Índice
Portadilla
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La misión
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se ha convertido en una patata
¿Quién estafa a quién?
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque los tíos que se le acercan siempre le dicen: ¿por qué estás tan seria?
Los tíos se lo montan fatal para ligar
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él sólo se compromete con los colores de su equipo
Los tíos tienen pánico al compromiso
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no sabe qué talla de sujetador usa
Los hombres sólo se interesan por sus cosas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él le mete mano cuando están de morros
Los tíos pasan de todo
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no le lava la cabeza como Robert Redford en Memorias de África
A los hombres les cuesta mucho ser cariñosos
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él nunca se da cuenta de que lleva liguero
Los hombres jamás captan nuestros mensajes
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él sólo acierta con los dardos
Nos gustaría que alguna vez «saliera de ellos» hacer lo que nos apetece a nosotras
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no se fija en sus ingles brasileñas
Las mujeres somos las que más nos esforzamos para que no se apague la pasión
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no se curra el cunnilingus
Pues claro que a las mujeres nos gusta el sexo… y no sólo en Nueva York
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque cuando él llega al orgasmo… a ti que te den
Nosotras también queremos nuestro orgasmo
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él viene pidiendo guerra con un calzoncillo flojo
Las cosas que nos cortan el rollo en el sexo
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque se cepillaría al equipo de waterpolo pero acaba cepillándose el pelo
En la semana de la ovulación la hormona nos pide guerra
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque, cuando no está con la regla, está ovulando o con el síndrome premenstrual
No estamos locas, las que están locas son nuestras hormonas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque no puede tener el culo de Gisele Bündchen
Nos presionan para que seamos perfectas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque un día se despierta y se le ha pasado el arroz
El reloj biológico
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no le deja sorber la espuma… de su cerveza
Los hombres no saben compartir
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no flipa con las cabinas rojas de Londres
A los tíos les cuesta mostrar ilusión por las cosas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él siempre cuelga los espejos altos
El hombre es el único animal que la caga doscientas veces en la misma cosa
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se hace el paleto en el extranjero
Los tíos tienen la habilidad de avergonzarnos en público
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él fríe chistorra con pantalones de pinzas
Los tíos tienen una pachorra que no pueden con ella
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él le jura que ya ha pasado el camión de la basura
Los tíos mienten en chorradas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él en casa no habla
Los tíos son diferentes cuando no están con nosotras
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque a él siempre le endiñan la fruta pocha
A los hombres les da vergüenza protestar
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no le encuentra el punto G
Los tíos nunca encuentran nada
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se encabrona montando un plafón
Los tíos se enfadan por chorradas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no pide la vez y se le cuelan las abuelas
Cosas incomprensibles que les da coraje hacer
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él pasa la fregona seca
En casa el hombre sólo sabe programar el vídeo
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él deja el espejo del baño como si hubieran cagado palomas
En el baño de un tío puedes coger el tétanos
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se revienta los granos en el Mercadona
Ellos no se cuidan y lo pagamos nosotras
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él plancha en pelotas
Un hombre solo en casa es un peligro
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él le pone enferma cuando está enfermo
Los tíos nunca quieren ir al médico
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él sólo va a casa de sus padres a comerse la paella
Los tíos pasan de nuestra familia… y de la suya
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque en Navidad él se toca la zambomba
Si queremos una feliz Navidad, nos la tenemos que montar nosotras
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él sólo compra kikos gordos
Hacer la compra con un hombre es insoportable
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él siempre le dice: «¿Ir de compras? ¡Si tienes de todo!»
Los hombres nunca quieren ir de compras
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él a la playa sólo se lleva las gafas de sol… para poder mirar tetas
Los tíos no pueden llevar nada en las manos
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se sale de las catedrales
Los hombres tienen la manía de salirse de los sitios
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se lía en todas las rotondas
En vacaciones tenemos más tiempo para discutir
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él desde que se ha separado cocina más que la Thermomix
Cuando un tío se separa, no lo reconoce ni la madre que lo parió
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no le deja tocarle la pilila
A un hombre no le puedes tocar sus cositas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él en el coche se convierte en John Cobra
Un hombre en el coche es un hombre en el coche
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se enfada jugando a las palas
Ellos nunca quieren hacer deporte con nosotras
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no para de mirarse los musculitos
Ellos también se obsesionan por estar guapos
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque delante de él no puede decir «caca»
Los hombres tienen más tabúes que nosotras
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque su amigo quiere acostarse con ella
Los hombres y las mujeres no podemos ser sólo amigos
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él dice que es una falsa
Los hombres dicen que las mujeres no podemos tener amigas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él no le hace caso cuando le dice: «Esta calle no tiene salida»
Los tíos a nosotras nunca nos creen
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque el albañil le pone la encimera de otro color
Cuando vas en pareja, sólo le hacen caso al hombre
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque ya no la mira ni Carlos Larrañaga
Llega un momento en que las mujeres nos sentimos invisibles
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque los tíos le pitan si conduce un 4×4
Las cosas han cambiado pero no tanto
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque nunca tiene el vientre suficientemente plano
Las mujeres somos unas insatisfechas
La chica que se quería quemar a lo bonzo… porque él se duerme encima de las migas del mantel
Después de toda una vida juntos seguimos sin entendernos
Notas
Biografía de Raquel Martos
Biografía de Laura Llopis
Créditos
Grupo Santillana
La misión
Raquel y Laura no es que sean de mi equipo, son mis piernas. Jamás he visto a nadie esforzarse tanto en lo que hace como a ellas. No se permiten el desaliento. En su vocabulario no existen las palabras «imposible» y «mañana». No tienen problemas en tirar a la basura su trabajo de todo el día y empezar de nuevo si acaba de salir una noticia de última hora. Y lo más importante: todo esto lo hacen con una sonrisa.
Esta información la doy para que sepáis cuanto antes que, aunque las autoras parecen personas normales, no lo son. De hecho, son samuráis. Sí, ya sé que os sorprenderá. Yo tampoco lo sabía. Pero, en este último año, las he espiado y me he dado cuenta de que, para ellas, este libro no es un trabajo, es una misión. Raquel y Laura han revisado cada una de sus ideas y de sus sentimientos personales hasta llegar a lo más profundo de sí mismas, y luego lo han llenado todo de chistes y de un lenguaje sencillo y frívolo para confundirnos y hacer ver que lo que cuentan son cosas sin importancia que se les ocurrían mientras se hacían unas risas. Pero ¡a mí no me la dan!
Éste no es sólo un libro de humor. Es un código secreto. Un libro escrito para mujeres que deberíamos leer todos los hombres. Debajo de algunos chistes hay un montón de información privilegiada para nosotros que, hasta ahora, nadie nos había contado. Raquel y Laura se han confesado ante sus posibles lectoras y, sin darse cuenta, nos han dado a los hombres la llave de muchos secretos íntimos sin los cuales nunca tendríamos la posibilidad de comprender cómo son en esencia las mujeres. Así que mi consejo es que compres inmediatamente todos los ejemplares de este libro que haya en la tienda y que se los pases a tus amigos antes de que lo prohíban. Estoy seguro de que esta información no andará suelta mucho tiempo…
Y ahora levanta la mirada, disimula y empieza a hacer lo que te he dicho sin despertar muchas sospechas. ¡Buena suerte!
PABLO MOTOS
PD. Como en este libro encontraréis un análisis exhaustivo de todos y cada uno de los defectos de los hombres —algunos de los cuales ni os imaginabais—, os diré, aunque sólo sea para compensar, que todas mis teorías sobre los defectos de las mujeres se resumen en una: las mujeres están de mal humor porque tienen hambre. Pensadlo.
La chica que se quería quemar a lo bonzo…
… porque él se ha convertido en una patata
¿Quién estafa a quién?
La mujer de Hugh Jackman se mata de risa cuando oye que su marido es el hombre más sexy del mundo. Ella también lo pensaba, hasta que se fue a vivir con él. Porque de todas es sabido que «hombre que convive en pareja se acaba convirtiendo en una patata».
Los hombres, al principio, nos hacen creer que son como Indiana Jones. Un día te dicen: «Coge el bolso, que te invito a cenar» y se hacen cuatrocientos kilómetros del tirón para llevarnos a cenar a la playa. Y flipamos, y los seguiríamos como perras al fin del mundo porque pensamos que, a su lado, la vida va a ser una aventura constante. Pero lo que te espera es una vida al lado de una patata que echará raíces en el sofá.
¡Cómo nos la meten! Con perdón. Nos hacen creer que cruzarían desiertos por nosotras y luego lo más que cruzan es el pasillo, del sofá a la nevera, para coger una cerveza. Y el domingo, que es el día que podemos estar juntos, se lo pasan en pijama, como si estuvieran ingresados. Sin duchar, sin peinar, sin lavarse los dientes… Parece que están en Gran Hermano, pero a nosotras se nos quitan las ganas de hacer edredoning.
Ellos también tienen sus quejas. Dicen que, al principio, vamos muy bien depiladas y que, cuando hay confianza, nos dejamos los muslos pinchosos. Pero ¡para qué nos vamos a depilar continuamente si, cuando les pasamos el muslo suave por la cara, la patata sólo dice: «Quita que no veo la tele»! Eso sí, ellos pueden dejar de afeitarse cuando quieran, luego te hacen un cunnilingus (que bienvenido sea) y parece que te lo está haciendo Espinete.
Los tíos dicen que nosotras los estafamos porque cuando nos conocen vamos subidas en tacones, nos teñimos y ¡oh, gran crimen! nos ponemos un Wonderbra. Es verdad que los tacones nos hacen más altas pero, sobre todo, nos los ponemos porque nos estilizan, nos suben el culo, nos alargan la pierna y nos sentimos más sexys. Además, hay un estudio científico que dice que el movimiento pélvico que hacemos andando con tacones favorece el orgasmo. ¿Por qué creéis que han triunfado los Manolos de las chicas de Sexo en Nueva York? ¡¡¡No hay ningún Manolo en España que haya provocado tantos orgasmos!!!
Nos teñimos, pero lo reconocemos. ¿Alaska dijo alguna vez que tenía el pelo naranja de comer mandarinas? Nosotras lo comentamos sin pudor:
—Chica, ¡qué bien te han dado las mechas!
—Es que además me han puesto baño de color para igualar, como llevo moldeado y extensiones de pelo indio…
En cambio, un tío aparece un día con la melena de El Puma y tenemos que hacer como que no vemos que lleva una rata en la cabeza. De hecho, José Bono cree que en España nadie se ha dado cuenta de que se ha puesto el tupé de Elvij Prejly [1].
¿Y qué maldad hay en ponerse un Wonderbra? Ninguna. En el Código Penal se consideraría estafa leve. Lo más que puede pasar cuando te lo quites delante de él es que piense: «Vaya, tiene las tetas más pequeñas de lo que parecía». Pero nosotras lo compensamos porque, a cambio, tenemos el culo más gordo y más caído cuando nos quitamos las medias Golden Lady Push Up. Lo comido por lo servido.
En cambio, la estafa que sufrimos nosotras es de juzgado de guardia. Al principio los hombres nos escuchan con más interés que Jesús Quintero (léase con el tono típico del personaje): «Háblame de ti, de tus padressss, de tu infancia…». Podemos hablar horas y horas y ellos nos escuchan flipados como si fuera un discurso de Obama. Pero un día les deja de gustar que hablemos y nos llaman loros, cotorras… Pasamos de ser Obama a tertuliana del Sálvame.
Si al principio de la relación todos fuéramos sinceros, nosotras deberíamos decir: «Esto no es lo que parece, llevo Wonderbra», pero ellos deberían contestar: «Tranquila, yo soy una patata, y voy echar raíces en tu sofá. ¿Nos acostamos?».
La cosa no tiene remedio porque a las mujeres las patatas, aunque nos engorden, nos encantan de todas las maneras: asadas, fritas, cocidas… Paja…
La chica que se quería quemar a lo bonzo…
… porque los tíos que se le acercan siempre le dicen: ¿por qué estás tan seria?
Los tíos se lo montan fatal para ligar
La relación entre hombre y mujer casi nunca empieza bien. Antes de nada voy a aclarar que si un tío no liga no es porque sea feo, eso para nosotras no es decisivo… Ahí está Woody Allen, muchas quisieran que les tocara el clarinete…
Lo que nos tira para atrás son otras cosas. ¿De dónde sacarán los tíos las frases esas que utilizan desde siempre para ligar?: «¿Qué haces aquí tan sola?», «¿Vienes mucho por aquí?», «¿Por qué estás tan seria?». ¡Joder, no voy a ir todo el rato por ahí sonriendo sin motivo, no soy Zapatero!
Tampoco soportamos que los hombres se tengan que beber
