PRÓLOGO
LA MEJOR MANERA DE AYUDAR A OTROS ES AYUDARSE PRIMERO A UNO MISMO
Muchas personas quieren hacer un mundo mejor. Seguramente eres una de esas personas. Una persona que disfruta ayudando a otros y haciendo las cosas lo mejor que puede y que sabe. Pues bien, déjame que comparta contigo una buena y una mala noticia.
Empecemos por la mala: tener buena intención no es suficiente. Lamentablemente, no basta con querer hacer bien las cosas. También hay que saber hacer bien las cosas. Hay que aprender a hacer bien el bien. La intención de ayudar a otros no es suficiente. Para poder ayudar a otros primero tienes que estar tú bien. De hecho, muchas personas intentan ayudar a otros sin haberse ayudado primero a sí mismas. Las cosas no funcionan así. Cuando te subes a un avión, te lo dicen bien claro: en caso de accidente, no ayudes a otras personas a ponerse la mascarilla de oxígeno hasta que no te hayas puesto tú la tuya. En otras palabras: si se quiere hacer un mundo mejor, hay que empezar por uno mismo. No puedes ignorar este principio. Si ignoras los principios de la física para hacer un puente, el puente se caerá. Si ignoras los principios de la vida para tener una buena vida, terminarás por experimentar problemas. Hoy en día lo sabemos: la mejor manera de ayudar a otros es ayudarse primero a uno mismo.
Y, ahora, la buena noticia: hoy sabemos cómo hacer para que una persona esté bien. Hoy sabemos cómo hacer para que las personas sean más conscientes de sí mismas. Ese es el primer paso que hay que dar: ser consciente. De hecho, quizá, es el único paso. Resulta difícil hacer algo útil en este mundo si estamos sumergidos en problemas, en culebrones personales, en miedos, en frustraciones… Resulta agotador vivir así, y cuando estamos agotados no podemos cuidar ni de nosotros ni de otras personas.
Hay una dimensión, la dimensión transpersonal, sin la cual es difícil —muy difícil— tener una vida de verdad, una vida con mayúsculas. Si se descuida esa dimensión suele haber problemas. Antes o después, todas las personas experimentan una llamada hacia lo transpersonal, lo trascendente, lo invisible, lo espiritual… Antes o después, nos damos cuenta de que tiene que haber un camino más fácil. Puede pasar antes o después, pero terminará por pasar. Garantizado. Aunque a veces cuando eso pasa ya es demasiado tarde.
Pues bien, este libro sirve para estar bien, para ayudarte a entender esa llamada a lo transpersonal que curiosamente, o no tanto, es la que sana todas las demás. Este libro sirve para ayudarte a ti mismo para que después, si lo deseas, puedas ayudar a los demás.
Conozco a Marly desde que tengo dieciséis años. La escuchaba en un programa de radio que se llamaba La voz de la noche. Años después le pedí que colaborara con IPP Formación y desde entonces, solo en IPP, ha formado a casi tres mil personas de más de cincuenta países. Pues bien, sus alumnos nos lo dicen año tras año: el conocimiento de Marly es transformador. Tiene un don para liberar la energía de las personas y permitirles vivir con más autenticidad. Ya sé que este argumento es medio abstracto, pero te aseguro que es totalmente cierto. Entiéndeme: no es la Virgen de Fátima, milagros no hace, pero si quieres emprender junto a ella el camino de la transformación comprobarás que se lo sabe y te lo muestra generosamente.
Y el primer paso de ese camino es este libro.
Abróchate el cinturón de seguridad y disfruta del viaje. ¡Empezamos!
SERGIO FERNÁNDEZ
Hago formación para la vida real en
www.ippformación.com.
Aprende con mis emails de desarrollo
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Una declaración de intenciones
Con este libro quisiera poder transmitir mi entusiasmo por la psicología que, a mi modo de ver, más que una ciencia exacta es un arte. Soy plenamente consciente de que la psicología busca transformarse en una ciencia exacta, cosa muy loable y necesaria en muchos aspectos. Sin embargo, considero que la función principal de la psicología es hacer que las personas sean más conscientes de sí mismas, desarrollen completamente su potencial, sean equilibradas y eficientes en su vida personal y también en su contribución social. Se trata de ver la vida no como un mar de lágrimas y esfuerzos, sino como un aprendizaje rico, desafiante y divertido, que impulse el bienestar y la alegría de vivir.
Además, vamos a hablar de psicología transpersonal (PT), que es un arte todavía más completo y fascinante, ya que añade a la psicología tradicional una dimensión más ingrávida y sutil, que ha estado presente en el ser humano desde sus orígenes. Existe un aspecto humano individual, con su poderosa psique y sus dinámicas internas; luego está el aspecto grupal, dado que funcionamos como una célula dentro de un órgano. Luego, cada país y cultura está inmerso en el gran grupo de la humanidad que, a su vez, se sitúa en un universo inmenso, infinito e inabarcable. Esta es la realidad.
Cada uno de nosotros actúa con su personajillo dentro del «culebrón» que le toca; si crees que eres solo este personaje, pierdes la perspectiva del todo. Olvidas que eres parte de la humanidad que ocupa este planeta, un planeta perdido entre un sinfín de astros celestes, dando vueltas a toda velocidad en un espacio infinito. Te olvidas de la grandeza de la vida y de que el mundo no es únicamente lo que nos muestran nuestros sentidos. Hay más, mucho más.
En la rutina cotidiana, perdemos esta perspectiva y pasamos por alto la dimensión mayor. Es justamente esto lo que la PT reivindica: tener presente esta realidad. Además, nos olvidamos de que la vida es muy corta y de que un gran misterio nos acompaña. ¿De dónde venimos y adónde vamos? ¿Qué sucede cuando morimos? ¿Qué sentido tiene todo esto? ¿Qué hago yo aquí? Son preguntas que el ser humano se ha hecho desde siempre, pero no tenemos respuestas, por mucho que avance la tecnología. A veces, la cruda realidad nos muestra que la vida es efímera, que tenemos una fecha de caducidad y que la muerte es el gran enigma que nos espera. La trascendencia está ahí, en todo momento, aunque pasemos la mayor parte del tiempo negándola y tratando de olvidarla.
Tengamos en cuenta que la misma palabra «psicología» ya ha nacido trascendente. En griego psique significa «vuelo del espíritu»; por definición, es la ciencia del espíritu libre. Los antiguos griegos hablaban del «soplo vital», que da vida al cuerpo y se separa de él en la experiencia de la muerte. El ser humano, desde siempre, ha mostrado esta inquietud por descifrar lo invisible; ha levantado con esfuerzo espectaculares monumentos, muchas veces en lugares de difícil acceso, en honor a entidades y deidades misteriosas. En la mitología griega, Psique era una mortal que se transforma en la diosa de la vida y de la respiración. Psique también apunta a lo que los orientales llaman el Ser, la esencia trascendente del hombre. Luego psique tiene que ver con algo mayor, algo espiritual, trascendental.
Nuestra mente tiene muchísimas más posibilidades que las que conocemos y solemos atribuirle. Tampoco la entrenamos para que alcance sus límites máximos; más bien la empequeñecemos con nuestros pensamientos limitantes. Ahora mismo, hay en nuestra sociedad una especie de alergia a la palabra «espiritual», una tendencia a reducir el sentido de la vida al mundo que nos muestran los sentidos. Se quiere identificar la psique con procesos mentales y comportamentales, quitándole toda su trascendencia.
Sin embargo, la misma ciencia niega esta simplificación. La física cuántica, la epigenética y la neurociencia han introducido principios chocantes para nuestra forma de pensar, porque no coinciden con nuestra lógica intuitiva, ni con lo que muestran nuestros engañosos sentidos. Estos principios novedosos participan en la creación de este mismo ordenador con el que estoy escribiendo, pero nuestra mentalidad antigua desconsidera lo que no vemos, oímos y tocamos, ¡cuando la ciencia trata justamente de lo invisible y no de otra cosa!
Veamos lo que significa la palabra «espíritu», de la que se deriva el adjetivo «espiritual» En el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) se recogen diversas definiciones: «Ser inmaterial y dotado de razón», «Alma racional» o «Vigor natural y virtud que alienta y fortifica el cuerpo para obrar», «Ánimo, valor, aliento, brío, esfuerzo». Como se ve, hay poca concreción. También se suele entender por «espiritual» la búsqueda del significado de la vida, algo filosófico, aunque sí se reconoce su sacralidad. El espíritu podría ser una energía vital, más allá del cuerpo físico, que le da vida y lo abandona con la muerte. También se usa esta palabra para denominar a un fantasma, obviamente ajeno al mundo material. Parece que el significado de la palabra «espíritu» depende de la creencia personal, lo que evidencia su subjetividad.
Para la PT, lo espiritual es todo aquello que va más allá de lo que se ve, oye y toca, se considera que es lo que da origen a la materia y no al revés. Como reza un mural que me sorprendió gratamente en el aeropuerto de Alicante: «Lo que vemos es solo la parte visible de lo invisible». Investiga los grandes misterios de la vida, sin negar ni dejar de prestar atención al estudio de la materia y la personalidad, ya que todo es una sola cosa con diferentes manifestaciones.
Se trata de mantener la atención en el conjunto trascendente de la vida, no en el detalle de lo que ocurre en la vida material. Esto tiene una consecuencia muy importante: se relativiza lo que está ocurriendo en el culebrón personal de cada uno. Si ves los hechos desde la perspectiva de lo grande y eterno, lo doliente y trágico pierde importancia.
Si aceptas las reglas de la vida desde una perspectiva de lo eterno e imperecedero, también la muerte genera otra perspectiva. Pasas a ver el cuerpo como un ropaje que sirve durante un tiempo, un vehículo que permite al espíritu transitar por esta vida concreta, pero no es tu identidad última. La verdad es que, teniendo en cuenta la trascendencia, toda la perspectiva cambia, de ti mismo, del grupo, de la humanidad, de la vida y de la muerte.
El otro día me hablaron de un libro con un
