Sin miedo (edición especial ilustrada)

Rafael Santandreu

Fragmento

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Este libro es más necesario que nunca. Ahí fuera hay muchísimas personas que sufren a causa de un problema devastador del que no se habla demasiado. Son personas normales —el hijo del vecino, la esposa de tu mejor amigo, tu compañero de trabajo...—, pero con un sufrimiento tan grande que puede ser mayor que el que padece un enfermo de cáncer o de cualquier otra de las enfermedades que más miedo provocan.

Estoy hablando, en primer lugar, del trastorno de ataques de pánico y el trastorno obsesivo compulsivo (o TOC). Estos dos problemas afectan al 6 % de la población española, esto es, a unos tres millones de personas. Y, como decía, el trastorno les está arruinando la vida.

Pero este libro no sólo está dirigido a este colectivo, sino también a cualquier persona con timidez, hipocondría, depresión o cualquier otra emoción negativa exagerada. Porque el método de superación que vamos a aprender aquí servirá para eliminar de nuestra vida esta clase de problemas. En pocas palabras: para eliminar cualquier miedo.

Aprenderemos a domesticar nuestra mente, a convertirla en un bello y potente corcel que dócilmente nos conducirá a donde deseemos: unas veces, a dar un paseo sin más; otras, a hermosos destinos y travesías, y también a realizar maravillosos esprints de fuerza y logro.

Mi gran amigo y maestro budista Kiko me contó en una ocasión que nuestra mente a veces es como una mano que se hubiese vuelto loca. Imaginemos que nos despertamos una noche con un fuerte dolor en la garganta, abrimos los ojos de golpe y vemos que... ¡una garra nos está asfixiando!

Intentamos desesperadamente librarnos de la garra y tiramos de ella con frenesí, pero se aferra con demasiada fuerza. ¡Vamos a morir ahogados! ¡Dios, qué horror! Y de repente, se enciende la luz y comprobamos que se trata de ¡nuestra propia mano izquierda!

Pues a la mente le pasa igual: puede convertirse en nuestro propio enemigo y ser el más implacable torturador sobre la faz de la tierra. Pero la buena noticia es que TODOS somos capaces de aprender a curarla. Es más, de aprender a convertirla en nuestro mejor aliado.

¿Te imaginas un mundo donde tus emociones sólo jugasen a tu favor? Pues ¿sabes qué? ¡Es posible! Y este libro, basado en cientos de miles de testimonios de éxito, lo demuestra.

Durante la preparación de este libro entrevisté a un montón de testimonios de curación. Muchas de las entrevistas están disponibles en mi canal de YouTube, de modo que allí encontrarás numerosos casos aquí descritos. Que su brillante ejemplo te sirva de estímulo para el cambio.

Por último, quiero agradecer a mis amigos de la editorial Gaia que me hayan concedido permiso para comenzar cada capítulo con una cita de mi admirada Pema Chödrön, la célebre monja budista. Todas esas frases proceden de su libro Cuando todo se derrumba.

Prepárate para transformar tu vida para siempre. A convertirte en la mejor versión de ti mismo: una persona libre, feliz y poderosa.

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Muchos trastornos, un solo problema: ataques de desequilibrio emocional

La próxima vez que no encuentres suelo bajo tus pies, no lo consideres un obstáculo en absoluto; considéralo más bien un gran golpe de suerte. Finalmente, después de todos estos años, quizá consigas crecer realmente.

PEMA CHÖDRÖN

María José es una hermosa mujer de cincuenta años, extremadamente simpática y alegre. Luce una melena castaña clara que le cae ondulada hasta más abajo de los hombros. Vive en Alicante y le encanta pasear por la playa con su perrita. Se ha casado en dos ocasiones y trabaja como funcionaria.

Recuerdo que, el primer día de consulta, cuando me explicaba su problema de ansiedad —¡que la torturaba desde hacía veinticinco años!—, bromeaba todo el tiempo. La ansiedad la atenazaba hasta el tuétano, pero, aun así, no PODÍA evitar desparramar su alegría natural.

María José sufría a diario fortísimos ataques de ansiedad. Y para empeorar el asunto, por una nefasta recomendación de su médico, se había enganchado a los ansiolíticos, unos fármacos que no sólo no la ayudaban en nada, sino que le habían generado más ansiedad, confusión y algún que otro susto por sobredosis accidental.

Tomaba seis o siete tranquilizantes al día y, sin embargo, la ansiedad no dejaba de crecer año tras año. Ella misma lo describe así ahora, una vez curada del todo:

Entre el trastorno de ansiedad y la adicción a las pastillas, mi mente era una completa maraña. La adicción aumentaba mi ansiedad porque una hora antes de cada toma ya me entraba el mono. Es decir, tenía ataques de pánico y encima me daba el mono por culpa de esas asquerosas pastillas.

En sus ataques de ansiedad, María José sentía palpitaciones exageradas, como si el corazón se le fuera a salir del pecho, mareos bestiales que casi la tumbaban y una horrorosa sensación de proximidad a la muerte. El miedo era tal que las manos le temblaban como si tuviese párkinson. El pánico podía durarle horas o asaltarla durante el sueño, con lo cual esa noche no pegaba ojo ni con doble ración de pastillas. ¡O triple!

En la actualidad, María José es una persona nueva. En el momento de escribir estas líneas, hace más de tres años que no tiene ningún ataque y su vida es de un color completamente diferente: ¡es luminosa! No toma ningún fármaco, ni falta que le hace. Lleva una vida la mar de normal. Más que normal: plenamente feliz.

En una conversación que mantuvimos hace poco, me decía:

—Si no te llego a conocer, ¡no me curo nunca! ¡Me has salvado la vida!

Pero la verdad es que María José se salvó a sí misma. Se curó gracias al trabajo duro y a la determinación. DE LA MISMA MANERA QUE LO VAS A HACER TÚ.

Fíjate bien: María José vivió durante veinticinco años la pesadilla del pánico diario más una fuerte adicción a los tranquilizantes. Y ahora ha pasado página porque lo ha superado. Sin fármacos. Sólo con trabajo personal y mucha persistencia y determinación.

Este libro habla del tratamiento de lo que podríamos llamar genéricamente «ataques de desequilibrio emocional», un fenómeno que consiste en experimentar ansiedad aguda sin una causa racional. Dicho de otra forma: un estado de vulnerabilidad en el que hemos perdido el control de las emociones, en el que éstas se han desmadrado. Ya no somos el que éramos. Ahora somos un personaje temeroso, débil y con emociones anormales.

Los ataques pueden presentarse sin avisar. Simplemente, aparecen de la nada. Por ejemplo, al despertar por la mañana. O t

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