Domina tu dinero (antes de que te domine a ti)

Natalia Lara Madrid
Natalia Lara Madrid

Fragmento

Introducción

Introducción

Por qué no debería darte vergüenza hablar de dinero

¿Quién no se ha sentido incómodo cuando a un familiar o a un amigo le ha dado por hablar de dinero? Le dan a uno ganas de meter la cabeza en un agujero del suelo, como si fuera un avestruz, y al final acaba cambiando de tema con disimulo.

No te preocupes, pasa más veces de las que crees. De hecho, en muchísimos países, el dinero es uno de los tabús más grandes que existen. Créeme, incluso más que hablar de política o de sexo.

Y si te paras a pensarlo detenidamente, en realidad ¿a quién le beneficia que no hablemos de dinero? ¿A ti? ¿A tu familia o a tus amigos? Lo mismo les interesa a todos aquellos que ya saben cómo manejarlo y prefieren que tú sigas viviendo en Narnia, pero es solo una opinión.

Ese silencio que orbita alrededor del dinero ha ido creando generaciones de personas que van a ciegas a la hora de gestionar sus finanzas, que están repitiendo patrones familiares, en muchas ocasiones poco saludables, y, por supuesto, aprendiendo a base de darse coscorrones contra la pared.

Sin ir más lejos, está a la orden del día meterte en un crédito rápido con intereses ya no abusivos, lo siguiente. O regalarle dinerito al banco sin más en forma de comisiones de mantenimiento de cuentas (o cualquier cosa que se inventen) durante años y, créeme, esas comisiones estaban mejor en tu bolsillo.

Déjame decirte que hablar de dinero no es de mala educación como siempre te han dicho. Hablar de dinero te hace ser una persona inteligente que quiere tomar mejores decisiones. Porque hablar de dinero es como hablar de salud: ¿juzgarías a alguien por querer mejorar sus hábitos alimenticios? Seguramente no; pues con el dinero pasa exactamente lo mismo.

Aquí vamos a normalizar hablar de dinero y vamos a tocar todos los palos relacionados con él: sueldos, deudas, inversiones y ahorro. Sé lo que estás pensando y no, no voy a usar tecnicismos. Te hablaré claro, de forma directa y sin filtros. Cuanto más normalices este tema de conversación, más poder tendrás sobre él.

Qué vas a encontrar (y qué no) en este libro

• Lo que SÍ vas a encontrar:

Palabras claras, directas y sin rodeos. No hay ni maquillajes ni tecnicismos para impresionar. Hablamos de pasta, de dinero contante y sonante.

Consejos prácticos que puedes poner en práctica desde ya, hoy mismo, aunque tengas 10 € en la cuenta bancaria.

Ejercicios y retos para que puedas avanzar a tu ritmo y no te agobies.

Un bofetón de realidad: no te voy a prometer que tendrás millones de euros en un año, pero sí que vas a tener mucho más control y muchísimo menos estrés financiero.

• Lo que NO vas a encontrar:

Fórmulas mágicas para hacerte rico de la noche a la mañana. Si alguien te promete eso, huye.

Estrategias de inversión ultracomplejas que requieren un doctorado en Economía.

La recomendación para invertir en cierto sector o empresa específica. No soy adivina ni tengo una bola de cristal.

Juicios sobre cómo te gastas el dinero. Si quieres fundirte el sueldo en videojuegos, cervezas artesanales o viajes, adelante. Este libro no va de convertirte en una máquina de ahorrar, sino de que sepas tomar decisiones.

Lenguaje complicado. Te lo explicaré todo como si estuviéramos tomándonos algo de tranquis en una terracita.

¿Qué es ser «rico»? (spoiler: no se trata solo de tener mucho dinero)

Antes de empezar, quiero hacerte una pregunta: Para ti, ¿qué significa ser rico?

La inmensa mayoría enseguida piensa en coches de lujo, mansiones, viajes a destinos exóticos… Pero, después de profundizar, de hablar con cientos de personas a lo largo de mi carrera como asesora financiera, desde clientes hasta amigos dentro del propio sector financiero, he descubierto que el verdadero sentido de la riqueza no es tan superficial.

Analízalo. Ser rico no es ni más ni menos que tener opciones. Me explico: tener opciones es poder decir que no a un trabajo con condiciones pésimas o tóxico sin más porque tienes un colchón financiero que te cubre. Ser rico es poder ayudar a un familiar o a un amigo cuando lo necesita. Ser rico es dormir a pierna suelta por la noche porque sabes que un imprevisto no te va a destrozar la vida.

Conozco a personas con sueldos normalitos que se sienten más «ricas» que el típico señor trajeado que tiene unos ingresos seis veces mayores. ¿Y sabes cuál es la diferencia? Que estas personas con sueldos normalitos han aprendido a gestionar lo que tienen. Sin embargo, la mayoría de los señores trajeados viven enganchados a un estilo de vida que muchas veces no pueden mantener.

En este libro no voy a enseñarte a ser millonario (aunque si lo consigues, no me negaré a que me invites a comer). Lo que sí voy a enseñarte es cómo alcanzar la tranquilidad financiera y eso, créeme, tiene mucho más valor. ¿Te imaginas lo que es sentir ese estado de satisfacción en el que el dinero deja de ser una preocupación y pasa a ser una herramienta que trabaja para ti?

Suena genial, ¿no? Esto empieza a pasar cuando dejamos de ver el dinero como un objetivo final y comenzamos a verlo como el medio de transporte que nos permite vivir la vida que queremos.

Y ahora que tenemos claros algunos puntos, vamos a lanzarnos de cabeza en el primer capítulo y a empezar a meterle caña al cambio de la relación que tienes con el dinero. ¿Vamos al lío?

Cerdito suspendido por un globo atado con una cuerda sobre su lomo, rodeado por varias nubes distribuidas arriba, a los lados y en la parte inferior.

Capítulo 1

El dinero y tú: una relación complicada

¿Por qué te da miedo hablar de dinero?

¿Cómo te sentiste la última vez que hablaste sin tapujos sobre tu situación financiera?

Para la mayoría de la gente, hablar de dinero es casi igual de incómodo que hablar de problemas de pareja en una cena familiar delante de los suegros. Y no es casualidad. Desde pequeños nos han bombardeado con mensajes como: «No preguntes cuánto cobra la gente» o «No digas cuánto te ha costado esto o lo otro».

Pero vamos a analizar de dónde viene ese miedo en realidad.

El dinero está cargado de emociones, por no decir que es una emoción en sí. Te da vergüenza si crees que ganas poco, sientes culpa si piensas que ganas mucho, te da miedo ser juzgado, te da ansiedad pensar que no sabes si lo estás haciendo bien… Hablar de dinero es, en realidad, como si habláramos de nuestras inseguridades.

También está el factor de comparación. Nos da miedo descubrir que nuestro compañero de trabajo gana más por hacer lo mismo o que nuestros amigos ahorran más, aunque salgan lo mismo que nosotros. Las comparaciones son odiosas, pero también nos muestran muchas cosas.

Por supuesto, no olvidemos el tabú cultural. En muchas familias, el dinero es un tema tan prohibido como hablar de política en Nochebuena.

Pero aquí está la paradoja: cuanto menos hablamos de dinero, menos aprendemos. Y cuanto menos aprendemos, más miedo nos da el tema. Esto es el pez que se muerde la cola, así que en este capítulo vamos a romper ese círculo vicioso juntos.

Mitos y frases tóxicas sobre el dinero que necesitas desactivar para ayer

• El dinero es la raíz de todos los males.

• El dinero no da la felicidad.

• Para ganar dinero es necesario esforzarse mucho en el tra­bajo.

• Los ricos son avariciosos, malvados o sin escrúpulos.

• No puedo permitirme ahorrar.

¿Te suenan estas frases? Yo las llamo «virus mentales financieros». Vamos, creencias limitantes que hemos absorbido sin cuestionarlas y que condicionan la relación que tenemos con el dinero.

Vamos a desactivarlas en un periquete.

• El dinero es la raíz de todos los males: El dinero no es ni bueno ni malo, es una herramienta. Lo que hagas con él puede ser constructivo o destructivo, pero en sí no tiene moral, eres tú quien la tiene. Dicho de otro modo: si eres buena persona y tienes dinero, serás una buena persona con dinero; si eres mala persona y tienes dinero, serás una mala persona con dinero. Pasa lo mismo si no lo tienes.

• El dinero no da la felicidad: No, no te compra la felicidad de manera directa, pero no tener dinero sí puede causarte una enorme infelicidad. El dinero te da seguridad, opciones y libertad, que son ingredientes importantes para el bienestar.

• Para ganar dinero es necesario esforzarse mucho en el trabajo: Si esto fuera verdad, los albañiles serían millonarios. El dinero no viene necesariamente del trabajo duro, sino del valor que aportas, de las decisiones que tomas y, en ocasiones, también del privilegio o la suerte que tengas, aunque he de decir que son las menos de las veces.

• Los ricos son avariciosos, malvados o sin escrúpulos: Generalizar nunca está bien. Hay personas generosas con mucho dinero y personas mezquinas con poco. La cuenta bancaria no determina el carácter de uno, eso ya lo hemos visto.

• No puedo permitirme ahorrar: Esta frase quizá sea la más tóxica de todas. La mentalidad de escasez nos hace creer que cualquier cantidad pequeña «no merece la pena». Sin embargo, incluso 5 € a la semana, suman 260 € al año. Grano a grano, se hace una montaña.

Cómo influye la historia familiar de cada uno con el dinero en las decisiones que tomamos

Sin darnos cuenta, cada uno llevamos una «mochila financiera» cargada con las experiencias, las creencias y los comportamientos que fuimos viendo en casa mientras crecíamos. Si te criaste en un hogar donde el dinero siempre fue un tema de tensión, lo más probable es que ahora evites pensar en las finanzas. Si tus padres nunca te explicaron nada sobre cómo gestionaban el presupuesto familiar, puede que ahora te sientas perdido a la hora de intentar organizar el tuyo. Si escuchabas frases como: «No tenemos dinero para permitirnos eso», pues quizá ahora te cuesta creer que puedes aspirar a más.

La buena noticia es que, una vez que identificas estos patrones, puedes decidir de manera consciente con cuáles te quedas y cuáles tienes que cambiar. No estás condenado a repetir la historia financiera de tu familia.

Piénsalo: ¿Qué mensajes recibiste sobre el dinero mientras crecías? ¿Cómo hablaban tus padres entre ellos del dinero? ¿Había tensiones cuando llegaban las facturas?

Estas experiencias que has mamado desde pequeño han moldeado más de lo que imaginas la relación que tienes ahora con el dinero.

Ejercicio. identificar los patrones emocionales con el dinero

Vamos a hacer un pequeño ejercicio de autoconocimiento financiero:

1. Identifica tus emociones automáticas. Cuando piensas en revisar la cuenta bancaria, ¿qué sientes? ¿Ansiedad, culpa, indiferencia, curiosidad? Nombra esa emoción y dila en voz alta o escríbela aquí:

2. Conecta con los primeros recuerdos que tengas sobre el dinero. ¿Cuál es el primer recuerdo que tienes relacionado con el dinero? Puede ser algo sencillo, por ejemplo la primera hucha, la paga semanal o también algún comentario que escucharas:

3. Reconoce tus comportamientos recurrentes. ¿Tiendes a gastar de manera impulsiva cuando estás triste? ¿Evitas mirar el saldo de la cuenta? ¿Te cuesta gastar en ti mismo, pero no en los demás? Identifica estos patrones SIN JUZGARTE, por favor:

4. Imagina tu «yo financiero ideal». ¿Cómo te gustaría sentirte cuando piensas en el dinero? ¿Qué comportamientos te gustaría tener? Visualízalo con detalle:

Este ejercicio no es mágico, pero te va a dar una primera radiografía de la relación emocional que tienes con el dinero.

Mentalidad financiera: aprende a pensar como alguien que sabe (aunque aún no sepas)

Hay una diferencia abismal entre las personas que gestionan bien su dinero y las que no; y no, no voy por ahí. Esto no va de tener un nivel altísimo de conocimientos técnicos. La diferencia está en LA MENTALIDAD. Sí, en mayúsculas.

Las personas que tienen una mentalidad financiera saludable comparten ciertos rasgos:

• Piensan a largo plazo. No sacrifican el futuro a cambio de gratificaciones inmediatas.

• Asumen la responsabilidad. No culpan a la economía, al Gobierno, a la mala suerte o al ratoncito Pérez de su situación financiera (aunque a veces influyan).

• Ven el dinero como un medio, no como un fin. Entienden que el dinero es una herramienta para conseguir la vida que desean, no el objetivo en sí mismo.

• Aprenden todo el rato. No dan por sentado que ya saben todo lo que necesitan saber sobre finanzas. Este tipo de mentalidad es de las más tóxicas.

• No se comparan destructivamente. Usan la comparación como motivación, no como una excusa para sentirse mal.

La buena noticia es que puedes empezar a pensar así desde ya, aunque todavía no poseas todos los conocimientos técnicos. Esto es como aprender a conducir: primero desarrollas la actitud correcta (respeto a la carretera, atención, paciencia) y luego vas perfeccionando la técnica. Después de unos meses, lo que antes te costaba pensar para hacer, ahora te saldrá de forma automática.

La regla de oro: no necesitas ganar más, necesitas entender mejor

Acabo este capítulo con lo que considero la regla de oro de las finanzas personales: el problema no suele ser cuánto ganas, sino cómo entiendes y gestionas lo que ganas.

Durante el tiempo que he pasado ayudando a otros a gestionar sus finanzas, he conocido a muchas personas con sueldos modestos que han conseguido ahorrar, invertir y construir patrimonio, y a otras con ingresos muy altos que viven siempre al límite, endeudadas y estresadas.

La diferencia no está en la cantidad que entra en la cuenta bancaria cada mes, sino en cómo entienden el flujo del dinero, en las decisiones que toman o en la capacidad que tienen para planificar.

Por supuesto, ganar más ayuda, para qué nos vamos a engañar, pero sin la mentalidad y los conocimientos adecuados, un aumento de sueldo solo se traducirá en un aumento proporcional de gastos. A esto se le conoce como la «inflación del estilo de vida».

Así que, antes de centrarte en ganar más (que también lo veremos más adelante), vamos a asegurarnos de que entiendes y aprovechas al máximo lo que ya tienes. Porque, créeme, hay mucho margen de mejora en tu situación financiera actual que aún no has descubierto.

Tres frascos alineados de izquierda a derecha contienen pilas de monedas; en el segundo frasco sobresale un tallo con una hoja y un pequeño brote en la parte superior, y en el tercero aparece un árbol con varias ramas sobre la misma base de monedas.

capítulo 2

El abc del dinero

¿Qué narices es el dinero? (Y por qué no solo es para gastarlo)

Antes de meternos en técnicas y estrategias, vamos a empezar por lo básico: ¿qué es el dinero?

Seguro que estás pensando: «¡Venga ya! Sé perfectamente qué es el dinero. Son esos billetes y esas monedas que no me duran lo que a mí me gustaría». Y sí, esa es la forma física del dinero, pero su esencia es mucho más profunda.

El dinero, en su forma más pura, es tiempo y energía materializados. Es el valor de tu trabajo, de tus ideas, de tus habilidades convertidas en algo que puedes intercambiar por otras cosas que necesitas o deseas.

Cuando recibes el sueldo, no solo recibes unos números en la cuenta bancaria: recibes el equivalente a las horas de tu vida que has dedicado a trabajar ese mes. Y he aquí la pregunta clave: ¿tratas esas horas de tu vida con el respeto que merecen?

La mayoría de nosotros hemos sido programados para pensar en el dinero sobre todo como en algo que se gasta. Trabajas, cobras, gastas, repites. Esto es, ni más ni menos, la famosa «carrera de la rata». Pero el dinero tiene al menos tres funciones igual de importantes:

1. Medio de intercambio: Sí, lo usamos para comprar cosas que necesitamos y disfrutar.

2. Depósito de valor: El dinero puede conservarse y acumularse con el tiempo, lo cual te permite construir riqueza.

3. Herramienta de creación: Cuando inviertes dinero, estás creando la posibilidad de tener más dinero en el futuro. Esto es como plantar semillas que pueden dar frutos.

Así que la próxima vez que recibas la nómina, recuerda: no solo has recibido dinero para gastar, has recibido potencial, opciones y libertad.

Ahora depende de ti cómo lo uses.

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