Mayne-Nicholls viajó a Asunción para una reunión de la Conmebol en la que escuchó, por primera vez, sobre la posibilidad de firmar un nuevo contrato que mejoraba sustancialmente las cifras que recibía hasta entonces la Confederación Sudamericana por los derechos televisivos y comerciales de Copa América. De dieciocho millones de dólares se aumentaría a 75 millones por cada torneo. Un negocio redondo. «Me pasaron un documento que en realidad era de dos páginas, un compromiso de cesión de derechos, pero a mí me llamó la atención que no tenía ninguna firma, es decir, yo iba a ser el primer presidente en firmarla. Me pareció muy raro y me negué a hacerlo», recuerda Mayne-Nicholls, quien no olvidaba la frase pronunciada en su casa por Ricardo Teixeira: «Recuerda, los derechos son de Traffic».
En aquellos meses, Mayne-Nicholls ya comenzaba a enfrentar una oposición interna en la ANFP para las elecciones previstas para fines de ese año 2010, por lo que los asuntos de la Confederación Sudamericana no estaban entre sus prioridades. Aun así, en una segunda reunión en Paraguay, volvieron a plantearle el tema. Al leer la propuesta, se dio cuenta de que algo estaba mal. El nuevo contrato establecía que los derechos iban a ser cedidos a partir de la Copa América de 2015, torneo en el que finalizaba el vínculo con Traffic. El entonces presidente de la ANFP asegura que les señaló que firmar el documento era inmoral e ilegal: «Me presionaron un poco, me dijeron que había llegado agrandado del Mundial, pero aun así no firmé», recuerda Mayne-Nicholls, y agrega que el intento de imposición provenía de la llamada «Alianza del Pacífico», es decir, de los presidentes de las federaciones de Colombia, Venezuela, Ecuador y Perú.
En una tercera reunión, el documento ya tenía cinco firmas. Volvieron a presionar al chileno, con el argumento de que con su rúbrica ya habría mayoría para comenzar a hacer funcionar el nuevo contrato. Pero una vez más Mayne-Nicholls se negó a hacerlo. Las sospechas eran muy grandes, el documento tampoco había sido firmado aún por los poderosos presidentes de las federaciones de Brasil y Argentina, Ricardo Teixeira y Julio Humberto Grondona, respectivamente. Tampoco había dado su beneplácito el presidente de la federación paraguaya, Juan Ángel Napout, mano derecha del patrón de la Conmebol, Nicolás Leoz.
Pero en octubre de 2010, el famoso nuevo contrato ya tenía la firma de nueve de los diez presidentes. Solo faltaba Chile. Mayne-Nicholls comenzó a dudar y llegó a pensar que era él el equivocado, comprometiéndose a estudiar en profundidad el documento en la siguiente reunión del comité ejecutivo. A esa cita el directivo chileno prácticamente fue a despedirse de sus pares, porque había perdido la elección de la ANFP ante el español Jorge Segovia. Pese a esto, el presidente de la federación peruana, Manuel Burga, hizo un último intento para convencerlo de firmar el contrato que terminaba anticipadamente con los derechos de Traffic. «Nos reunimos en el cuarto piso del edificio de la Conmebol y Burga me trató de convencer de que todo era legal, con un argumento insólito: me dijo que entre el 2007 y el 2010 había habido una Copa América extraordinaria, por lo que en Argentina 2011 finalizaba el vínculo con Traffic. Yo de finanzas no sé nada, pero sí de historia del fútbol. Y le advertí que él y los demás se iban a meter en un lío grande. Obviamente no firmé, y eso fue lo que me salvó de estar entre los involucrados en la recepción de “comisiones o bonos”», recuerda Mayne-Nicholls. El ex dirigente asegura que en ese proceso jamás alguien le insinuó la posibilidad de recibir un soborno por su firma: «Yo creo que nunca me dijeron, porque la primera vez, cuando me pasaron el documento sin ninguna firma, yo de inmediato dije que no. Ellos se espantaron. Si yo hubiera firmado quizás me hubiera llegado igual que a todos… me habrían dicho “toma, aquí está tu parte”».
Durante la Copa América de Argentina 2011, el dueño de Traffic, José Hawilla, comenzó a sospechar que algo andaba mal. La relación con los presidentes no era tan fluida como antes y, salvo Ricardo Teixeira, los demás parecían hacerle el quite. Efectivamente la Conmebol había decidido romper unilateralmente el contrato con la compañía brasileña y designar a la firma Full Play Group como el agente exclusivo para la comercialización de los derechos de los torneos de la Confederación Sudamericana para todo el mundo. Sergio Jadue, en su calidad de nuevo presidente del fútbol chileno, habría sumado la firma definitiva para la aprobación unánime del nuevo contrato. Sin embargo, el calerano desmintió haber aportado con su beneplácito para el nuevo acuerdo. Según el acta del consejo de presidentes del 4 de julio de 2015, el primero luego de las detenciones en Zúrich, Jadue aseguró ante la asamblea que «dicho contrato jamás fue firmado por mí ni por nadie de la federación producto que lo consideré irregular, existiendo otro con los mismos derechos vigentes».
Mayne-Nicholls plantea sus dudas ante esta versión: «Yo me di cuenta que había algo raro cuando Jadue fue nombrado vicepresidente de Conmebol el 2013. Yo sabía que había un gato encerrado grande, porque no había muchas posibilidades de que le abrieran la puerta. O sea, le devolvieron la mano nombrándolo en un cargo importante, aparte de lo que recibió. Lo hicieron crecer como dirigente dentro de ese esquema», señala el antecesor de Jadue en la ANFP, quien dice estar seguro de que, además, el ex presidente de la ANFP presionó para ser promovido en la estructura directiva continental: «Yo no podría decir que fue esa firma lo que le dio el ascenso, porque si no se lo habrían dado el 2011, pero él tuvo que haber presionado diciendo “o me dan algo o yo aquí grito”, de eso no me cabe ninguna duda», remata.
Full Play era una empresa argentina creada en 1998 por Hugo Jinkis y su hijo Mariano, en la que también tenía una participación otro empresario argentino, Alejandro Burzaco —además CEO de la compañía Torneos, la que desde 1991 hasta 2009 fue propietaria de todos los derechos del fútbol argentino—. Full Play se había adjudicado los derechos de televisación de las clasificatorias al Mundial de Brasil, por lo que se había posicionado como un fuerte competidor de la compañía brasileña.
Para José Hawilla, dueño de Traffic, lo que hizo la Conmebol fue una traición, por lo que en noviembre de 2011 entabló una demanda civil ante la justicia de los Estados Unidos por incumplimiento de contrato. La acción ante los tribunales de Miami fue en contra de los diez presidentes de federaciones del continente y, con nombre y apellido, contra cinco personas naturales: el presidente de la Confederación Sudamericana, Nicolás Leoz, el presidente del fútbol ecuatoriano Luis Chiriboga, el del fútbol venezolano Rafael Esquivel, el timonel de la federación colombiana Luis Bedoya y el presidente de la federación peruana Manuel Burga —los cuatro últimos integrantes de la llamada «Alianza del Pacífico»—. La Conmebol respondió declarando persona non grata al propietario de Traffic.
La disputa judicial amenazó con transformarse en un autogol de proporciones en el esquema de corrupción establecido desde 1991 en adelante. Las posibilidades de que la demanda establecida en tribunales americanos pudiese ventilar los oscuros manejos directivos, hizo que una de las partes tomara la iniciativa para conseguir un acuerdo conveniente para todos. Fue el empresario Alejandro Burzaco, CEO de Torneos y accionista de Full Play, quien lideró los acercamientos con José Hawilla. La fiscalía de Estados Unidos considera a Burzaco como la mano derecha de Julio Grondona, el poderoso presidente de la Asociación de Fútbol de Argentina. En la acusación formulada en mayo de 2015 en contra del empresario, el FBI establece que Burzaco manejó el pago destinado a los sobornos del ya fallecido dirigente trasandino.
Cuatro meses después de la demanda civil interpuesta por Traffic, José Hawilla decidió echar pie atrás con la denuncia. La demanda quedó en nada. A cambio, todas las empresas involucradas acordaron repartirse el botín. En marzo de 2013 Traffic, Torneos y Full Play se fusionaron en una sola compañía, dividiéndose la torta en tres partes iguales, que denominaron Datisa-Wemacht, con sede en Montevideo, Uruguay. Con todos los operadores de marketing deportivo alineados, la tarea entonces consistió en asegurar el monopolio para los próximos diez años. La tradición de sobornos y corrupción arraigada durante décadas seguiría prolongándose a través de esta nueva empresa.
En la Confederación Sudamericana se frotaron las manos. Había llegado el momento de adjudicarse los derechos de las siguientes tres Copas América: Chile 2015, Brasil 2019 y Ecuador 2023.
Sin embargo, en las mentes de los empresarios brasileños y argentinos surgió la idea de multiplicar las ganancias, aprovechando que en 2016 se cumplía el centenario de la Conmebol.
¡Qué mejor que sumar una nueva Copa América! Y si era grande, más aún. En marzo de 2014, Alejandro Burzaco, Hugo y Mariano Jinkis y José Hawilla, con el respaldo de la Conmebol, le propusieron a la Concacaf sumarse a un gran torneo continental. De acuerdo con el informe de la fiscalía de los Estados Unidos, of
