Nota de la autora
Desde que recuerdo, tengo fijación con la felicidad. Incluso al «¿Qué quieres ser de mayor?» empecé a responder «feliz». En consecuencia, me inicié muy temprano en los campos de la neuropsicología y la ciencia cognitiva. Leí los libros de los más reconocidos doctores e investigadores y me apunté a varios cursos en busca de respuestas. Estaba dispuesta a todo con tal de llegar a ese estado de gracia que nos venden como alcanzable pero que, al final del día, siempre parecía esquivarme.
Encontré recursos, respuestas y muchas explicaciones, pero siempre me faltaba algo. Con el tiempo, he comprendido que una gran parte de encontrar la paz requiere de conocimiento. Y, por suerte, cada día tenemos más información a nuestro alcance. No obstante, lo que eché de menos desde el principio y que realmente me ha cambiado la vida sigue sin dármelo ChatGPT: comprensión, confianza y dirección. Porque para hacer consciente lo inconsciente y tomar acción hace falta mucho más que datos.
Por eso, aquí no encontrarás las tres claves para ser feliz ni un sinfín de zonas del cerebro y cómo activarlas. En estas páginas trato de compartir mis aprendizajes en el proceso de autoconocimiento y descubrimiento de mi vocación. La secuencia de las diferentes cuestiones que me he ido planteando y herramientas poco ortodoxas pero muy útiles que he aplicado conmigo y que me han servido para tomar decisiones vitales que me han llevado al lugar en el que, por ahora, estoy. El lugar que yo he elegido.
No pretendo vender una doctrina ni convencer a nadie de que el camino que yo escogí es el correcto, ni mucho menos, el mejor. Es igual de válido que cualquier otro, simplemente es el mío. Por ello, este libro está orientado al proceso y a descubrirte en él, para que no solo veas mi camino, sino que transites por las mismas cuestiones que yo y llegues al tuyo propio. En definitiva, que elijas tú.
Porque de verdad creo que no hay mejor camino que el que uno ha elegido conscientemente. Espero que lo disfrutes y, sobre todo, que te sirva.
Claudia
Por qué un libro
Si te soy sincera, nunca pensé estar a este lado de las páginas. Siempre fui de números. De hecho, la primera vez que me ofrecieron escribir este libro me negué. No se lo dije a nadie. Y meses más tarde, por casualidad, un domingo durante el desayuno salió la conversación con mi madre.
Ella dijo:
—Yo creo que cualquiera puede escribir un libro y que todos tenemos algo que contar.
Yo respondí:
—No lo creo, mami. Lo cierto es que me propusieron escribir un libro y lo rechacé. No creo que, por ejemplo, yo tenga nada que compartir muy interesante. O no tanto como para escribir un libro.
Aún recuerdo su cara de sorpresa y evidencia, como si estuviésemos discutiendo si era de día o de noche a las once de la mañana:
—¿Acaso no has cambiado tu vida? Nadie más que tú puede contar esa historia.
Tenía razón.
—Bueno… —dije yo.
Resopló con todo el cariño que una madre siente por su hija y sonrió:
—Pitusa, haz el favor.
Te lo cuento para que sepas que este libro no es una demostración de ego. No vengo a contarte todo lo que aún no sabes ni a resolverte la vida. Es un libro que empecé escribiendo por mi madre, porque haría cualquier cosa por ella. Y si mi madre cree que puedo escribir un libro que te puede ayudar, aquí me tienes. Es un libro a tu servicio, no al mío. Está escrito desde la humildad de alguien que nunca quiso ser escritora, desde la vulnerabilidad de decirte que en estas páginas está mi experiencia y que la dejo aquí por si te sirve. Y, a día de hoy, parece que mi experiencia no solo ha cambiado mi vida, sino que ya ayuda a más de ochenta mil personas a diario.
Así que igual va a ser que mamá tenía razón y sí que tengo algo que contar…
Punto de inflexión
No conozco a nadie a quien le preguntes «¿quieres ser feliz?» y te diga «pues la verdad es que no». Me figuro que tú tampoco. Hoy todos queremos ser felices, y queremos serlo ya. Así que, como la mayoría que tenemos ese deseo, con el tiempo fui creando un listado mental con todas las cosas que necesitaba para llegar a ese objetivo. Una carrera reputada, trabajo estable, pareja, un buen sueldo, etc. Mi vida se basaba en hacer checks. Mi modelo mental funcionaba bajo la premisa «Cuantos más checks, más feliz, directamente proporcional», ya te he dicho que soy de números.
Y así fue durante 25 años.
En todas partes vemos lo bueno que es marcarse objetivos, que ahí nace la motivación y el sentido de vida. Y así es. Pero nadie te cuenta qué objetivos sí y cuáles no. Porque no son inocentes. De hecho, esos objetivos son precisamente los que nos precipitan a una vida sin sentido o los que nos impulsan y generan propósitos. Algo que durante los primeros 25 años de mi vida no me había planteado
