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Para mis padres, Javier y Julia, que me han apoyado siempre.Para mi hermana, por su sinceridad.Para mi abuela.Para mis amigos, que me han escuchado y regalado momentos increíbles.Para mi primer amor.Para mis seguidores.Es todo gracias a ellos.
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No puedo asegurar que te guste, pero te prometo que te verás reflejada en mis palabras y sentirás que no somos tan distintas.La Carlota de estas páginas navega por un mar cuyas olas se mecen entre la ficción yla realidad, dejando a merced del navegante su fe en lo surcado. No obstante, haymucha verdad en los relatos ypoemas que tienes entre manos. He escrito llorando, riendo, enfadada yhasta con sueño, pero eran momentos en los que debía soltar lo que sentía y no quedármelo.En cada palabra he dejado un poquito de mí para ti.Por eso te animo a leerme. Encuéntrame. Y encuentra tu historia en la mía. Nadie dijo que crecer fuera fácil. El camino está plagado de lágrimas yde-cepciones, pero también de descubrimientos que valen la pena. Aquí te dejo mi ruta con todos mis errores entre líneas. Porque no quiero esconderme tras ellos, quiero mostrarlos orgullosa ydecir bien alto que aprendí de ellos, que si me quiero más y mejor es gracias a ellos.
PRÓLOGO
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Desde pequeña, demasiada importancia le daba ya a la superficie de las personas, todas las montañas, todos los árboles ycada una de las curvas de la carretera. No puedo decir que amase cada una de sus ca-lles, porque allí se encontraban las más oscuras, donde una vieja bom-billa era la única que alumbraba. Esas calles donde caminas más rápido incluso sin quererlo. Cuanto más crecía, más oscuro se hacía el paisaje en mi cabeza. Por-que la opinión propia siempre se inclina hacia la infravaloración. Porque siempre llega el invierno, donde los días son más cortos ylos árboles se quedan sin vestimenta. Donde la corriente de los ríos se queda helada, como si se hubiera parado el tiempo a la vez que el efecto de la cordura. Cuando, al igual que hacen los sabios osos, es mejor esconderse.
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piel
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A pesar de ello, el invierno es una etapa necesaria de reflexión. Una estación en la vida que todos sufrimos de una manera u otra yque nos hace más fuertes, o a veces, más vulnerables. Los padres suelen llamar-lo adolescencia, pero mi hermana yyo le damos un aire más misterioso, porque cada persona es diferente ylos efectos secundarios de las hor-monas pueden ser sorprendentemente distintos. —¡Años oscuros! —gritaba mi hermana mayor cuando yo soplaba lasvelas de mi grandiosa tarta de chocolate. Se podían apreciar dos figuri-tas de cera creando el número 13. Me reí yla llamé ingenua por si pensa-ba que iba escribir la misma historia que ella. Recuerdo que ese día tardé tres horas en escoger el outfit perfecto.Primero me vestí con un estilo informal, siendo como siempre los vaque-ros los protagonistas. No me convenció yuno a uno me acabé probandotodos mis pantalones, del más claro al más oscuro. Aunque tampocoencontré nada que me gustase, decidiéndome finalmente por una falda.Esperaba que me tomase menos tiempo, teniendo en cuenta que solo tenía tres ydos eran de mi hermana. Si decimos que la media era de veinte minutos por cada prenda de ropa para decidir si me gustaba o no, deberíamos coincidir en que me pasé demasiado tiempo enfrente del espejo. Poco a poco podía ver cómo mi cerebro se volvía más estric-to yllegué a notar como de un minuto a otro mi cuerpo se veía distinto en mi cabeza. Y lo que empezó siendo una selección de ropa acabó convirtiéndose en una tortura.{ 10 }
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Recuerdo que dolía. El no poder sacar pensamientos de odio sobre mí era agobiante ymás cuando le acompañaba esa presión en el pecho. Era algo nuevo para mí en ese momento, aunque ese sufrimiento se acabaría convirtiendo en rutina más adelante. Me asfixiaba las 24 horas sin dejarme morir haciéndome pensar que me lo merecía. Amigos, familia ysorpresas son un buen resumen de lo que viene siendo un cumpleaños, pero ya era hora de despedir la fiesta. Aunque me hiciera gracia yme burlase de cada uno de los invitados cada vez que les deseaban «buena suerte» a mis padres, me preguntaba cómo una persona en menos de un año puede cambiar tanto. Y no me basta-ba con la explicación científi ca de mi profesora de biología.Ahora caigo en que para entenderlo tienes que vivirlo.Ese día podemos decir que fue inolvidable. Aunque ese en concreto no era uno que quisiera recordar especialmente, donde los primeros síntomas de mi futura enfermedad empezaban a salir a la luz, siem-pre camuflados por la típica escena de una preadolescente dándole un poco más de importancia a su aspecto. Recuerdo que dolía. El no poder sacar pensamientos de odio sobre { 12 }
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Mi padre, como siempre pegado a una cámara, prefería ver la vida a través del objetivo. Él decí
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