Judy Moody 6 - Judy Moody se declara independiente

Megan McDonald

Fragmento



Índice

Portadilla

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Dedicatoria

Bean Town, MUU-sa-chu-setts

El Sendero (sin Stink) de la Libertad

Azúcar y espías

Agarrar un globo

Declaración de Independencia

¡Hurra!

Por el Sendero de la No Libertad

El Motín del Té en la bañera

Sybil, la valiente

La Declaración de la No Independencia

Sybil Judy Ludington Moody

Notas

Biografía de la autora

Biografía del ilustrador

Créditos

Grupo Santillana

Dedicatoria

En memoria de Jon y Mary Louise McDonald

M. M.

Para Diana Gaikazova, que se declara

independiente y está haciendo historia

por su cuenta

P. H. R.

Dedicatoria2
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Bean Town, MUU-sa-chu-setts

Bean Town, MUU-sa-chu-setts

¡Atención, Atención!

¡Ella, Judy Moody, estaba en Boston! ¡En Bean Town! En Massachusetts. En la cuna de la Libertad, lugar de nacimiento del famoso Ben Franklin y de Paul Revere. Lugar de El Motín del Té de Boston[1] y de la Declaración de Independencia.

—¡Boston al poder! —dijo Judy.

Hasta el momento las tres mejores cosas de Boston eran:

1. Libertad durante dos días (incluyendo un examen de ortografía, dos noches de deberes y una redacción de tres páginas).

2. Libertad para estar sentada en el coche junto a Stink durante diez millones de horas.

3. Libertad para cepillarse el pelo cada día.

Ella, Judy Moody, Amazona del primer Suburbano de América, estaba, por fin, camino de la verdadera y vigente Senda de la Libertad. El lugar en el que nació su país. Donde comenzó todo.

¡La Revolución Americana! ¡La Declaración de Independencia! ¡Libertad!

¡FANTÁSTICO!

Judy y su familia subieron las escaleras del metro, salieron al exterior y se dirigieron a la caseta de información del Boston Common[2] donde su papá compró una guía del Sendero de la Libertad[3].

—¿Sabíais que antes había vacas aquí, en el parque? —preguntó Stink—. Lo pone en ese cartel.

—Bienvenidos a MUU-sa-chu-setts —proclamó Judy. Y se desternilló de risa. Si Rocky o Frank Pearl hubieran estado allí, se hubieran reído muchísimo también.

—Fíjate —le dijo Judy a Stink—. Ahora mismo, en este preciso instante, mientras estoy a punto de echar a andar por el Sendero de la Libertad, el señor Todd estará probablemente poniendo un examen de ortografía a la clase de Tercero en Virginia. Diecinueve lápices del número dos, con goma de borrar, estarán siendo mordisqueados en este momento.

—Tienes suerte. Yo he tenido que saltarme hoy el Día de la Camisa al Revés, que es muy divertido.

—La senda empieza aquí mismo en el Boston Common —dijo papá.

—¿Podemos ir a ver a los patos? —preguntó Stink—. ¿O a las ranas? En el mapa se ve un estanque con ranas.

—Stink, vamos a recorrer la Senda de la Libertad, no la Senda de los Animales.

—¿Por dónde empezamos? —preguntó mamá.

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—¡Por El Motín del Té! ¡Por el barco de El Motín del Té! —pidió Judy dando saltos.

—¿Hemos hecho este viaje tan largo para venir a tomar el té? —preguntó Stink.

—No es un té cualquiera —explicó mamá.

—Los primeros en llegar a esta tierra venían de Inglaterra —explicó papá— porque querían ser libres y no tener que hacer siempre lo que les mandaba el rey.

—Oye, papá, ¿es ésta una LHA? ¿Una Larga Historia Aburrida? —quiso saber Stink.

—No, no es una LHA —afirmó Judy—. Es la historia de cómo nació nuestro país. No existirían los Estados Unidos de América si no se hubiera producido aquel gran boicot contra el té. Los americanos no iban a beber nunca más té de Inglaterra. Ni hablar

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