1. Indultemos a los pavos (pero a
todos ellos)
Existen muchas costumbres extrañas en Estados Unidos, pero una de las más curiosas es, sin duda, el ritual anual consistente en «indultar» a un pavo antes del día de Acción de Gracias. Aunque se dice que ya el presidente Abraham Lincoln perdonó la vida de un pavo que había sido llevado a su casa para la cena de Navidad, los indultos presidenciales a pavos se remontan a hace tan solo sesenta años. Como ocurre con muchas otras prácticas estadounidenses, el origen del ritual fue una ingeniosa idea de marketing: la Federación Nacional del Pavo presentó un pavo vivo al presidente Harry S. Truman para la cena de Acción de Gracias. El acto apareció en los medios de comunicación y, a partir de entonces, se convirtió en un acontecimiento anual. En 1963, el presidente John F. Kennedy recibió como regalo un pavo que llevaba colgado al cuello un cartel que rezaba: Buen provecho, señor presidente. Cuando vio al pavo, el presidente dijo: «Vamos a dejar que este crezca». Aunque sus sucesores inmediatos no siguieron su ejemplo, el presidente George H. W. Bush sí lo hizo y, desde entonces, todos los presidente han seguido «indultando» a un pavo –o, a veces, incluso a dos– la víspera del día de Acción de Gracias.
La Constitución de Estados Unidos autoriza al presidente a conceder un indulto por un delito federal, pero nadie ha mencionado nunca de qué supuesto crimen son indultados los pavos. Cabe presumir que es porque los pavos no cometen delitos. Saber que en algún lugar hay dos pavos que siguen vivos ¿hace sentir un poco mejor a las familias estadounidenses mientras engullen el cadáver de uno de los cuarenta y seis millones de pavos sacrificados cada año para la cena de Acción de Gracias? Lo cierto es que nuestra mente puede recurrir a trucos extraños, sobre todo cuando tenemos dudas éticas –quizá inconscientes– sobre lo que queremos hacer. ¿Imaginan los estadounidenses de hoy en día que el pavo indultado expía el pecado de cenar pavo, un poco como los antiguos hebreos, que creían que, si liberaban a una cabra en el desierto, ese «chivo expiatorio» cargaba con sus pecados? ¿O se trata simplemente de una alianza de conveniencia entre los intereses de los productores, que solo buscan vender más pavos, y los de los presidentes estadounidenses, que desean mantener buenas relaciones con la industria agroalimentaria? ¿Tiene alguna relevancia el hecho de que, como veremos en las páginas siguientes, Jennie-O –el proveedor de los pavos indultados por el presidente Joseph Biden en 2023 y el mayor productor de pavos del país– recibiera del Gobierno federal casi 106 millones de dólares entre 2022 y 2024 como compensación por la muerte de pavos en sus granjas (de los cuales, varios millones perecieron lentament
