¿Me hablas a mí?

Sam Leith

Fragmento

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Para mamá

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INTRODUCCIÓN

Permítanme comenzar con una escena de Los Simpson:

MARGE (canta «Blowin’ in the Wind»): «¿Cuántos caminos debe un hombre recorrer para que puedan llamarlo un hombre?».

HOMER: Siete.

LISA: No, papá, es una pregunta retórica.

HOMER: ¿Retórica, eh?… ¡Ocho!

LISA: ¿Sabes lo que significa «retórica»?

HOMER: ¿Que si sé lo que significa «retórica»?

No es exagerado decir que el libro que tiene en sus manos gira en torno a esta breve escena. ¿Sabe usted qué significa «retórica»? Porque debería saberlo. Y si Homer Simpson, uno de los grandes representantes del hombre corriente de finales del siglo XX, es capaz de hacer una broma sobre la retórica, puede estar seguro de que es un tema que no tiene por qué ser intimidatorio.

Así que ¿qué es la retórica? En la definición más sencilla posible, la retórica es el arte de la persuasión: el intento de un ser humano de influir en otro mediante palabras. No es más complicado que eso. Probablemente usted está acostumbrado a asociar la retórica con la oratoria formal: los discursos que pronuncian los políticos por televisión, los directivos en las juntas anuales de accionistas y los sacerdotes en la misa dominical. Lo cual es cierto, pero entonces es cuando la retórica resulta más visible; cuando se viste de largo y saca brillo a sus zapatos de baile. Sin embargo, esa no es más que una parte de todo el vasto terreno que abarca el término.

La retórica es un campo del conocimiento: es decir, algo susceptible de ser analizado y comprendido de la misma forma que la poesía. Igual que quienes estudian poesía hablan de anapestos y cesuras y versos catalécticos, los que estudian la retórica han aprendido a reconocer el nombre de algunas de las formas en que funci

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