Me llamo Pérez, Ratón Pérez. Soy pequeño, pero valiente y atrevido como tú.
¿Mi trabajo? Recoger los dientes que se os caen a los niños y las niñas. Esos que llamáis «de leche», aunque en realidad son duros como huesos de aceituna.

El oficio lo heredé de mi papá, que también fue Pérez. Mi papá lo heredó de mi abuelo, otro Pérez, y así hasta el Pérez de las cavernas.
¿Que para qué quiero tantos dientes? No te lo puedo decir, es un secreto. Y un secreto, si se cuenta, deja de ser secreto, ¿no?
Eso sí: gracias a vosotros, muchos ratones ancianos tienen dentaduras nuevas para seguir royendo deliciosos chocolates.
(¡Vaya! Se me ha escapado parte del secreto).

Te diré cómo funciona esto:
Se os cae un diente. (Procurad no tragároslo para evitarle un recorrido repugnante. ¡Puaj!).
Lo ponéis bajo la almohada. (Cuando vayáis a dormir, no os despistéis).
Radio Chivato, que es mi equipo de moscas espía, me avisa para la recogida.
Lo recojo esa misma noche. (Confiad. A veces tenéis poca paciencia).
Os dejo un regalito en agradecimiento. (Eso creo que es lo que más os gusta).
Suele ser un trabajo fácil.
Pero anoche ocurrió algo muuuy extraño.
Todo iba bien hasta que me colé bajo una almohada y…
¡¿Qué demonios era eso?!


Había…
¡¿UNA NUEZ?!
¡¿Qué rata inmunda deja esa birria debajo de la almohada?!

¿Dónde estaba el valioso diente que había ido a buscar?
Estoy muy preocupado. Tanto, que hoy he desayunado un calcetín con mantequilla y acabo de lavarm
