Prólogo de Martin E. P. Seligman
Prólogo
Ojalá que la psicología positiva hubiera existido cuando empecé en esta profesión, hace más de cincuenta años. Es más, ojalá entonces hubieran escrito este libro. En esa época, lo mejor que podíamos ofrecer a las personas eran unas cuantas directrices para que fueran menos desgraciadas, y lo mejor que podíamos dar a las parejas eran instrucciones para que sus discusiones fueran menos destructivas. El enfoque de este libro es muy diferente: en lugar de tratar de minimizar lo malo, se centra en cómo las parejas pueden optimizar lo bueno de su relación.
He dedicado mi vida al estudio científico y basado en la práctica de cómo llevar una vida mejor. En mis inicios en el campo de la psicología, me centré en el estudio y el tratamiento de las enfermedades mentales. Comencé mi carrera estudiando el sentimiento de impotencia y la depresión, buscando modos de sanar lo peor de la experiencia humana.
A medida que avanzaba en mi carrera profesional, empecé a estar descontento con la fijación de la psicología por las enfermedades mentales. Me di cuenta de que, incluso si pudiéramos, de alguna manera, encontrar una cura para todos los problemas psicológicos, eso no conduciría automáticamente a la salud mental que todos deseamos. Aunque tuviéramos un éxito rotundo curando los problemas psicológicos —éxito que no tenemos—, a lo más que podríamos aspirar es a llegar al punto cero, al punto de partida. Por tanto, como complemento de la psicología del sufrimiento propuse la psicología positiva, centrada en las cosas que hacen que la vida valga la pena.
Cuando mis colegas y yo postulamos la psicología positiva, hace veinte años, teníamos en mente un campo que articularía la hipótesis basada en la evidencia de cómo vivir bien. Este enfoque científico permitiría a las personas tomar decisiones acertadas en los diversos ámbitos de la vida y ayudar a las sociedades a construir escuelas, negocios, familias y comunidades prósperos.
La psicología positiva está haciendo realidad esta visión. Los investigadores plantean enfoques válidos para aprender, gestionar, relacionarse y servir a los demás. Profesionales dedicados se sirven de estas investigaciones con el fin de transformar la educación, los negocios, la medicina y la sociedad en su conjunto.
Este libro es el primero que trata de la aplicación a las relaciones de pareja de las investigaciones en psicología positiva. Demuestra que ya no seguimos estancados intentando ayudar a las parejas a hacerse menos daño en sus peleas, sino que hemos ido más allá y podemos ayudarlas a centrarse en su éxito como pareja. Mi modelo de éxito, por ejemplo, consta de cinco elementos para una vida plena: emociones positivas, compromiso, relaciones, significado y realización. Las relaciones, desde luego, están justo en el centro del modelo. De hecho, constituyen la parte más importante de una vida feliz y exitosa. Chris Peterson, mi colega, amigo y cofundador de la psicología positiva, resumió todo nuestro campo en tres palabras: los demás importan.
Suzie Pileggi Pawelski y James Pawelski son los mejores autores para este libro. Conocí a Suzie hace diez años, cuando la aceptaron en la tercera clase de nuestro programa de Máster en Psicología Positiva Aplicada (MAPP) de la Universidad de Pensilvania. Fue una alumna excelente, entusiasta y tenaz. Como escritora tiene una capacidad extraordinaria para hacer comprensibles y divertidos los hallazgos en investigación académica.
Conozco a James desde hace aún más tiempo, desde poco después del comienzo de la psicología positiva. Era un joven filósofo brillante y enérgico muy interesado en los fundamentos conceptuales de la psicología positiva y en su potencial para mejorar la experiencia humana. Buscaba una filosofía viva y aplicable como la que William James, su héroe, deseaba. Estaba tan impresionado con James que lo invité a unirse a mí en Pensilvania, donde ha llegado a ser director del programa MAPP, profesor galardonado, director general de la Asociación Internacional de Psicología Positiva (IPPA) y líder en investigación sobre artes, humanidades y progreso humano.
Tanto Suzie como James son impresionantes, pero son aún más eficientes como pareja. Están capacitados para escribir este libro no solo por su experiencia en el campo de la psicología positiva, sino también por su dedicación a aplicarla a su propio matrimonio. Viven su trabajo.
La psicología está profundamente arraigada en la filosofía. Suzie y James presentan las investigaciones científicas de una manera especialmente clara y atractiva. Sus debates sobre Aristóteles y William James, por ejemplo, son apasionantes y están orgánicamente unidos a su amplia gama de estudios de psicología positiva acerca de la pasión, las emociones positivas, el disfrute y la fortaleza de carácter. Su Modelo de Interacción en las Relaciones constituye un avance significativo en nuestra comprensión de los elementos fundamentales de la psicología positiva.
En este libro se pone de relieve que, aunque las relaciones no sean fáciles, se pueden mejorar mediante la práctica de habilidades fundamentales. Como le gusta decir a Suzie: «Amar es un verbo que implica acción.» En el libro también se recalca que las relaciones funcionan mejor cuando no te centras en lo que puedes sacar de ellas sino en lo que puedes aportarles y aquello en lo que puedes llegar a convertirte gracias a ellas. Suzie y James defienden firmemente el poder de las buenas relaciones de pareja para convertirnos en personas mejores. Esto, desde luego, es algo que mi esposa Mandy y yo hemos comprobado: gracias a nuestra relación nos hemos convertido en personas mejores.
Ahora te invito a comprobar por qué el enfoque de este libro es tan efectivo. ¡Sumérgete en la sabiduría antigua y en la ciencia contemporánea, completa los esclarecedores ejercicios y aplica hoy mismo lo que aprendas a tu relación!
MARTIN E. P. SELIGMAN
Wynnewood, Pensilvania
Introducción: Llegar a ser felices juntos
INTRODUCCIÓN
Llegar a ser felices juntos
Ser feliz con tu pareja es una de las mayores alegrías de la vida. Todos queremos ser felices, por supuesto. Estar unido a otro multiplica nuestra felicidad, la hace más frecuente, más sostenida y más satisfactoria. Ser feliz con otra persona es lo más fácil y natural del mundo.
Hasta que deja de serlo.
A partir de ese momento, ser feliz con esa persona se convierte en uno de los mayores retos vitales. Lo «compartido» se interpone en el camino y hace que la felicidad parezca imposible. Tenemos la tentación de pensar que si esas personas, o esa persona en particular, no formaran parte de nuestra vida, seríamos felices.
Para complicarlo todavía más, a menudo son precisamente las mismas personas las que nos hacen tanto felices como desgraciados.
Aunque el contenido y los ejercicios de este libro son aplicables a cualquier relación, nos centramos en la relación de pareja. Este tipo de relación tiene una influencia enorme en nuestra felicidad. Si va bien, cuesta creer que algo pueda hacernos más felices; si va mal, cuesta creer que algo pueda hacernos más desgraciados.
¿Y la tuya? ¿Cómo va tu relación de pareja? ¿Por qué te interesa un libro que trata acerca de cómo ser feliz con tu pareja? ¿Es porque tu relación no va bien y quieres que siga adelante? ¿Te sucede lo contrario? ¿Tu relación ha perdido el romanticismo y buscas el modo de reencauzarla? Quizás has recurrido al libro por desesperación, porque te da la sensación de que ningún amor te dura, de que tus relaciones acaban en rupturas agrias o incluso en divorcio. Tal vez ahora no tienes pareja y quieres prepararte para ser un buen compañero o compañera cuando encuentres a alguien que verdaderamente te importe.
Todas estas son razones estupendas para escoger este libro. Queremos asegurarte que has acudido al sitio adecuado, no porque su lectura vaya a proporcionarte mágicamente y sin esfuerzo una relación de ensueño —no hay nada que pudiera hacer algo así—, sino porque está lleno de conocimientos y de ejercicios basados en décadas de estudios científicos de figuras destacadas en el campo de la psicología positiva.
Estos estudios se están aplicando a muchos contextos —desde la educación hasta el coaching, desde la economía a los negocios y desde la medicina al derecho—, sin embargo, este es el primer libro sobre cómo aplicar la psicología positiva a las relaciones de pareja. Los dos llevamos trabajando más de una década en el campo de la psicología positiva y aprovechando los muy diversos estudios acerca de cómo vivir una vida próspera. Cuando nos casamos, resultó que la vida en común nos abría todo un mundo de posibilidades —y también de retos— para aplicar estos estudios.
Había muchos estudios relevantes en este campo que podrían haber sido de gran ayuda para parejas como nosotros, pero nadie los había reunido en un formato de fácil comprensión. Suzie había empezado a hacer precisamente eso con un artículo de portada para Scientific American Mind titulado «La pareja feliz».
Continuamos aplicando las investigaciones de psicología positiva a nuestra propia relación y Suzie sugirió que organizáramos un taller para ver si otras parejas también encontrarían esta información valiosa. Así que en 2013 dimos un taller en el Tercer Congreso Mundial de Psicología Positiva de la Asociación Internacional de Psicología Positiva: «Relación de pareja e investigación.» Nos impactó la cantidad de gente que llenó la sala y nos animó muchísimo su respuesta, abrumadoramente positiva, a este material. Desde entonces, hemos impartido talleres de Romance and Research™ (Relaciones de Pareja e Investigación) por todo el mundo. Les estamos inmensamente agradecidos a quienes han asistido a esos talleres, porque nos han aportado nuevas ideas para la aplicación de la investigación en psicología positiva a las relaciones de pareja. También nos han alentado a continuar este trabajo y a escribir sobre él para un público más amplio.
Ahora estamos encantados de presentar este trabajo en formato libro. Y lo ofrecemos a todos aquellos que tienen o esperan tener una relación de pareja y desean que sea lo más feliz, sana y satisfactoria posible. Queremos dejar claro que no estamos afirmando que nosotros, como pareja, lo hayamos resuelto todo, que nuestra relación sea un momento maravilloso tras otro, ni que, si sigues nuestras instrucciones, vivirás feliz para siempre. (¡Créenos, tampoco para nosotros todo es coser y cantar!) No creemos en los finales de cuentos de hadas, sino en los comienzos valientes y el esfuerzo informado, no para encontrar como por arte de magia la relación de nuestros sueños, sino para construir sabiamente relaciones hermosas en el mundo real.
Ten en cuenta que este libro no se titula Trece pasos para un matrimonio feliz: la guía completa para ser felices para siempre o Todo lo que necesita saber sobre las relaciones de pareja. Aunque estos títulos son atractivos por lo que prometen, en esencia nos parecen engañosos. Los matrimonios no son como un pastel de carne, siguiendo con destreza unos pocos pasos no obtendremos siempre un resultado perfecto. Tampoco son algo tan sencillo que cualquiera pueda ofrecer una guía completa, ya que todos y cada uno de los matrimonios o parejas afrontan innumerables complicaciones, empezando por las dos personas que los componen. La verdad es que las relaciones humanas pueden ser deliciosas, estimulantes y satisfactorias, pero a menudo resultan tumultuosas y frustrantes, y a veces desgarradoras. Lo importante es tener en cuenta que, como sucede con cualquier empeño humano, podemos mejorarlas con un esfuerzo bien dirigido.
Creemos en la importancia de trabajar nuestras relaciones al igual que trabajamos nuestro cuerpo en el gimnasio. El buen estado de forma no es obra de la magia; es el resultado de un esfuerzo sostenido, y este esfuerzo debe ser dirigido sabiamente. Por eso pedimos consejo al entrenador. Y cualquier buen entrenador te dirá lo importante que es adoptar buenos hábitos de ejercicio para que nos cueste menos ir al gimnasio y continuar con nuestras rutinas. Esto también es aplicable a las relaciones de pareja. El esfuerzo continuado y el hábito son fundamentales. Cuando empezamos a ver los frutos de nuestro trabajo y comprendemos más a nuestra pareja e interactuamos mejor con ella, eso nos motiva naturalmente a esforzarnos todavía más. Al final, el trabajo duro no lo parece tanto o no parece trabajo en absoluto y se convierte en un comportamiento natural y divertido que no queremos abandonar. Para que nos ayuden a dirigir los esfuerzos sabiamente en nuestro «gimnasio de pareja» consultaremos a los principales investigadores del campo de la psicología positiva por sus consejos basados en pruebas y datos. Dado que la psicología positiva recoge una rica tradición filosófica, también veremos a grandes pensadores como Aristóteles, que ensalzó el valor de «la buena vida» y expuso cómo son las buenas relaciones, y como William James, que recalcó la importancia de cultivar hábitos saludables mediante el esfuerzo continuado y la atención dirigida.
Hay muchos más consejos psicológicos y filosóficos sobre cómo ser felices juntos de los que podríamos incluir en un solo volumen, así que hemos tratado de seleccionar los mejores y exponerlos juntos de un modo claro para que puedas ponerlos en práctica enseguida. Te recomendamos que, a ser posible, leas este libro con tu pareja, porque trabajar juntos con este material puede ayudaros a conoceros más el uno al otro y uniros como pareja. Si no es posible, porque ahora no vives en pareja o tu pareja prefiere no acompañarte por alguna razón, no temas. Todavía puedes sacar un tremendo provecho de este material.
Mientras lees el libro, tómate tu tiempo para hacer los ejercicios de cada capítulo. Ir al gimnasio no te sirve de nada si no haces ejercicio mientras estás allí. Puedes aprender muchas cosas y crecer intelectualmente simplemente leyendo el libro, pero no le sacarás todo el partido a menos que pongas en práctica su contenido. Puedes hacer los ejercicios con tu pareja, un amigo o un familiar, o por tu cuenta. ¡Pero hazlos, por favor!
Ya seas recién casado o recién soltero, ya sea que lleves casado cincuenta años o aún no hayas tenido una relación de pareja, te invitamos a considerar este libro una invitación al gimnasio de las relaciones, donde todos podemos beneficiarnos del consejo de psicólogos y filósofos para construir activamente un amor que perdure.
1. ¿De verdad no necesitas más que amor?
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¿De verdad no necesitas más que amor?
El 16 de enero de 2010 fue un sábado inusualmente soleado y templado de finales de invierno en Filadelfia. Comencé ese día como cualquier otro, corriendo al aire libre, pero con leggins y una camiseta ligera en lugar de mi grueso jersey de lana y la ropa habitual de invierno. El clima templado fue un bienvenido respiro en comparación con las bajísimas temperaturas típicas de esta época del año porque, además de venir después de una de las mayores tormentas de nieve de la historia reciente de la ciudad, fue el comienzo perfecto de un día extraordinario que nunca olvidaré, un día con el que llevaba soñando toda la vida: el día de mi boda. Mientras corría por las sinuosas calles de mi ciudad natal con los rayos dorados del sol calentándome la cara, pensé que esa gloriosa luz me auguraba una vida de felicidad. Llegué triunfante a la cima de la última colina.
Seis horas después, ataviada con un exquisito vestido, me encontraba en el altar de la basílica catedral de San Pedro y San Pablo, la iglesia católica más grande de Pensilvania, radiante, porque me había casado con James, el hombre apuesto y brillante que me había robado el corazón, deslumbrándome con su ingenioso encanto, su alma sensible y su elegancia de pensamiento. «Tenemos un futuro prometedor y feliz por delante», pensé. Mientras abandonábamos el altar cogidos de la mano, sonreí a nuestros seres queridos, que habían venido para presenciar y compartir la celebración de nuestro amor. Las notas del Himno a la alegría de Beethoven, interpretadas por un trompetista y un organista a los que habíamos contratado para ese día tan especial, flotaban en el ambiente mientras recorríamos despacio el pasillo.
James se unió a la interpretación, cantando la letra con su poderosa voz de barítono, ¡en alemán! «¿Por qué me sorprende?», me dije, divertida, observándolo cantar alegremente al son de la música.
De repente me vi catapultada a la época en que James me sorprendió con sus conocimientos. Un mes o dos antes de nuestro primer beso, nos detuvimos en los escalones de esa misma catedral. Le enseñé un libro que estaba leyendo, las Confesiones de san Agustín,[1] y hablamos de nuestra mutua admiración por este clásico. Al cabo de un rato, James me preguntó qué hora era y, para impresionarlo, respondí descaradamente: «¿Qué es el tiempo?» Sin perder comba, me lanzó, en latín, la pregunta original de san Agustín: «Quid est ergo tempus?» Luego continuó citando a san Agustín en inglés: «Si nadie me lo pregunta, lo sé. Si quiero explicárselo al que lo pregunta, no lo sé.» Me quedé anonadada. Mi intención había sido impresionarlo, ¡pero era yo la impresionada! Las mariposas que me revoloteaban en el estómago siempre que estaba cerca de él iniciaron una celebración coreográfica completa.
Como ese primer día, de pie en los escalones de la catedral, hablando sobre san Agustín, ¡me sentí feliz! Era como si mi pasado y mi presente se hubieran fusionado y el tiempo se hubiera detenido. (¡Qué es el tiempo, de hecho!) Estábamos una vez más juntos, de pie en los escalones de la misma iglesia, pero en lugar de recitar el famoso pasaje de san Agustín sobre el tiempo, mi marido filósofo-poeta de la actualidad cantaba el Himno a la alegría. Obra de otro genial filósofo, el poeta alemán Friedrich Schiller, la letra aborda un tema también universal: el valor de una relación duradera.
Quien haya alcanzado la fortuna
de poseer la amistad de un amigo,
quien haya conquistado a una mujer deleitable,
una su júbilo al nuestro.
Sí, quien pueda llamar suya aunque
solo sea un alma sobre la faz de la tierra...[2]
Me sentí llena de vitalidad y de emociones positivas. Fue el día perfecto para empezar nuestra vida juntos. Optimista por naturaleza, estaba segura de que ese amor duraría siempre.
Sentada en la terraza de nuestro edificio de apartamentos de Filadelfia, observo en la distancia el río Delaware, azul oscuro. El sol que me calienta los hombros en esta tarde de invierno inusualmente cálida me recuerda otro día inapropiadamente cálido: el de mi boda.
Oigo mentalmente la letra de la legendaria canción de los Beatles: «All you need is love, love. Love is all you need...»
Recuerdo que aquel día pensé que el amor cálido y positivo que había entre James y yo bastaría para que pasáramos la vida juntos, en lo bueno y en lo malo. Daba por descontado que tener un matrimonio feliz y duradero era tan sencillo como dar un paseo juntos de la mano sintiendo ese amor. «Nos amamos tanto que lo superaremos todo», pensaba ese día soleado de enero.
Ahora, después de años de matrimonio, aquí estoy, ponderando si el amor es realmente lo único que hace falta. Si así fuera, ¿qué hay de los inevitables momentos en que no sientes tanto cariño por tu pareja? Cuando, citando una de las famosas letras de los Righteous Brothers, «You’ve lost that lovin’ feelin’?» [Has perdido ese sentimiento de amor?] porque, a pesar de tu insistencia, olvida o, peor todavía, ignora tus ruegos de que haga ejercicio, sea puntual, ordene el despacho de casa o [inserta aquí lo que más te irrita a ti]. ¿Entonces qué?
¿Para ser cariñosos es necesario que sintamos amor todo el tiempo?
En tal caso, James y yo tenemos un grave problema. Como lo tienen todas las parejas que conozco. Por tanto, si no es una simple cuestión de sentimientos, ¿qué es lo que hace que una pareja dure a la larga? ¿Cuál es la clave para forjar un amor duradero?
¿CÓMO PODÉIS SER FELICES PARA SIEMPRE?
Tras media vida —casi veinte años— trabajando en medios de comunicación de Nueva York y casarme un poco tarde (a los cuarenta), ahora me doy cuenta de hasta qué punto he estado influenciada por el retrato popular de las relaciones. A diferencia de mi marido, James, que pasó más tiempo escuchando las bellas sinfonías de Beethoven que las canciones de amor de los Beatles mientras crecía, tenía una idea preconcebida de cómo debía ser el matrimonio en base a lo que había visto y oído en los medios populares. Todavía creía en los cuentos de hadas, como lo hacen tantas jóvenes (y tantos). Si haces caso de lo que dice la cultura popular, crees que te enamoras, te casas y vives feliz para siempre. Fin de la historia.
Me tragué el cuento de hadas, anzuelo, sedal y plomada incluida.
El problema de los cuentos de hadas, sin embargo, es que se centran únicamente en las dos primeras fases de la historia: enamorarse y casarse. En la primera fase, sueñas con encontrar y enamorarte de la pareja perfecta, esa persona especial con la que deseas pasar el resto de la vida. Inviertes una cantidad de tiempo y esfuerzo enorme en encontrar pareja: tienes un montón de citas, te apuntas a un sinfín de aplicaciones online y revisas perfiles o deslizas el dedo hacia la izquierda y hacia la derecha en una búsqueda desesperada de la persona perfecta. Cuando encuentras a esa persona especial, por supuesto, te dedicas en cuerpo y alma a cortejarla, acudes a reuniones con amigos y familiares y, si la cosa va bien, llega la proposición final.
Eso te lleva a la segunda fase de la historia: casarte.
Mientras dura el compromiso, preparas meticulosamente la boda: buscas el vestido perfecto, eliges el lugar de la celebración, los músicos, buscas el mejor fotógrafo y decides el menú, eso por no mencionar la distribución de los invitados en las mesas. La lista sigue y sigue y sigue. (En mi caso, me parece que tomé muchas más decisiones prudentes acerca de los detalles de la boda en los escasos meses de intensa preparación que en los primeros años de matrimonio.)
¡Y tanto ajetreo para un solo día! ¿Te resulta familiar?
Enamorarse es una experiencia increíble y una boda puede ser mágica (la nuestra lo fue, desde luego). No cabe duda de que vale la pena esforzarse durante estas dos fases de la historia. El problema es que los cuentos de hadas no dicen nada sobre la tercera, y más larga, parte de la historia, aparte de que «vivieron felices para siempre». No nos dan ninguna pista sobre cómo conseguirlo. Sin embargo, si queremos que el matrimonio, ese «vivieron felices para siempre», dure toda la vida, ¿no deberíamos dedicar más tiempo a una preparación meticulosa de los años venideros que al día que comienza la relación? Tenemos ayuda de familiares, de amigos, de organizadores de bodas, de empresas de cátering, de lo que se os ocurra para preparar ese día especial, pero ¿qué hay de los años, de las décadas posteriores? ¿Quién nos ayuda a prepararnos para eso? ¡Imagina que dedicáramos una pequeña parte del tiempo y la atención que invertimos en la boda a nuestro matrimonio! No solo a la planificación de la boda, sino al largo viaje que viene después. Si invertimos la misma energía en lo que viene después del «sí, quiero», ¿no estaríamos más preparados para el futuro y aumentaríamos las posibilidades de éxito a largo plazo de nuestra relación?
En otros ámbitos de la vida sabemos que tendremos que trabajar duro para lograr los resultados que pretendemos, desde luego. Nadie espera que el primer trabajo lo aboque automáticamente a una carrera de éxito, que sembrando unas cuantas semillas logrará tener un huerto rebosante de deliciosas hortalizas ni que por el simple hecho de apuntarse a un gimnasio conseguirá un cuerpo perfecto y podrá meterse en unos vaqueros dos tallas más pequeños.
Así que, volviendo a mi primera pregunta: ¿Qué hace que una pareja sea feliz? Evidentemente, no puede ser simplemente el hecho de enamorarse o de planear una boda de ensueño. ¿Luego qué? Si estamos dispuestos a trabajar mucho para convertir un trabajo en una carrera profesional, semillas en hortalizas saludables y el carné del gimnasio en una buena forma física, ¿qué pasos podemos dar para convertir una boda memorable en un matrimonio feliz, satisfactorio y para toda la vida? Como en las historias de amor nunca nos cuentan los detalles del ser «felices para siempre», deducimos que debe de ser algo automático. Por supuesto, en el mundo real, las cosas no funcionan así. Entonces, ¿dónde acudir en busca de consejo sobre esta cuestión tan crucial?
En mi caso, la clave fueron los recuerdos del enlace. Deja que te lo explique.
Después de mi carrera en los medios de comunicación, comencé otra como periodista freelance. Estudiaba los resultados de las investigaciones en el por entonces nuevo campo de la psicología positiva y publicaba artículos sobre ellos. James también trabajaba en ese campo: era director y profesor del Máster en Psicología Positiva Aplicada de la Universidad de Pensilvania. Así nos conocimos. Dada nuestra dedicación a la psicología positiva, estábamos muy interesados en lo que hace feliz a una pareja, ¡sobre todo cuando iniciamos nuestra propia relación!
Da la casualidad de que, al mismo tiempo, también escribía un artículo de portada titulado «La pareja feliz» para la revista Scientific American Mind.[3] Mi artículo abordaba el tema de cómo las parejas pueden tener un matrimonio más feliz aplicando la ciencia de la psicología positiva a sus relaciones. Concretamente se centraba en la investigación que apoya tres actividades esenciales para el éxito: cultivar emociones positivas en la vida diaria, desarrollar una pasión armoniosa y saludable y acordarse de encontrar y de celebrar los buenos momentos en lugar de centrarse únicamente en resolver los problemas.
Casualmente, debido a la suerte, o tal vez al destino, el artículo llegó a los quioscos el mismo mes que teníamos que recorrer el pasillo de la catedral. Si una boda inminente por sí sola no crea suficiente tensión a una pareja que se embarca en la nueva aventura de la convivencia, tener un artículo de portada titulado «La pareja feliz» en los quioscos de todo el mundo mientras intercambia los votos ¡sí que lo hace!
La coincidencia tuvo, sin embargo, una ventaja. Nos dimos cuenta de que las copias de mi artículo serían un detalle del enlace estupendo: nos recordaban tanto a nosotros como a nuestros invitados que eso de «felices para siempre» no sucede sin más. En el espíritu de la celebración, decidimos tomarnos algunas libertades con las fotos y reemplazamos las de pareja sonriente por divertidas imágenes de ambos. Luego enrollamos los artículos y los atamos con cinta que ponía «felices para siempre» que encontré en una tienda de artesanía local.
Los recuerdos del enlace resultaron un éxito, y aunque no nos dimos cuenta en ese momento, fueron la semilla de lo que acabaría siendo este libro. Cuando comenzamos nuestra vida juntos como pareja recién formada con un interés compartido por la psicología positiva, la naturaleza humana y ayudar a los demás, ambos sentíamos curiosidad por profundizar en lo que hace feliz a una pareja, especialmente una vez que la emoción del día de la boda y la dicha inicial del recién casado se desvanecen. Desde entonces, hemos realizado un viaje personal y profesional para descubrir qué conduce a la satisfacción conyugal y a la durabilidad del matrimonio.
Mi artículo, nos dimos cuenta, solo arañaba la superficie de cómo los estudios de la psicología positiva podrían ser útiles para forjar relaciones de pareja sanas. Y ahora que estábamos casados, las interesantes conversaciones sobre lo que hace que una pareja sea feliz pasaron a ser investigaciones necesarias. Sugerí que escribiéramos este libro juntos. De ese modo profundizaríamos en la psicología positiva y su aplicación. James estuvo de acuerdo: sería un proyecto compartido para desarrollar y fortalecer nuestro propio matrimonio y, al mismo tiempo, proporcionar un recurso útil para los demás.
En el resto de este capítulo, nos gustaría explicarte qué es la psicología positiva y por qué representa un campo de investigación tan importante para las personas que viven en pareja. La manera que más nos gusta de hacerlo es con un experimento mental interactivo ideado por James.
¿QUÉ ES LA PSICOLOGÍA POSITIVA?
Paseando por un mercadillo, te tropiezas en uno de los puestos con lo que parece una lámpara mágica. Solo por diversión, la frotas y, para tu sorpresa, ¡aparece un genio femenino! La genio te llama por tu nombre y te dice que lleva mucho tiempo esperándote. Dice que está tan impresionada contigo que quiere transformarte en un superhéroe. Sin embargo, antes de que pueda hacerlo, necesita saber de qué color quieres que sea la capa. Te da dos opciones. Elegir una capa roja te dará poderes, o «capa-cidades» (lo sentimos, no hemos podido evitar el chiste), para luchar contra las injusticias del mundo con las que queremos acabar: cosas como la pobreza, las enfermedades, los prejuicios, el odio y la guerra. Elegir una capa verde te dará las «capa-cidades» para luchar por las cosas del mundo que queremos fomentar: cosas como la abundancia, la salud, la justicia, el amor y la paz. La genio te dice que solo puedes elegir una capa. Piénsatelo un momento. ¿Qué capa elegirías y por qué?
Tal vez te parezca que la capa roja es la elección más prudente porque hay mucho sufrimiento en el mundo y debería cesar inmediatamente, o puede que la prefieras porque te parece más fácil que la gente se ponga de acuerdo sobre cómo usarla. Suele ser más fácil detectar qué problemas hay que abordar que saber qué posibilidades hacer reales. También puedes elegir la capa verde, porque te parece más inspiradora o tal vez porque te das cuenta de que al menos a veces una oportunidad resuelve un problema. El aumento del amor y la comprensión en una relación, por ejemplo, pueden aliviar gran parte de la tensión que de otro modo conduciría a frustraciones y peleas. Entonces, ¿qué capa deberías elegir?
El objetivo de este ejercicio no es argumentar que una capa es la adecuada y la otra no. Lo que queremos recalcar es que son diferentes. Sea cual sea la capa que elijas y la razón por la que lo hagas, puedes ser un superhéroe de éxito. Si eliges la capa roja, buscarás problemas para resolverlos. Dado que hay muchos problemas en este mundo, encontrarás un montón y llevarás una vida con sentido arreglando las cosas que están mal. Si, por el contrario, eliges la capa verde, buscarás oportunidades. Dado que hay muchas oportunidades en este mundo, encontrarás un montón y llevarás una vida con sentido haciéndolas realidad.
Elegir la capa roja o la verde está bien si quieres una vida con sentido, pero no va a funcionar si lo que buscas es la felicidad. Sin caer en demasiados tecnicismos, ¡aunque bien que a James le gustaría!, esto se debe a que la felicidad no es simplemente lo opuesto a la desgracia. Los opuestos simples son aquellos que se excluyen mutuamente. Piensa en la tapa del váter. Está levantada o bajada (dependiendo, sin duda, de quién ha usado el váter). Si no está levantada, entonces tiene que estar bajada; si no está bajada, entonces debe estar levantada. Pero la felicidad no es como una tapa de váter. En el caso de la felicidad y la desgracia, puedes ser feliz o desgraciado, o ninguna de las dos cosas, o ambas. De hecho, la mayoría seguramente diríamos que nuestra vida en general (¡excepto el día de nuestra boda, por supuesto!) es una mezcla de felicidad e infelicidad. Casi siempre sentimos cierto grado de felicidad e infelicidad al mismo tiempo. Para ser felices, debemos ser capaces de protegernos de las cosas que nos amenazan y perjudican. Por sí sola, sin embargo, la capacidad de luchar contra la infelicidad no nos da automáticamente la felicidad. Como veremos en el cuarto capítulo, por ejemplo, deshacerse de la tristeza no produce automáticamente alegría ni deshacerse de la ira produce automáticamente amor. Así que tener solo la capa roja o solo la verde no basta para ser feliz.
Por suerte,
