ÍNDICE
Introducción
1. DESHAZTE DE LAS INSTRUCCCIONES.
Esto no es arte. / Es mejor cuando no sabes. / Nadie sabe nada. / Averígualo por ti mismo.
2. NO TE TOMES LAS COSAS TAN EN SERIO.
¿Quién se está divirtiendo? / Finge que es una comedia. / Actúa como tonto. / Haz muchas preguntas. / No tengas miedo de hacer lo que te resulta natural.
3. REGÁLATE TIEMPO, ESPACIO Y MATERIALES.
Tiempo para viajar fuera del tiempo. / Un espacio seguro para jugar. / Materiales a la mano.
4. ¡PERMÍTETE HACERLO MAL!
Haz algo que no deberías. / Haz un montón de cosas imperfectas.
5. CREE EN LA MAGIA.
Disfraces y rituales tontos. / Mensajes del universo.
6. PIENSA DIFERENTE.
Escucha a tu cuerpo. / Trabaja con tus sentimientos.
7. SI ENCUENTRAS PROBLEMAS EN LOS RESULTADOS, HAY PROBLEMAS EN LO QUE SE INTRODUJO ANTES.
Si no recibes nada, no produces nada. / Averigua qué te gusta. / Aprendemos copiando. / Acepta tus obsesiones. / Ve a la biblioteca.
8. ¡QUE UN NIÑO TE AYUDE!
Un niño de cuatro años te ayudará a avanzar. / Aprende a mirar. / Visita la sección infantil. / Sé un adulto mayor curioso.
9. QUE NADA SE DESPERDICIE.
La creatividad es el residuo del tiempo perdido. / El aburrimiento es una parada técnica. / No hay problema si paras. / No te lances por la ventana.
10. NO TE EMPEÑES EN TENER UNA VISIÓN CLARA.
Deja al futuro detrás de ti. / Trabaja con lo que tengas enfrente. / Ve más allá de tu imaginación.
¿Y ahora qué?
Agradecimientos
“APRENDÍ MUCHÍSIMO SOBRE ARTE OBSERVANDO A UN NIÑO DIBUJAR…
CUANDO LOS NIÑOS BOTAN JUGUETES POR AHÍ O DIBUJAN, NO DICEN
‘ESTO ES ARTE’:
SOLO ESTÁN HACIENDO COSAS.”
—JOHN BALDESSARI
(1931-2020)
ESTE ES UN LIBRO DE ARTE QUE APRENDÍ DE MIS HIJOS CREATIVOS.
“A las personas les va mucho mejor
cuando no se creen artistas…
si dices que no es arte, es probable
que obtengas mejores resultados.”
—BRIAN ENO
Yo nunca estudié en una escuela de arte, pero pasar tiempo con mis hijos fue mucho más inspirador que cualquier escuela que pudiera imaginar. Para cuando comenzaron a gatear, ya dibujaban como Picassos pequeñitos y trabajaban de la manera en que siempre soñé hacerlo yo: sin miedo ni dudas, solo con energía desbordada, pasión pura y ligereza en el tacto.
Ellos me enseñaron. Bueno, incluso podría decirse que me desenseñaron. Como yo era su padre y también el autor de Roba como un artista y de otros libros sobre la creatividad que han vendido millones de copias en todo el mundo, di por sentado que yo sería el maestro y ellos mis alumnos. Pero, poco después, fue evidente que estaba equivocado: yo tenía mucho más que aprender de ellos que ellos de mí.
Por eso me convertí en aprendiz de principiantes. Ahora yo era el asistente en el estudio y las cosas marchaban bien, siempre y cuando supiera cuál era mi lugar. Mi trabajo consistía en conseguir suministros para pintar, preparar bocadillos y calmar berrinches. Como tratar de darles indicaciones o decirles qué hacer resultaba contraproducente, aprendí a mantener la boca cerrada y los ojos abiertos. De vez en cuando me permitían unirme a la diversión, pero era claro que no necesitaban que nadie les enseñara a ser creativos. Lo que necesitaban de mí era que estuviera ahí cuando me llamaran y, si no, que no les estorbara.
Siempre que compartía en internet las cosas que hacían mis hijos, los lectores me preguntaban cuándo escribiría un libro sobre creatividad para niños.
